Una noche perfecta Seguir história

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Gaia E.


El amor es una cosa curiosa, puede inundarnos por completo hasta derramarse sobre el mundo o golpearnos con tanta fuerza que sentimos que nos rompemos en pedazos. Puede inspirar los actos más bellos, pero también los más atroces. Viene sin permiso y se marcha de igual modo, por mucho que intentemos retenerlo. Este cuento forma parte de una serie de relatos en los que intento comprender el amor. En él una chica encuentra lo que busca en un joven que siente un flechazo por ella, pero cuando nuestro corazón ya está ocupado el amor de los otros significa poco.


Fantasia Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#fantasia #amor #343 #341
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Una noche perfecta

Reímos con pudor cuando el camarero señaló una mesa ocupada por tres jóvenes bien vestidos que sonreían y levantaban las copas hacia nosotras. Era la primera vez que íbamos a un club tan elegante y que tres chicos nos invitasen parecía un sueño hecho realidad.

Correspondimos a su saludo y esperé que se acercaran a nosotras, pero parecía que se conformaban con intercambiar miradas.

- Será posible - dije con sorna mientras me volvía hacia mis dos amigas, que rieron con disimulo.

Aproveché que había quedado momentáneamente de espaldas a ellos para bajarme un poco el escote y, con una sonrisa pícara, me encaminé hacia su mesa ignorando las súplicas de mis compañeras, que se horrorizaban ante mi descaro.

Cinco minutos más todos estábamos sentados a la misma mesa, riendo y dejándonos llevar por el ambiente relajado del lugar. Intentaron invitarnos a otra copa pero una de mis amigas se negó y, entre risas y acusaciones de feminismo, nos invitó a todos a otra ronda.

Después de la tercera yo estaba achispada y sintiéndome más valiente que nunca empecé a intercambiar miradas y sonrisas con el más atractivo de los tres, que se mostraba muy receptivo a mis encantos. Pronto nos enfrascamos en una conversación privada y antes de darme cuenta estaba levantándome y recogiendo mi bolso entre las burlas y risitas del resto de la mesa.

Ya en la calle y en un alarde de caballerosidad me abrió la puerta del coche e hizo una pequeña reverencia ante mí, yo intente corresponderle montando con modales afectados pero el alcohol y los tacones me jugaron una mala pasada; perdí el equilibrio y caí hacia él, que consiguió sujetarme en el último momento. Nos miramos durante un segundo y con un gesto impulsivo lavó mi vergüenza con un beso que yo correspondí encantada.

Me retiré azorada y con los ojos brillantes, incapaz de dejar de sonreír, él volvió a sujetarme la puerta del coche pero esta vez me ayudó a entrar.

- Mi lady - dijo con una encantadora sonrisa.

Entablamos una conversación trivial mientras él arrancaba el coche. Nos preguntamos qué estarían diciendo nuestros amigos y yo le confesé que no tenía por costumbre montarme en el coche del primer desconocido que me invitase a una copa.

- Yo tampoco suelo invitar a copas a mujeres - respondió él - solo cuando me siento impresionado. -

Seguimos hablando de tonterías hasta que me di cuenta de algo:

- ¿Dónde vamos? -

- A mi sitio especial - respondió él, enigmático.

- ¿Y dónde es eso? - Insistí.

- Ya lo verás -

Observé el paisaje por primera vez y me percaté de que los apartamentos de la ciudad habían dado paso a las típicas casitas de extrarradio y aún seguíamos avanzando.

Me quede en silencio, mis amigas sabían con quién me había ido pero ¿alguien sabía dónde estaba? apenas había hablado con él durante un par de horas, parecía un buen chico pero ¿no lo parecen todos?

Antes de que mis preocupaciones pudieran ir a más noté como reducía la velocidad e introducía el coche por un desvío que, debido a los matorrales que cubrían el arcén, pasaba desapercibido para quien no lo conociera de antemano. Traqueteamos unos metros por el camino sin asfaltar y finalmente detuvo el coche a un lado de la vía. El sonido del freno de mano me devolvió a la realidad y me hizo consciente de la situación.

Él se guardó las llaves en el bolsillo y me miró fijamente.

- Creo que tendrás que quitarte los zapatos – dijo.

- ¿Cómo? - pregunté confundida.

- ¿No sabes donde estamos? -

Negué con la cabeza. Él se limitó a sonreír y bajó del coche, rodeándolo para abrirme la puerta y ofrecerme su brazo, que tomé con toda la elegancia de la que fui capaz.

Apenas habíamos andado unos minutos por el camino de tierra cuando, al doblar un recodo, se abrió ante nosotros una extensión de arena y agua.

- !La playa! - exclamé sin poder contenerme.

- ¡Claro! - rió él - ¿no habías oído el mar? -

- Creo que me distraes demasiado -

Sonreí mirándole a los ojos, gesto que debió quedar muy bonito pero me hizo trastabillar de nuevo.

- Tenías razón con lo de los zapatos - dije mientras me apoyaba en él para quitármelos.

La noche no era especialmente calurosa y la arena estaba fría al tacto. Exceptuando algún caminante solitario que se recortaba a lo lejos nos encontrábamos solos bajo las estrellas, con el rumor del mar de fondo.

Él se sentó, se quitó los zapatos, hundió los dedos entre la arena y cerró los ojos, dejando que la brisa marina acariciase su rostro. Me senté a su lado con dificultad, luchando contra mi estrecho vestido.

Permanecimos un rato en silencio, observando las olas negras que llegaban hasta la arena.

- ¿Por qué me has traído aquí? - pregunté por fin

No respondió inmediatamente, pero cuando lo hizo su voz parecía distante, como si sus pensamientos estuviesen muy lejos.

- Es verdad lo que te dije de que no suelo invitar a copas a mujeres, pero cuando te vi en el club... no sé como explicarlo, no podía dejar de mirarte, de pensar en ti. Ni siquiera prestaba atención a lo que decían mis amigos, me torturaba pensando que en cualquier momento te levantarías y no volvería a verte nunca más. Y cuando por fin me atreví a invitarte a algo para llamar tu atención, fui incapaz de acercarme a ti. No me considero una persona tímida pero cuando vi como te levantabas y venías hacia nosotros... se me paró el corazón, me pareció que la distancia entre las mesas era infinita. -

Reí con nerviosismo. Nunca me habían hablado así, era simplemente perfecto, lo que llevaba buscando desde el principio.

- Te he traído aquí porque es un lugar especial para mí, vengo cuando necesito pensar o me ocurre algo importante - miró al cielo - parecía adecuado. -

No supe que decir, entrelacé mis dedos con los suyos y nos fundimos en un largo beso. Podía sentir como crecía su excitación y su mano comenzó a acariciarme el muslo, buscando. Me aparté de él.

- Aquí no - jadeé.

Me miró sin comprender.

- Vamos a mi casa - dije mientras me levantaba.

- - - - -

Salimos del coche ya sin ceremonia, con prisa. Se me cayeron las llaves al sacarlas del pequeño bolso y creó que me dejé los zapatos. Ni siquiera me molesté en encender la luz de la entrada, me di la vuelta y comencé a besarle incluso antes de cerrar la puerta.

- Quítate la camisa - susurré mientras me internaba en la penumbra del pasillo.

Él me siguió y, en ese momento, una de las sombras se convirtió en una figura que rodeó su pecho en un abrazo constrictor, le desgarró la laringe en un solo gesto y enterró sus labios en la carne desgajada. Al abrir la boca para pedir ayuda de ella solo salió un borbotón de sangre y una especie de gorgoteo.

Los dos cuerpos permanecieron unidos hasta que él dejó de agitarse, cuando se quedó inmóvil la figura lo dejó caer como si fuese un fardo y se irguió en toda su estatura.

La cálida luz de las antiguas farolas penetraba a través de la ventana del salón, iluminando con la enorme silueta. Estaba cubierto de sangre, que brillaba roja sobre su piel y goteaba en silencio sobre la alfombra, sus pupilas dilatadas al máximo destacaban dentro del iris azul pálido y de su boca entreabierta afloraban dos largos colmillos manchados de rojo.

- Me has servido bien - susurró sin mover los labios.

El olor de la sangre me excitaba y, pasando por encima del cadáver tirado en el suelo, me abalancé sobre é, que me envolvió en un maravilloso abrazo.


16 de Abril de 2018 às 00:00 0 Denunciar Insira 0
Fim

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