REMEMBER Seguir história

naathylara Natalia Lara

Ahora que Mike y Jane estaban casados, parecía un bueno momento para sentarse y recordar; no solo lo malo, pero también esos pequeños momentos que hacían que todo valiera la pena. Más ahora, ya que su boda había marcado el fin de los secretos gubernamentales y el comienzo de una vida verdaderamente libre, Mike y Jane Wheeler amaban recordar esos momentos juntos, pero cuando Jane estaba profundamente dormida, ni podía evitar regresar a ese peculiar momento en el tiempo el cuál, hasta el día de hoy, es uno de sus secretos mejor guardado.


Fanfiction Todo o público.

#drama #romance #mikewheele #janehopper #eleven #mileven #strangerthings #fanfiction #fanfic
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capítulo único

Mientras Jane tomaba asiento en el sillón, justo al lado de su amado Mike, lo único que podía hacer era sonreír por la buena vida que por fin disfrutaba después de tanto tiempo. La oscuridad de su pasado era algo de lo que no estaba muy orgullosa sin embargo, de alguna manera, estaba agradecida por todo. Cada evento la había llevado a encontrarse con Mike.


Este gentil, amoroso hombre que notaba cada una de esas sonrisas, lo cual le permitía respirar y estar seguro de que estaba haciendo todo en su poder para mantener a su preciosa El a salvo.


—Toma —dijo Jane, dándole a su esposo su taza de té—. Ten cuidado, está muy caliente.


Mike solo asintió y tomó el objeto caliente entre sus manos. Afuera, una ruidosa lluvia cubría el mundo, aunque a la pareja no podía importarle menos; era su clima preferido ya que podían acurrucarse y no acabar sudados y pegajosos. Era el momento perfecto para compartir té caliente, escuchar música o solo tener un linda plática acerca de los viejos tiempos. Claro que sus memorias no eran aventuras emocionantes que pudieran ir por ahí contando, ni siquiera a sus futuros nietos. Esas memorias solo podían ser compartidas tras puertas cerradas y solo con quienes pasaron por todo eso.


Una de las cosas de las cuales les gustaba hablar, la cual no podían superar, fue como Jim Hopper sorpresivamente aceptó la propuesta de Mike.


—Creí que era hombre muerto —dijo Mike, permitiéndole a su esposa reposar su cabeza en su hombro.


Jane bufó y tuvo que estabilizar su taza con las dos manos para evitar regar el contenido—. Me agrada que no lo seas. Me hubiera quedado sin prometido.


—No es como si Jim no diera miedo, todavía da miedo, pero ya no tanto como me parecía cuando solo tenía 21.


—¡Oh, vamos! No da miedo, ¡es solo un papá normal!


—¡Un papá regular con una escopeta en su armario, El!


Dicha mujer tuvo que sentarse y dejar su taza de cerámica en la mesita de café frente a ella antes de que pudiera prácticamente convulsionarse de risa—. ¡Era un policía, Mike! —Era natural que tuviera acceso a armas de fuego. Al menos eso era lo que ella pensaba ya que creció rodeada de armas y no todas ellas eran aliadas.


—...Sí, lo era. ¡Aún así!, ¡No tenía por qué mencionar eso cuando pedí tu mano!

Pasándose un dedo por debajo de sus ojos para tratar de limpiar las lágrimas de tanta risa, Jane negó con su cabeza incrédula—, ¿por qué estamos hablando de esto? Dijo que sí de todos modos.


—Porque te hace reír —Mike le dirigió una sonrisa a su esposa tiernamente. No importaba si ciertas memorias lo hacían quedar como un tonto, si hacían que Jane se sintiera a gusto con su pasado entonces valía la pena conservarlas. Tal vez él había atravesado por un infierno, pero no era nada comparado a lo que Eleven (el nombre con el cual Jane conoció a Mike) tuvo que enfrentar. Jane siempre le dijo que no lo hizo sola, aunque no era exactamente el caso. Había muchas cosas que definitivamente enfrentó por sí misma justo al principio, cuando Mike aún no era parte de su vida.


Lentamente, Jane estiró su mano hacia la cara de su esposo y acunó una de sus mejillas, para poder acariciarla con su dedo pulgar—. No hagas eso, no es tu culpa. No podrías haberlo cambiado, ni siquiera nos conocíamos.


El hombre de pelo negro solo pudo aceptar lo que Jane le decía, pero no era capaz de lidiar con eso, no completamente de todos modos. No importaba cuantas veces su esposa se lo repitiera, se sentía responsable por no haber estado dotado con las habilidades Jane también para así haber escapado juntos del laboratorio todo esos años atrás. Después de pensar mucho en aquel tema sin llegar a algún lado, Mike buscó el suave tacto de su esposa y dejó un delicado beso en la palma de su mano. Era una manera de asegurarle que él estaba aquí para ella y que no se iba a retractar, nunca. No lo hizo la primera vez cuando todos pensaron que había sido succionada por el mundo al revés para siempre, así que no lo haría ahora.


—Mi héroe —exclamó Jane con una sonrisa picarona adornando sus delgados labios.


A lo que Mike solo se mofó. El sabía perfectamente bien que su esposa no era ninguna dama en peligro, pero apreciaba que intentara ser una solo para complacerlo—¡Sí, como no! Tú siempre has sido la más genial.


Jane se recostó de nuevo en el sillón que compartían, recargando la barbilla en la palma de su mano mientras parecía que se agotaba de pensar tanto. Un silencio los envolvió por unos minutos hasta que se le vino a la mente la acción que había activado su amor, la única vez donde ella no había sido la más genial y, de hecho, dejó a Mike tomar las riendas.


—Nuestro primer beso —murmuró, desviando la mirada para tratar de esconder el hecho de que estaba avergonzada. Incluso después de tantos años, ese recuerdo era uno de los más preciados.


Mike dejó su propia taza en la mesita de café, al lado de la taza olvidada de su esposa—. ¿Nuestro primer beso?, ¿A qué te refieres? —preguntó genuinamente intrigado. No era muy seguido que su esposa parecía abrumada, era algo bastante difícil de lograr. Para alguien con poderes de gran tamaño como los suyos, el sucumbir a la norma social de sentirse avergonzada era simplemente raro y muy especial.


Mirando para todos lados, menos a los ojos de su marido, se dio por vencida. Jane se levantó del sillón y llevó las tazas a la cocina. Aunque ya han pasado muchos años y Jim había hecho lo mejor posible por educarla, todavía había una que otra cosa que se le escapaba; entender sus emociones mientras trataba que todo alrededor de ella no explotara, era algo que todavía no controlaba completamente.


Como compañero preocupado por su bienestar Mike la siguió, pero mantuvo su distancia; sabía que debía dejarla ser y permitirle encontrar su propio ritmo con asuntos emocionalmente cargados como su primero beso, era lo mejor para los dos—. Tu lo mencionaste, no tenemos porque hablar de eso.


Por un momento, mientras lavaba las tazas, Jane pensó en Eleven. Esa pequeña niña inestable quien hacía mucho había desaparecido, sin embargo, dentro de ella aún quedaban rezagos—. Eres un héroe, Mike, tú me salvaste de mí misma y al hacerlo, me hiciste desear salvar al mundo en el que vivías. No solo salvaste a Hawkins, sino al mundo entero.


—Soy un héroe —pensó—. Un héroe verdadero —Se sentó en una de las sillas del pequeño comedor que estaba del otro lado del desayunador, pero alzó la mirada cuando, una vez más, Jane se rió a sus expensas.


—¡Ay, por favor!, ¡que no se te suba a la cabeza!


Después de terminar los platos, Mike caminó con Jane hasta su recámara compartida, se estaba haciendo tarde y los dos estaban algo cansados. Se pusieron ropa cómoda, se acostaron en su lado de la cama matrimonial y se giraron para quedar frente a frente, algo como un ritual antes de quedarse dormidos. A Jane le ayudaba pensar que Mike la cuidaba, no importaba si el vacío estaba esperando por ella, su esposo siempre estaba del otro lado listo para despertarla y traerla de vuelta. El estilo de vida que habían adoptado le permitía a Jane prácticamente abandonar el vacío, ni siquiera recordaba la última vez que estuvo ahí, no es que quisiera mucho recordarlo, pero se mantenía en cautela. Había momentos en los que podía jurar que el vacío la llamaba, intentaba succionarla, pero Hawkins tenía tanto sin ningún ataque que simplemente no le prestaba atención. No quisiera entrar súbitamente y correr el riesgo de crear otro agujero entre dimensiones. No otra vez.


La noche alcanzó a Jane y a Mike. Un día lleno de memorias (no todas lindas) llegó a su final, dándole a la mujer casada la suficiente paz mental para cerrar sus ojos y vagar lejos en su mente. Donde los sueños, secretos y las memorias podían ser uno mismo.


Diciembre del 84.
Baile de invierno de la Escuela Secundaria Hawkins

Jane se encontraba sentada en el asiento del copiloto de la camioneta de Jim, jugando nerviosamente con sus dedos que descansaban en su regazo.


El hombre rascó su barbilla peluda antes de aclarar su garganta. Tenía sentimientos encontrados acerca de esto, el hubiera deseado ver a su propia hija pasar por los años de adolescencia justo como Jane lo estaba, pero también estaba que explotaba de orgullo. Ahora que Jane llevaba su apellido y podía llamarla su hija, por ahora tenía que mejorar y ser el padre que estaba destinado a ser. La niña confiaba en él para guiarla y apoyarla.


—Anda. Ellos estarán dentro. Joyce me dijo que todos vendrían.


Asintiendo en entendimiento, Jane solo podía sentir su corazón latiendo bajo su pecho. De todos los problemas de los cuales había escapado luchando, este era el más terrorífico. Hopper le aseguró que se veía bien, a ella le gustaba su vestido y se sentía segura en él, sin embargo, este tonto baile de invierno estaba resultando ser un destroza nervios. Lo cual solo lograba confundirla más. Para alguien que se había topado con la maldad pura y la había vencido, este rito de paso no debería de ser ningún problema. Exhaló y miró una última vez a Jim, buscando alguna manera de salir huyendo de esto.


—Vamos, Jane. Son solo un montón de niños aburridos comparados con ustedes. Tu querías venir, ¿no? Entonces, ¡ve adentro y arrásalos!


Jane parpadeó confundida—, ¿arrá... salos?


—Si, arrásalos —Pero entonces Jim realmente pensó en lo que estaba diciendo—. Quiero decir, arrásalos tranquilamente. Solo diviértete, pasa el rato con los chicos.


—¡Arrásalos! —repitió contenta.


Así de la nada, encontró el coraje y bajó de la camioneta para por fin caminar hacia el gimnasio de la escuela. Ya podía ver las ventanas que reflejaban muchas luces de colores, también se filtraba una melodía suave, haciéndola pensarlo dos veces. ¿Cuál sería la mejor manera de aparecer frente a Mike?, ¿Siquiera estaba adentro? Joyce le había dicho a Hopper que todos vendrían, pero la incertidumbre jugaba con su mente. Momentos como estos reducían su poderosa mente a algo inservible. Jane no supo cuándo llegó a la puerta doble ni notó lo frío de la barra metálica que tuvo que presionar para abrirla. Estaba siendo privada de sus sentidos nuevamente aunque, esta vez, de una manera totalmente diferente, una manera pasiva y gentil.


Al entrar al gimnasio, su piel le picaba de lo rara que se sentía con todo esto. Casi todo lo que era normal para otros chicos, para ella era totalmente nuevo y aún así lo superaba todo sin demora, pero no esta vez. Su garganta se cerraba, sus manos sudaban, tampoco ayudaba el que tuviera que concentrarse muy fuerte para no romper todo el vidrio del lugar con su mente. De repente, el mundo a su alrededor se detuvo, se movía en cámara lenta mientras fijaba sus ojos con los de Mike.


Dicho chico estaba experimentando lo mismo, nunca había visto a Jane tan bonita como ahora. Naturalmente, cuando estuvieron lo suficientemente cerca, lo dijo en voz el alta, adorando como la chica que le gustaba se sonrojaba momentáneamente por un cumplido tan simple y honesto. Las palabras alcanzaron a Jane y enseguida de eso se encontraban bailando, o más bien, tratando de bailar. Jane tuvo que cerrar sus ojos por un minuto, esforzándose al intentar, de la mejor manera, creer que esto estaba pasando realmente. Después de haber pasado por tanto, el estar aquí era maravilloso.


Amor joven, corazones jóvenes, luchando por comprender las desastrosas y complicadas emociones recorriendo sus mentes y cuerpos desenfrenados. Hacían lo que se sentía natural y se permitieron compartir un beso bastante inocente y casto. Nada mórbido, era solo una hermosa manera de resumir lo que sea que estuvieran sintiendo el uno por el otro, además, a la tierna edad de 14, nadie lo miraba de ninguna otra manera.


Jane abrió sus ojos y se congeló con la escena delante de ella, estaba de regreso en el vacío. Todo había sigo tragado por la oscuridad, no había luces danzantes, ni música suave que acompañara los pasos, pero lo peor era que... Mike no estaba. Sintiendo que estaba al punto de la hiperventilación, puso una mano sobre su pecho, girando para tratar y buscar al chicho que había estado bailando con ella en el gimnasio. Sollozó y se tragó un grito de ayuda; conocía este lugar muy bien, pero se había engañado a ella misma, convenciendo a su mente en creer que todo había acabado finalmente, lo cual resultaba ser incorrecto.


Una sensación fantasmal de unas manos tomándola por sus hombros fue lo que la trajo de vuelta a la realidad, encontrándose cara a cara con un muy preocupado Mike—. ¿A dónde fuiste? De repente te quedaste congelada —susurró, tratando de actuar como si nada, pero estaban atrayendo muchas miradas de extrañeza en su dirección. El chico solo pudo tomar a la chica de su mano y ayudarla a sentarse para después tomar una servilleta de la mesa redonda y limpiar la pequeña gota de sangre proveniente de la nariz de Jane.


Mirando a su alrededor preocupada, rezando porque un monstruo desconocido no irrumpiera a través de las ventanas y arruinara su noche, negó con la cabeza—. Estoy bien, solo —¿Ella solo qué? Sus ojos encontraron los de Mike y por primera vez rompió su propio juramento. Esta vez, los amigos tendrían que mentir para mantener sus corduras intactas—...estaba hablando con mamá.


Mike le creyó al instante y Jane se dio cuenta. A ella no tenía que gustarle el mentir, pero no podía parar de pensar que si el vacío todavía estaba ahí, entonces significaba que Hawkins no estaba del todo a salvo aún. Esto tendría que quedar como un secreto y tendría que discutirlos con Hopper después, pero por ahora, estaba harta de sentir que su vida estaba siendo controlada por esos monstruos, cualquier monstruo de allá afuera. Se paró y convenció a Mike de regresar a la pista de baile porque esto valdría la pena recordarlo; no el miedo y huir para siempre, la traición de su propio padre biológico o el dolor causado por las muchas pruebas. Nada de eso importaba ya, solo esto y lo que harían de aquí en adelante, juntos.


Recordarían los buenos momentos, los que te robaban el aliento o te hacía sentir como si estuvieras bailando en las nubes. Esos, aunque fuera solo sueños, eran tesoros invaluables que merecían un lugar en la memoria a largo plazo de Jane y Mike. El vacío tendría que esperar.

16 de Janeiro de 2018 às 03:28 0 Denunciar Insira 0
Fim

Conheça o autor

Natalia Lara Big dreamer. Amateur writer.

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