Ahmena y Dhivano Seguir história

mrsemerena Jorge Semerena

Un romance intenso y rodeado de tragedia. una Gitana y un Rey (padre del Príncipe) que perdiera la cordura tras la muerte de su esposa. Ellos vivirán una historia dolorosa.... Todo parte de la Maldición de la Luna Negra. *Este trabajo es una colaboración con su autora LULISKY quien fue quien creó la historia y los personajes. Yo solo le di forma y estilo


Romance Para maiores de 18 apenas.

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¡Tragedia! La Maldición de la Luna Negra

Se dice por ahí que existe una noche en particular que, dará por regalo a aquellos que llegan al mundo en ese momento: ¡Dolor, tragedia y muerte! Esa será su recompensa. Es el premio destinado para aquellos que nacen en la "Noche de la Luna Negra". Es un cuento gitano muy popular que habla de un destino triste y trágico para aquellos que nacieron en esa noche tan peculiar. Tragedia, dolor, desventura y sufrimiento son los regalos que recibirán aquellos que nacen marcados por la Luna Negra.

Mi nombre es Nadina, una simple sirvienta en el castillo de su majestad, el Rey Louis Edouard, el legendario Rey Mezquino. Un hombre frío y calculador, déspota, cruel y manipulador con todos y cada uno de sus sirvientes. Miembro del clan de los Urbino, una familia muy importante dentro de Francia. Si tuviera que definir al monarca con una palabra, esa sería porte. Siempre estuvo consciente de su posición e, incluso, se la recalcaba a todo aquél que trabajara junto a él. Eso me incluyó a mí y... A una persona muy especial para muy especial... Su hermano, el Canciller Leonilo.

Una de esas Noches de Luna Negra tuvo lugar en 1496, momento en que nació un niño muy especial, hijo de mi amiga, casi mi hermana, la Reina Madeleine de Urbino. La mujer más generosa de toda Francia y la más hermosa, ella era la única capaz de apaciguar el terrible carácter de su marido. Si Louis Edouard era el músculo, la fuerza del reino, Madeleine era el corazón, la que llevaba la carga del gobierno con un poco más de suavidad. Por eso, la gente la quería mucho, tanto como los sirvientes del castillo. El pequeño, mi querido Dhivano, quien estaba destinado a convertirse en el sucesor de su padre, es decir, él sería el príncipe de la casa de los Urbino. Un niño marcado por ese cariño hostil y tóxico, sobre todo de parte de su padre, el Rey, una atmósfera que abundaba en la realeza de la época. Y si estaban pensando que esa era la tragedia que le deparaba al infante, están muy equivocados, esa está por comenzar. Justo en aquella noche de parto, un momento de gozo total y alegría suprema... ¡La muerte llegaría a asomar su cadavérica mano! La reina Madeleine tendría la desgracia de morir mientras traía al mundo al pequeño Dhivano.

Sin embargo, esta historia tiene dos mitades, la primera le corresponde a Dhivano, sin embargo, hay otra participante. Una pequeña niña, Ahmena Leroy, ella fue abandonada en el momento de llegar al mundo y hubiera muerto si no fuera por la providencial intervención de un grupo de gitanos que la rescataron. Estas dos partes individuales estarían destinadas a encontrarse, a juntarse y amarse en el futuro. Pero, ¿cómo se imaginan que será un amor entre dos personas marcadas con la maldición de la Luna Negra? Yo les puedo decir que la desgracia y la tragedia los marcarán a ambos, de maneras diferentes por supuesto.

Aquél grupo que rescató a Ahmena, de ellos puedo decir que eran unas personas muy especiales. Para empezar, pertenecían a una etnia muy particular, los Gitanos. Rodeados de misterio, tradiciones, misticismo y tradición. Ellos eran muy orgullosos, habilidosos con las manos, la magia, el uso de la espada. El lugar donde la encontraron era particularmente hermoso porque la Luna Negra, a pesar de su color, emitía destellos centelleantes que se reflejaban en las aguas del río, los sonidos que se captaban eran los de las cigarras. Todo sumido en una total obscuridad, pero se percibían sonidos, ya sean de los animales o de los grupos de gitanos viajeros que se movían por aquel paraje. Entre los que se encontraban, los salvadores de Ahmena, por supuesto.

Ellos se establecieron ahí y prendieron una fogata para calentarse en esa fría noche. Mientras estaban pendientes de lo que decían los otros clanes de gitanos. Sus cantos poderosos y sus bailes enérgicos alegraban la noche tan negra. Pero, ¿quiénes eran esos gitanos? Tres hermanos, hijos del mismo padre y de la misma madre. La primera de ellos era Lubadine Leroy, cariñosamente conocida como Luba, era una mujer de unos 25 años, ciega de nacimiento, pero se destacaba por su adorable y cariñoso carácter, cosa que se veía reflejada en su rostro y figura. Se puede decir que su semblante era un poco tosco, debido a su mentón puntiagudo y a sus pómulos pronunciados, también tenía unas cejas particularmente bien definidas. Además, tanto su nariz como sus labios eran delgados. Su pelo era largo y rizado, además, de estar adornado con un pañuelo del cual se podían escuchar unas monedas que colgaban de él. Y sus blusas eran holgadas y escotadas, además de que le gustaban las faldas largas las cuales lucían mucho debido a la notable figura de Lubadine.

El segundo de los hermanos era Poupi, quien tenía 21 años, pero, su conducta era la de un hombre mucho menor debido a que presentaba un problema mental que hacía que su conducta fuera la de un niño pequeño. Aunque Poupi no era físicamente agradable, debido a ciertas malformaciones en su cuerpo, como su boca chueca o el paladar hendido que le dificultaban gesticular correctamente y poder pronunciar ciertas palabras. Además, sus ojos eran grandes y saltones, uno de estos tenía un tumor, lo que le dificultaba un poco la vista y reducía su campo visual. Los tumores eran marcas comunes en todo el cuerpo de Poupi, debido a su condición. Desgraciadamente, como suele ocurrir con criaturas como Poupi, todos a excepción de sus hermanos lo veían como un monstruo y se alejaban de él. Curiosamente, a pesar de ese exterior tan poco agraciado, se escondía el alma más caritativa e inocente que pudiera existir. No solo tenía la conducta de un niño, sino también su inocencia y su nobleza, era incapaz de hacer cualquier tipo de daño. Sus ropas consistían en una camisa de mangas holgadas (o camisas poeta) combinada con un chaleco y sus pantalones de lino.

Por último, Athenois Leroy un hombre de 34 años sano, fuerte y con una inteligencia notable. Un magnifico espadachín y un maestro ladrón, siendo una de las actividades más relacionadas con los gitanos en la época (y motivo por el cuál no fueran muy bien recibidos en las ciudades a las que llegaban). Otro elemento que destacaba de la personalidad de Athenois era su amplia cultura, era un hombre capaz de leer, escribir y, además, construyó unos cubos con letras grabadas, los cuales utilizó para enseñarle a su hermana Lubadine a leer. Físicamente era muy atractivo, que evidenciaba su largo cabello castaño, su característica piel morena clara y, por supuesto, la barba y bigote tupido, bien definido y que lograba atraer varias miradas hacia él, pero nada como esa mirada hipnótica y esos labios masculinos. Aunque, la personalidad del joven Athenois, era otro poderoso imán, por principio de cuentas, estamos hablando de un hombre muy responsable que ponía en primer lugar a sus hermanos, para él ellos lo eran todo.

Aunque hay algo chistoso, en el sentido más estricto del humor negro, resulta que los hermanos Leroy y la pequeña Ahmena estaban hermanados por una simple cosa: UN DESTINO TRÁGICO. Un camino de dolor y sufrimiento, una senda de triste abandono. Ahmena fue abandonada por unos padres asustados, que no tuvieron más opción que dejarla a su suerte, mientras que los Leroy perdieron a su familia de una manera diferente. El jefe de la familia Leroy, su padre era conocido por sus constantes agresiones hacia sus hijos, era violento con ellos y les pegaba con mucha frecuencia, como si estuviese enojado con ello, como si algo imperdonable le hubieran hecho. Se puede decir que, de alguna manera, ese hombre los odiaba porque Lubadine era ciega y Poupi era un monstruo deforme.El único que se salvaba de su furia era Athenois. Incluso, en presencia de la madre, el Señor Leroy expresó que él mataría a sus propios vástagos diciendo que los arrojaría de un puente. Tan de idido estaba que le exigió a su esposa que le entregara a las pobres criaturas para cumplir sus amenazas. Sin embargo, el amor de madre la hizo fuerte y resistió a las peticiones de su marido. Ese acto, haber preferido a sus hijos, a su tesoro en lugar de doblegarse a las demandas de su demente esposo le costaron caro. Golpes, maltratos y agresiones también fueron lanzados contra aquella noble mujer.

Aunque era pequeño y él no le tocaba recibir la ira del jefe de la familia Leroy, su padre, él intentaba proteger a sus hermanos, incluso, a su propia madre. Era un acto tan noble y valiente. Era algo sublime, aunque, para algunas personas pudiese parecer tonto y ridículo, puesto que la fuerza de un niño jamás rivalizaría contra la de un hombre adulto. Siempre hubo una pregunta que rondaba por la mente del niño "¿Por qué mi papá nos odia tanto?" No entendía el motivo que lo llevaba a atacar y lanzar golpes contra lo más valioso que existe: SU FAMILIA. Su carne y su sangre después de todo.

Esa pregunta y esa tribulación pronto pasarían a segundo término, `puesto que una noche sucedió algo que cambiaría sus vidas para siempre. Resulta que el Señor Leroy llegó en su acostumbrado estado de embriaguez, lo cual no era nada nuevo, excepto por un detalle, se le sentía un olor a bebida más intenso de lo normal, lo que indicaba que había estado consumiendo más vino del que normalmente bebía. Lo que comenzó como una típica golpiza hacia su esposa y compañera de vida, esa noche escalaría varios peldaños en la escala de lo aterrador, de lo horrido y perturbador. Para comenzar, los golpes que tiraba eran más feroces que de costumbre, se sentía una profunda ira y frustración en aquél despojo de hombre, como si estuviera poseído por algo. Tumbó varios dientes de la Señora Leroy durante su ataque. ¡Todo era caos! En ese momento, el mundo y la mente del pequeño Athenois se resquebrajaron de manera acelerada. La primera reacción fue el desconcierto y el temor, no sabía cómo reaccionar.

Luego, movido por el instinto protector que había desarrollado, ese pequeño trató con todas sus fuerzas de proteger a su familia, pero sus pequeños esfuerzos eran inútiles "¡Cómo odio ser pequeño!", así se reprendía a sí mismo Athenois al no poder hacer nada. Por otro lado, su madre, intentando salvar asus hijos y, como una respuesta al noble acto de su hijo mayor, trató de sacarlos de la casa como pudo y se fueron los cuatro en dirección al bosque.

Entre tumbos y gritos, aquel hombre intoxicado de alcohol, pero también por una sed de sangre se dirigió en persecución de sus víctimas: ¡NO HABRÍA PIEDAD PARA NADIE ESTA NOCHE! Su proceder era extraño, ya no parecía un hombre, más bien era como una bestia movida por sus instintos, era como si todos sus sentidos estuviesen aumentados porque no le costó trabajo seguir y encontrar a su esposa e hijos. Él iba acompañado de su fiel estilete, el cual tomó y con una sonrisa de éxtasis que rozaba en el sadismo más puro, se acercó a la que fuera su compañera de vida, dispuesto a tomar su vida como precio a su rebeldía, por no doblegarse a su voluntad... ¡POR SER UNA TRAIDORA! Y así fue, súbito y rápido, un solo golpe preciso acabó con aquella mujer, rebanando su cuello y haciendo brotar los borbotones de sangre, luego unas puñaladas en el pecho, solo para rematar y para darse gusto.

Una vez consumado y, ya entrado en calor, se sintió motivado para terminar aquella tarea que no pudo acabar. ¡Matar a esas basuras que se llamaban sus hijos! Era lo único que rondaba por su mente enferma e intoxicada. Sin embargo, aquel hombre no contaba con algo esa noche. Resulta que, así como él, su primogénito estaba presentando una transformación aterradora. Solo qué, a diferencia de su padre, el pequeño Athenois no estaba intoxicado de alcohol, tal vez de ira por ver el poco aprecio que ese hombre sintió por la que fuera su madre y por el deseo latente y expreso de querer matar a sus hermanos. Fuerzas extrañas brotaban del niño, era lo que se llama "el instinto de supervivencia", "el temor a la muerte" lo que le movió a tomar una gran piedra y azotarla con todas sus fuerzas y el impulso que pudiera reunir contra la cabeza de su verdugo noqueándolo en el suelo. Y ahí, tirado e incapacitado como estaba, Athenois tomó el estilete que le quitó la vida a su madre para enterrarlo hasta donde pudo dentro del pecho de ese hombre. Y momentos después, como si se hubiera roto el trance en el que estaba, aquel niño se dio cuenta de lo que había hecho y pasado. Estaba lleno de n profundo dolor puesto que había perdido a su amada madre.

Después decidió enterrarla, con la ayuda de sus hermanos en aquel bosque y les juró que, mientras él viviera, siempre los cuidaría. Juró que jamás volverían a vivir una experiencia tan horrible como esa. Ellos vivieron en los alrededores del lugar por un tiempo. Siempre aterrados porque algún oso o cualquier gran bestia pudiera matarlos. Pero, al final, el gran sentido común y la inteligencia de Athenois los mantuvieron vivos y a salvo. Y se hubieran quedado en ese bosque de no ser por la aparición de un buen hombre llamado Pinaud Lombard, quien alguna vez tuviera una familia y que era gitano, como ellos. Pinaud los acogió y los crio como si fuesen suyos. Les enseñó a leer y a escribir. Pero, puso especial atención en Luba y Poupi porque quería que ellos fueran independientes y capaces a pesar de sus limitaciones físicas. Athenois aprendió de él sus habilidades como espadachín y ladrón. Se puede decir que encontraron en aquel extraño al padre que nunca tuvieron.

La crianza que les dio Pinaud tuvo frutos, ya que el trío era capaz de vivir y ganarse el dinero con sus habilidades, sin molestar a nadie. Lubadine daba espectáculos callejeros, en ocasiones, Athenois participaba en las puestas en escena, aunque también le gustaba hacer exhibiciones con su espada y, de vez en cuando (y con la desaprobación de su hermana Luba) robaba, para que ellos pudieran tener el dinero necesario para comer. Dentro de lo que cabe, se puede decir que vivían sin molestar a nadie. Eran itinerantes, se movían por toda Francia y se establecían en los bosques cercanos a las ciudades donde llegaban. Y esa fue la historia de quienes se encargarían de la pequeña Ahmena.

Por otro lado, la familia de mi muy amado Dhivano, se puede decir que su padre, el rey Louis Edouard XI de la casa de los Urbino, descendiente del rey Carlos VII y que siguió firmemente la política de su padre. Y esa estaba enfocada en una sola cosa: LOGRAR SU RECUPERARA SU ANTIGUA GLORIA Y SEÑORÍO. Y uno de los responsables de la pérdida de poder de su casta fue su primo, Carlos de Lancaster. Por eso y siguiendo los designios de su padre, Louis Edouard se levantó en una revolución feudal para poder recuperar esa fuerza que le fuera arrebatada Era un hombre altanero, lleno de ese aire de superioridad (uno podría decir que hasta intoxicado) que caracteriza a los aristócratas de la época. Amaba las jerarquías y constantemente se las recordaba a todos aquellos que estaban bajo su mando, de una manera hiriente y hasta humillante, con cierto grado de sadismo a la hora de recordar su superioridad.

La historia entre dos primos fue agresiva y llena de batallas. Louis Edouard logró convertirse en la "piedra en el zapato" de su primo, El Duque de Borgoña, Carlos de Lancaster, también conocido como "El Temerario". Resulta que el rey Louis Edouard logró adueñarse de varios territorios de Borgoña.

Sin embargo, había otro problema en aquella rivalidad. Resulta que la cuestión de la herencia era un problema puesto que no había descendencia masculina, por lo tanto, la cuestión sucesoria era también motivo de lucha. Pero esa sucesión interminable de batallas se vería terminada con el Tratado de Arrás, en cuyos términos establecía que Louis Edouard se llevaría la corona francesa, eso sí, el centro de mando real se ubicaría en territorios de Borgoá. Mientras que Carlos de Lancaster tendría el control de los Señoríos de los Países Bajos.

A pesar de que se había convertido en monarca, su reinado no fue nada fácil. Ya que someter a los grupos militares del país no fue algo fácil, sin embargo, pudo hacerlo. Además, durante su reinado, Louis Edouard mejoró el sistema de tributación y con eso pudo crear su propia armada. Esa estructura miliar naciente era autosuficiente porque contaba con su propia artillería, lo que disminuía la necesidad de usar las levas feudales. Entre las funciones del ejército se encontraban la de proteger y apoyar a los administradores del Reino y, sobre todo, a los encargados de impartir justicia.

Y es en ese momento cuando la vbida de Jefe de Estado de Louis Edouard terminaría, ya que conocería a quien fuera el "eterno amor de su vida", la Duquesa de Bretaña, Madeleine de Bretaña en 1491, esto provocó que el ducado fuese llevado a terreno francés. Eso significó que se había acabado el último principado autónomo y que todos esos territorios estaban ya en manos de la corona de Louis Edouard. Y contrario a la tradición (que los poderes reales se encontraran en París) el nuevo monarca decidió que despacharía desde Nantes, este lugar había sido el "hogar ancestral por tres generaciones", además, el pasaje tranquilo le ofrecía al Monarca la posibilidad de que su familia estuviera cómoda y saliera del ambiente de la capital francesa. Pero, uno de los motivos más poderosos para la decisión de la cabeza del reino era porque su esposa era originaria de ese lugar. Por eso tenía un especial cariño por aquella tierra, pero, también figuraba sus hermosos paisajes. Y, ya hablando de cuestiones estratégicas, era un punto neurálgico para campañas militares.

La Familia Real se estableció en el Castillo de Nantes, hogar de los Duques de Bretaña. Una fortaleza construida en piedra blanca que terminaba con unos pequeños estandartes. Esta obra arquitectónica es una de las más emblemáticas en Nantes. Pero no solo era hermosa por la imagen plástica que proyectaba, sino también porque era militarmente útil, lo que se mostraba con la amplia cantidad de ventanas para que los arqueros defendieran la edificación. También estaba debidamente amurallada para evitar cualquier tipo de ataque externo. Su extensión era de 500 metros y se encontraba de cara a la ciudad. Y su forma era de ronda, además de contar con 7 torres que estaban unidas por cortinas. Sus capiteles en las ventanas y los adornos que tenían sus paredes le daban un aire más palaciego que señorial. Contaba con habitaciones majestuosas, talladas, con muchos detalles, como si hubieran sido mandadas a hacer. El edificio era una construcción gótica flamengo cautivadora. Rodeado de bosques y acompañado por el Gran Río Loira. Por supuesto, había otros castillos donde habitaban otras familias reales, pero eran de menor importancia. El dominio de Louis Edouard era mucho mayor que el de su primo Carlos de Lancaster.

Cuando el Monarca del Clan Urbino se enteró que su esposa Madeleine estaba embarazada, el hombre se emocionó muchísimo, especialmente por la idea y la posibilidad de que su hijo fuera varón, ya que así su linaje real estaría asegurado, ya tendría a quién pasarle la corona. Pero había algo que lo ponía más feliz y eso era el gran amor que sentía por su esposa. Y es que este hombre tenía una escala de prioridades muy clara: Primero su esposa, segunda su hijo y tercero su reino y su poder.

Y hablando de la Reina, ella era una mujer hermosa, tanto por fuera como por dentro. Por supuesto, la consorte real no estaba totalmente de acuerdo con los modos de su marido. Pero ella tenía una cualidad, ser la única persona capaz de calmar y moderar las agresivas y beligerantes reacciones de su compañero de vida. Y es que, las personas más cercanas al Monarca sabían perfectamente que el lado más oscuro de Louis Edouard no había salido a flote gracias a la intervención de Madeleine de Urbino. Por supuesto, como toda mujer, ella estaba emocionada por la llegada de su hijo. Aunque desconocía que ese nacimiento feliz, estaría aderezado con un terrible evento: SU PROPIA MUERTE al dar a luz... La Maldición de la Luna Negra empezaría sus efectos.

3 de Abril de 2018 às 22:56 0 Denunciar Insira 1
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