Iravan: Rey del océano Seguir história

stawberry_blue Bárbara Arteaga

Hace más de doscientos años, el reino de Oceanía perdió bajo las garras del cruel océano a su príncipe heredero, dejando tras de sí una terrible maldición para el resto de sus descendientes masculinos. Para el joven príncipe Gabriel, ser el nuevo portador de la maldición significa saber que poco a poco será consumido por ella. Pero cuando el océano le llama con tanto frenesí, no puede evitar romper las reglas y embarcarse en una aventura fuera de las grandes murallas, con el fin de encontrar el origen de su maldición. Mas cuando llega a una misteriosa isla, y conoce a sus habitantes. Gabriel se dará cuenta que la maldición va mucho más allá que una simple canción dada por una sirena.


Fantasia Todo o público.

#juvenil #hechizos #Maldiciones #aventura #romance #sirenas
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Había una vez

"Explícame, por favor. ¿Cuál es mi misión?"

Por las viejas baldosas del puerto de Oceanía, ella camina cabizbaja, cuidando cada paso que da. Cubierta por completo por una vieja capa de color caoba, pasa desapercibida en aquel mercado lleno de gente. A unos cuantos pasos detrás de ella, iban también de incógnito sus Guardas. Quienes, bajo las ordenes de su Señor, tenían la misión de vigilar que ella no tratara de escapar.
En una de las esquinas del aquel gigantesco puente que separa al reino con el reino vecino, se encuentra un joven, sentado encima de sus piernas, mirando con mucha atención aquel plato de barro que reposa en su regazo. Ella detiene su caminar, una gran brisa fría pasa por su cuerpo al darse cuenta de la situación de aquel chico, y un gran bloque de hierro cae en su estomago cuando escucha con gran fervor lo siguiente:
—Fantásia, ¡Oh mi hermosa Fantásia!, aquella que en mis sueños y pesadillas me acompaña. Dicen que eres pura y a la vez malvada, lo que si es cierto es que eres mi amada.
Un gran nudo posa sobre su garganta, parpadea, y le es imposible admirar la valentía del niño, por lo que sin darles tiempo a sus Guardas de analizar su siguiente movimiento, se acerca sonriente. El joven enfoca su mirada al piso, haciendo que una gran cantidad de polvo salga de su cuero cabelludo, nota como un par de zapatos de mujer quedan adelante suyo, por lo que levanta su mirada, se topa con unos brillantes ojos verdes, que al verlos un millón de puntitos rojos aparecen en sus mejillas; ella suelta una carcajada.
Inclina con suavidad su cabeza, sin borrar su sonrisa, esperando la reacción del chico. Éste no parpadea, bloqueado en su lugar, mientras ve sin entender como la gente sigue su camino, miles de cosas pasan en su mente, los ojos llenos de sangre de su madre, la calidez de su hermana, y el dolor de su estomago; ella se pone en cuclillas, sus dedos se enredan en la maraña café, suspira y con cierta autoridad le reclama:
— ¿Dónde esta tu madre?
El crío gimotea, haciendo que ella alce una de sus cejas, mira de soslayo a la gente que esta reunida en aquel mercado.
—No te muevas.
Su cuerpo se queda rígido, cierra con fuerza sus puños, y se dirige a uno de los puestos cercanos.
—Denme un racimo de uvas—su voz suena como si miles de cristales de hielo chocara ante el rostro de un niño.
Un señor alza su mirada, ve a una joven cubierta de una haraposa capa, arruga su cara y sonríe:
—Cinco pecunias—dice mientras acaricia su pulgar con el dedo índice.
Ella lo mira sin parpadear, muerde con fiereza su labio, y posando ambas manos en la mesa llena de frutas, le responde:
—No tengo dinero.
—Pues, es algo que... se puede arreglar—se inclina casi rozándole la nariz, agarra una de sus manos con fuerzas.
—Suélteme—reclama ella dando tres pasos hacia atrás.
La expresión de aquel señor cambia, vuelve a arrugar su cara, sus ojos se llenan de sangre y le señala con el dedo:
— ¡LARGO DE AQUÍ LADRONA!
Al decir aquellas cuatro palabras, todo el mercado se paraliza, las mujeres empiezan a murmurar y a señalarla con el dedo. Miles de llamas recorren el pecho de ella, sus puños se cierran alrededor de su cintura, su pecho sube y baja, rechinan sus dientes, no se mueve, espera paciente a los oficiales que antes había visto recostados juntos a unas jovencitas. No iba hacer nada, no porque ella no quisiera –es más lo deseaba-, si no por aquel niño que le esperaba aún paralizado en aquella esquina.
— ¿ACASO NO ME OYES? ¡LARGO DE AQUÍ PUTA!— Sigue gritando aquel señor mientras su cara se torna del mismo color de las uvas maduras.
Con cada palabra que él pronunciaba, la ira de ella se incrementaba. Por lo que sin pensárselo dos veces, coge más de tres racimos de uvas, da media vuelta y se dirige hacia al puente. Todo bajo la mirada de todas las personas que se habían reunido en aquel puesto.
Los murmullos aumentan, unos cuantos hombres le agarran por los hombros, brazos, y piernas. Pero ella logra evadir muchos de ellos, todos están furiosos, le insultan y le lanzan vegetales podridos. Su furia incrementa con cada paso que da, e incluso puede imaginar como cada una de esas personas mueren calcinadas, pero sus pensamientos se enfocan rápidamente en lo inútiles Guardas que su esposo había mandado para que le vigilase, a los cuales si veía por el rabillo del su ojo izquierdo, podía encontrarlos recostados riéndose de la situación.
—Malditos— murmura, sigue caminando.
Su mirada esta vez trata de enfocarse en aquella esquina del puente, pero al hacerlo nota que está vacía, lo que hace que detenga su caminar. Lo más posible era que el chico al ver tal revuelo saliera corriendo a esconderse, era sensato, él respiraba temor, pero eso de alguna manera a ella le molestó.

Le había pedido que se quedara ahí.

Estaba ahí parada, viendo aquella esquina, mientras escuchaba los "puta", "zorra", "ladrona" de aquella multitud, cuando la templaron de un brazo. Era aquel señor, que alejado de su puesto, lucia más pequeño y regordete; ella fijó su mirada en aquella sucia mano que hacía un gran contraste con su nívea piel, trató de apartarse como lo había hecho antes, pero él previniendo eso le había tomado con más fuerza.
—Suélteme—repite con asco.
— ¡DEVUÉLVEME MI MERCANCÍA MALDITA PUTA!— grita con fuerzas mientras levanta su mano.
Ella se encuentra erguida, mientras que su mano derecha estruja las uvas, esperando a que venga el golpe, cuando un fuerte grito hace que parpadee sorprendida.
— ¡SUÉLTELA! —grita aquel chico, quien con paso decidido se acerca a ella.
Toma su brazo, y lo jala para que aquel señor lo suelte. Un hombre lo agarra por los hombros y le da un golpe que lo deja aturdido. Ella suelta un grito ahogado, trata de llegar donde se encuentra aquel hombre que se encontraba encima del niño.
— ¡No le hagan nada!— grita desesperada, voltea hacia aquel hombre que le sujeta, y con los ojos llorosos le suplica—: Tome sus uvas, pero por favor suélteme...
Él la mira con una sonrisa burlona, dice por última vez "puta" y vuelve alzar su mano, dispuesto a pegarle de una vez por todas. Mas esta vez, quien le interrumpe es nada más y nada menos que el viento, quien con fuerza levanta la capucha de la capa, revelando a miles de rizos color escarlata.
Los murmullos se detienen, todos la miran sorprendidos, en especial aquel señor, que hacia unos segundos estaba dispuesto a golpearle, ahora retiraba su mano con temor.
—Mi Señora...—balbucea él sonrojado.
—Se lo repito una última vez... suélteme — ordena ella pronunciando cada una de las silabas de la ultima palabra.
Él lo hace al instante con temor. Ella le da una ultima mirada llena de asco y se acerca donde está tirado el chico, quién le miraba fijamente con una sonrisa, por fin una reacción acorde con la posición económica de aquella chica, quien era nada más y nada menos que integrante de la familia real.
El hombre que lo había estado golpeando ahora se encontraba de rodillas, suplicándole que le perdonara, pero ella lo había ignorado y había corrido hacia él, cosa que hacia que él se sintiera importante, aunque fuera el hijo de un simple mozo del castillo.
Él no era nadie, pero a los ojos de aquella chica, era mucho más que un simple muchacho.

.*.*.*.

Veía sus manos llenas de mugre con pesar, sin tan sólo hubiera tenido la oportunidad de restregárselas en un chorro de agua fresca tal vez hubiera sido otra historia, ya que todo a su alrededor estaba tan pulcro, que hasta su ropa más decente para los días especiales -donde se celebraban a la gran Suprema- parecían harapos.

Sarek estaba incómodo. Podía ver a través del gran ventanal como el sol se escondía en el mar, su respiración se aceleraba en cada segundo que pasaba; su padre con mucha seguridad lo iba a dejar dormir afuera y no iba importar que su mejilla siguiera latiendo de dolor. Pero no se iba a arrepentir de su actuar, había seguido las indicaciones de su corazón como buen Oceante y no iba dejar que nadie cambiara eso.

Ni siquiera su padre.

— ¿Sabías que las personas calladas tienen mucho que decir en su mente?— su voz, aquella aterciopelada voz lo aturdía de una manera increíble.—Sabes, aunque no quieras hablar tarde o temprano de sacaré algo. Ya sé que puedes hablar.

Ella toca su hombro con delicadeza, como si él fuera algo hecho de cristal. Eso a él lo confundía, solo era el hijo de uno de los muchos mozos del castillo, en pocas palabras nadie. En cuanto a ella, provenía de un reino al otro lado del mundo, estaba encargada de tener al próximo monarca; era todo lo que Oceanía necesitaba.

—Si lo sacudes tal vez responda— una voz resuena en toda la habitación. Sarek levanta la mirada, y se encuentra con la intimidante presencia de un hombre joven de tez trigueña.

—Puedo empujarte, así quizás logre que te vayas— ella responde entre dientes, ambos se dan una mirada penetrante que dura unos pocos segundos ya que ella nota que el chico se mueve con incomodidad.

— ¿Ves? lo incomodas.

— ¿Yo? — Dice con voz divertida, mientras atraviesa el espacio que los separaba. — No crees que tal vez, no sé, ¿Qué quitando tus senos de su cara, se sienta menos incómodo?

Ella se separa con rapidez del chico, sus rizos rojos se rizan cada vez más. El aire se torna más pesado y caliente, los adornos de cristal empiezan chocarse entre sí produciendo un agudo tintineo. El hombre la toma por ambos hombros, sacudiéndola para que volviera entrar en razón. Sarek aprieta sus puños, la está lastimando y no debería hacerlo; su corazón late cada vez más con fuerzas, le indica que la proteja, sin importar su tamaño y su corta edad.

Y así lo hace.

Sin saber el cómo, con una fuerza casi sobrehumana empuja al hombre con brusquedad, haciendo que él la soltara sorprendido. El aire casi vuelve a la normalidad, ella vuelve en sí, su cabeza late con fuerzas, mas no puede concentrarse al cien por ciento de ello, estaba empezando a preocuparse por el bienestar del chico.

—Sheppard, no hagas nada de lo que más tarde te arrepientas— se coloca en medio de ambos, tratando de ser un escudo.

Sheppard se acomoda su corbata, sacude las motas invisibles de su chaleco y hace una reverencia:

—Lo que tú digas cariño, pero recuerda que él sigue vivo gracias a mí. Recuérdalo Ryenie.

Sale de la habitación, dejando solo a Sarek con aquella hermosa mujer. Un silencio abrumador invade la sala, Ryenie analiza lo que su esposo acababa de decir, ¿Aquél joven vivía gracias a él? No lo creía, ya que el corto tiempo que había estado en estas tierras extranjeras, Sheppard se había convertido en un hombre completamente diferente.

—Ignóralo— dice ella con voz entrecortada—, yo siempre hago eso...

—Per..doname, la he metido en problemas su alteza—se agacha para inclinarse ante ella.

Ryenie se sobresalta al oír eso, él no tenia culpa de nada, si estaba aquí era porque había sido muy ingenua de aceptar la propuesta de amor de un extranjero. Aunque, si debería de echarle parte de la culpa a alguien ese sería su padre, que por su avaricia había visto una gran oportunidad de expandir su reino por medio del matrimonio de su única hija.

—No has hecho nada. Bueno, solo has cantado una bella canción sobre Fantasía— recuerda con una sonrisa aquellos versos hermosos de las canciones de su reino.

—Y eso es..tá prohibido.

—Eso de prohibir canciones de nuestro mundo es ridículo —Ella ríe con amargura. Sus ojos se enfocan en el suave oleaje que se ve desde el ventanal. — Fantásia es lo que somos, no podemos ignorar eso solo por una absurda historia.

—No es absurda, mi seño...

—Ryenie, llámame por mi nombre, solo soy un par de años mayor— le interrumpe mientras pone su barbilla entre sus manos.

—Mi... Ryenie, lo que le pasó al Príncipe Sonran fue algo muy trágico — susurra mientras se pierde en la mirada verdosa de ella.

—Lo que le haya pasado a ese Príncipe no implica que tengamos que olvidar las maravillas de este mundo...

—Lo que le pase a la Realeza siempre será importante, aunque sea algo estúpido. Ellos siempre harán lo imposible por quedar ante nosotros como personas perfectas e intocables, y si eso significa romper todas nuestras tradiciones y obligarnos a creer en otras, están en pleno derecho de hacerlo. Nosotros mismos se lo hemos concedido— La voz del chico se hace aún más dura—. Además, usted es muy hermosa para criticar estas cosas. Se meterá en problemas si sigue haciéndolo.

—Cariño, estoy en problemas desde el momento en que desposé aquel hombre... — Acaricia la mejilla del joven —. Además, aún no me has dicho tu nombre.

—Sarek Diller. ..

—Bueno Sarek,cuéntame más sobre ese Príncipe.

.*.*.*.

Había una vez, una joven sirena que deseaba visitar la superficie.

La joven no era cualquier sirena, era la hija menor del rey del mar. Un día, cuando tenía recién cumplidos los dieciséis subió a la superficie, ahí vio maravillada como los seres de dos piernas celebraban.

La joven sirena se acercó más, hipnotizada por los bellos colores que sus ojos visualizaban, hasta que lo vio a él,era el ser más bello que podía admirar, su tez cobriza y sus ojos celestes le atraían cada vez más. Por un instante quiso salir del agua para hablar con él, pero recordó que no podía hacerlo, las leyes de los once mares lo prohibían.

Por lo que triste, solo se dedicó a mirar como ese ser que le había robado el corazón se divertía. Hasta que llegó el momento de regresar a casa, la sirenita con lágrimas en los ojos se sumergió, y resignada solo se dirigió a su lugar secreto.

Al otro lado estaba el príncipe Sonran, quien celebraba su cumpleaños número veintiuno a orillas del tenebroso mar. Todo el mundo celebraba, casi olvidándose de los problemas que le sucedían a su apreciado país. Entre bailes y risas el príncipe Sonran se divertía, hasta que un destello en el mar le distrajo. Alejándose de los ya borrachos ciudadanos, el joven se adentraba cada vez más al ya temido mar.
Sus ropas pesaban, por lo que poco a poco se iba despojando de sus prendas, hasta quedar con tan solo su ropa interior. Un hermoso canto lo guiaba, como un ciego que veía la luz por primera vez. Fue la última vez que los ciudadanos vieron a su príncipe heredero. Muchos dicen que murió ahogado y que la corriente se llevo al otro lado del mundo su cuerpo. Otros que la extraña criatura que habita en el fondo del mar lo devoró. Pero solo los más románticos creen que al conocer a la hermosa sirena se enamoró, no quiso volver a la superficie y ahora está reinando los once mares.
Lo cierto es que yo nací un poco demasiado tarde para proponer una teoría, tal vez el Tío Sonran conoció a una bella chica de un país enemigo y se fue abandonando todo, dejando el país en las manos inexpertas de su joven hermano de seis años, quien más tarde resultaría ser mi queridísimo abuelo.
O eso es lo que mi familia quiere que piense.
Si no fuera por que cada vez que estoy en el muro una hermosa canción empieza a llamarme, tal vez fuera como todos, hablando y conspirando contra el príncipe Sonran. Pero me agrada el tipo, al fin de cuentas, ahogado o no, el hizo algo que con todo mi ser deseo:
Entrar al mar.
Tal vez suene algo muy estúpido, pero cuando vives en un lugar donde tienes que subir a la punta de la montaña más alta para poder visualizar el mar de las frías y grises paredes del muro, suena como un gran sueño.
Le rezo todos los días a la Princesa Aqua para que pueda cumplir mis deseos, ya que al fin de cuentas, el mar me llama, eso no lo puedo negar, lo hace como una vez lo hizo con Sonran.
Y a él lo esperaba una enamorada sirena.
A mí, ni la más remota idea...

1 de Agosto de 2018 às 00:57 2 Denunciar Insira 5
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Angelica Avila Angelica Avila
Me encanta. tu descripción es muy completa.
1 de Setembro de 2018 às 21:07
Ary Zabel Ary Zabel
Es un poco intrépido pasar de un tercera persona a una primera persona, si no es por los puntitos me hubiera perdido, pero estuvo bien y la historia igual. Me ha gustado, solo ten cuidado con las comas. En algunos párrafos eran tantas las comas que las pausas molestaban. Saludos.
28 de Agosto de 2018 às 16:43
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