Naranjo en Flor Seguir história

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Naranjo en flor es la primera de muchas historias con letra. Tomando como referencia canciones y haciendo historias. En este caso la de Carlos y Laura, dos sistemas contrarios que una noche cualquiera se juntan, poniendo en riesgo la relación que Carlos tenía en ese momento.


Conto Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#naranjoenflor #historiasconletras #seescribeconcanciones
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Naranjo en Flor


Había pasado dos o tres minutos, trato de acomodarme sin lograr recordar los últimos momentos de la noche anterior. A través de las cortinas, traspasa un halo de luz como rayo que fulgura diciendo claramente que el día ya había tomado su forma habitual. Al fondo, con acordeón, violín y con una vos ronca y gaucha amenizaba la incertidumbre. El olor a tabaco y a licor se impregnaba en cada respiración. Sabía que vivía por el movimiento producido en cada respiro. Me incorporo de un salto y sentado al pie de la cama, reconozco que aquella habitación no era la mía. De frente, observo una silueta casi desnuda a espaldas. “Primero hay que saber sufrir después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento…” musitaba en ese momento un viejo autor y cómplice de noches bohemias, Roberto Goyeneche naranjo en flor era el tango que en ese momento desgarraba la realidad de manera sistemática.

-Por cierto, ¡soy Laura! Fue el susurró que escuché desde aquel lado del salón donde aún a espaldas se encontraba. Ensimismado, me fijo en la larga y definida forma de su espalda y en cada uno de los detalles que le hacían juego a su piel.

- Al parecer, creo que se la ha pasado bien, adicionó. Yo, aún intentaba recordar como carajos había llegado a este punto. Desnudo, sentado al borde de una cama que no era la mía y para complicar un poco más el momento, con una mujer que no era la mía. Se giró e inicio el pequeño trayecto que iba desde aquel espejo grande y ovalado ubicado a un costado de la habitación con rumbo a la cama donde me encontraba.

- Supongo por su expresión que no recuerda lo que sucedió anoche, ¿verdad?

Pensé en responder intento, pero una torpeza impropia solo me permitió hacer girar mi cabeza de un lado a otro en señal de negación.

Una anticipada sonrisa se dejó entrever de sus labios. Tenía un rostro perfectamente definido, parecía de unos 29 quizá, 31 a lo mucho. Las pecas que adornaban sus pómulos le hacían un eco justo a dicha belleza.

-Quizá le sirva un poco si menciono el momento exacto en que se encontraba fuera de aquel bar y que dos de sus amigos trataban de convencerle de seguirlos en la fiesta.

- Sí, recuerdo esa parte. Pero…

-Bueno, pues nada. Ellos se fueron y usted quedó con el teléfono en la mano. En eso, yo venía saliendo y tropecé tumbando su celular. Usted me miró, con seña desaprobatoria y pensé que arremetería como respuesta a mi error. En cambio, me pidió que le acompañara un par de birras como oferta para resarcir mi error y accedí a su consejo delirante. Fuimos a un bar ahí cerca y después supongo que te hizo mal la revoltura y cómo no sabía dónde vivías decidí traerle conmigo.

- Pero… mierda, no puedo creer que después de tres abriles le haya montado los cachos a Vero. Sabes, siempre fui un hombre correcto, borracho pero correcto, o bueno eso pensaba hasta ahora. No sé cómo hacerle para no tomar esto como un hecho. Como algo, que me iba a complicar la misma vida.

- ¿Delira?

Ese cuestionamiento hizo que pensara en el barullo de ideas que aturdían en ese momento mi mente.

- Pues de esto, de haberlo hecho, de haber terminado veringo acá con vos.

- Ja, ja, ja ¿Qué dice? ¿Hacerlo, nosotros? ¿Supongo que tampoco recuerda el aguacero que cayó y que hizo que termináramos empapados?, por cierto, ya su ropa debe estar seca, solo es que la saque de la máquina.

Entre el guayabo de lo que había tomado y la idea de no saber qué había pasado, desnudo en la cama de una perfecta desconocida. Ahora sí que deliraba.

-Venga, entonces, ¿Entre nosotros no pasó nada?

- ¡Que no! Además, anoche mencionaste lo feliz y orgulloso que le hacia estar en una relación como la que tenía. En ese momento, escucho un sonido muy familiar, aunque imperceptible sabía que era mi alarma. El sonido se iba agudizando conforme pasaba el tiempo. Escucho mi nombre.

- ¡Carlos, despierta!, abro los ojos y veo fijamente el rostro de Verónica, mi novia. Asumí que aquel suceso, desnudo, al pie de una cama que no era la mía, con una mujer que no era mi novia, no era más que un mal sueño.

- ¿Estas bien?, hablabas dormido.

- Eh nada amor, un mal sueño. Supe con cada palpito, que aquella noche nunca había pasado.

- Que bueno, tal vez ahora me puedas explicar quién es Laura y porque le cantabas “Naranjo en flor”.

“Primero hay que saber sufrir después amar, después partir y al fin andar, sin pensamiento
Perfume de naranjo en flor”…
Sobre las memorias de un día sin memoria y de cómo me di cuenta que le había montado los cachos a mi novia. De aquella mañana, han pasado 7 meses, y aunque fue vana la idea de retomar la confianza con mi ahora ex novia, Verónica no aceptaba que hubiese sido capaz de estar con alguien diferente a ella. Después, que importa del después, toda mi vida es el ayer, que me detiene en el pasado” … Quizá había borrado esa parte de mi mente como un mecanismo de defensa cobarde e infantil, para no herirme, para no herirla. Y, sin embargo, nada de lo que pudiera hacer iba a permitir regresar a lo que una vez fuimos como un sistema totalitario. Es verdad que solo somos nosotros mismos cuando cerramos la puerta de nuestra casa y dejamos puesta en el perchero el otro que usamos con el mundo que nos rodea. Es verdad que a veces dejamos que otra persona cierre esa puerta para que nosotros mismos quedemos fuera del mundo mismo. “Como un pájaro sin luz”.

22 de Setembro de 2018 às 01:07 0 Denunciar Insira 0
Fim

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