EL SEÑOR DE LA NOCHE (KARAI PYHARE) Seguir história

mariana Mariana Aldana

Nunca dejes de cumplir una promesa.


Conto Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#cuentocorto #miedo #leyenda #mitos
Conto
14
6.1mil VISUALIZAÇÕES
Completa
tempo de leitura
AA Compartilhar

EL SEÑOR DE LA NOCHE (KARAI PYHARE)

«No dejes de cumplir tus promesas»

Un relámpago iluminó la fría y casi vacía habitación donde estoy contra mi voluntad, él está ahí, como cada noche de tormenta, vigilante tenebroso que juega con mi juicio. El olor nauseabundo que despide me despierta al instante. Haciendo que todos mis sentidos se pongan en alerta.

El miedo me paraliza y siento la humedad en mis ojos, las lágrimas salen tímidamente. Enmudecida y sin poder defenderme, dejo que haga lo que quiera conmigo. Desearía estar muerta, pero no tengo esa suerte. El no haber cumplido con una promesa, me tiene así, al borde la locura.

—Por favor, ¿dónde está Juana? —digo entre sollozos.

El silencio es la respuesta, nunca emite palabra alguna. Solo ríe, mostrando sus dientes podridos. Su aliento fétido choca mi rostro, produciéndome arcadas involuntarias. El pánico es la peor sensación que pude experimentar hasta ahora, algo que me impide pensar claramente. Es esto lo que estoy viviendo desde aquella desgraciada noche.

Unos meses antes: el perrito de la familia empezó a tener problemas para caminar, se arrastraba aullando del dolor, hasta se hacía encima por el esfuerzo que imprimía al intentar moverse. Lo llevamos a tres veterinarios, le hicimos placas radiográficas, pero nada, no hubo un diagnóstico certero de lo que podía estar ocurriéndole.

La mujer que ayuda a mi mamá en las tareas del hogar, nos contó que posiblemente el pombero le tocó y, que para que lo cure tenemos que ofrecerle: caña, tabaco y miel, además de conseguir una crucecita hecha con un trozo de palma bendecida y rezar tres padres nuestros, todo eso debemos hacerlo a las doce de la noche, seguido por nuestro pedido y ofreciendo nuestro eterno agradecimiento con la promesa de nunca hacer faltar la ofrenda diaria.

Nos advirtió que debemos tratarlo con respeto, que el karai pyharé (señor de la noche), no juega, es muy vengativo y, que anda enojado porque el hombre no cuida de la naturaleza, por lo que sus apariciones se han vuelto más habituales en zonas pobladas.

—Hagámoslo, no perdemos nada con probar —dice mi hermana.

—No sé Juana, sabés que me dan miedo esas cosas. —cruzo los brazos sobre el pecho.

—Puf…, son tonterías de una mujer supersticiosa, vamos a divertirnos. Además, ya pasé vergüenza comprando tabaco y caña. La chusma del almacén me lanzó una mirada sospechosa cuándo le pagué. —Levanta lo adquirido mostrándome.

—Está bien, no puedo decirte que no.

—Obvio, voy a perseguirte hasta conseguir lo que quiero.

A las doce de la noche, nos levantamos y fuimos al patio trasero. Nos paramos frente al tatakua (horno de barro), dispusimos la ofrenda e hicimos todo el ritual entre risas y bromas, hasta que los perros del vecino empezaron a aullar. Esa fue nuestra señal para salir disparadas hacia la casa.

Al otro día, Pulgoso, amaneció fresquito como una lechuga, empezó a caminar mucho mejor y a alimentarse correctamente, mi hermana y yo, nos convencimos de que el tratamiento que había impuesto el veterinario empezó a surtir efecto.

Le contamos a Perlita, la empleada de mamá, nuestra aventura nocturna. Muy preocupada ella volvió a advertirnos que con eso no juega, que si obtuvimos lo que pedimos, debemos cumplir con el ser mitológico. Juana, como siempre, bromeó con ella, diciéndole que ahora la va a perseguir buscando robarle su inocencia.

—Dios me libre y me salve señorita Juana, no es broma —responde Perla, visiblemente alterada, ella realmente cree en esos cuentos.

No cumplimos con la ofrenda diaria ni volvimos a hablar del tema, hasta ésta noche, donde el trabajo me obliga a estar despierta hasta altas horas de la madrugada, mi única compañía es la televisión, a un volumen que la escuche balbucear y no despierte a los demás integrantes de la familia. Me caigo de sueño, pero mañana debo entregar un trabajo muy importante, por lo que me preparo una taza de café bien fuerte e intento seguir concentrada en la tarea que estoy realizando.

Un ruido en la puerta del comedor hace que deje de lado lo que estoy haciendo, presto atención, agudizo el oído y la vista, pero no hay nada. A lo lejos puedo escuchar el lastimero aullido de un perro, para luego ser seguido por otro y no tardan en alterar a los míos. Según las historias que solía contarme mi abuela, eso estaba anunciando que el señor de la noche (karai pyharé), estaba cerca. No tardo en sentir que alguien me observa desde la ventana de la cocina, cuando dirijo la vista en esa dirección puedo llegar a ver una sombra que desaparece con rapidez.

Me levanto con preocupación para correr las cortinas de la ventana, pero la curiosidad puede conmigo y acerco todo lo puedo mi rostro al vidrio, buscando algo, no sé muy bien qué, me supongo que mi imaginación y el cansancio me están jugando una mala broma. Me quedo muy quieta y un escalofrío recorre mi espalda, presagio de que algo malo está por suceder.

Decido dar por terminada la jornada laboral, con miedo voy apagando las luces detrás de mí, entro al dormitorio que comparto con mi hermana. La miro dormir tan plácidamente que le tengo envidia. Luego de cambiarme me acuesto y me tapo desde los pies hasta el mentón, como si fuera que con ese simple acto podré poner un escudo protector a lo que minutos antes había visto y sentido.

El ruido de piedras contra los cristales de la ventana, me espanta, subo aún más la sábana tapando mi rostro, empiezo a rezar e intento gritar, pero la voz no me sale, pareciera que estoy en un sueño, cierro los ojos con fuerza mientras repito…

—Es sueño, ya voy a despertar…, es un sueño ya voy a despertar…

Un silbido retumba en mis oídos, para luego escucharse el piar de un animal silvestre. Las puertas dobles de la habitación que dan al patio trasero, se abren golpeando las paredes y un fuerte viento inunda el ambiente. Me acurruco lo más que puedo, e intento volver a gritar, pero sigo sin poder hacerlo, quiero levantarme para correr a al dormitorio de mis padres, y mis extremidades no responden, estoy totalmente paralizada, el silbido regresa erizando cada bello mi cuerpo, puedo escuchar ese peculiar piar cada vez más cerca.

Las sábanas empiezan a deslizarse lentamente, dejándome descubierta. En posición fetal y tapando mi rostro con los brazos, lucho por conservar la cordura. Espío entre una rendija que forman mis brazos cruzados sobre mí cara, pero la oscuridad es tan espesa que no logro divisar lo que está atormentándome. Me fijo en la cama de al lado y mi hermana ya no está. Las sábanas revueltas y sus ropas desperdigadas por todo el lugar.

De un momento a otro solo reina el silencio, cuando logro movilizarme me levanto y corro al dormitorio de mis padres. Intento despertarlos sacudiendo a uno y otro con desesperación, pero el esfuerzo es en vano. El miedo cala en mi cuerpo, una sensación de frío se extiende rápidamente. La sombra que había visto se presenta ante mí, puedo verlo nítidamente. Es un ser horrible: fornido y de estatura baja; sus extremidades superiores son un poco más largas que lo normal y es moreno; posee bellos en manos y pies.

Sus grandes ojos brillan en la oscuridad y tienen tal poder que consigue embelesarme, haciendo que lo siga, aún en contra de mi voluntad. Cuándo me doy cuenta estoy en medio del campo, rodeada por una espesa vegetación, mis pies descalzos duelen al hacer contacto con el suelo plagado de pequeñas piedras y ramas. Es un fenómeno extraño e inexplicable. Desde éste momento en adelante no puedo recordar lo sucedido.

La investigación alrededor de la extraña desaparición de mi hermana, aquella noche de octubre treinta y uno, no ha dado frutos. Es un misterio, no hay ningún rastro, nada que pueda indicar que es lo que realmente sucedió. Mientras tanto, yo, sigo ingresada en un hospital psiquiátrico. Por las noches, aquel ser extraño aparece, observándome desde un extremo de la habitación, riendo victorioso, llevándose un poco de mi vida cada vez.

Nadie cree lo que he vivido, fui encontrada después de tres largos días de búsqueda, inconsciente y desnuda, en medio de un matorral. No hay huellas o pistas, nada que pueda hacer encontrar al culpable de mi desdicha y la desaparición de mi hermana. Mis padres, parientes y profesionales que me trataron, consideran que mi historia es una forma de defensa, que mi mente intenta borrar recuerdos terribles, creando una fantasía, respecto al «Señor de la noche».

La única que cree mi historia es Perla, la mujer de la limpieza, sabe que mi hermana y yo hemos faltado el respeto al ser extraño. Conseguimos su favor, pero no cumplimos con nuestro compromiso, por lo que él, tomo venganza, hundiéndome a mí en una profunda depresión rayando la locura y extrayendo a mi hermana de ésta dimensión conocida.

En las noches de tormenta sigo escuchando el aullido de los perros y el peculiar silbido, seguido por el piar chirriante de un animal silvestre, son esas noches cuándo me pierdo en la eterna y angustiosa bravura del horror, volviendo a revivir aquella experiencia que marcó mi vida para siempre.

Nadie, ningún ser humano tiene jurisdicción en temas sobrenaturales, sí crees en la fuerza de un ser omnipotente y omnipresente de naturaleza amorosa, que cuenta con un ejército de ángeles, debes de creer en un ser totalmente contrario y en la existencia de un sequito de demonios, listos para servir a su amo, seres oscuros que se convierten en sombras, dando forma a la muerte, apoderándose de almas inocentes objetos de disputa entre ambas potencias sobrehumanas.

«Cada persona ve lo que desea ver»


12 de Outubro de 2018 às 01:31 10 Denunciar Insira 17
Fim

Conheça o autor

Comentar algo

Publique!
H Hamlett
Espectacular, te invito a leer mis historias!
30 de Março de 2019 às 16:35
Triste Mancebo Triste Mancebo
Muy genial, el final sobretodo es muy impactante, pone en confusión el criterio del personaje y al mismo tiempo el del escritor, eso le da un ambiente más terrorífico e impactante en la primera lectura. Le felicito. Siga así. :)
18 de Dezembro de 2018 às 15:26
Víctor Fernández García Víctor Fernández García
Una historia verdaderamente terrorífica. Muy bien conducida, desde el comienzo ha captado mi atención ante la descripción que efectúas. Luego Perla da el pistoletazo de salida a unos sucesos que ponen contra las cuerdas mi entereza. Me ha gustado mucho, Mariana :)
18 de Outubro de 2018 às 09:29

  • Mariana Aldana Mariana Aldana
    Victor, en serio me siento muy contenta, vos escribís de manera excelente y, que te haya gustado me hace sentir super bien. Es la primera vez que escribo algo así, en realidad está basado en una leyenda de mi país, el pombero. 18 de Outubro de 2018 às 22:49
Katerina Az. Katerina Az.
¡Estuvo muy bueno Mariana! Me encantó la leyenda, te quedó excelente la narración
13 de Outubro de 2018 às 12:35

  • Mariana Aldana Mariana Aldana
    Gracias, me encanta que te encante. 19 de Outubro de 2018 às 15:54
Marcela Valderrama Marcela Valderrama
¡ESOOO! Ahora está perfecto, me encantó en serio, el principio enganchó todos mis sentidos jajajaja, felicitaciones.
12 de Outubro de 2018 às 21:15

  • Mariana Aldana Mariana Aldana
    Querida Marcela, en serio me alaga que me digas eso, yo te admiro mucho a vos. 18 de Outubro de 2018 às 22:47
Fredd Colins Fredd Colins
Me encantó mucho. Wow fue tan bien descrito. Y la conclusión magnífica deja la.puerta abierta a la realidad de las cosas
11 de Outubro de 2018 às 22:49

  • Mariana Aldana Mariana Aldana
    Gracias, por tu comentario, es la primera vez que pruebo escribir algo así. 18 de Outubro de 2018 às 22:47
~

Histórias relacionadas