El nigromante Seguir história

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Gaia E.


Las comunicaciones con la ciudad vecina se han interrumpido y los rumores sobre un gran mal que se alza ahora en esa tierra son cada vez más preocupantes. Los mensajeros enviados en busca de nuevas nunca regresan y finalmente el senescal decide enviar a su ejército. Historia inspirada por la imagen de portada.


Fantasia Todo o público.

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El nigromante

Rompía el silencio el pesado traqueteo de las botas metálicas al chocar contra el suelo. Mil hombres marchando sin intercambiar palabra es un espectáculo imponente, pero quedaba eclipsado por la tenebrosa escena del paisaje que les rodeaba.

Encabezando la marcha se encontraba el famoso general, veterano de un centenar de batallas, con la piel rasgada por las cicatrices y el alma llena de heridas abiertas. Tenía fama de no sentir miedo y así solía ser, pues la muerte no le asustaba e incluso, en el fragor de la batalla, la despreciaba. Sin embargo en aquel lugar sus ojos se movían inquietos, intentando cubrir todas las direcciones al mismo tiempo.

Las huestes avanzaban. Donde un hombre ponía el pie retrocedía la desagradable niebla verdosa que cubría el suelo como un ser vivo que se asusta ante la presencia humana, pero cuando el pie se retiraba volvía terca para reclamar su parcela, manteniendo imperturbable la esencia del lugar, cerrándose como un velo que cae para ocultar una expresión inevitable. Completando el cuadro, llegaba hasta ellos el penetrante olor de la descomposición que los veteranos tan bien conocen, pero no había rastro alguno de cuerpos vivos ni muertos, la escena al completo era un mar de niebla y desolación.

El general se detuvo y con él cesó gradualmente el sonido de la marcha de los soldados, sustituido por los murmullos de incertidumbre que se propagaron entre las filas. La vanguardia observaba en silencio el agujero en la muralla que había reemplazado al otrora imponente portón, ahora hecho pedazos que asomaban de forma grotesca a través de la inmunda niebla. Al otro lado se alzaba el esqueleto en ruinas de la que había sido la más orgullosa Ciudad-estado del continente. Ni un alma excepto la de los cuervos que les observaban imperturbables desde los postes y las farolas consumidas.

"Hemos llegado tarde"

Las palabras del general, susurradas de forma irreflexiva, quebraron el silencio de ultratumba que reinaba en el lugar y se transportaron como por arte de magia negra hasta los oídos de todos sus hombres, perturbando aún más sus ya alteradas mentes. Tenía órdenes de colaborar en la defensa de la ciudad y en otras circunstancias habría buscado supervivientes, pero su mente, su corazón, incluso sus mismas entrañas le gritaban que tenía que abandonar aquel lugar maldito cuanto antes.

Al volverse para indicar la retirada la espesa niebla que cubría el terreno comenzó a reptar entre las piernas de los soldados, arremolinándose frente al hueco de la muralla, retorciéndose y creciendo ante los ojos espantados de los hombres hasta formar la figura de un anciano ataviado con una túnica negra que les observaba desde unos ojos podridos, vacíos de toda vida y expresión. La figura recordaba a un ser humano, pero grotescamente deformado: el pelo le caía muerto sobre los hombros, de los que emergían extrañas espinas de diferentes tamaños, entre su barba trenzada se adivinaban las telarañas y surcaba su mejilla el recuerdo de una lágrima negra.

Presa del pavor, el general no pudo evitar retroceder varios pasos, chocando con el oficial a su espalda y desencadenando el intento de huida de quienes, por encontrarse al frente, habían visto la aparición y se veían obstaculizados por sus hermanos aún ignorantes.

Al advertir el gesto el macabro anciano abrió la boca y de ella surgió un sonido infrahumano que heló la sangre de quienes todavía se mantenían estoicos al tiempo que alzaba de entre los pliegues de su capa unas manos huesudas con las que, haciendo un simple ademán, conjuró una esfera de color verde brillante que comenzó a capturar la niebla a gran velocidad. Ésta parecía resistirse y de ella surgían tentáculos de humo que se retorcían y enroscaban sobre sí mismos, pero de esta pugna pocos hombres se percataron, pues al despejarse el nauseabundo manto se ofreció ante ellos un espectáculo infernal.

Los cuerpos de los habitantes de la ciudad yacían amontonados a los lados del camino, con horribles heridas desgarrando la carne medio podrida, las cuencas vacias mirando al cielo y las bocas abiertas en muecas silenciosas. Se mezclaban campesinos, nobles y soldados, había por igual hombres, mujeres y niños, ni un solo alma había escapado a la carnicería.

A medida que se extendía sobre la escena el inhumano grito del anciano los cadáveres comenzaron a agitarse y tropezar entre ellos en su intento de arrastrarse hacia los vivos, avanzando de manera lenta pero inflexible como una horrible avalancha de carne. Los soldados entraron en pánico, intentaron escapar pisándose los unos a los otros, hubo quienes desenvainaron las armas e hirieron con ellas a sus propios compañeros en un intento desesperado de escapar de la horrible visión. Cuando los muertos vivientes alcanzaron a los primeros hombres los gritos de agonía se mezclaron con la interminable nota del nigromante.

El general observaba con impotente horror como sus hombres eran destrozados sin piedad alguna, pero ni uno solo de los seres se acercó a él. Cuando la horda terminó por fin su cruel labor, el brujo hizo un gesto y de la esfera surgió una repulsiva nube verde que comenzó a reptar por las piernas del aterrorizado caudillo, cuyos gritos y aspavientos tratando de deshacerse de ella contrastaban con la quietud que el fin de la masacre había traído al lugar. La niebla pronto alcanzó su rostro y se introdujo en su interior a través de sus ojos, su nariz, su boca.

Ahora marcha a través de los bosques un ejército maldito compuesto por miles de cuerpos sin alma. A su paso se extiende una niebla sobrenatural y guía su marcha el cascarón vacio de un hombre con los ojos muertos y la piel rasgada por las cicatrices.




7 de Abril de 2018 às 14:54 7 Denunciar Insira 3
Fim

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Carlos Garrido Carlos Garrido
Me ha encantado el relato (sobre todo, la capacidad para recrear la escena de foma tan gráfica). No voy a mentir, de antemano lo había desechado al tener una portada sin texto y con una imagen genérica (es la que tenía de fondo de escritorio hasta no hace mucho), pero este caso ha sido uno de los mejores ejemplo sde no juzgar un libro por su portada. No m eimportaría leer más sobre este nigromante :)
4 de Maio de 2018 às 05:38

  • G E Gaia E.
    Gracias, yo también he tenido esta imagen de fondo de escritorio durante mucho tiempo, de hecho fue lo que inspiró la historia, por eso la elegí. 4 de Maio de 2018 às 05:44
Amaia de Navarro Amaia de Navarro
Escribes muy bien, tanto que es atrapante. Explicas mucho en pocas palabras.
15 de Abril de 2018 às 18:12

Luis Ignacio Muñoz Luis Ignacio Muñoz
Muy interesante tu relato, la verdad hacía años no leía esta clase de historias que tu escribes y me acerqué por la curiosidad de saber como escribías. Interesante. Voy a leer luego otros de tus relatos. Un saludo.
9 de Abril de 2018 às 21:59

  • G E Gaia E.
    Gracias por tu comentario, me alegro de que te haya gustado. 10 de Abril de 2018 às 05:01
~