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La carta anónima

No voy a decirte mi nombre. Solo quiero que sepas que durante el día soy un hombre común y corriente con un trabajo normal. Tengo casi cuarenta años, no tengo mujer ni hijos y vivo en un piso de soltero en un barrio que podría ser el tuyo. En realidad, durante toda mi vida he sido una persona tranquila. Hasta darme cuenta que por las noches sentía una extraña sensación. Algo como un deseo incontrolable. Al principio pensaba que solo se trataba de aburrimiento o soledad, pero luego me di cuenta que era algo más parecido a tener hambre o sed. Ya me había cansado de ser un simple número de la seguridad social, un votante que convencer, en resumen, un simple don nadie. Entonces comprendí que cualquier hombre, hasta el más anónimo, puede convertirse en un ser todopoderoso. Así que empecé a salir por la noche, en mi coche. Al principio solo daba vueltas sin rumbo, fantaseando sobre cómo y dónde llevar a cabo mis planes. Mi primera víctima fue una prostituta que trabajaba cerca de un descampado, una mujer travesti brasileña. Contraté sus servicios, la llevé a mi casa y la estrangulé en cuanto me dio la espalda. Aquello me hizo sentir fuerte, como un superhéroe que acaba de descubrir su superpoder. Fue así como empecé a matar por diversión. Para sentirme bien. Para sentirme realizado. Por fin había encontrado un verdadero sentido a mi vida. Solía salir de caza una vez cada dos o tres meses, siempre de noche. Buscaba víctimas fáciles. Cualquier persona sola, indefensa, frágil. Gente que estaba pasando por un mal momento o simplemente personas que podía dominar físicamente. Según mis cálculos he matado a trece personas en los últimos tres años. Ten cuidado. Guárdate las espaldas. ¡El siguiente podrías ser tú!

29 de Janeiro de 2023 às 18:53 0 Denunciar Insira Seguir história
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