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angeles-avedillo-cristobal Angeles Avedillo Cristobal

una historia llena de incertidumbre y falsos caminos que te harán dudar de cuanto ocurre a su alrededor.


Crime Todo o público.

#novela_negra
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El final más esperado.

El olor a comida putrefacta se instalaba en las fosas nasales y embotaba los sentidos.

El humo no permitía a penas ver más allá de un palmo de distancia... Era un antro como pocos, se preguntó como había llegado a aceptar ir a aquel local a cerrar su negocio más próximo.


Un hombre desde la barra le dirigió una mirada, no era ni guapo ni feo, pese que una cicatriz surcaba su cara fundiéndose con las arrugas de expresión de quien ha visto demasiado. No era ni alto ni bajo y sinceramente sólo destacaba por ir demasiado bien vestido para ese cuchitril.


Se sentó en una mesa libre dejando su abrigo sobre las piernas tras comprobar con la mirada que era el sitio más seguro para que no quedase inservible debido a la gruesa capa de grasa que ocupaba todo lo demás, incluyendo al que supuso que sería el dueño del local.


Esperó unos minutos hasta que cayó en la cuenta de que nadie se acercaría a tomarle nota, con el abrigo en el brazo se aproximó a la barra y le gritó al hombre tras la barra que era lo más decente que tenia, el hombre se giró lentamente y se encogió de hombros, recitó de memoria como un niño bien adoctrinado por su maestro todas las botellas que tenia tras de sí y volvió a encogerse de hombros.


-Muy bien, póngame una botella de lo que sea, a ser posible que aún mantenga intacto el precinto y por lo que más quiera, no me ponga copa.


El hombre se aproximó con una vieja botella de etiqueta descolorida y se la ofreció, esta desapareció de sus manos y en su lugar apareció un billete que nunca antes había visto.


Volvió a sentarse y a acomodar el abrigo.

Ya casi había terminado su bebida cuando se percató de un papel en la mesa que leía así:



                                                   Otra noche sin dormir...
                                                   otra noche a la deriva
                                                   en el camarote 
                                                   de la falta de alegría,
                                                   otra noche en vela,
                                                   otra noche perdida...



La nota carecía de firma. La grasa y el polvo se habían adueñado ya del papel pese su breve tiempo de exposición a la decadencia del local, terminó su botella tomó la nota y salió, la releyó varias veces de camino a casa.


-¿¡Y qué coño se supone que debo hacer yo con esto!?- exclamó.


Cómo si le entendiese un perro callejero le ladró y sin dudarlo decidió en ese momento que el destino le había brindado un compañero de trabajo y penurias.


29 de Dezembro de 2017 às 01:11 0 Denunciar Insira 2
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