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Hemisferio sur, fines de setiembre



El pueblo es gris, sin colores, imagen sepia adosada a un viejo mapa. El pueblo es un segundo dilatándose en la eternidad, carece de aromas y parece estático. No lo está, perezosas nubes sombrías se deslizan sobre el horizonte, y aunque el mar parece estático, mirando bien se percibe que la pequeña bahía aun tiembla de frío.


Allá lejos un ave oscura de paciencia extraordinaria planea contra el firmamento ceniza. Más acá, la forma de gallo de una veleta quejumbrosa y negra, al ladearse sobre un techo parece necesitar su buena siesta.


El pueblo es silencioso, vacío de emociones, sordo e indiferente. A no ser ajados recuerdos ninguna otra cosa -acaso lágrimas- deberían verse en semejante sitio. Casas de madera despintada atiborran de vejez un puñado de calles heridas por rasguños de pasto seco. Así está y así ha permanecido el caserío durante largos meses.


De visitarlo buscando gloria, la adversidad tendría piedad de su apatía. De llegar desprevenidos, hasta los inocentes clamarían por una innecesaria redención.


Aunque se desliza en silencio un brillante automóvil desentona con el entorno. De pronto no puede evitar caer prisionero de la mustia densidad y como rendido, se detiene.


Detrás de la ventana de la primera casa de la acera de enfrente se ha movido levemente una cortina. Mientras abajo, en el porche de la misma vivienda, permanece inmóvil ante su puerta un perro negro.


La serenidad se agita, al parecer una brisa cálida se derrama desde el norte.Al mismo tiempo, del vehículo desciende una figura femenina y llena de luminosidad la imagen. Su presencia aportando calidez no concierta con la escena, menos aun que el automóvil. Una pizca de color velado la cubre aislándola del resto, es un suspiro que refulge en un bastidor ceniza.


Al tomar su bolso tal vez haya mirado un instante la ventana aquella, es difícil saberlo pues de inmediato camina sin apuro hacia la casa. Cae una hoja del árbol del jardín y al rozar a la mujer, antes de adherirse al césped húmedo, improvisa un destello donde relucen dorados recuerdos. La ausencia de aquella hoja en la rama, allí arriba, evidencia el desperezo de un minúsculo retoño casi transparente.


Primero con cierto desconcierto, luego con ánimo, el perro de la casa de enfrente se desplaza hacia la mujer. Ella acaricia su cabeza azabache y la amarrona. El pelo del animal adquiere el brillo necesario para disimular su languidez mientras su cola, alborozada, abanica restablecido afecto. Entonces los jadeos del perro y su refunfuño amistoso destronan al silencio. Sin saberlo han inaugurado los indicios, otros seguirán, hasta que lo yerto viva nuevamente.


Quizás otra vez ella hiciera lo imposible por evitar que sus ojos sobrevolaran la ventana aquella delatando su inquietud. Quizás no. Junto al perro son dos figuras sutilmente coloridas y armoniosas contrastando con el resto de la calle.


El hombre de la ventana no ha notado si ella acaso miró hacia allí un segundo, cree que no. De todos modos la esencia de aromas perdidos y vestigios rebosantes de azahar y de hembra parecen invadirlo. Sus ojos, como hipnotizados, siguen el trayecto de la mujer y observan aquellas manos que al asir el picaporte colorean la puerta. Cuando ella se esfuma en el interior, liberado del hechizo, suspira.


Volviendo a la realidad de su habitación el hombre siente que todo se enciende de colores, nuevos si no estaban, viejos si no se percibían. Recobran aire sus pulmones al respiro profundo y el vacío de sus manos se atiborra de esperanzas torneadas, tibias, blandas, dulces, agitadas.


Finalmente después de muchos meses el pueblo recobrará belleza, algarabía sus calles, sonrisas las arenas blancas de sus playa, la existencia sentido... y hasta es posible que los sueños del hombre lo lleven a escribir nuevos poemas.

18 de Maio de 2018 às 19:26 1 Denunciar Insira 3
Fim

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JF Jonathan Ismael Frias Concepcion
ACABO DE DARTE ME GUSTA,ESPERO QUE PASES POR MIS HISTORIAS Y TAMBIEN ME DES MI LIKE,DIOS TE BENDIGA.
18 de Maio de 2018 às 21:42
~