La Máquina de Escribir Seguir história

litzy_martinez2001 Litzy Martinez

Ophelia Royal, joven escritora recibe una maquina de escribir antigua muy bien conservada. Descubrirá que esta vieja maquina esconde un magnifico poder, más allá de sólo hacer volar su imaginación...


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La Maquina de Escribir

Ophelia Royal era una joven escritora que sentía una enorme fascinación por la literatura, por las historias más descabelladas y las más realistas, por los versos bien compuestos y las novelas trágicas con esperanzadores finales.

Ella tenía quince años, y ya había terminado más de cuarenta historias y muchos borradores más, completamente originales y fantásticas suyas, eran historias escritas por su propia mano e imaginadas por su propia cabeza. 

Sin embargo, Ophelia no era la escritora famosa ni la niña prodigio que te has imaginado. Su quimera favorita era publicar por lo menos uno de sus muchos libros en físico o por lo menos en alguna plataforma digital, pero era tímida, insegura y retraída.


A pesar de todas las frases que se sabía de memoria y los muchas reflexiones que conocía, no era capaz de vencer sus propios gigantes. Aún le importaba mucho el "qué dirán" y por sobre todo, nadie es profeta en su propia tierra.

Las únicas veces que había dejado volar sus letras frente ojos extraños se había arrepentido en sobremanera. Quizá porque eran letras incomprendidas, salpicadas de sensatez e impregnadas de una gran cantidad de poesía difícil de comprender o simplemente con un absurdo nivel literario no apropiado para la lectura promedio.


Esa noche, Ophelia había decidido escribir algo antes de ir a dormir, siempre creyó que, la mejor hora para escribir era por la noche cuando su madre dormitaba y ella estaba fuera de peligro por sus hermanos mayores. Estaba sentada en su escritorio pensando y esperando a que la inspiración hiciese su típico acto de presencia, pero esa noche pensaba hacer algo nuevo que nunca antes se le hubiese pasado por la mente.

A los seis años su abuelo le obsequió el regalo de su vida, el que ahora contemplaba en la esquina sobre su escritorio, bajo una manta. Como guiada por sus impulsos, se inclinó tomando la esquina de la manta y con dedos temblorosos descubrió una preciosa máquina de escribir de los años 1929, en perfecto estado y funcionamiento, casi un milagro considerando la fecha de creación.

El sólo mirarla la llenaba de inspiración, se veía tan mágica, tan antigua y sin duda era la chispa que le faltaba a sus escritos.

Su abuelo había sido mecanógrafo y le había heredado ese tesoro de la literatura que ahora era suyo. Tan pronto sus dedos tocaban los botones de metal, sentía un inusual cosquilleo en las yemas, como si tal objeto... no sabía como explicarlo, era como si la reconociese y estuviese tibio a su tacto. Esperándola.


—Sé que tú le darás un mejor uso— Las palabras de su abuelo no las había creído en el momento ya que Ophelia era muy torpe con sus manos, y la mayoría de las cosas que sostenía parecían saltar al suelo inmediatamente. A pesar de ser lo que esperaba, no la empleó sino hasta tener quince. Ella albergaba ese triste pensamiento de romperla o estropear tal pieza de arte si la toqueteaba demasiado.

Por lo que, esa noche, la víspera de su cumpleaños número dieciséis, la joven Ophelia decidió desempolvar su vieja, muy vieja, máquina de escribir. Trató de evocar alguna de esas historias que habían surcado su mente en los últimos días, pero sentía que ninguna era verdaderamente digna para la reliquia que tenía delante.

Miró la luna, que se dejada ver a través de su ventana e inmediatamente se volvió a su máquina de escribir. Impresionante como a veces se viene esa oleada de letras, de palabras, de historias y personajes saliendo desde la punta de sus dedos. Ese chispazo de inspiración, que no siempre hacía acto de presencia, guió sus manos y ella las dejó moverse casi en contra de su voluntad, y comenzó a tejer sus nuevas ideas.

Escribió:

"El satélite orbitante a la tierra mostró su rostro

Alzándose más brillante y espléndida que nunca

Rodeada de oscuros nubarrones que tenían la intención de tragársela infructuosamente, alrededor de sutiles destellos plateados y una sombra oscura recortada en su tez..."


Se quedó dormida, después de haber llenado tres hojas completas sin parar ni un segundo más que para cambiar de papel y esa noche soñó que era la protagonista de su historia de terror. Fue un sueño muy vivido, quizá demasiado, casi fue devorada por un muy realista hombre lobo, o eso le pareció.

Ophelia despertó sobresaltada comprendiendo que no había sido más que un sueño. Pero, por su mente pasó el vestigio de una idea, "podría ser... " se dijo e inmediatamente sacudió su cabeza, no debía mezclar la realidad con sus descabelladas y adornadas quimeras fantásticas. 

Al pasar unos días repitió el acto. Sentada frente a su máquina de escribir sin pensar más en lo ocurrido anteriormente, volvió a escribir mientras, de fondo, suaves gotas de lluvia se deslizaban por el vidrio de su ventana y el afable y acogedor murmullo de la tormenta la acompañaba.

Escribió:

"La lluvia acariciaba el nevaceo rostro de la rubia

Empapando su tembloroso y frágil cuerpo

Una expresión de desasosiego ensombrecía sus facciones

Mientras se aferraba al cuchillo, revestido por la vida de su enemiga..."


Ophelia Royal, en sus sueños fue testigo del asesinato de su enemiga. Ella, mejor dicho, fue la protagonista del inmundo acto asesino…No era tonta, sabía que las casualidades y coincidencias no existían. Nada obedece al azar, y menos dos veces...

Lo que la llevó a creer que, de verdad ocurría algo cuando escribía en esa hermosa antigüedad, ¡Llegaba a vivir sus letras! literalmente, porque no podía ser una coincidencia que ocurriera con sus historias y sólo al escribir en su antigua máquina de escribir.

Ophelia entraba en sus historias, convirtiéndose por un momento en la protagonista y a pesar de todo no era ella misma si no un reflejo de lo escrito en esas hojas de papel. Obedecía sus propias letras y su propia invención dentro de un sueño, llegando a presenciar y vivirlas de una manera más fisica, casi corpórea...


De pronto, le entraron dudas, ¿no era eso demasiado fantasioso? ¿Acoso su subconsciente intentaba darle un poco de emoción a su vida? O quizá ¿De plano había perdido la cabeza y de tanto fabricar quimeras inexistentes, se había creído que podía hacer de su vida una fantasía literaria? Eso podía pasar.

Ella era de las personas más desconfiadas y aunque deseara con todas sus fuerzas que resultara cierto no le cabía en la cabeza siquiera la posibilidad de que así fuera. Porque una viajera de dimensiones literarias conoce la mayoría de las posibilidades y combinaciones posibles para crear una buena historia y su mente, normalmente abierta, se rehusaba a asimilar que tal cosa.


Había regresado del colegio esa tarde y no había ni prestado atención por estar intentando tejer la mejor historia para esa tarde. No esperaba que sucediese de nuevo, la lógica le decía que no podía ocurrir dos veces lo mismo, mucho menos tres. Aunque, dicen que las mejores cosas vienen de a trios.

Y encerrándose en su cuarto se decidió por escribir algo no tan dramático como en ella era costumbre. Algo algo más suave, menos pasmoso y terrorífico. Pero antes de dar rienda suelta a su habilidad, vio el reloj que marcaba la una de la tarde, no se podría dormir tan temprano. Estaba segura de nunca haberse dormido tan temprano, de esa manera no era posible que cayera en brazos de Morfeo involuntariamente si estaba tan despierta.

Escribió:

"...delante suyo, se extendía el más espléndido de los paisajes.

Él se dejó caer en la alfombra verde natural que tapizaba el suelo.

Nunca sintió textura más esponjosa y fragancia más viva y dulce. 

Estaba en el tan ansiado paraíso..."


Ophelia fue transportada hacia el jardín de su historia y por unos momentos disfrutó de la algodonada yerba y el maravilloso perfume de las flores cercanas. Fue, por una noche, ese chico del que había escrito...

Abrió los ojos esa noche, con menos respuestas de las que esperaba y muchas más preguntas que antes. Como ella nunca se quedaba sin curiosidad, se planteó buscarlas. Quizá la única respuesta vendría probando, investigando y corriendo el suficiente riesgo. Pero igual... La curiosidad mató al gato... Pero murió sabiendo...

Ophelia entonces se sentó frente a la máquina de escribir y la estudió por algunos minutos, buscó en internet datos sobre las máquinas de escribir de 1929,  y luego de mucho comprendió que la máquina era completamente igual a las otras físicamente, pero diferente a todas intangiblemente.


Las manos le temblaban cuando comenzó a escribir de nuevo ahora que sabía que todo lo que plasmase en esas hojas, de una u otra manera tendría que vivirlo.  Pero debía averiguar cuál era el límite del místico poder, si había uno concretamente.

Pronto llegó a varias conclusiones. La magia no funcionaba si era una historia ajena. Las teclas se trababan y se negaban a moverse cuando no tenía claro que escribir. La tinta, originalmente negra, cambiaba de tonalidad y las letras cambiaban su fuente conforme fluían sentimientos distintos, alegría, terror, amor, dolor... etc. Y lo más extraordinario ¡todas y cada una de las letras impresas se borraba tras vivirlas!

Ahora que sus dudas habían sido, más o menos, despejadas y que por fin había decidido creer que esto realmente sucedía, Ophelia se sentó a distancia de la máquina maravillosa. Tenía un presentimiento, uno que no había salido de su mente desde que hizo la última prueba... El poder siempre era codiciado, ¿y si hubiese alguien que mataría por tener semejante poder?

Se prometió no volver a usarla, no tocarla ni desperdiciar su poder en vanas fantasías y cosas sin sentido, como llamaba su madre a sus historias. Se prometió proteger la máquina, a su familia y a ella misma.

Y por mucho tiempo así fue, su fuerza de voluntad no flaqueaba ni aun viendo la maquinaría resplandecer bajo la manta que siempre la cubría. Se obligaba a olvidarla, a olvidar si quiera escribir en la Tablet o en papel normal para no tener la tentación de transcribir sus pensamientos y poder vivirlos.

Pero, nunca nadie dijo que debía olvidarse por completo de ella…

Ophelia no se tardó mucho más de algunos meses en caer de nuevo. Decidió usar la máquina de escribir, después de todo, era suya y haría con ella cuanto quisiese. Pero como todo poder, puede ser usado de mala manera.

Así lo hizo, comenzó a vivir sus alocadas historias, a viajar por el mundo, a luchar contra monstruos y dragones, a vivir en la piel de sus personajes. Pronto ya no pasaba más que unas horas despierta, las suficientes para ir a clases. El otro tanto del día lo usaba para sumergirse en sus propias creaciones y vivir sus historias. Se convirtió realmente en una viajera de dimensiones literarias que pasaba más tiempo soñando que viviendo en realidad.

Pero, como todo lo bueno, en algún momento debía acabar...

Ophelia abrió sus cansados ojos vislumbrando una cálida mañana desde su ventana. Pero ya no sentía ningún deseo por salir, no de su cuarto.

Enfiló de nuevo hacia la máquina de escribir y pulsó su combinación de letras preferida. Y entonces, se dio cuenta de algo alarmante. El tacto tibio de los botones había desaparecido y con él también la tinta y el deslumbrante color de su metal.

Tardó unos instantes en captar lo que había ocurrido: ¡se había aprovechado deliberadamente del poder de la máquina maravillosa y ahora no volvería a presenciarlo nunca más!

Tiempo después Ophelia salió de su habitación. Su rostro volvía a ser luminoso y juvenil, algo bueno había ocurrido después de todo. La joven escritora ya no fantaseaba con actuar, sino que lo hacía por sus propias fuerzas.

Había entendido que para alcanzar algo no era cuestión solo de soñarlo. Hacía falta más que solo planear el futuro, se debía forjar y tejer con sus acciones.

Y siguió escribiendo, si, a pesar de todo, comprendió que si desea algo debía tomarlo, y si deseaba ofrecer sus historias al mundo, sólo estaba a un paso de hacerlo.

Más tarde, quizá más tarde para su gusto, fue publicado su primer libro en físico, en el que mezclaba a partes iguales cucharadas de realidad y pizcas de fantasía.

En las últimas páginas de dicho libro, que por cierto se estaba convirtiendo en un maravilloso éxito, se leía una cita muy interesante:

"La heroína de las letras, alzó su frente hacia un nuevo y diferente desafío, uno que requeriría más valor y fuerza que el que se necesitaba para presentarse a la guerra, empuñar una espada y luchar contra monstruosos gigantes. Un reto del que muchos habían desistido por el sufrimiento y dolor que conllevaba. Algo que prometía celestiales recompensas en el camino.

Tan maravilloso como mortal...la vida real..."

10 de Maio de 2018 às 02:31 3 Denunciar Insira 6
Fim

Conheça o autor

Litzy Martinez No me considero diferente, ni muy especial, pero s� humana. Solo una so�adora m�s que intenta plasmar su vida y sus pensamientos para compartirlos con el mundo. Creo que este es el lugar para extender mis alas de drag�n sin temor a paredes que me limiten. Escribo de todo y s�lo estoy comenzando a publicarlo, mi sue�o es poder llegar a ser una verdadera escritora. S�lo pido una oportunidad, quien sabe, quiz� te sorprenda...

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Víctor Fernández García Víctor Fernández García
Me ha encantado. Este cuento corto alberga reflexiones, fantasía y realidad en dosis, a mi juicio, perfectas. Desde la presentación de la máquina de escribir, un aura de misterio recubre la historia, acompañando al lector por la maravillosa posibilidad de vivir lo que escribe. Las primeras fuentes de inspiración de Ophelia, en forma de luna y lluvia, me parecen de lo más acertadas. Todo esto me lanza a varias reflexiones. ¿Nuestra mente dispone de algo semejante a ese poder? Es decir, ¿Nuestro mundo onírico pide a gritos un proceso inverso al que narras? De ese modo, de un sueño nacería un texto, que alimentaría posteriores posibilidades haciendo crecer nuestra propia imaginación y nuestras historias. También he tenido al leerte reminiscencias de la décima entrega de Final Fantasy, pues se me ha venido a la cabeza la posibilidad de que nuestras vidas no sean más que esas aventuras escritas con una máquina mágica que hace desaparecer el contenido tras haberlo vivido... En cualquier caso, Ophelia me ha caído fabulosamente. Navega con destreza por sus mundos de fantasía y pisa fuerte en la vida real. Bravo por el cuento Litzy :)
13 de Outubro de 2018 às 10:46

  • Litzy Martinez Litzy Martinez
    Muchísimas gracias Víctor! Tú comentario me anima a seguir adelante en este mundo literario. Gracias por esas palabras tan dulces, me dan la certeza de que estoy a pocos pasos de cumplir mi sueño, en serio gracias❤️ 13 de Outubro de 2018 às 11:13
CharmRing CharmRing
la curiosidad mató al gato, pero murió sabiendo... esa fase me tocó nya
8 de Agosto de 2018 às 18:15
~