La cartera Seguir história

don-godo Amadeu Isanta

No la juzgues por su apariencia, es capaz de mantener una charla con su amo.


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La cartera

Ahí estaba, tirada en el suelo de cemento roído por el paso incesante de los neumáticos. Tres años de fiel servicio a su amo no se merecían ese triste final; pensó en esos primeros momentos desesperados. Ni siquiera la distinción que le otorgaba el título de “piel noble” había evitado el desastre.

Por la mañana era introducida, como de costumbre, en el bolsillo izquierdo de la chaqueta y juntos, amo y cartera, se iban a trabajar.

La educación y modales de una cartera  de  su  rango no suelen ser poca cosa. Eso permitía que el amo y ella, mientras se desplazaban en coche, tuvieran largas conversaciones sobre temas de lo más culto y variopinto.

Aquel día acababan de superar el enlace de la autopista que les llevaría hasta la próxima población para cumplir con la agenda de trabajo, cuando  la cartera tuvo necesidad de contar algo.

- ¿Sabes amo?, la noche pasada tuve una pesadilla.

- ¿Si?, pues cuéntame.

- Ha sido terrible, he soñado que nos separábamos.

- ¿Cómo es posible?

- Verás, era por la mañana y nos disponíamos a salir de ruta cuando me caí del bolsillo. Ha sido, supongo, por la premura de la que somos victimas a esas horas del día y que nos impiden empezar la jornada un poco más relajados.

- Vaya, me suena más a reproche que a pesadilla – comentó el amo.

- No, amo. Es una introducción para que entiendas lo doloroso que sería para mí si  esto ocurriese de verdad.

- Bien, sigue contando.

- Tu amo, sabes bien que tienes por costumbre lanzar la chaqueta con bastante furia en el asiento trasero del coche. Pues ha sido en ese momento cuando he salido despedida del bolsillo, y después de un espectacular brinco con voltereta y media incluida, he rebotado donde  tus  congéneres  alojan  las  posaderas y me he caído al suelo. Y por supuesto no te has enterado  de la caída ni de mis gritos. Has puesto la primera para salir disparado del parquin. Y como no estoy muy dotada para el movimiento autónomo, me he quedado un rato inmóvil y de patas abiertas en el frío suelo.  

De pronto, unas manos que no eran las tuyas me han recogido. Me trataban con delicadeza pero incluso sin poder ver lo que había empalmado a ellas, sabia perfectamente que no eras tú. Se la forma que tienes de tocarme, es siempre de una manera especial y suave, aun sin llevar esos papeles que a veces metes en mi interior y que sueles llamarles dinero. Bueno no… Ahora que lo pienso bien, creo que cuando encuentras papeles de esa clase, el  tacto tiene un puntito más. Y es algo que no he entendido nunca, pues si alguna cualidad tengo es la ser muy observadora, y me he fijado que los papeles los introdujiste tu mismo en algún momento anterior.  

Bueno, vamos al grano que me voy por las ramas.

Una de las manos que me ha recogido ha tenido la desfachatez de hacer lo mismo que tú, y sin conocerme de nada se ha introducido en mis tripas. Y ha entrado sin preguntar, sin permiso, a toquetear los famosos papeles, y  es más, ¡se los ha llevado!

- ¿Y que esperabas? – preguntó el amo.

- Pues… No sé, pero podrías explicarme que pasa con esos papeles, que tienen de interesante y por qué tengo que llevarlos siempre yo – dijo la cartera.

- Mira, lo dejamos para otro día, entonces te explicaré el valor de los papeles y de otras cosas. O no te has dado cuenta que tu interior atesora algo más, unos objetos plastificados que llevan escritas cosas como visa, máster…  Ahora prefiero decirte lo aliviado que me siento por haberte encontrado esta mañana al lado del interruptor de la luz del parquin, y lo feliz que me hace pensar que a las manos ajenas se les olvidara hurgar un poco más en tu interior.

17 de Dezembro de 2018 às 06:56 0 Denunciar Insira 0
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