EURIELLE Seguir história

angelica-avila1535851588 Angelica Avila

Ella seguía sin moverse. Pero, detrás de la dureza de su semblante, incluso de la belleza que adornaba su rostro y cuerpo, parecía agonizar. ¿Quién iba a pensar que una mujer semejante a un ángel pudiera estar ardiendo?... Tanto, como el mismo atardecer que tanto admiraba. Dentro del par de ojos castaños, llenos de vida aparentemente, permanecía una chica agonizante. – ¿Qué? – Se quedó perplejo Hank ante la imagen de Eurielle –, estas… – La chica que ha supuesto en mí… –dijo en un susurro –, no… soy yo.


Aventura Todo o público.

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LUNA


El sonido abrumante de los caballos aun resonaba en el campo que los llevaría al corazón de la ciudad de tierra. Esta era una de esas veces que por más que la pequeña Eurielle intentaba dormir, no lograba conseguirlo. Hacía más de ocho años que la pequeña Eurielle había sido capturada y llevada como un simple objeto desde las tierras del oeste, con el fin de darla como sacrificio a uno de los líderes del clan de la tierra, el cual recientemente se había levantado.

La luz de la luna deslumbrada bajo la noche oscura, el cielo estaba cubierto aun así, de grades nubes blancas, lo que hacía que aquella escena fuese realmente hermosa y a la vez llena de un misterio que lograba escarpar los huesos.  

Aun así, apenas la luz de la luna lograba hacer reconocible el rostro de la niña que iba en aquella carroza. Sus ojos apenas se abrieron debido a la pequeña luz filtrada, grandes y hermosos ojos castaños se abrieron,  cabellos oscuros  y enredados apenas daban oportunidad de contemplar aquel rostro pequeño. Sin embargo a pesar que nunca se le había visto a aquella mujer poner una sonrisa en su rostro, sus ojos ocasionalmente se llenaban de una luz que asombraba a cualquiera.

Hace años que había dejado su hogar, una pequeña aldea que apenas comenzaba a levantarse en las lejanas tierras de la ciudad de fuego. Ella había sido separada de su madre a una edad temprana, y su padre, casi nunca lograba recordarlo, o mejor dicho, se negaba a hacerlo. Ya que, según en sus vagos recuerdos, lograba ver el rostro de su madre llorando por aquellas noches en las que su vida apenas empezaba, sin embargo, según en sus pensamientos íntimos, lograba decirse a sí misma que jamás lograría olvidar a la hermosa escultura de su madre, aun si pasaran miles de años.

Jamás lograría olvidar los hermosos ojos grises de su madre, ni el hermoso cabello rojo que caía sobre su espalda cada vez que soltaba su cabello por las noches. La pequeña Eurielle suspiro, y cerró los ojos. Aun cuando casi nunca hablaba, dentro de sí, casi todo el tiempo tenía muchas palabras que decir. Sin embargo cuidaba decirlas para sí misma. Mayormente bajo la estela de la noche oscura, el único  sitio, que según ella, se encontraba segura.

Usualmente se preguntaba en que momento llego a tener una vida así. Lejos de la única mujer que amaba, lejos del único par de brazos a los que llamaba hogar. Se preguntaba en lo muy hondo de su corazón, porque la mayor parte del tiempo era vista con desprecio y desagrado.

Cada vez que lograban distinguir el olor de su sangre, quienes la veían se habían obtenido incluso hasta mirarla. Se preguntaba si era un monstruo, si era un fenómeno como la mayoría del tiempo, un hombre llamado Lemnio, le gritaba cuando no obedecí así órdenes.

Hace años que había partido de su hogar, y conforme pasó el tiempo aprendió a callar a tal grado de no soltar una lágrima a pesar de cuan desagradable la trataran. Lemnio era un hombre de gran tamaño, tenía bastante fuerza,  a decir verdad. Eurielle no recordaba la última ni la primer aves que Lemnio había sido derrotado en alguna pelea. Ya que todo el tiempo, todos le rendían un gran respeto. Sin embargo, si alguien se atrevía a transgredir sus órdenes, ese hombre caía muerto al instante. Eso lo había aprendido, debido a las repetidas ejecuciones que solia ver, ella por supuesto que jamás  había sido golpeada, ya que según él, aun cuando le fuese repulsivo verla, era de gran valor.

Ella, junto a muchas otras chicas era llevada a diversas partes de Ervania como sacrificios y esclavas a lo largo de Ervania. El llamado mundo del  que recientemente habían nacido, tres de las  ciudades generadoras de la vida. Arquidia, la ciudad de fuego, a la que le solia llamar hogar, la ciudad de Jirllenton, la primera ciudad que se vio formada a partir del misterioso bosque del reflejo que se encontraba al sur.

Aquella noche era ordinaria, sin embargo por alguna razón Eurielle percibía que algo no andaba bien. Lemion había dicho que esa sería la última que se haría cargo de ella, y que por fin una hibrida como ella, saldría de una vez por todas de sus negocios por un excelente valor.

La pequeña de ojos castaños, y cabello negro cerró los ojos apenas dejando salir una pequeña y diminuta lagrima. Pero al instante en que lo hace, el silencio no tardo en romperse, y el cuerpo de aquella niña salta, dejando al instante en su pecho un dolor que la hizo dejar salir un chirrido de dolor.

Tan pronto como logra recuperarse, el dolor en sus costillas era poco menos que los malos tratos en los que había sido tratada casi toda su vida. Sin embargo, sin poder tener siquiera el ánimo de levantarse, se quedó por un segundo en aquella posición. Las cadenas que ataban sus piernas y sus brazos eran resistentes, así que, dentro de los pensamientos de la pequeña Eurielle, no llego ni siquiera la idea de imaginar que algo podría estar pasando con sus opresores. Por lo que, decidió ni siquiera intentar luchar.

Sin lugar a duda, aquella apariencia, si alguien lograra verla en aquel momento lleno de dolor, no podría ignorar la profunda y delicada belleza de Eurielle, y así mismo, el dolor y la tristeza que la acompañaba a cada instante. Aquel aroma nostálgico que la acompañaría hasta la eternidad.

Un golpe de nuevo golpe contra la madera de la carroza, el relinche de los caballos exploto, y los sonidos tormentosos de los hombres afuera, logro alterar los pensamientos de Eurielle por un segundo. Sus ojos se abrieron, y su corazón se paralizo en cuanto una voz desconocida llego a sus oídos:

– creí que serias más fuerte Lemion –aquella voz burlona, lograba aturdir a cualquiera. No era una voz aguda, y tampoco demasiado grave. Sin embargo, era lo suficientemente fuerte como para hacer temblar a cualquiera –, realmente me sorprende que te comportes de una forma tan vergonzosa –volvió a retar al hombre de cuerpo corpulento.

En ese instante, Lemion, el hombre que poseía un rostro realmente amenazante apenas logra ponerse en pie. Con espada en mano, deseaba terminar con la vida de aquel hombre. La sangre recorría el suelo mojado por la lluvia, y el olor a muerte de sus colegas inundaba el espacio.

Era casi imposible pensar que un solo hombre podría ser capaz de aquella Azaña. Aquel chico, tenía la apariencia de un hombre de veinte años, sin embargo para un ser ervaniano, los años les eran prolongados, y sus cuerpos no envejecían, ni morían con demasiada facilidad. Por lo que, predecir la verdadera edad de aquel hombre, era todo un misterio. Aun así, era alguien demasiado fuerte.

 Su cuerpo estaba cubierto por un par de pantalones oscuros, y una malla oscura que al mismo tiempo se asemejaba a una camisa, la cual lograba cubrir su torso. Al llegar a sus brazos, hasta los dedos de sus manos, el cuero oscuro y el metal brillante de sus cubre brazos y codales, lograban protegerlo lo suficiente. En una postura casi despreocupada, su rostro se alzó hasta que la luz de la luna logro iluminarlo por completo. Cabellos oscuros se asomaron junto a un par de ojos esmeraldas. Sin embargo a pesar de la apariencia de un gran guerrero, la hermosura no se escapaba de su rostro. Ante ello, aun ante esa imagen, el solo deseo de exterminar era lo único que se lograba sentir ante las facciones escabrosas del chico con ojos esmeraldas.

El metal de su casco era el mismo que el de su armadura, sin embargo una diferencia, es que pequeños detalles carmesí también teñían al metal. Una capa oscura semejante a su ropa se balanceaba debido a las ráfagas de viento en aquello noche. Grandes zancadas se movieron sobre la tierra mojada, mientas eran cubiertas por un par de botas oscuras.

En ese momento Lemion sabía que aquel hombre no estaba tratando de amenazarlo como la última vez. Sus intenciones no estaban rodeadas de alguna diversión. Sino que, parecía realmente desear una cosa. Terminar con su vida.

Con una imponente espada en mano, aquel hombre de ojos esmeraldas se movió lentamente, como si el ataque de su oponente fuese inferior al suyo. La diversión sin lugar a duda no estaba en sus facciones, sus manos empuñaban aquella espada con fuerza, lo que hacía creer que en un solo balance aquel filo lograría traspasar el pecho del hombre de cabello claro y lacio. Lemion no encontraba como deshacerse de aquel hombre capaz de matarlo. Por lo que solo una idea llego a su mente.

Si aquel hombre estaba ahí, era solamente para robar lo que el clan de tierra avariciaba más que nada. Obtener el gran poder que Lemion había resguardado por demasiado tiempo.

– N-No… pensaras en asesinar… a tu propio tío –las palaras se escaparon de la boca temblorosa de Lemion –, después de todo ese tiempo… sin duda te has vuelto un gran guerrero. Dime… cuanto te han ofrecido por mi cabeza, y te juro que lo triplicare –casi grita en un sonido desesperado.

El chico de ojos esmeraldas, parecía asimilar el rostro de Lemion. Por lo que la oscuridad, casi logra hacer más escabrosa el rostro del chico, deslizando en apenas un gesto una expresión lo más parecida a una sonrisa.

– Nunca llamare a un hombre como tú, parte de mi jerarquía – suelta en un sonido amargo –, sin embargo… debes estar demasiado asustado para decir algo así. Cuando… fue durante una noche así… que le arrebataste la vida a mi padre.

En ese instante las rodillas de Lemion temblaron. No podía creer que aquel chico supiese aquel suceso. Aun cuando esperaba a que algún día lo supiera, aun así le resultaba una sorpresa. Ya que… había sido solo una persona quien había sido espectador del suceso. Recordaba que el hijo de su hermano mayor, al que el mismo degolló en una hora desolada, también tenía una prometida a su lado. Recordó que aquel chico de ojos verdes, y mirada aterradora, poseía algo mucho más importante que la vida de su propio padre. Esa mujer… a la que aseguraba amar más que a nada.

Aquella chica nacida en la tierra de Arquidia, la gran tierra de fuego, poseía una gran belleza, un cabello oscuro, semejante al de la noche. Sin embargo lo que hacía impactante a aquella chica, era que poseía un poder tan alucinante que incluso podría igualar a las espadas protectoras de Ervania.

Aquellas cuatro espadas que habían sido encontradas en el bosque del reflejo hace tiempos tan remotos, que nadie jamás supo de su origen, ni el momento de su creación. Solo se sabe, que aquellas espadas tienen un poder tan impresionante, que podría incluso hacer surgir a la tierra restante. La gran Eucrania, la tierra del viento.

 El corazón de Lemion se balanceo, recordaba extramente el rostro de aquella mujer, era una chica demasiado linda, sin embargo cuando fue testigo del asesinato de su hermano, no tuvo otra opción más que asesinarla. No tuvo otra elección. Ya que si ella permanecía viva, probablemente lograría matarlo debido a su poder, y si no lo lograba, sin duda su sobrino, estaría enterado, y buscaría venganza.

– ¿ya te has enterado verdad, Alaric…? –pero en cuanto lo dice, el orgulloso hombre parece recobrar sus fuerzas.

En lo muy hondo debería desear que ya lo asesinara, sin embargo, recordar aquella noche, tan solo le proporcionaba una gran atracción, y casi alegría. Aquella vez, fue cuando logro ser mejor en algo que su hermano, asesino a la mujer que le brindaría una gran felicidad a su jerárquica descendencia, le arrebato aquel orgullo, y aquel sentimiento de que su único hijo, tuviese una mujer tan asombrosa como ella. Y además de ello, aquella chica, teniendo aquel poder recorriendo su cuerpo, no pudo siquiera defenderse.

Recordar que tan solo una simple espada le había arrebatado la vida, lo haca aún más patético. Aun cuando ella lucho, aun cuando ella deseo usar el poder que emanaba de ella, no pudo lograrlo, debido a que por sus venas, también corría sangre putrefacta. La repúgnate sangre, que poseía un humano.

– Yo… fui quien asesino a esa mujer – dice, pero en cuanto las palabras golpean el rostro de Alaric, las facciones de Lemion se llenaron de placer –, así es Alaric… no tiene caso que pretenda conmoverte. Si deseas matarme… hazlo de una vez, aun si lo haces… jamás recuperaras la vida de esa mujer.

El corazón de Alaric retumbo al ritmo de las palabras de Lemion. El por supuesto que conocía que jamás podría recuperar a la mujer que había ando más que a sí mismo. Sin embargo, ahora tenía una sola orden. Arrebatar el tesoro que el clan de Jirllenton le había encomendado. Y en su encuentro, ellos viajarían hasta Arquidia, donde los iniciados concilios de las tres ciudades se reunirían, en busca de la surgente tierra faltante. La gran Eucrania, y así mismo, la elección del primer rey de Ervania.

– No vine a hablar de ello – dice Alaric en un cruento sonido –, sé muy bien que no puedo traerla de vuelta, pero aun así… te juro que pagaras la vida de Elizabeth con la tuya…

Los ojos de Alaric se hundieron, el concilio de Jirllenton le había encomendado traer con vida a Lemion, sin embargo, deseaba asesinarlo. Deseaba acabar con él en ese mismo instante. Pero no podía actuar de esa forma imprudente, debía esperar el tiempo suficiente para que la recompensa por llevar lo encomendado le fuese dada.

Y seria ese momento, cuando la cabeza de Lemion por fin saldaría la muerte de su padre, y de la imagen de su amada… Elizabeth.

En un parpadeo, la expresión desdeñosa y repulsiva de Lemion se borró casi al instante. Sus ojos grises se abrieron con tremenda fuerza al punto de casi salirse de su rostro. La espada que empuñaba era tan majestuosa como la del chico llamado Alaric, sin embargo esta callo rápidamente de su mano, en un baño de sangre. Su garganta apenas emitía sonidos apenas audibles de que seguía con vida. Sus rodillas azotaron contra el suelo, y en un intento por ser consiente de aquello que lo había herido. Baja la cabeza hasta lograr ver la espada de destellos rojos en su pecho. Aquella espada era una de las cuatro espadas que habían sido encontradas en el bosque del reflejo.

En un intento por sacar el acero de su pecho, la piel de su mano derecha se consume casi al instante. Un grito tormentoso y lleno de dolor se escapa de la garganta de Lemion, y es cuando alza el rostro de nuevo, que logra ver la figura de Alaric.

– Aun si no puedo matarte aun… – amenaza Alaric en un sonido grave–, te juro… que te hace sentir el dolor mismo durante cada segundo que pase por tu miserable vida. No logre tocar tu corazón… así que… podrás seguir con vida mientras te lleve conmigo.

La mano del chico de mirada esmeralda apenas tocando el mango de la imponente espada, y esta parecía desear lo mismo que su dueño. La característica peculiar de las grandes espadas surgidas del gran bosque del reflejo era que… siempre seria usada en su máximo esplendor solo por aquellas personas elegidas por la misma. Y así, como poseían poderes restauradores, tenían el poder de destruir masivamente.

– Entonces… puede que te interese un intercambio –dice y esta vez la impaciencia se tiñe en el rostro del chico –, puede… que te interese lo que hay dentro… de la carroza que llevo conmigo –dice con falta de aliento –, se… que no solo vienes por la espada de Eralia. Se… que se te ha ordenado llevarte a la chica…, sin embargo… se algo… que tu desconoces.

Los ojos de Alaric no destellaron curiosidad, sin embargo seguía escuchando.

– Esa chica… puede devolverte lo que tanto anhelas… –susurra Lemion –, ella… posee… algo que puede remediar el dolor de tu corazón.

 

25 de Novembro de 2018 às 01:53 0 Denunciar Insira 0
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Conheça o autor

Angelica Avila HOLA. SOY ANGÉLICA, TENGO 17 AÑOS, Y ME ENCANTA ESCRIBIR, EXPRESAR MIS SENTIMIENTOS, Y MIS IDEAS PLASMADAS EN PAPEL. SOY ROMATICA AL ESCRIBIR, PERO DIFICILMENTE EN LA VIDA COTIDIANA. ESPERO PUEDAN LEERME, Y YO AL IGUAL PUEDA APRENDER DE MUCHOS TALENTOSOS ESCRITORES.

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