Naloxona Seguir história

maiondrugs1022 Punk Ass Bitch ♀

Mata el tiempo// tienta a la droga// escucha esta historia// más, te digo hay dos diosas// y es el Valium// la heroina con creces// el delirium.// Olya solo necesita que le abraces...


Drama Impróprio para crianças menores de 13 anos. © copyright

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Em progresso - Novo capítulo Todas as Sextas-feiras
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4 a.m.

      4a.m. La mayoría de historias felices empiezan al amanecer, pero esta no es una historia feliz. En un apartamento de la calle Talbot, Irlanda, se esconde la figura de una joven algo complicada. Su nombre es Olya Smirnova. Hay días en los que todo va bien y aún así se siente triste. Echa de menos cosas que no debe y se esconde en refugios de alcohol y alcohol. Su felicidad es tan voluble como un cigarro. "Mente adolescente" dicen los más adultos, sin saber que las ventanas de su habitación la han visto luchar contra gigantes. Hay días en los que no puede luchar y en los que parar de llorar es el mayor reto a conseguir. E incluso en ese mar de lágrimas, hundido junto a la nostalgia, cada tarde brotan azulejos de pasión. La carne le arde en rabia y lleva puesto el anillo rojo esmeralda que le regaló su hermano, con la contradicción en sus manos. Esta mezcla de colores alternos es lo que define su vida: un sin cesar de desengaños y tormentas. Su piel nuclear está hecha al roce de la aguja, complementada por varios moratones y cicatrices, de historias de autolesión.

El ambiente en la habitación está cargado de humo, tan denso que es casi imposible respirar, pero eso no importa cuando quieres asfixiarte. Enciende un cigarro. La primera calada calma el ansia de nicotina, como el agua al sediento. Le vienen recuerdos de su temprana adolescencia, cuando su abuela descubrió su adicción al tabaco. La anciana era una señora tozuda y bruta, pero en contra de la violencia verbal y física. Aún así eso no impedía que todos sus conocidos la temiesen. Al verle con un cigarrillo en la boca, la cogió del brazo y la metió en su coche. Cerrando las ventanas y puertas encendió un puro y pronto el coche se llenó de un aroma dulzón vomitivo, que embotelló la cabeza de Olya. Ansiando respirar oxígeno puro empujó la puerta trasera y calló al asfalto. No pudo contener el desayuno en el estómago y lo echó todo. Su abuela no le sujetó el pelo, no acudió a socorrer a su nieta. En vez de eso dijo, expulsando el humo de los pulmones: "Que sepas que te has metido tu solita en esto; es tu culpa".

Olya dejó de fumar de golpe, y justo de esta manera empezó de nuevo. Aún no sabía el por qué. A lo mejor era por la frase de "fumar mata". Porque sí, valoraba bien poco su vida. ¿Una camarera fumeta? ¿A quién le importaba su vida?

Oye pasos en el portal; Niky ha vuelto. No va a recibirle. No va a recibir a su novio. Le quiere, o eso piensa, pero ir a recibirle se asemejaría a las películas estadounidenses en las que el marido vuelve a casa después de un largo día de trabajo, y Niky no vuelve del trabajo; vuelve de comprar heroína.

La puerta se abre y la poca luz de las farolas que se filtra por la persiana, jugando con el humo pesado, hace ver la delgada y alta silueta de Niky.
-He vuelto.
-No jodas...
-Ja, ja... odio tu sarcasmo.
-Estoy hecha de sarcasmo e ironía mi amor.- Y lanza un beso al aire, señal de que incluso eso último iba con sarcasmo, porque nunca le llamaba amor, eso era cosa de las películas románticamente vomitivas.
-He traído la mierda, ¿Tú primero?

Asiente. Habían acordado que para hacerlo todo más seguro uno de ellos se quedaría haciendo guardia sobrio mientras el otro se drogaba. "¿Y si te da un chungazo? ¿Qué les diría a los médicos, que te has pinchado mientras yo estaba drogado?" fue la pregunta lógica de Niky. La respuesta a ello fue la risa de Olya, esa risa que dejaba claro que lo que acababa de decir la otra persona era estúpido y que ella estaba muy por encima mentalmente. Niky va a la cocina y coge de la encimera la cuchara, la jeringuilla (adquirida en una farmacia porque sí, hoy en día es tan fácil conseguir instrumentos para drogarse) y una goma elástica. Vacía el contenido de un pequeñísimo envoltorio blanco en la cuchara, lo mezcla con unas gotas de agua y lo calienta con el zippo de su bolsillo, regalo de su padre, quien nunca imaginó que acabaría dándole ese uso. Rellena la jeringuilla con el líquido amarillento y después de haber atado la coma al brazo desnudo de Olya y comprobar sus venas, elige una e inyecta. Retira unos milímetros el embolo para asegurarse de que ha dado en el blanco, y cuando el líquido de dentro se vuelve anaranjado sabe que así ha sido. Empuja el embolo. Olya nota el líquido expandirse de la incisión, al corazón y después al resto del cuerpo. Una sensación extraña y maravillosa le acoge, como el poder de mil orgasmos. Se siente como en una nube; nada importa, todo está bien. Se recuesta en la cama para disfrutar al máximo de esa maravillosa sensación, ante los ojos observadores y algo preocupados de Niky.

Olya despierta a las 12 del mediodía, con Niky durmiendo a pierna suelta al lado suyo. Aún nota los residuos de la heroína en ella. Se levanta y se prepara un zumo de piña, su favorito desde bien pequeña. Mientras bebe empieza a notar una tormenta florecer dentro suyo y, al igual que las reales, empieza poco a poco y después aumenta abruptamente. El mono. Necesita más heroína. Para nada físicamente, sino psicológicamente. Quiere destruirse. Es una granada de mano que va a explotar.

Recuerda la dosis de Niky, guardada en la mesilla de noche, y no vacila. Corre al otro lado de la habitación, sin preocuparse por el ruido; no va a despertar a Niky, tiene un sueño profundo. Abre el cajón y alcanza el envoltorio. Coge la misma cuchara que en el anterior uso porque no le apetece ponerse a buscar una limpia, y realmente no le importa la limpieza. Esta vez la preparación es mucho más rápida, sin precauciones. Busca una vena. Decide perforar en la misma parte que unas horas antes, no por obsesión, sino porque después de tener una estrecha relación con su cuchilla decidió no crearse más cicatrices innecesarias. Esta vez el subidón no es tan grande, pero sigue sin ser comparable a nada. Bendita heroína.

Dejando a Niky dormir coge una chaqueta y sale a la calle. Es mayo, pero el aire es frío y la droga de su cuerpo masifica la sensación, pero no importa, sigue valiendo la pena siempre y cuando sienta la adrenalina en mis venas. Siempre que todo sea una nube. Siempre que me sienta como un avión, caminando en eses con los brazos extendidos y los ojos cerrados. Me choco con alguien; da igual.

2 p.m. Niky despierta con el resol en la piel. Al ver que su compañera no está a su lado entra en pánico y sale corriendo en pijama. Recorre las calles de Dublín durante una hora hasta encontrarla tirada en un parque. Se apresura y empieza a zarandearla para despertarla.

-¡Olya!¡Despierta!
-No me gusta la compota de manzana.
-¡¿Qué?!¡¿Ya estás drogada de nuevo?!

Se levanta con lágrimas en los ojos y la recoge en sus brazos, que son delgados pero fuertes, pura fibra.
-Drogata de mierda...- Murmura Niky, mientras Olya permanece con los ojos cerrados y los brazos extendidos, muertos. El avión se ha estrellado y hay heridos.

16 de Fevereiro de 2018 às 10:03 0 Denunciar Insira 0
Continua… Novo capítulo Todas as Sextas-feiras.

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