ELLEN AMOR EN LA DISTANCIA Seguir história

ljfebres LJ Febres

Este cuento fue inspirado de la novela “LA EDAD DE LA INOCENCIA” de Edith Wharton, el único nombre que tome de la historia fue el de la protagonista, todos los demás fueron sustituidos por nombres latinos. Mi reflexión luego de leer esta historia es que el amor siempre debe existir nunca las personas deben estar solas, en la juventud el amor es desesperado y pasional, en la adultez es calmado y apacible. Dedicado a mis padres.


Fanfiction Livros Todo o público.

#nuevocomienzo #arrepentimiento #romance #novelahistorica #EdithWarton
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CAPITULO UNICO

AMOR EN LA DISTANCIA

Ellen llego a la fiesta sola, vestida con un sencillo traje azul añil, llevaba un delicado moño de epoca, sus vivaces y grandes ojos negro, recorrían todo el salón descubriendo caras que la juzgaban detrás de sonrisas hipócritas al saludarla, ella también sonreía, era demasiado inteligente para enfrentarse en forma abierta en contra de la gente que siempre rodeaba al círculo de su cariñosa abuela gente que le dedicaba miradas acusadoras, duras y críticas, tras una sonrisa de dientes impecables.

Sabiendo de lo duro que eran las críticas que en contra de ella se formulaban y que jamás tendría la oportunidad de cambiar la perspectiva de esas personas se hizo acompañar del ordinario casanova de nombre Manuel, banquero, estafador y millonario, conocido por sus aventuras y escandalosos romances que mantenía en constante desdicha a su mujer, prima segunda de Ellen, Antonio un viejo que presumía sus aires de caballero aristócrata inglés, solo para entrar en las casas del resto de la sociedad presente en el lugar y recoger los chimes frescos del día, un hombre que era bien visto por las damas solteronas o las viudas de esta sociedad decadente. Ellen por su parte contaba con un buen humor fresco, por lo que la conversación fue divertida.

Ellen miraba a todos lados entendiendo el porqué del trato, esta gente temía dejarla entrar en su cerrado circulo, todo lo que consideraban extraño era algo similar a pecar, y aunque Ellen tenía sus raíces en este país, había nacido en el extranjero, creció viajando de un lugar a otro, regresando solo en pequeñas temporadas vacacionales a la casa de su abuela en compañía de sus padres. Época en la que había mucho revuelo por lo novedoso de su llegada. Lo admirable de Ellen era su falta de timidez y lo directa que era al hablar, expresando siempre claramente como pensaba, entretenía con su charla, mientras que el resto de las jóvenes de su edad recatadas no expresaban con libertad sus pensamientos, el comportamiento de Ellen no era algo bien visto. Era duramente criticada entre bastidores por exhibir esos aires de avance y libertad de los países europeos, pero lograba atraer a los más jóvenes del sexo masculino, mientras las chicas la observaban como su enemiga, conspirando y deseado que volviera rápido a Europa. Pero Ellen siempre volvía, consideraba a este país su país natal.

Sin embargo, los conocidos y familiares de Ellen se hacían de la idea que ella los menospreciaba, que le aburrían sus temas de conversación, sus bailes, las decoraciones. Se imaginaban esto solo por ser una mujer nacida y criada en tierra ajena, Ellen les inspiraba temor, por eso no la dejaban entrar con libertad a su tan cerrado círculo social. Ellen entendía que tuvieran tantas precauciones con ella, aunque la afligiera esas muestras discretas de reservas no las compartía, pero se resignaba aceptarlas.

Los padres de Ellen, desafiaron a esta sociedad, pero era ella quien recibía el fruto de lo que sus padres habían sembrado. A los jóvenes de la época de los padres de Ellen se le exigían recato que vivieran una vida ordenada, ellos luego de casarse viajaron alrededor del mundo entero, cultivando sus artes y descubriendo el mundo para entregarlo a los pies de su hija a quien mantuvieron a su lado siempre enseñándole el verdadero valor de la vida y el respeto a lo realmente importante, la naturaleza y el cultivar el espíritu.

Ellen vivió con sus padres en el Tíbet por cuatro años, ahí nació era una niña de rasgos totalmente anglosajones, pero de nacionalidad China, pues todavía se disputa la pertenencia del territorio. A esa edad sus padres decidieron partir rumbo a Egipto donde le enseñaron a su hija la base de la sociedad actual. Luego se mudaron al Líbano y a si se mantuvieron recorriendo Asia pacifico y oriente medio hasta que ella llego a la edad primaveral de los doce años época en la que sus padres se establecieron en Alemania. Le dijeron que esta decisión la tomaban por el delicado estado de salud de su papá quien a su paso por la India había contraído Malaria y todavía no estaba totalmente restablecido, algo que lo había hecho decaer también en su estado de animo pues no pudo viajar por África y el continente de Oceanía.

La casa donde vivieron era alquilada, por si al recuperarse del todo deseaba nuevamente emprender el viaje, era una casa bonita y sencilla donde se establecieron, si sus allegados los hubiesen visitados de inmediato manifestarían su desaprobación, pero para Ellen la casita era cálida y familiar.

Ellen poseía un alma soñadora que la hacía derrochar encanto, permanecio al lado de aquellos hombres, inmersa en la amena conversación, luego se añadieron otros dos encantadores jóvenes, cautivados ante la belleza y el buen humor de Ellen, de quien hay que decir que se había separado recientemente de su esposo, tardo en enamorarse de este, pues todavía atesoraba un sentimiento de amor lejano por alguien perteneciente a este círculo social. Oleski de quien ahora se encontraba separada, era un hombre muy versado en materia de conquistar mujeres y aunque Ellen por más de un año lo esquivo, al término de ese tiempo termino cayendo en sus redes de seducción, a parte de esa elaborada virtud era un hombre guapo y supuestamente generoso, eso sí, rico era muy rico, le llevo menos tiempo conquistar a sus padres que a ella.

Al casarse todos coincidieron que Ellen había hecho un buen matrimonio. El tiempo mostro que se casó con un hombre rico y afortunado a quien una buena estrella siempre lo acompañaba para hacer negocios, quien sin el roce social o apellido era solo un nuevo rico despreciable, tosco y amargado por los prejuicios, si, le gustaba Ellen, pero él había visto la oportunidad de lucir un trofeo al casarse con ella. Pasado un año de casada la comenzó a golpear primero eran solo ojos morados, labios partidos, luego cuando ya amigos no creyeron en que Ellen era víctima constante de violadores o asaltantes, los golpes bajaron a su vientre. Permaneció en este estado por tres años.

Luego decidió buscar refugio en sus padres, pero cuando Oleski la encontró fue a buscarla, se la quiso llevar a la fuerza hubo un forcejeo entre ella y Oleski, sus padres intervinieron para que no pudiera llevársela. Viendo frustrados sus planes, atento en varias oportunidades contra la vida de estos y de amigos cercanos. Ellen decidió que debía marcharse de Europa.

Pero primero denuncio los abuso y atropellos cometidos por su marido en su contra, Oleski al enterarse desistió de seguir con la persecución, sus negocios y triquiñuelas estarían en peligro si él se exponía a una investigación. No le convenía un encuentro formal con la justicia, lo que aprovecho Ellen para marcharse en forma definitiva de Europa. Por petición de sus padres a su abuela regreso al nuevo mundo. Nuevo en descubrimiento, pero atrasado en sus prácticas y prejuicios sociales. Las risas sonaras de Ellen cautivaban y resonaba en todo el salón, todos reían y no por cortesía Ellen en realidad tenía muy buen humor.

En un momento todos los caballeros reunidos con ella voltearon a mira, ella se encontraba de espaldas al umbral, por lo que debió a girar la cabeza, los hombres miraban una hermosa mujer de cabello rubio platinado, nariz pequeña, hermosa de labios finos y sexuales, modales estéticamente correctos que caminaba con majestuosidad y elegancia, Ellen sin embargo solo podía mirar al acompañante de la mujer, un viejo amor de niños, de adolescentes, de grandes, pero que ahora adultos no iba reencarnar, ellos un día se prometieron amor eterno. Pero Ellen tuvo que volver a Europa como se lo prometió a sus padres ahí esperaría a este hombre que entraba prendido del brazo de otra mujer, con quien había planificado que al él terminar sus estudios iría al encuentro de ella en Europa. paso el tiempo y el no cumplió la promesa decidió quedarse a trabajar su padre había muerto y él debía cuidar de su madre y hermana, le escribió diciendo que lo esperara un año más mientras pasaba el luto, ella le contesto que lo esperaría, pero ese año tampoco fue al encuentro de Ellen, la excusa era que aun su madre no se reponía. Pero luego llegaron noticia de que este hombre en imitación burda de lo que otros hacían corría tras las faldas de mujeres casadas, la desilusión llego pronto a Ellen, quien se sintió traicionada.

El rostro de Ellen se oscureció al ver a Sebastián otra vez, bajo un momento la mirada e inspiro aire, con disimulando gesto de resinación, así permaneció ante la llegada de su prima y su primer y viejo amor. Cerca de ellos le permitieron los caballeros ser la primera en saludar a la mujer, culminados todos los saludos Sebastián y Ellen se miraron fijo por un segundo, ella con ojos tristes, el brusco tosco, celoso de encontrar en medio de tantos hombres el saludo fue sencillo y torpe la trato con permanente dejadez hasta que se despidieron. Una puñalada fría había atravesado el corazón sensible de la mujer quien se marchó un rato más tarde sin decir nada, como una simple sombra que había pasado por aquel lugar.

La alta y hermosa rubia de cabello platinado es prima hermana de Ellen compartieron muy poco, los padres de Mia repelentes y orgullosos, defensores natos de la típica sociedad habían permanecido siempre en su país natal, haciendo cosas típicas y rebuscadas, viviendo típicamente como les gustaba. Salirse de este círculo representaba no poder volver a pertenecer a ella, eso lo había comprobado cuando no dejaban regresar a sus padres, no se lo decían ni abierta ni directamente, pero sus gestos y constates reproches les habían hecho entender que no debían regresar. Su abuela fue la única que antepuso sus sentimientos ante los lineamientos sociales y la cobijo afectuosamente.

Sebastián y Mia eran novios desde algún tiempo, novios a la antigua, de esos que no se permitían ningún arrebato así había sido criada Mia bajo el recato y la superchería de la religión que le había inculcado que llegar al matrimonio y derramar sus primeras gotas de sangre virginal llenaría de amor eterno su matrimonio. Así que Sebastián no tenía ningún tipo de acceso carnal a su linda novia.

Sentados en los hermosos jardines que bordeaban aquel salón de fiesta en un banco tomado de las manos hablaban tiernamente, la delicada imagen del reproche en los ojos de su novia que le reprendía no le permitía acercarse más de lo que debía a Sebastián.

- Sabes me gustaría que tú y Ellen se arreglaran después de todo vamos hacer -familiale decía Mia a su novio mirándolo con devoción.

- ¿A que te refieres con arreglar las cosas? – respondió Sebastián con altanería, su novia calmada, no hablaba para alterarlo le contesto.

- Entre ustedes hubo algo y tu quedaste sentido cuando ella se casó todo el mundo lo sabe, aunque también se dice que ella se casó cuando supo de tus andanzas con aquellas mujeres casadas - la recriminación parecía venir por ella y por alguien más, a Sebastián las palabras le resonaron en el corazón.

Recordó la dulce promesa que le había hecho a Ellen la última vez que la vio antes de estar casada, y recordó como la frustración por no poder alcanzarla en Europa lo hundió en tal desolación muy parecida a las de las mujeres casadas con las que comenzó a juntarse. Pensó la primera vez que lo había hecho por despecho y que no volvería a suceder, pero la señora Mackfarland, una mujer casada con un hombre vulgar y despreciable logro seducirlo una y otra vez, para luego dejarlo diciéndole “que solo lo había hecho para llamar la atención de su marido” y luego volvió con este. Frustrado y enardecido a pesar de que aún conservaba fresco en el recuerdo del cariño que sentía por Ellen, cayo una y otra vez en brazos de mujeres que ardía porque sus maridos no les mostraban compresión alguna. Durante todo este tiempo conservo la esperanza de volverla a ver, de que ella regresara por él, pero cuando la supo casada juzgo duramente su traición.

- ¡Casémonos, casémonos ya! - Mia sorprendida con los ojos desorbitados sin comprender nada.

- Pero que, porque haríamos algo así, que pasa tienes miedo de no seguir amándome igual, porque Ellen ha regresado – la pregunta turbó el alma de Sebastián quien incesantemente veía sin ver a su novia buscando que responder.

- Porque piensas eso no crees que mi amor sea sincero y más fuerte de lo que alguna vez llegue a sentir por Ellen – el énfasis que hacia Sebastián al pronunciar aquellas palabras la hacían creer que, sí que la amaba, pero el rostro pálido de Sebastián y la mirada turbia por la tristeza le dejaban ver a ella que el aun amaba a Ellen.

Mía permaneció un rato más con la mirada perdida en el piso, Sebastián tomo con delicadez y ternura la barbilla de su novia, ¿la amaba? si la amaba, a ella no tenía nada que reprocharle, no le temía, sabía que no despertaría para enterarse que Mia se había ido que una vez más desaparecería de su vida, Mia representaba seguridad, nada había que reprochar, se sentía seguro a su lado, no se dejaron de mirar el cariñoso imprimió un beso amoroso pero cuando quiso introducir la lengua ella furiosa lo rechazo

- Te he dicho que no hagas eso – se levantó pretenciosa y enfurecida y lo abandono.

Sebastián pretendió creer que este tipo de rechazo no le dolía, pero no era así, para el consumar su amor previo al matrimonio era la seguridad de que toda funcionaria, no así para Mia.

*

Mia no pudo reconciliar a su prima y a su novio fueron otras las razones que los llevaron a hablar. La abuela de ambas deseaba que Ellen lo más pronto posible recuperara su libertad. Por ser menos recatada o mojigata decía su abuela, más despierta y vivaz era la nieta preferida de doña Cristina, por eso deseaba que preferiblemente antes de morir pudiese ver a Ellen recuperando su vida, casada y dispuesta a darle muchos bisnietos. A la abuela Cristina le gustaba mucho Sebastián, aprobaba el noviazgo con Mia, pero fue cómplice en la relación de Ellen con este, siempre le recordó a Sebastián que él debía casarse con Ellen hasta que ella se casó, nunca más toco el tema. Estaba feliz de que el ingresara a la familia lo consideraba un buen elemento, pero aun sentía que la desposada no fuese Ellen.

La solicitud de divorcio llego a manos de Sebastián de parte de su Jefe el prestigioso y llamativo abogado Civil German Guevara Madrid, del bufete de Abogados Guevara Madrid y asociados donde Sebastián desde hace un año ya era socio, reconocido y afamado a pesar de sus escasos treinta y dos años, la sagacidad y prestancia del abogado le había otorgado el poder de atraer a muchos ricos y famosos y aunque gustaba asesorar en la parte financiera debió conocer los pretendido por su futura abuela y que por recomendación de la señora fuese el quien con la más absoluta discreción llevara el caso. Quiso negarse consideraba un abuso de confianza, pero pensando en la tranquilidad de su novia debió aceptarlo.

Llamo por teléfono a la casa de Ellen para pautar una cita, en su primera llamada Ellen no se encontraba, luego volvió a llamar y acordaron un encuentro para las nueve de la mañana del día siguiente en la casa de Ellen.

Sebastián caminado por las calles de aquel sencillo barrio, el sol limpio iluminando esplendoroso las calles, las risas de los niños encantaban, los no muy planificados pero hermosos jardines daban un aire pintoresco. A pesar de todo esto le era imposible a Sebastián imaginarse a una de las herederas de tan prestigioso apellido viviendo en este lugar, era más sencillo asimilarlo si se recordaba cómo había sido criada, quienes eran sus padres y en que garras había terminado después de casada, molesto aun pensaba con gran hipocresía que lamentaba que Ellen hubiese caído en tal desgracia, aunque la verdad era que se alegraba luego de tanto sufrimiento que experimento a lo largo de los años por las idas y venidas de quien fue su más querida ilusión de juventud.

Toco a la puerta y apareció una jovencita morena de cabellos risos, ojos grandes, juguetones tan vivaces como la dueña de la casa una voz juvenil tras de la niña se dejó escuchar

- Lucia quien esta… – las palabras se fugaron de la boca de Ellen quien no termino de hablar, el corazón le salto tan súbitamente, su boca dejo de salivar, como si la diabetes se hubiese apoderado de ella, sus mejillas siempre rosadas palidecieron de inmediato.

- Buenos días Ellen – Ellen entristecida y vacía caminaba hacia la puerta viendo perpleja a quien aún era el amor de su vida.

Un joven alto peli rojo, de mediana estatura corpulento no tan agresivamente guapo, pero de un magnetismo y carisma que la había hecho vacilar por muchos años, si no hubiese sido por la situación económica de sus padres Ellen jamás se hubiese casado con nadie más.

La niña permanecía entre ellos, Ellen se acercó a la niña quien miraba a Sebastián con una sonrisa amable y cálida, poso sus manos en la niña le hablo en francés y la niña sonreída salió del lugar brincando juguetona en el umbral de la otra puerta Sebastián diviso a quien parecía ser la madre de la niña, Ellen camino hasta llegar a la puerta taciturna y la cerro. Era temprano para sentirse así.

- ¿Qué te trae por aquí Sebastián? – pregunto con ojos temerosos y aburridos sabia los reproches que vendrían consigo, pero no fue así, recibió una respuesta vacía.

- Viene a hablar acerca de tu divorcio, acaso no recuerdas que te lo dije ayer por teléfono.

- ¿Ah, sí, es eso? – dijo la mujer aparentando indiferencia

- Sí, ¿qué más podría ser?

Sebastián dejo caer pesadamente el maletín que llevaba consigo, sobre la primera mesa que encontró, rebusco entre los papeles, Ellen lo mira casi que con devoción, verlo tan serio metido en su papel oficial de defensor de su causa, pero entristecida porque ya entre ellos nunca pudiese haber algo, deseando que el levantara la mirada y sus ojos se encontraran y que las palabras pudiesen aclarar tantos años de soledad.

Pero nada de eso paso, entro Carmen la mucama que había traído Ellen más que una mucama Carmen y su hija eran una grata compañía, sus padres la habían enviado con ella presumiendo que Ellen la necesitaría más que ellos. Carmen había sido una refugiada camerunés en Paris cuando conoció a los padres de Ellen la niña se había criado con ellos, Carmen siempre se sentía en familia vestía totalmente de blanco con una pañoleta bordeando su cabeza, en absoluto era un uniforme era solo la forma de vestir de Carmen, apareció con una bandeja con refréscate bebidas de frutas naturales algo así como un té frio que por estos días gustaba mucho y que era deliciosamente refrescante, era como si Carmen hubiese detectado la acalorada platica que en la humeante sala estaba por darse entre ambos. Carmen dejo la bandeja y se retiró sin decir palabra, Ellen agradeció el gesto con una amplia y cariñosa sonrisa que se desvaneció cuando volvió a ver a Sebastián.

El giro, pero no la miro usaba gafas a mitad de la nariz, Ellen sonrió divertida no dejaba de ser guapo verlo así, pero resultaba extraño ya no tenía su apariencia juvenil que era como Ellen lo recordaba. Sebastián al darse cuenta que Ellen sonreía dejo su mirada fija clavada en la cara de quien alguna vez fue el amor de su vida. El reproche se hizo presente en el rostro entumecido de Sebastián, quien luego ido volvió la mirada para analizar los papeles que le había ido a llevar a Ellen.

- Esto son los términos de tu divorcio, tienes derecho a un buen acuerdo te podrías quedar con más de la mitad de la fortuna acumulada por él hasta ahora, tienes que decidir rápidamente pues me imagino que al enterarse que pueda llegar a perder parte de lo que es suyo, buscara declarase en quiebra para no darte ni un centavo - Sebastián se mostró duro e inflexivo con una actitud y mirada fría ella con profundas reservas dijo.

- Yo solo quiero ayudar a mis padres, no me interesa quedarme con su fortuna – él le clavo una mirada de desdeño, repudiando aquellos argumentos convencido de haber analizado tanto para nada, como siempre, así era ella totalmente desinteresada.

- No entiendo ¿porque si puedes llegar a un buen acuerdo? fuiste perjudica- Ellen lo interrumpió antes de que siguiera hablando levantando su mano como si en vez de detener las palabras lo estuviese conteniendo a él, y dijo.

- Tu no conoces a mi ex marido- ladeo la cabeza considerando impertinente las palabras y antejuicios dados por Sebastián, – el no solo sería capaz de declararse en quiebra, iría a matar a mis padres, vendría a matar a mi abuela, y sabes yo solo quiero vivir en paz si eso lo pudieses obtener sería el mejor acuerdo al que podríamos llegar, algo que permitiera que él no le hiciera daño a ningún ser querido por mas mínimo o pasado que fuese.

Sebastián levanto la mirada sorprendido hasta ahora había permanecido viendo al piso reprochándole la actitud de su antiguo amor infantil.

- ¿Qué quieres decir? – pregunto el en forma banal

- No, ¿mejor es decir que tú quieres preguntar?, por ejemplo ¿porque me case con un hombre así? porque él no mostro antes la monstruosidad que era, hasta que me conquisto con sus regalos y atuendos de hombre protector y querido, esto no es culpa mía Sebastián yo solo soy una víctima y te lo digo porque tu mirada y actitud de reproche me dice que no crees en mí, entonces como llegaras a defenderme, sé que te hice sufrir pero acaso no fue lo mismo para mí, que futuro hubiésemos tenido, cuando tu aun no te graduabas ni independizabas, responsable por tu madre y tu hermana, como te hubiese impuesto también la carga mía y de mis padres.

Sebastián ahora afligido no podía apartar la mirada – ¿por eso sacrificaste nuestro amor? - la pregunta era insidiosa y egoísta, la respuesta de Ellen fue contundente.

- No, me sacrifique a mí misma, creía hacer lo mejor para mí y para todos a mi alrededor, pero no fue así, creí que si me estabilizaba podría establecer a mis padres, quienes me dieron la mejor educación, podría ser la mejor en cualquier cosa que me propusiera hacer con todo lo que aprendí al lado de mis padres, fui tan libre, pero creyendo hacer lo mejor por ellos, por ti, por mí, me encontré en la más cruel y horrible prisión, siempre pensé que la posición, prestigio y comodidad que daba el dinero era necesario nunca compartí del todo la libertad con que mis padres disfrutaban. Esta sociedad me enseño que los argumentos de mi padres no eran del todo buenos, pero los aludidos por mí los sumergieron en una situación peor. Te pido por favor te olvides de pedir absolución para mí solo consigue que ese hombre me deje en paz – Ellen se mostró suplicante

Sebastián sin entender aun que tan compleja había sido la vida de Ellen viviendo en dos mundos distinto disfrutando de uno, pero anhelando el otro, para llevarla a tomar una decisión donde todo fracaso. Sin poder entenderlo, pero limitándose a su deber desenfocado y aturdido prefirió retirarse sin pronunciar ninguna palabra, salió como despavorido y desesperado por alejarse de ella.

Ellen quedo cabizbaja diluida por la suntuosidad del trato, como si jamás hubiesen sido allegados, amigos de niños, amados de adultos, que nueva etapa era esta que vivirían la del odio ¿quizás? ¿pero como si pronto serian familia? el seria casi su cuñado. Pensativa se quedó mirando melancólica la puerta por donde Sebastián había salido impetuoso.

El tema de divorcio no se trató más, todo mundo dijo que se debía esperar, era algo que no se le quería dar mayor importancia, sobre el tapete había ahora un tema mas importante el casamiento de su prima Mia con Sebastián. Sebastián luego de su diluida platica solicito a los padres de su novia permitieran adelantar la fecha de la boda y así iba a pasar.

Ellen lo tomo calmada ella podría estar sufriendo, pero su prima se merecía toda su felicidad y no intervino para nada. Dos meses más tarde bajo una suntuosa boda Mia y Sebastián se casaron las miradas duras de Sebastián hacia donde ella estaban sentada llenas de reproches, los comentarios mal intencionados que hacían de ella queriendo apartar a los enamorados, sonaban algo irreal, pero las especulaciones y chismes continuaron.

Ellen debió esperar seis meses para poder hablar nuevamente de su divorcio, Sebastián había regresado de su larga luna de miel, casado y feliz. No realmente se veía amargado indiferente a todo lo relacionado a su nueva vida de pareja, intento desahogarse con Ellen pero ella no se lo permitió.

- Si hubieses hablado conmigo antes fuese más sencillo ahora no tenemos ninguna oportunidad, tu como todos aquí me júzgate y lapidaste, sé que no debo reprocharte nada, ¿pero tampoco tu busque consuelo en mí que pretendes que sea tu amante? acaso no es mi prima tu esposa que absurdo – encolerizada y distraída salió en veloz huida de aquella oficina tanto que en la antesala a la salida tropezó con el mayor de los Guevara Madrid.

Una primavera después Ellen estaba divorciada y comprometida con su nueva vida, había visto el trágico desenvolvimiento de la vida de Sebastián quien había perdido vida y alegría, el dominio de una mujer que pretendía llevarlo a la rutina diaria que lo agobiaba con la planificación de la perfecta vida familiar que deseaba llevar en pareja. Mientras él quería que ella le reclamara, les hiciese reproches a sus faltas. Pero para Mia nunca había nada que reclamar ni reprochar, todo en su mundo era perfecto, aun cuando hablaban o compartían algunos criterios ella siempre terminaba dándole la razón y él pensado si quizás ella no tenía la capacidad de pensar. Anhelaba a Ellen quien, si se enfrentaba a las circunstancias de la sociedad y la vida crítica y tenaz, desafiado las desigualdades entre hombres y mujeres, entre ricos y pobres, entre blancos y negros, discutiendo sobre esta atrocidad, pero él hubiese resistido a una mujer que no era bien recibida por tales críticas en su círculo social. Y si Mia le reclamara y expusiera sus ideas, aun sin sentirla u ostentarla, como se sentiría. Lo que le impedía a Sebastián ser feliz, no era Mía o no haber consolidado su amor con Ellen, lo que impedía a Sebastián ser feliz era estar inconforme con el mismo, tomo decisiones inciertas, desatinada, apresuradas, buscando que se desvaneciera la pasión enardecida que aun sentía por Ellen, pasión que se oscurecía ante el recuerdo de saberla casada y ahora divorciada, pretendida por hombres casados de conducta reprochable y que ella recibía aparentemente sin prevenciones o escrúpulos.

Después de varias desavenencias, entre ella y su prima quien en la más estricta discreción e intimidad acudía a reprocharle su intromisión en su supuesta felicidad Ellen decidió marcharse nuevamente a Europa. Sebastián al enterarse fue rápido a buscarla pidiéndole, rogándole que lo dejara marcharse con ella, ella no lo acepto y había una explicación Mia le había asegurado que llevaba el fruto del amor de ambos en su vientre.

- Tu vida, tu trágica vida la cual tu solo escogiste y te condenaste por tus convencionalismos sociales es la que tienes aquí al lado de mi prima.

Una semana después Ellen se marchaba rumbo a París.

De golpe y porrazo pasaron 27 años y Ellen en París disfrutaba de una amplia prosperidad económica alcanzada a punta de esfuerzo, entusiasmo, libertad, paz consigo misma, cuando llego a Paris trabajo en una boutique como vendedora, al paso de los años aprendió a dibujar y comenzó a diseñar, vendió sus diseños a esa misma boutique por varios años, luego creo su propia marca obteniendo reconocimiento y prestigio comercial convirtiéndose en una talentosa empresaria de la moda.

¿Era feliz? a medias, pero feliz y quien podía decir que rebosaba de felicidad, Sebastián quien permaneció sumergido en un matrimonio sin saberse apasionado por la mujer con quien estaba, añorando un tierno amor de la infancia. Obtuvo dinero y prestigio político, el regocijo de los hijos y la delicada compañía de Mia. Mia quien forzó la duración del matrimonio con los hijos al saber el deseo de su esposo apagado por la revelación del verdadero y pasional amor de su juventud conformándose con organizar la casa, criar a los hijos, sabiendo que recibía migajas con esa misma conciencia se había ido a descansar.

Si la felicidad existía la habían repartido mal. O eso era lo que ella hasta esa tarde pensaba, pues de repente en su residencia apareció un joven guapo preguntando por ella, al presentarse le dijo que era el hijo mayor de Sebastián, Dallas, ella le sonrió y se presentaron compartieron un rato, tomando el té cómodamente sentados en la salita de estar, pero cuando se enteró que Sebastián estaba esperando abajo, ella se apresuró bajo por el ascensor cruzo la calle cuando lo vio sentado en un banco frente al parque, en el momento que ella atravesaba la calle vio que Sebastián se levantaba alzando la vista viendo exactamente hacia su ventana. Lo que la llevo a ella a mirar en esa dirección, su mucamo apareció en el ventanal Sebastián se quiso marchar como si el gesto de su mucamo fuese para él una señal. Ellen grito

- ¡Sebastián! – el hombre guapo pero envejecido estaba ahí frente a ella como estupefacto viéndola sorprendido – acaso pretendías librarte de mí.

Ambos se miraron otorgándose el perdón, dice que el tiempo lo cura todo, pero no es así solo se perdona si estamos dispuestos a perdonar, y es la madurez la que nos hace entregar ese perdón y la decisión de hacerlo, muchas vece nos hacemos más daño de lo que debemos eso lo entendieron bajo aquellos ojos bellos, una sonrisa tenue se dibujó en sus rostros, y ya no se vieron viejos como eran sino bajo la suntuosidad de los años mozos de esa época cuando más intensamente se amaron pero prefirieron dejarlo todo por respeto a otros. Sebastián se paró a su lado y comenzaron a caminar, entraron en el parque se hablaban con la mirada, cuando el tono de sus miradas fue definitivo y conciliador ella tomo el brazo de Sebastián quien miro su suave y aun tersa mano que le imprimía calidez a su cuerpo y siguieron caminando entraron en el parque donde jóvenes y niños jugaban.

El fin de esta historia no ha llegado, quizás la felicidad solo es dada cuando existe suficiente madurez para disfrutarla, y los obstáculos son borrados por la experiencia, el amor oportuno y la apreciación de la trágica escena vivida.

FIN.

L.J. FEBRES.

Este cuento fue inspirado de la novela “LA EDAD DE LA INOCENCIA” de Edith Wharton, el único nombre que tome de la historia fue el de la protagonista, todos los demás fueron sustituidos por nombres latinos. Mi reflexión luego de leer esta historia es que el amor siempre debe existir nunca las personas deben estar solas, en la juventud el amor es desesperado y pasional, en la adultez es calmado y apacible.

Dedicado a mis padres.

25 de Maio de 2018 às 01:03 0 Denunciar Insira 0
Fim

Conheça o autor

LJ Febres Amante del baile, la música, la literatura, la familia, el respecto y la cordialidad. Escribo desde los doce años, pero nunca creí que alguien llegara a leerme, tan siquiera a tener la posibilidad de publicar alguna historia, escribo porque me encanta, todas las ideas se agolpan en mi cabeza y después ya no puedo parar-

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