Entendiendo a los muertos (Serie Convirtiéndome en zombi III) Seguir história

kasandra-finol Kasandra Finol

Título: Entendiendo a los Muertos Serie: Convirtiéndome en Zombi III Autora: Kassfinol Portada: Kasandra Finol ISBN-13: 978-1492155157 ISBN-10: 1492155152 Todos los derechos reservados. SINOPSIS Flory Chaver está en busca de su hermana y sobrina, en una ciudad reclamada por los muertos vivientes. Ella necesita… quiere sobrevivir, porque tiene la esperanza de que todo ese apocalipsis acabará pronto. Pero se dará cuenta, que no solo luchará contra toda esa carne muerta caminante, también tendrá que entender por qué desde hace unos meses esos zombis se mueven de forma organizada. ¿Será que estos zombis viven para comer? O ¿empiezan a mostrar signos de inteligencia? Muchas hipótesis rondan en su cabeza y ella tendrá los medios para darles respuesta. Índice Capítulo 1: Escondiendo una mentira. Capítulo 2: Lo que será mí día a día. Capítulo 3 Sentires Zombis. Capítulo 4 ¿Asesino de verdad? Capítulo 5 Sinceridad verdadera. Capítulo 6 Admitiendo sentimientos. Capitulo 7 Entendiendo a los muertos. Capítulo 8 Estudio Zombi. Capítulo 9 Tomando decisiones. Capítulo 10 Tomando decisiones. Capítulo 11 ¿Avanzamos?


Pós-apocalíptico Para maiores de 18 apenas.

#horror #terror #drama #zombis
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Escondiendo una mentira

Capítulo 1: Escondiendo una mentira

—¡Maldita sea, dejé las llaves de la camioneta arriba! —gritó Flory, frente a su camioneta. Respiraba con dificultad, estaba llena de adrenalina ya que acababa de golpear a un zombi, dejándolo sin rostro y tendido sobre la carretera bien muerto a unos cuantos metros detrás de ella.

Desde que conversó con Danna García hace unos minutos, había tenido que golpear y disparar a todos esos muertos vivientes que se le pasaron por delante. Al salir del edificio vio todo despejado pero al llegar al estacionamiento trasero la historia fue diferente. Estaba agitada y necesitaba salir de allí, tenía que verse con sus únicos familiares vivos, su hermana mayor y su sobrina.

El único problema, a parte de los zombis que caminaban hacia ella a unos cien metros, fue que la llave de su camioneta se le había quedado en su apartamento, y lo último que haría era volver a subir para buscarlas.

Sin pensarlo le disparó al vidrio de la camioneta para poder abrir la puerta y entrar en ella; pero la alarma de seguridad se activó y ésta empezó a sonar con un sonido estruendoso, entre los gritos de la gente y los quejidos de esos desgraciados muertos.

—¡Maldición Flory, la cagaste! —se reclamó en voz alta, al ver lo que acababa de hacer. Estaba convencida de que no había sido una buena idea.

A pesar de que la camioneta estaba en el estacionamiento trasero del edificio, y que no habían muchos de esos muertos, se sentía ahogada, que el oxigeno le faltaba. Una cosa es que fuera decidida, pero la otra era que esa situación era muy difícil de asimilar; tendría que pasar unos cuantos días antes de pensar en una buena solución para sobrevivir. Mientras tanto tenía tres mensajes en el celular de su sobrina de 16 años llamada Olga, donde le suplicaba que se apurara porque estaba en peligro.

La situación no era favorable, en el estacionamiento solo había cuatro autos más su camioneta y no tenía las llaves de ninguno.

Flory se dio la vuelta y le disparó a tres zombis que acababan de acercarse a ella. Incrustando una bala limpia entre sus entrecejos.

—¡M-al-d-i-t-a s-e-e-e-a-a-a! —gritó de la impresión al verlos tan cerca —. Hoy es el día en que más he maldecido —concluyó pasando su mano por el rostro mientras caminaba hacia la capota de la camioneta para desconectar la batería y que así se apagara el fuerte sonido de la alarma.

—¡Gracias a Dios apagaste esa mierda, el sonido los atrae! —escuchó detrás de ella que un hombre le habló.

Flory se dio la vuelta hacia el sonido de la voz y sonrió al darse cuenta que era Sebastián, su vecino del piso 5. Pero de inmediato frunció el ceño y preguntó apuntándolo con el arma:

—Hola, ¿te han mordido?

—No, estoy limpio, deja de apuntarme no me han mordido. Solo estoy esperando a mi madre. Pero ya estoy empezando a pensar que no bajará.

Flory se atragantó al escuchar eso y su mente viajó de forma fugaz a unos quince minutos atrás.

***

—Flory, ayúdame a bajar, mi hijo ya debe de estar en planta baja esperándome —rogó la señora Virginia, llorando y desangrándose, tenía el cuello ensangrentado, se veía bien claro que le habían arrancado un pedazo de carne hace solo unos minutos, ya que la sangre corría en un flujo constante y abundante.

Todo el cuerpo de Flory le gritaba que la matara. Esa señora ya estaba contaminada, así que lo mejor era ahorrarle el dolor o evitar que se convirtiera en zombi.

—Señora Virginia, creo que eso no se va a poder —su voz fue seria y sin expresión.

—¿Por qué? ¡Vamos hija ayúdame tienes un arma! Además ya estamos cerca de planta baja.

—No, no dejaré que se convierta en un zombi —mencionó Flory, con lentitud mientras subía poco a poco el cañón del arma al rostro de Virginia.

Virginia puso sus ojos como plato dando tumbos hacia atrás mientras que gritaba aterrada:

—¡No-o-o-o! ¡Auxi-i-i-i-lio-o-o-o! —gritó con insistencia rogando que alguien la ayudara, que alguien evitara lo que su loca vecina pretendía hacer.

Flory la siguió de cerca, corriendo, pero luego mantuvo un paso seguro mientras avanzaba camino abajo por las escaleras. No pasó mucho tiempo cuando Virginia tropezó y empezó a rodar por las escaleras, deteniéndose gracias a que había llegado a la planta baja del edificio.

Flory se acercó y le disparó en la cabeza ante la vista atónita de una joven desconocida que luego se enteró que se llamaba Danna García.

***

—¡Hey Flory, cuidado! —la zarandeó Sebastián, trayéndola a la realidad ya que un zombi estaba a punto de atacarla. Sebastián lo golpeó y pateó para que luego Flory le disparara en la frente.

—¿En qué pensabas? —preguntó angustiado Sebastián. Estaba tan asustado por el lapso que había tenido Flory que temblaba. Jamás había golpeado a nadie de esa forma y le tenía tanto miedo a esos zombis que no se imaginó poder defenderse y salir ileso.

—¡En nada! —mintió Flory, intentando disipar su pensamiento de que había sido ella la que había asesinado a la madre del chico que estaba frente a ella. La joven estaba clara que en el momento en que actuó jamás imaginó que se toparía con uno de sus familiares o peor aún que tenía que dar explicaciones de sus actos.

—¿Por qué te quedaste paralizada? ¿Te sientes mal? ¿Te ocurre algo? —Sebastián miró a los lados verificando que no tuviera ninguno de esos muertos cerca de ellos.

—¡Por nada te he dicho! —le gritó en mal tono para evitar que siguiera preguntándole. Luego de unos segundos y después de soltar un suspiro audible le preguntó:

—¿Tienes la llaves de tu automóvil? Las necesito.

—Sí, pero estoy esperando a mi madre para poder salir de aquí. —Sebastián parecía convencido de que ella se reencontraría con él.

—Te hablaré con sinceridad —Flory lo miró a los ojos y lo que salió de su boca pareció dicho en cámara lenta antes los oídos de un aturdido Sebastián—, Tu madre está muerta, la acabo de ver tendida en el suelo del edificio.

—¿Mu-er-ta? ¿Pero cómo? Alguien debió lastimarla, si está en el suelo es porque no se convirtió en un zombi —Sebastián parecía haber obviado el detalle de que su madre estaba muerta, Flory sabía que la noticia no era fácil de asimilar así que guardó silencio.

—Voy a ver qué pasó con ella... tengo que verla... al menos enterrarla para que esté en paz —gritó el pobre joven llorando y caminando hacia el edificio.

—¡Hey no-o-o-o-o! —Lo haló Flory—, ven acá tonto... ese lugar está lleno de muertos que caminan y comen gente, sabemos que unos están encerrados en sus propias casas, pero igual como te darás cuenta hay muchos de esos desgraciados sueltos.

—No me sirve vivir si no tengo a nadie por quien luchar —le contestó lleno de sentimientos.

Flory lo volvió a halar esta vez con más fuerza para así poder dejarlo frente a ella y sin pensar le dio una cachetada.

—¡No seas idiota! Agradece que estás vivo ¡Eso es lo importante! Mi familia no hace unas horas se comieron entre sí y mírame a mí ¡he decidido vivir! —el grito de Flory provocó que Sebastián la mirara con ojos desorbitantes, asombrado de haber escuchado esa noticia.

Flory era la hija de un general muy importante conocido en todo el estado Zulia y obviamente en el edificio. Su madre había sido una señora súper agradable y servicial, y su hermano Pedro era uno de los mejores amigos de Sebastián.

Al ver a Flory, la chica que él había añorado tener desde hace unos años, nunca se imaginó que su primera conversación sería de muertos en una escena llena de zombis y por si fuera poco sintiendo un intenso peligro de muerte.

Sebastián sentía lastima de enterarse de esa horrible noticia. Pero más lastima de sí mismo al sentir que era el momento de confesarle algo a Flory:

—Dime la verdad sobre mi madre... sabes... ella venía detrás de mi hace unos minutos. Al parecer corrí demasiado rápido, me dejé llevar por mi miedo y al no utilizar el ascensor terminé bajando primero que ella. La dejé sola unos minutos, y no logro entender por qué me dices que ella está muerta —al final de la oración Sebastián lloraba desconsolado, acción que Flory veía como una debilidad en él.

—¡Mira mejor deja la lloradera y dame las llaves de tu automóvil! Lo mejor que podemos hacer es largarnos de aquí, ya habrá tiempo de explicarte lo que vi.

Sebastián le entregó las llaves y le señaló su automóvil, era un Malibu blanco del año 85, no muy nuevo pero a Flory no le importó al menos estaba en buenas condiciones.

—¿Esta lata de automóvil no se va a apagar, cierto? —preguntó Flory divertida, ella sabía que no se apagaría pero quería que Sebastián pensara en otras cosas que no fuera su madre.

—No, te puedo asegurar que no, tiene unos cuantos de miles de bolívares en un nuevo motor y toda la carrocería por dentro —mientras Sebastián defendía el honor de su buen automóvil, Flory ingresó al auto y segundos después Sebastián lo siguió.

Flory encendió el automóvil y casi se muere de un infarto cuando de la nada dos zombis se abalanzaron sobre el parabrisas. Sebastián gritó y empezó a respirar de forma entrecortada.

—¡Cálmate no creo que puedan romper el vidrio! —Flory buscó su celular entre los bolsillos. Al tenerlo marcó el número celular de su sobrina y al tercer tono contestó:

—¿Dónde estás tía? —la voz temblorosa de la joven le decía a Flory que su sobrina estaba muy asustada.

—Olga, ya voy para allá... dime... ¿Dónde están con exactitud? Pásame a tu madre por favor —insistió.

—Estamos en el piso 3 del edificio, hemos logrado bajar dos pisos pero no hemos podido avanzar más, ya te paso a mamá —se escuchó un sonido de movimiento y luego la hermana de Flory le dijo:

—Hola Flory, casi no tengo balas, y si sigo gastándolas no podré cuidarme bien, esto está lleno de zombis los sobrevivientes dejaron varias puertas abiertas, por no decir todas y eso ayudó a que esos desgraciados salieran, están por todos lados.

—Manuela, aguanta por favor... ya voy para allá.

—¿Y papá? ¿Mamá? ¿Todos está bien? —Manuela estaba ansiosa por reunirse con su familia y huir a un lugar seguro.

—Todos están bien, están aquí conmigo ya voy para allá, si puedes enviarme un mensaje diciéndome a cada rato dónde estás mucho mejor, así me quedo más tranquila. Creo que en unos diez minutos estaré en tu conjunto residencial, recuerda que Gran Sabana está algo cerca de mi apartamento. Toma en cuenta que una vez llegue al lugar tendré que ir a pie a tu edificio, imagino que eso debe estar un poco colapsado y de por sí la estructura del lugar me imposibilita estar siempre en la seguridad del automóvil.

—Está bien Flory, entiendo.

Entonces Flory continuó:

—Cuida a Olga, resiste por favor, en unos cuantos minutos estaré ahí y volveremos a estar todos juntos. Ya tengo un lugar, es una casa segura de una chica que vive en la urbanización las Cincuentas, nos iremos para allá, buscaremos provisiones y nos comunicaremos con el ejército para llegar a un lugar seguro.

—Ok, Flory, me parece un buen plan, prometo hacer lo posible para que todo salga según lo que me acabas de decir.

Manuela era la mayor de tres hermanos, a pesar de eso admiraba la mente estratega de su hermana menor, ella siempre planeaba todo para que ocurrieran las cosas según como ella las quería. Además tenía una facilidad para mover las peores situaciones, y que así todo saliera en beneficio de ella.

—Manuela asesina a todo el que se te acerque y esté mordido, ellos serán posibles zombis así que no podemos arriesgarnos que hayan más caminando por ahí y por favor no te dejes morder ni que te hieran... sino tú serás uno de ellos.

—Me lo imaginé, tranquila todo está perfecto intentaré esperarte en la planta baja del edificio para que todo se te haga más fácil.

Manuela era ágil y de mente fuerte ya que había estudiado en el colegio militar, así como su hija Olga que cursaba el 5to año en el mismo liceo donde habían estudiado su madre y tía. Las tres sabían bien lo que debían hacer en casos de emergencias pero jamás se imaginaron vivir algo tan irreal como esto. Aunque los beneficios de estudiar en un lugar como ese era que podían disparar casi cualquier arma al momento de graduarse. Algo en efecto muy útil en la vivencia de esta infección zombi.

—Debo dejarte, estoy dentro de un automóvil, pero todo está lleno de zombis a mí alrededor, debo manejar con cuidado para llegar bien hasta allá.

—¿Un automóvil? ¿Y tu camioneta? —preguntó extrañada Manuela.

—¡Larga historia! En resumen dejé las llaves de la camioneta en el apartamento y es muy peligroso volver a subir y buscarlas.

—Tonta... aquí tengo las mías, fue lo primero que agarré después del revolver —se burló Manuela.

—Tú siempre de precavida —le alagó Flory, prefería hacer eso que explicarle en este momento el por qué no quería subir y buscar las llaves.

Si no hubiese sido porque debió defenderse de su hermano y luego darle un tiro en la cabeza, la historia de la llave hubiese sido diferente. Y eso era algo que por el momento le debía esconder a Manuela.

—Aló Flory ¿Ya has colgado? —curioseó Manuela, al ver que Flory no decía nada por el teléfono.

—No, me dispongo a hacerlo, ya luego seguimos conversando hermana —Flory colgó y metió su celular en su bolsillo.

Sebastián para entonces estaba blanco del susto. Flory lo vio con el ceño fruncido y miró a los lados, para darse cuenta que tenía alrededor del automóvil cinco zombis dispuestos a querer entrar y comerlos enteros.

Flory lo miró con un poco de desprecio y con el tono más ácido que pudo le dijo:

—Las maricas se vuelven zombis... los cobardes se vuelven zombis... los llorones como tú se vuelven zombis y los que no actúan rápido se vuelven zombis... —a medida que hablaba iba subiendo cada vez más el tono de voz—. Te veo de nuevo llorando o asustado y juro por Dios... si es que el desgraciado existe... que te pegaré un tiro entre ceja y ceja —el recuerdo estrepitoso del tiro que le dio a la madre de Sebastián le llegó a la cabeza y Flory terminó maldiciendo por lo bajo.

Segundos después se repuso de la escena y terminó diciendo en tono convincente y serio:

—¡Aunque sabes qué! —Flory aceleró el automóvil—Los que sufren de remordimiento estoy segura que también se vuelven zombis... así que desde este momento... ¡Juro que no volveré a permitirme sentir esa mierda de sentimiento!

Sebastián asintió analizando las palabras de una convencida Flory. Mientras que ella movía la palanca arrastrado y atropellando a varios muertos vivientes que tenía cerca y salían del estacionamiento de Villa Delicias que era el lugar donde ella vivía, Flory se sentía un poco nerviosa pero era algo que no demostraría ya que se dirigían al complejo residencial Gran Sabana, donde habían once edificios juntos, con ciento de personas que estaba segura que en estos momentos estaban muertos.

26 de Setembro de 2018 às 00:05 2 Denunciar Insira 2
Leia o próximo capítulo Lo que será mí día a día

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Rodrigo Hernandez Rodrigo Hernandez
Espectacular 😀👍
2 de Maio de 2019 às 19:40

  • Kasandra Finol Kasandra Finol
    gracias por leerlo =) Me haces muy feliz <3 3 de Julho de 2019 às 09:27
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