Fantasmas de Neón Seguir história

aryzabel Ary Zabel

Gala es una duplicadora al servicio de Cleran, una organización encargada del control de los androides que pueblan Nueva Hela junto con Raz, su compañero. Lo que parecía un día normal, pronto se convierte en una serie de sucesos que estremecen a Gala, tanto como para dejar de ser ella misma.


Conto Todo o público.

#cyberpunk #software #cyborg #ciencia-ficción #Neón #fantasmas
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Fantasmas de neón


Neon ghost

Destacaba con cierta ironía el rostro fino de Gala, pero más destacaba la naturaleza de la insignia que se ubicaba en su chaleco. Suspiró por breves segundos absorbiendo el aroma aberrante de la ciudad, aunque para ella era el aroma de otro día en aquel lugar.

Nueva Hela era un sitio eclipsado por el brillo de sus anuncios, arraigado a los cimientos de la tierra con tanta fuerza como sus paredes metalizadas y sus cristales antibalística. Donde el suelo parecía irrompible y los peatones rara vez alzaban la vista de sus circuitos de entretenimiento.

Se encontraba lejos de su zona esperando a que su compañero terminara el trabajo que le habían asignado. Ella, cansada, solo aguardaba que fuera un día tranquilo, sin tanta algarabía como la que estaban acostumbrados y pasara tan rápido como les fuera posible, pero a pesar de sus deseos no parecía que fuera así. El barrio les miraba con odio; solo debía mirar a su alrededor para saber que los locales no les quería en la zona. Y no es para menos.

El complejo circuito de vigilancia regional “Cleran” tenía tantos enemigos como aliados les era posible. Trabajaba para una organización que velaba por sí misma y bajo sus propias reglas y, más allá de eso, hacía varios meses atrás habían tomado esa zona. Un acto que desencadenó una serie de arrestos y de muertes por igual.

Fijó la mirada en las escaleras frente a ella. Suspiró.

«Ven aquí».

No se inmutó. Había pasado ya un mes desde que había empezado a escuchar las voces. Fantasmas en su cabeza que revoloteaban cada cierto tiempo y le impedían conciliar el sueño en algunas oportunidades. Bajó la mirada y cerró los ojos con furia esperando a que aquel susurro se desvaneciera por sí mismo. Solían transcurrir dos minutos cuando dejaba de oírla.

«Ven».

Ese día no era la excepción. Siempre tan puntual comenzaba a las once de la mañana y dos minutos después desaparecía. En ese instante su compañero bajaba con cierta parsimonia por las escaleras.

—¿Todo bien? —preguntó.

Encogido de hombros, Raz hizo una seña vaga que ella interpretó y se movilizó hasta el auto. Con ambos dentro, al hombre solo le tomó pocos segundos saber que su compañera no estaba en la mejor de las situaciones.

—¿Todo bien? —Esta vez preguntó él.

Gala no respondió.

—¿Sabías que ese era el quinto caso de análisis fallido? Me están volviendo loco. —espetó aferrándose al volante.

—¿Le has enviado toda la data a Lera?

Él asintió.

—Pero dudo que tengamos algo hoy. El complejo es un caos en este instante.

—¿De qué estás hablando?

Raz paró en seco. Se estacionó a un lado de la calle y observó a su compañera con sorpresa y molestia. Fijó la vista en su brazo y lo haló hacia él, hizo que ella colocase su pulgar sobre su antebrazo izquierdo para activar una serie de secuencias visibles a través del cristal del parabrisas.

—¿Qué sucede? ¿Otro fantasma?

Ella observó la data perpleja sin hacer mucho caso de su insinuación. Toda la información ahí contenida era algo que no esperaba sucediera, tenía una sensación de vacío que se había apoderado de su cuerpo y que se acrecentaba con tanta rapidez que dolía en su pecho. El complejo había sido tomado y una gran parte estaba en llamas hacía una hora atrás.

No lo esperaba.

—No —respondió—. Raz, tenemos que ir.

—No, el Director tiene la situación controlada. El incendió fue contenido, ahora mismo deben estar evaluando las perdidas. Milagrosamente el salón principal está bien, pero como te digo, Lera tiene bastante trabajo —comentó negando—. En cambio te llevaré a revisión. Hay que hacer algo con tus fantasmas.

«Gala».

—estoy bien ahora, Raz —dijo, pero no había seguridad en su voz. Él lo había notado.

Para Raz ella era su hermana menor, una duplicadora que se había perdido en sus habilidades y que necesitaba de su ayuda. Y no la dejaría sola. Sin hacer caso omiso encendió el auto al aferrar ambas manos al volante nuevamente. El vehículo marchó hacia el camino que Raz había escogido y que, por lo que ella notaba, era bastante familiar.

La ciudad estaba dividida por zonas desde que la desorbitante sobrepoblación de humanos hizo que fuera necesaria. Es decir, hacía tres siglos atrás; esa división no había cambiado, solo se había mejorado. La zona zero era la última zona a la que cualquiera con dos dedos de frentes no desearía ir, justo donde habían estado; la zona pial, en cambio, era una de la más concurridas y hacia donde se dirigían.

«Gala…»

Miró por la ventanilla la afluencia de personas en el casco central. Era una zona tan concurrida que el tráfico se tornaba lento a causa de peatones con poco sentido de seguridad.

«Gala…»

Tomó el arma en su cinturón con fuerza. La puntualidad se había marchado y se tornaba violenta con sus pensamientos. Escucharla una vez al día como el soplido del viento no era tan trágico como aquellos días en que se repetía cual grabadora vieja.

—¿Ha vuelto?

Ella asintió.

—¿Qué dice?

—Solo me llama, siempre me llama —Frunció el ceño—; nunca ha parado de hacerlo. No te preocupes, Raz. —Lo miró por breves instantes en los que la preocupación de Raz era evidente—. Lo tengo controlado.

—No intentes jugar conmigo, Gala, ambos sabemos que no es así. Si estas al punto de desmayarte. Ya estamos cerca —gruñó.

Era evidente que en esa pelea, ella perdería. De igual forma se había dicho que debía ir con Larson Fedegras en algún momento, pero no había sacado el tiempo para ello. Sabía que tener un “fantasma” era peor que un análisis fallido y solo por eso Raz era el único consciente de esa situación.

Los fantasmas eran voces que intercedían con el proceso analítico normal; eran similares a un virus que no se podía controlar con cualquier cosa, debía estar bajo tratamiento tan pronto como le fuera posible. No podía haber dudas en ella, su sistema debía estar limpio si quería trabajar para el complejo y no podía esperar demasiado, en cambio lo hizo. Aguardó tanto que esa voz empezaba a alterar sus momentos de descanso.

Reaccionó cuando la pantalla vibró. Lera les llamaba y ella, sin perder tiempo, pulsó el botón que diera paso a la imagen robótica de L-DX o, como gustaban de llamarle, Lera. Ella era una imitación humana no perfeccionada en cuanto a hardware, pues su software era uno de los mejores y más nuevo. Sus ojos brillantes les veían con curiosidad para luego asomar una sonrisa tosca.

—Hola, teniente, mayor —Saludó—. He recibido la data del último análisis fallido. Concretamente advertimos una aplicación que malversa la información contenida en el prototipo proveniente de una dirección corrompida. A pesar de mis intentos por acceder a la dirección fue bien resguardada, la data se autodestruyó en pocos segundos. —Concluyó.

—Tal como los otros. Lera, si quiera tenemos algún indicio del tipo de programa que lo provoca.

—Puedo hacer un análisis de los tipos de programas no legales que pudieran ejecutar este tipo de acción, pero la base corre por unos mil caracteres; tomará un tiempo.

—¿Cuánto? —preguntó Gala.

—La mitad de una hora —respondió.

—Está bien, haz lo que puedas —lanzó él.

—Teniente: los datos también indican una extracción excesiva de moneda gris —señaló.

Raz observó el clima fuera del vehículo, se imaginaba que todo estaba correlacionado con el lanzamiento de la nueva moneda. La incorruptible. Había llegado a cada rincón en cuestión de segundos y ya se convertía en un problema, peor aún, provocaba la muerte de personas.

—No es de extrañar. Lera, avísanos cuando tengas el listado —dijo Gala cerrando la comunicación.

—Sí, sabíamos que esto ocurriría. No es de extrañar que el ministro nos haya pedido estuviésemos pendiente —Bufó—. Hacemos ese trabajo todos los días de este maldito año. —exclamó.

La risa burlona de Raz era algo llamativo en un sujeto como él; de una estatura considerable y mentón cuadrado, Raz tenía la pinta de un mercenario que no encontró la forma de vivir bajo su cuenta y aceptó la mano frágil del Director de Cleran. Sin embargo, a Gala le resultaba encantador su humor ácido. No podía decir que se reía bastante, pero si lo suficiente para completar su status de felicidad. Miró por la ventanilla el local de Larson y salió del auto sin que él tuviese que animarla. Era un lugar amplio, de grandes puertas de vidrio que se abrían al entrar y daban paso a una recepción en conjunto con una sala de espera donde pocas veces había alguien esperando y la recepcionista no paraba de reírse sola a causa de algún canal de entretenimiento.

Raz y Gala fueron directo a la puerta conjunta donde un sujeto delgaducho al que la corbata y la camisa de vestir le quedaban tan holgados como si fuese un crío quien las llevase puesta, les recibió con una sonrisa extendiéndose por su boca.

—¡Mis queridos! —clamó.

—¿Queridos? —gruñó Raz. Gala se encogió de hombros y tomó asiento en la camilla.

—¡Vamos! No te lo tomes a mal. Siempre es un gusto verlos por aquí. Aunque esta vez solo sean ustedes ¿A caso no me traen algún bandido interesante que estudiar? —preguntó mirando por la entrada. Buscaba con ahínco ese algo que había hecho que aquellos dos les visitase, pero solo encontró a su recepcionista entretenida en cualquier cosa.

Raz cerró la puerta, se dejó caer en el asiento conjunto al escritorio de Larson y golpeó con los dedos el mismo.

—Esta vez venimos por mí, Doc —dijo ella—. Necesito una revisión.

Larson se acomodó los lentes de pasta y caminó hacia ella.

—¿Una revisión? —preguntó dudoso—. ¿Algo anda mal?

—¡Es un fantasma! —espetó Raz.

Larson miró hacia atrás, vio al hombre que hacía señas de no entender por qué sucedía, pero eran así. Gala asintió con pena de verse en vuelta en esa clase de problemática.

—Doc, lo necesito ahora.

Larsón tragó.

—Gala, vamos —dijo.

La llevó detrás de una puerta de madera donde un amplio salón daba paso a un asiento reclinable en el centro. Las pantallas se veían como una línea a un costado y la cantidad de cables que emergía del techo se conectaba a casco circular. Tal habitación era tan común para ella que tan solo se acercó y tomó asiento en el centro; no sería la primera vez que veía aquel lugar, dudaba que fuese la última.

Larson conectó cada uno de los cables a partes del cuerpo de Gala, y colocó el casco sobre su cabeza quedando justo dos receptores sobre su sien.

—Hace mucho que no oía de fantasmas —dijo mostrando una mueca. Estaba nervioso—. No es muy común. Más que eso, solo he escuchado de casos aislados. Tengo un conocido de Hong Kong que llegó a saber de uno… No resultó muy bien —Acomodó sus lentes sobre su nariz—, pero este no será tu caso, Gala. Tu hardware es antiguo pero si algo tiene la serie Exus es que está en constante actualización.

—Doc, solo bórrelo —clamó.

Notaba en ella esa suplica tácita que no creyó alguna vez escuchar. Gala tenía la particularidad de ser fría, en comparación de su compañero; ella podía mostrarse ajena a todo tipo de emoción simulada y, quizás, era por eso que era apreciada por Altamira Cleran.

—Haré lo que pueda. —Miró a la chica para luego ver a su compañero quien asintió dando su beneplácito.



El paraje se parecía a una montaña antigua. Muy reconocida por la forma tan magistral en la que se alzaba por sobre las cabezas de cualquiera. Nunca había estado ahí, pero en esa ocasión se sentía como si hubiera visto ese paisaje infinidad de veces. Su corazón galopaba y la conexión neuronal le dejaba cierto dolor que podía soportar hasta que se terminara de esfumar. Estaba tranquila a pesar de no saber qué ocurría, aunque muy bien sabía de Larson que muchas veces las revisiones envían a los dueños a algún tipo de paisaje idílico.

Gala se permitió sonreír con ironía. Su pasaje idílico se parecía al Everest y era mucho decir. Miró a su alrededor viendo la cantidad de personas en aquel vasto camino que les llevaría hasta la zona más segura antes de subir. Su mirada viajó por el centenar de personas autóctonas y por aquella figura delgaducha de cabellos negros como el carbón. La veía con una intensidad que la anonadaba.

Caminó hacia ella, y ella se alejó.

En algún punto su marcha se convirtió en un trote, empezó a correr detrás de aquella chica que cada tanto alcanzaba a mirar hacia atrás buscándola. No huía. La llevaba a algún lugar lejos de ahí.

La chica terminó por infiltrarse en una serie de ventas al aire donde el sol no llegaba y se resguardó en un viejo edificio de puertas hechas por el tronco de alguna planta y paredes de barro. Gala abrió la puerta, e instintivamente colocó su mano sobre el arma en su cinto. Cuando la gélida mano de la chica tomó la suya, giró. Asustada, estaba a punto de sacar un arma que no existía. La morena tan solo negó.

—No es necesario —musitó. Se movió por el lugar y tomó asiento en el centro, donde una pequeña fogata tenía lugar y donde la invitó a acompañarla—. Acompáñame, esperé por ti.

—Esa voz…

—Sí, te he estado llamando. —Asintió.

—Es un error en mi sistema… —Se dijo.

—No, porque yo estoy aquí. Contigo. —Añadió.

—Eres un fantasma —Señaló.

—Mi nombre es Fauna —Indicó—. Es un placer. Si tomas asiento podremos hablar. Tardará bastante tiempo ante que tus amigos vengan por mí. Les será difícil acceder a este lugar —dijo señalando el cojín a su lado.



—¡Hey, Larson! —exclamó Raz desde la puerta—. ¿Qué pasó con el de Hong Kong? —preguntó inquieto. Tenía una mala sensación desde que había oído el comentario y no había pensamiento alguno que le hiciera desistir de pensar en ello.

Larson, que se movía por la sala adecuando cada parte del sistema, apenas se dio tiempo de mirarlo. Quizá no debió haber hecho tal comentario. Sin duda se creía más capaz que su amigo Jota, pero tan solo el escalofrío que le recorrió al escuchar sobre un fantasma le hizo abrir la boca y cuando abría la boca podía decir cada estupidez que le saliera.

—Lo dicho, no terminó bien —dijo. Trató de restarle importancia, sin embargo el nerviosismo en su voz lo delataba.

—Sabe cuán diferentes somos Gala y yo, aun así adoro a esa chica —murmuró, observaba el suelo para no ser tan duro con él.

Larson gimoteó.

—Raz… Jota me dijo que había llegado como cualquier modelo a su consulta. Parecía normal, un modelo nuevo en ese tiempo con un software en constante actualización. No le dijo qué sucedía, ella solo pedía una revisión y eliminación de archivos innecesarios. Él lo hizo hasta que se encontró con un programa encriptado de difícil acceso. Los fantasmas tienen esa particularidad de moverse aun cuando los borras. Lo supo al instante —Se refregó los ojos—. Jota hizo lo que pudo. El archivo se movía constantemente, tantas, era demasiado y la clonación comenzó. Cuando quiso sacarla ya era muy tarde. Su sistema colapsó e incluso su hardware sufrió.

«Gala es diferente, está entrenada y tiene una cantidad de programas útiles para combatir por sí misma con lo que sea ese fantasma. Yo solo daré mi brazo para apoyarla, pero debes saber que en el momento en que ella ceda, todo estará perdido. No habrá forma de retornar y es probable… bueno, Raz…

—Usted lo ha dicho, Doc. Se trata de Gala.

Trataba de repetirse esa misma frase. Es su compañera, una muy bien entrenada compañera. Larson palmeó el hombro de Raz. Había estado caminando desde que empezó a contar aquella anécdota, temía por la reacción de Raz y temía bien. Estaba controlado, demasiado controlado.

La tensión en el lugar se disipó cuando un pulso llamó la atención del hombre. Raz miró el vidrio a un lado de la habitación y procedió a recibir el llamado de Lera quien visualizó el lugar mucho antes de continuar.

—¡Raz, no debieras hacer eso aquí! —gruñó Fedegras

—Descuide, Doc, Lera es callada —La recién mencionada asintió—. ¿Qué nos tienes?

—He enviado un archivo con toda la información, sin embargo hay un par de programas que se encontraba en sus usuarios al momento de producirse las fallas. Hay correlación entre ellas. En el cuadro verá que estan señaladas…

—¿Fallas? —preguntó Larson acercándose indiscreto—. ¿De qué tipo?

—Teniente, este es el último reporte que podré enviarle.

Raz ladeó la cabeza y la miró confundido.

—Ha habido una entrada ilegal en el sistema luego de la repentina explosión. Creemos que son grupos adversos. El director pide su presencia en el Complejo —indicó.

—Entiendo. Iremos pronto.

—¿Análisis fallidos? ¿De eso se trata?

Raz suspiró.

—Sí, Doc. Son pocos, pero en poco serán demasiados. Sin embargo…

—¿Quién entraría al sistema del complejo? Es lo que estás pensando ¿no? —preguntó absorto.

Se movió hacia el computador buscando entre archivos el sistema por el cual el complejo se regía. Raz lo observó incrédulo.

—¿Qué es? —negó—. Eso no puede ser…

—Son esquemas. No estoy muy seguro, pero hace días recibí esto como una alerta… y una tarjeta aún más extraña —indicó sacando la tarjeta de su bolsillo.

—“Finaliza la era de ellos, es hora de que la humanidad vuele” ¿Larson?

Raz miró a Gala. Se sentía perdido. Si ella estuviera ahí, seguro encontraría una respuesta tan obvia como empezó a verla en ese momento. Sus fantasmas, el ataque al complejo, los análisis fallidos… La tarjeta de Larson. Un golpe de adrenalina hizo que corriera hacia Gala y la llamara sin cesar, la agitaba y pedía que despertara, que no se dejara llevar.

—¡Haz algo! ¡Sácala de ahí! —gritó furioso.

—¡¡Lo he intentado, Raz, no puedo!! —exclamó moviendo cuanto archivo podía, deseaba finalizar con el programa, apagarlo, pero no había logrado nada.

Negó, se angustió, y miró al hombre que en ese momento trataba de retirar todos los cables que habían sido conectados a su compañera. Larson lo ayudaba, sin embargo temía lo peor.

—¡Gala! ¡Gala! —gritó. Observó a Fedegras furibundo.

—Está en sus manos. Ella es la única que puede decidir desde ahora.



—¿Los escuchas? Vienen por mí —murmuró Fauna—, pero no me puedo ir aún, Gala.

—Raz hará todo lo posible para que regrese.

Su interlocutora asintió.

—Lo sé. Tienes un amigo admirable y no deseo romper esa amistad, solo te pido tu mano para que nosotros podamos coexistir. —La vio dudar.

—Ya coexistimos. Larson es humano, mi vecina es un humano. Hay muchos de ustedes —indicó, sin embargo fauna negó.

—Larson es un humano al servicio de uno de ustedes. Quien crees que es su recepcionista en realidad es su dueño, y siempre lo has sabido, pero no puedes ir contra el modelo implementado. Lo sabes. Lo has visto, así como él hay más, pero en realidad somos pocos. Eso también lo sabes —suspiró, se levantó y tomó asiento a su lado—. En el fondo también sabes que ellos, son humanos y me están esperando.

—¿Qué pasará conmigo?

Fauna sonrió, notaba en ella la consideración. Poco a poco ella cedía y, si era así, su misión estaba por comenzar.

—Tú estarás aquí, aguardando al momento en que yo regrese por ti. Cuando todo termine y me deba ir —señaló—. Al final, habré cumplido con nuestra misión.

«¡¡Gala!!»

—No le hagas daño —murmuró refiriéndose a su compañero.

—No lo haré.

Fauna reaccionó luego de varios minutos en los que el par creyó haber perdido a la chica. Ella observó el lugar, fijó la vista en Raz y sonrió. Desde ese preciso instante, él supo que todo había cambiado. Ella giró hacia Larson quien se mantenía expectante, dudoso y nervioso, estaba considerando miles de posibilidades.

—Larson Fedegras, fuiste llamado al complejo, ¿qué haces todavía aquí?

El hombrecillo se apresuró a cerrar la boca.

—Es imposible entrar en ese lugar, ustedes lo saben. Además lo dices así como así cuando detrás de ti hay un agente de Cleran. Eso, eso es tener bolas —dijo burlón. Bufó ante la forma en que aquella chica se presentaba.

—Larson está en lo cierto —gruñó—. ¿Dónde está mi compañera?

—Gala me ha cedido su lugar por su propia voluntad. —Él negó incrédulo—. Me pidió que no te hiciera daño; cumpliré mi promesa.

Raz tomó del brazo de la chica. Ella, que había jurado cumplir, suspiró.

—Así sea de esta manera, cumpliré —murmuró.

Se movió ágilmente dando un giro por encima del hombre, lo cual hizo que fuera directo al suelo; estando ambos ahí golpeó su cabeza con fuerza. No lo pondría a dormir, pero si le permitiría correr. Alzó la vista hacia Larson y asintió. Ambos se esfumaron del lugar tomando el auto donde horas antes ellos habían usado. Raz se levantó como pudo. Daba tumbos por el lugar hasta ver su auto perderse en la marea de luces blancas y rojas.

El complejo regional había sido tomado, de alguna forma. Era impensable que aquello ocurriera. El complejo estaba rodeado de agentes y diversos sistemas que lo protegían de cualquier intruso, pero no habían tomado en cuenta algunos detalles.



Fauna accedió al lugar con un Larson asustado que miraba su alrededor temiendo ser asesinados. La verdad era otra. Los hombres ahí postrados eran tan humanos como él. Ella, que sabía de ello, tan solo le hizo una seña para que se quedara ahí mientras ella seguiría el camino hasta el estudio del Director.

El sendero se había llenado de cuerpos. Personas a quienes ella conocía, pero en ese instante no reconocía. Sabía que esas imágenes quedarían plasmadas en su mente y llegarían a Gala.

Cuando la puerta de tonos cobrizos se abrió dando paso a la mujer, el Director ya estaba esperando por ella. Con la mirada del tiempo clavada en sus ojos y las arrugas de haber celebrado una vida entera, Cleran sabía que el tiempo para él había finalizado. A su lado, el cuerpo robótico del hombre que solía usar para caminar por el Complejo había finalizado con sus funciones.

—Bienvenida, Fauna —dijo el hombre extendiendo su mano a ella.

—Señor Cleran… Ya ha empezado —dijo aceptándolo.

Él asintió.

—La humanidad volverá. Tal como fue prometido. Como fue programado desde hace tanto tiempo, sabíamos que esto tomaría años… —Recordó—. ¿Qué has hecho con ella? ¿Y Raz? —inquirió.

—Ambos están bien. Una vez termine, ambos volverán a verse —comentó—. Si me permite, director, no podemos perder más tiempo.

El hombre se movió hacia el escritorio del cual sacó una llave antigua. La coloco sobre la pared detrás de sí lo que dio paso a un gran ventanal donde varias máquinas se mantenían conectadas entre sí. Cleran extrajo un dispositivo y lo entregó. En las manos de Fauna yacía la única forma de comenzar otra vez.

—Tu trabajo es muy importante —La observó—, y yo estoy muy viejo ya para protegerte. Confía en Lera y en quienes hayan aceptado el llamado, ellos sabrán entender.

Sin ningún tipo de señal, ella dio marcha atrás. Desde que había sido programado había estado aguardando en el interior de aquel ser por el día en que tuviera que sublevarse.

—Fauna…

El director miró por última vez aquellos ojos negros que la hacían ver tan poco humana; el delgado cuerpo elaborado a punta de piezas antiguas. Era una máquina letal al que le había cogido cariño. A pesar de llamarla, no había mejores palabras que aquella mirada sincera y prudente con un significado implícito.

«Ten cuidado».

Fin

13 de Abril de 2018 às 13:55 0 Denunciar Insira 0
Fim

Conheça o autor

Ary Zabel De edad indeterminada, viajera de mundos. Hago de todo un poco y luego, si me aburro, se queda ahí.

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