Cómo vivir y no morir en el intento Seguir história

haruka Emma Milan

Ella tiene una lista de cosas que evitar para llevar una vida tranquila aunque todo esto se derrumba al pasar el tiempo porque las personas crecen, los problemas llegan más que antes y las cosas cambian. Algo que a lo que no está dispuesta a pasar, pero la vida no tiene contemplaciones por nadie ni siquiera por ella y dentro de poco su mundo va estar de cabeza no solo por los problemas sino por él también.


Histórias da vida Todo o público.

#adolescentes #vida #problemas_reales #original #aceptación #confianza
0
5.5mil VISUALIZAÇÕES
Em progresso - Novo capítulo A cada 30 dias
tempo de leitura
AA Compartilhar

Capítulo 1. Inicio


¿Cómo inició todo?


Era una tarde de otoño, el clima comenzaba a tornarse más frio y esto se hacía notar en el cielo gris, en las frías corrientes de aire que pasaban a un ritmo constante manteniendo así una atmosfera fría, también se hacía notar en las anaranjadas y decadentes hojas de los árboles que comenzaban a perder su follaje por el cambio de estación haciendo que los colores rojizos, anaranjados, amarillos y marrones abundaran en cualquier retazo de naturaleza visible a simple vista. En un parque no muy lejano había una pequeña niña la cual jugaba con las hojas caídas de los arboles mientras era vigilada por sus padres, quienes se hallaban sentados en una banca.


La pequeña niña apilaba un montón de hojas para saltar sobre ellas en cuanto divisó a lo lejos la figura miniatura de su vecino, ese niño castaño con el que a veces tenía que jugar obligada y que no hacía nada más que molestarla cada que la veía; ignoró su lejana presencia inmediatamente al sentirse amenazada por un muy probable niño fastidioso continuando así con su tarea de apilar las hojas en un montón, hasta que en un desliz miró por el rabillo de su ojo para confirmar que el niño estaba lejos y se llevó la sorpresa de que no estaba, cosa que la relajó como nadie tenía idea.


Sin embargo, el pequeño niño estaba más cerca de lo que ella creía, el castaño tenía una habilidad para camuflarse en su entorno y moverse sin que nadie le escuchara, en sencillas palabras era como un camaleón con patas de pluma. El enano pies de pluma se fue acercando lentamente a la niña sintiendo el corazón acelerado como si fuera a salirse de su pecho en cualquier instante, temiendo con cada pisada que daba que esta le escuchara y se pusiera a la defensiva como cada vez que estaba en su presencia; solo quería conocerla pero no era capaz de hacerlo por los nervios que le provocaba aunque tampoco es que ella pusiera las cosas muy fáciles al enojarse por todo lo que él decía.


Teniendo éxito en su cometido se situó frente al montón de hojas que estaba recogiendo su vecina y se arrodilló sentándose en la parte trasera de sus piernas frente al montón en espera a que la pequeña cayese en cuenta de su presencia; pasaron los minutos y la niña aún seguía sin notarlo por lo absorta que estaba en su tarea pese a que esto pareciera triste para el niño era increíble. Él estaba fascinado por lo concentrada que ella estaba, y si contábamos el hecho de que no estaba riñéndole como siempre cada que él estaba con ella, eso significaba estar cerca de la gloria para el pequeño.


Durante el tiempo que estuvo sentado observando a detalle lo que hacía la pequeña embelesado, notó que cuando la niña estaba concentrada fruncía el ceño y lo acentuaba en cuanto se esforzaba más, que solo sonreía con los labios así nunca mostrando su dentadura, cuando estaba cansada se sentada sobre sus piernas posaba ambas manos en el suelo e intentaba regular su respirar, el gran cariño que le tenía a sus padres se mostraba en sus ojos cuando volteaba a verlos y los saludaba con su mano, eso y muchas cosas más.


Hasta que cayó en cuenta y lo notó, él realmente notó que ella estaba consciente de que estaba ahí solo que había decidido no tomarlo en cuenta y pasar olímpicamente de su presencia, justo en ese momento se preguntó durante cuánto tiempo ella tenía conocimiento de su presencia y porque no había dicho o dado señal sobre eso. En cambio para la niña, ella al poco tiempo se dio cuenta de que no se había ido como ella creía en un principio, no era estúpida claro que notó su presencia desde el inicio por su incesante mirada sobre ella pero no quería que la molestara como siempre hacía. Sin embargo, no contaba con que él se sentara en silencio a observarla fijamente analizando cada movimiento, poniéndola tensa todo ese tiempo habiendo por supuesto momentos en los cuales se perdía en sus pensamientos.


― ¿Ya terminaste de espiarme o aun necesitas más tiempo? ―preguntó Serena sin dejar de cargar una pila de hojas entre sus manos.


El pequeño quedó enmudecido, realmente no esperaba que le hablara.


―Yo… ―la miró apenado― ¿Desde cuándo sabes que estoy aquí? ―susurró.


Le miró ya con las manos vacías y respondió. ―Desde que te sentaste ahí y comenzaste a mirarme como si fuera un bicho raro.


El pequeño levantó súbitamente su mirada del suelo al escuchar su respuesta mostrando cuan sorprendido y sonrojado estaba. Esto enterneció a la niña, quien se acercó a él y estiro su mano para ponerla sobre su cabeza, acariciando suavemente su castaño cabello rebelde, el niño la miró directamente a los ojos y aun con su cara sonrojada sonrió enternecido por la acción de la niña peleona.


― ¿Quieres jugar conmigo? ―ofreció la niña sintiéndose inmediatamente arrepentida.


Él, apenas esas palabras salieron de su boca, esbozó la más grande sonrisa que ella le había visto y sin vacilación asintió ante la propuesta, se levantó de inmediato, sacudió su pantalón y ayudó con la pila de hojas, luego frente a la montaña que se había formado extendió su mano en dirección a la de la niña quien la tomó rápidamente y después saltaron, después de la caída las hojas comenzaron a descender sobre ellos, y como los niños que eran empezaron a hacer ángeles, figuras amorfas, arrojarse la mayor cantidad de las hojas entre ellos. Así se pasó una tarde de risas entre esos dos pequeños quienes jugueteaban tranquilamente.


― No nos hemos presentado bien. Yo soy Serena, un gusto en conocerte. ―deteniéndose de pronto dijo y extendió su mano con una pequeña sonrisa adornando su infantil rostro.


― Me llamo Mocchizō pero me puedes llamar Mocchi como lo hacen mis amigos, también es un gusto para mi conocerte. ―tomó y sacudió su mano, luego siguieron jugando mientras los padres de ambos niños los observaban a lo lejos como la amistad florecía entre esos dos.


Los años fueron pasando con rapidez, los que antes eran niños que estaban en el kínder pasaron a primaria en donde Mocchizō por los rasgos diferentes de su rostro atrajo la atención de muchas maneras, para ser un pequeño que cursaba 6to grado en aquel entonces ya era todo un don juan con niñas a su alrededor buscando algo más que una simple amistad. Sin embargo, para desgracia de las otras niñas a la única que le prestaba su completa atención era a Serena. Desde aquella tarde en otoño se habían vuelto inseparables al punto de rogar a sus padres para que los transfirieran a una escuela en donde pudieran estudiar juntos; logrando así su cometido que para bien o para mal había tenido un efecto colateral que afectaba más a la pequeña que al castaño ya que las niñas de la clase intentaban juntarse y hacerse amigas de ella para estar más cerca del castaño no por ella.


Aunque eso no duró mucho tiempo porque al ya pasar la fiebre de ‘estar encima del niño lindo asiático’ todo volvió a lo que podría considerarse normal. Pero durante ese corto período de tiempo en el que estuvieron en primaria lo más resaltante fue cuando ella se negó a presentarle a su amigo a un trío chicas de su clase. Lo que pasó con esa simple negativa nadie se lo habría esperado.


Al día siguiente de rechazar el pedido de las niñas estas mismas se acercaron a ella al finalizar el primer periodo de clases. La pelinegra que encabezaba el trio de niñas se paró frente a su asiento con las otras dos a cada lado y sonriente la miró.


― ¿Quieres comer con nosotras hoy? ―preguntó amablemente produciendo una sensación de incomodidad en Serena que aunque lo negara no le gustaba nada la emoción que la recorría cuando ellas estaban cerca.


―Yo…


―Anda, solo vamos a comer juntas no te pediremos otra vez que nos presentes con Ooji (apellido de Mocchi). ―junto sus manos, hizo un pequeño puchero y la miró como perro moribundo solo para que aceptara.


―… Está bien… ―respondió vagamente y sin ganas.


―Te esperamos afuera. ―dicho esto por otra de las niñas abandonaron la sala de clases.


Serena quien tenía planeado como siempre comer con su mejor amigo le fue a avisar que no comería ese día con él, Mocchi solo le sonrió y respondió que estaba bien que hiciera amigas pero por dentro se sentía decepcionado porque no quería que nadie fuera a reemplazarlo, él la quería solo para él aun así sonara muy egoísta al admitirlo; le había costado mucho el hacer que lo aceptara como para que todo eso se fuera por la borda por unas niñas que de seguro solo querían aprovecharse de ella. Aun con eso en mente no pronunció palabra alguna y decidió que su amiga se divirtiera en contra de sus deseos egoístas.


La pequeña salió del aula encontrándose en el pasillo con dos de las tres niñas que la habían invitado a comer, la única que faltaba era la pelinegra que le daba un poco de mala vibra por lo que lentamente pero decida se acercó a las otras dos.


― ¿Vamos ya a comer? ¿En dónde está Becca? ―cuestionó.


―Becca está en el baño, pidió que la esperáramos aunque se está tardando un poco, ¿no te molesta que vayamos a buscarla, cierto? ―replicó una de las pequeñas, Serena negó y todas se fueron juntas al susodicho baño en donde no encontraron a la pelinegra hasta que salió de unos de los cubículos en dirección a los lavamanos.


Las niñas que acompañaban a Serena en busca de la pelinegra se posaron sigilosamente a cada lado deslizando sus manos para sujetar sus brazos, ella comenzaba a sentir la desesperación y el miedo correr por su sistema, sus manos empezaron a sudar excesivamente, su cuerpo dejó de responder, su boca se secó, un ligerísimo temblor pasaba por su anatomía y su mente era un caos. No sabía que estaba o iba a pasar pero algo tenía claro y era que ella iba a salir perdiendo a todas estas. La pelinegra después de lavar sus manos se acercó peligrosamente a ella, con un solo movimiento de su mano sus amigas patearon sus piernas haciéndola caer de rodillas, un gemido de dolor abandonó sus labios cuando sus rodillas chocaron bruscamente con el piso. Becca sacó de detrás de su espalda unas tijeras, tomó su rostro con fuerza entre una de sus manos y la miró directamente a los ojos, transmitiéndole todo el enojo y odio que sentía en esos momentos.


―Esto te pasa por no hacer lo que te digo. ―escupió cada palabra como si de veneno se tratase. Soltó el rostro de Serena bruscamente tomando un puñado de cabello y rapídamente realizando un corte desde la raíz, con el cabello en mano lo tiró lejos.


―Eso fue por creerte superior solo por ser la mejor amiga de Mocchizō. ―y así mismo realizó otro corte en la cabellera de la pequeña quien ya para ese momento se encontraba llorando y en ciertas ocasiones ejerciendo resistencia, hecho que resultaba contraproducente porque el movimiento hacía que los cortes fueran más torpes y gracias a esto que se cortara accidentalmente la piel del cuero cabelludo de Serena.


―Por intentar opacarme. No eres mejor que yo, quien manda aquí soy yo y es hora de que ya vayas entendiéndolo. ―cortó otra, otra y otra vez.


Ya habiendo cortado en su mayoría el cabello de la pequeña continuaron con su pequeña venganza, dejando a veces cortes intencionales y otros accidentales regados por su cabecita. En cuanto pasaron a la parte delantera de su cabeza uno de las niñas que la sujetaba mencionó alarmada que ya estaba por terminarse la hora del descanso acelerando así la mano de la pelinegra para terminar, cortaron un poco de sus mejilla, frente y cuello al ella mover su cabeza en un pobre intento de resistirse.


Finalizada su travesura se rieron de ella, recogieron el cabello esparcido limpiando cualquier rastro de pista que las apuntara a ellas y cuando estaban a punto de irse dejándola tirada en el piso dijeron las palabras que nunca iba a olvidar en su vida.


―Eres un estorbo, esa actuación de la niña perfecta e indefensa no te queda porque lo único que produces es lastima.


Ahí toda llorosa, sangrante y destrozada fue que creó la primera regla “No confíes en nadie, no todo el mundo merece que se le deposite confianza por lo que tienes que tener muchísimo cuidado de quienes son las personas que te rodean y en las que confías”. Un rato después dejó de llorar, las lágrimas ya no fluían por sus ojos, simplemente ya no caían, momento en el que se levantó del piso aun sintiendo su cuerpo tembloroso y se miró al espejo, vio como de cada corte brotaba sangre, como su cabeza la cual antes estaba rebosante de una hermosa cabellera ahora yacía con mechones irregulares siendo unos más largos que otros, como se habían acentuado sus ojeras por la hinchazón producida por el llanto, las marcas en sus brazos por la fuerza ejercida por las manos de las niñas, básicamente resumiendo cada detalle en una sola oración. Ella estaba destrozada.


Abrió la llave del lavamanos para limpiar la sangre que seguía emergiendo, un proceso que resultó doloroso; terminado esto salió del baño con el temor de encontrarse a alguien y que la viese en tal deplorable estado aunque para su suerte hacía mucho tiempo ya que las clases habían comenzado, lo que significaba que todos estaban en sus salones y que los pasillos estaban desiertos. Esto la animó a salir corriendo en busca de la salida más cercana y así poder irse a su casa o a cualquier otro lugar, realmente no le importaba en ese momento el destino final solo tenía en mente que no quería estar en ese lugar por más tiempo, pero no contaba con que al estar cerca de la salida iba a tropezar con algo o mejor dicho alguien, y ese alguien era la última persona en el mundo que ella hubiese querido que la viera. Mocchizō había salido a buscar a su amiga porque después hablar con ella sobre el cambio de planes en la comida no la volvió a ver más, ni siquiera cuando habían pasado 20 minutos ya de haber comenzado la clase, tomó la iniciativa de ir a buscarla bajo la excusa de ir al baño así que contaba con poco tiempo.


Cuando choco con una persona que iba corriendo hacia la salida se dio cuenta que al caerse por el impacto el quejido que salió de sus labios era un sonido muy conocido, y al ver que la persona que había tirado al piso por accidente era la misma que estaba buscando se sintió aliviado, sensación que no duró mucho al notar su físico. En cuanto sus miradas conectaron él pudo ver como la mirada de ella estaba rebosante de temor, como sus ojos se cristalizaron rápidamente, como mordía su labio para aguantar las lágrimas que clamaban desesperadamente por salir; esto no duró mucho, ágilmente se levantó y huyó lo más rápido que su tembloroso cuerpo le permitió.


Corrió, corrió y corrió lo más lejos que pudo con la única intensión de alejarse y posiblemente de no volver a poner un pie dentro nunca más. A lo lejos se divisó un árbol frondoso que yacía solo, ya a la sombra del árbol se sentó sintiendo como sus pies y piernas dolían por su huida a alta velocidad, recostó su espalda en el grueso tronco, llevó sus piernas a su pecho para esconder su cara en el hueco que se formaba y así poder descansar; no le fue muy difícil porque estaba lo suficientemente cansada por su largo escape. Lo primero en llegar fue el aletargamiento general en el cuerpo luego le siguió la pesadez de sus parpados quienes se fueron cerrando lentamente hasta que finalmente terminó con la pérdida de consciencia para dormir.


Por otro lado, Mocchizō le intentó seguir el paso pero ella estaba corriendo realmente rápido, tan rápido que se le hacía difícil seguirle el ritmo por lo que en un momento de recuperar el aire la perdió de vista llenándose de inmediatamente de ansiedad; no podía dejar que se escapara sin antes explicar que le había pasado. Buscó desesperadamente por las calles en busca de Serena y cuando empezaba a perder las esperanzas de encontrarla se apoyó en el grueso tronco de un árbol sintiendo sus piernas ceder ante el cansancio cayendo al suelo súbitamente; la exasperación de saber del paradero de su pequeña amiga estaba acabando con los nervios del pobre niño.


Descansado ya un poco se levantó para emprender de nuevo la búsqueda en lo que por el rabillo de su ojo vio algo que captó su interés, por uno de los costados del árbol se veía un pie sobresaliendo; rodeó el tronco y se encontró el cuerpo de su amiga recostado en el suelo. Por un lado se sentía aliviado y feliz de haberla encontrado, mientras que por otro lado estaba aterrorizado por su estado vegetal y enojado por lo que le habían hecho; los cortes eran muy visibles y algunos de ellos aun expulsaban sangre, visión que solo encogía y destrozaba de manera muy dolorosa el corazón y alma de Mocchi. « ¿¡Quién te hizo esto Serena!? Lo voy a hacer pagar por haberte hecho esto» pensó el castaño con la rabia nublando sus sentidos, él se haya mirado a su amiga con un ceño fruncido, brazos tensos que acababan con manos empuñadas con gran fuerza poniendo sus pequeños nudillos blancos por la fuerza que ejercía, mandíbula tensa con dientes rechinantes por la ira y una mirada destilaste de furia de la que caían lágrimas de las que no sabía sí eran por tristeza o por impotencia. Dolía, como le dolía el pecho, la sensación era casi agonizante para él y para calmarse se acercó a Serena quien aún dormitaba.


Se agachó y pasó sus dedos por su mejilla acariciándola delicadamente deteniéndose en cuanto una idea un poco descabellada pasó por su cabeza, con las piernas estiradas se sentó muy cerca de donde estaba su pequeña amiga, levantó un poco su cabeza medio calva posándola sobre sus piernas y con su mano recorrió su rostro y cabeza llenándolas de caricias suaves para no dañarla. Sí antes le había considerado delicada a pesar de ser una peleonera de primera ahora la veía como una linda muñequita de cristal.


Por su mente –está demás decir que estaba hecha un caos- pasaba la idea acerca de que se iba a vengar de las personas que le hicieron eso o dejaba de llamarse Ooji Mocchizō, de cómo iba a cuidar a partir de ahora a su pequeña muñeca de cristal opciones entre las cuales se encontraba el encerrarla en su casa con llave y no dejarla salir para que nadie pudiese herirla, y otros muchas cosas más; miraba al vacío perdido en sus pensamientos sin dejar de acariciar la cabeza de su amiga quien empezaba a despertar.


―Mocchi… ―le llamó con una sonrisa débil, esté miró en su dirección y copió su acción pero la sonrisa en el rostro de ella se fue desvaneciendo dejando en cambio unos ojos desbordantes de lágrimas y un asfixiante nudo en su cuello.


― ¿Qué te pasó? ¿Quién te hizo esto Serena? ―preguntó desesperado con la voz rota, ella desvió la mirada pero él tomó su rostro volcando su mirada otra vez en él. ―Serena, tienes que decirme quienes fueron, no podemos dejar las cosas así ellos tienen que pagar por lo que te hicieron, te lastimaron mucho y no pude hacer nada. ―insistió.


Ella solo se sentó frente a él mirándolo con una calma que no sentía, sonrió aun con las lágrimas cayendo por sus mejillas, acercó su mano hasta apoyarla en el costado de su rostro y le dijo suavemente. ―Estaré bien, no pasa nada. No tienes nada de qué preocuparte.


Él se precipitó hacia adelante apoyando sus puños en el suelo sintiendo como la rabia, la cual había mermado, volvía a resurgir con más fuerza.


― ¡¿Cómo que no pasa nada?! ¡Serena mira como quedaste! ―gritó con rabia.

» ¿Quiénes fueron? ―susurro lo suficientemente alto como para que ella escuchara.


Tardo un poco en responder pero al final lo hizo y la contesta tampoco hizo sentirlo más tranquilo sino que causó el efecto contrario, solo lo enojó aún más de lo que ya estaba.


―Fue Becca y sus amigas. ―susurró finalmente sin mirarlo.


Mocchi susurró algo inaudible luego con ambas manos tomó el rostro de Serena antes de abrazarla fuertemente y susurró en su oído con una determinación muy grande algo que nunca olvidó.


―Prometo que esto nunca volverá a pasar y a las niñas que te hicieron esto van a sufrir un infierno por meterse contigo porque nadie se mete con mis amigos y menos contigo ―la estrechó más contra su pecho― nunca volverás a estar sola porque yo siempre estaré contigo, yo te protegeré de todos y todo así tenga que encerrarte en una torre como a Rapunzel, no quiero volver a verte llorar por personas que no merecen ni una lagrima de ti.


Ahí justo en ese momento sabía que decía la verdad, también se dio cuenta de que no había podido haber escogido mejor amigo que ese niño asiático y no por ello no pudo evitar sentirse muy feliz, y segura, segura de que no la volvería a dañar si eso dependía de su pequeño amigo.

23 de Agosto de 2018 às 18:12 0 Denunciar Insira 0
Leia o próximo capítulo Capítulo 2.1

Comentar algo

Publique!
Nenhum comentário ainda. Seja o primeiro a dizer alguma coisa!
~

Você está gostando da leitura?

Ei! Ainda faltam 2 capítulos restantes nesta história.
Para continuar lendo, por favor, faça login ou cadastre-se. É grátis!