El Parque Seguir história

stanger23 Martín B.

Alfred y Elena deciden tomarse una semana de vacaciones en Japón. Las cosas van bien hasta que la curiosidad de Alfred le hace ojear un parque abandonado de hace muchos años. Lo que Alfred no sabe es que este parque esconde un secreto terrorífico que cambiará su vida por completo.


Horror Todo o público. © Baychev

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El Parque

Se encendió el último cigarro que le quedaba con las manos temblando mientras recogía toda su ropa del armario y la metía en la maleta. Estaba muy cansado y no tenía buen aspecto puesto a que llevaba la última semana sin poder pegar un ojo, sus vacaciones se convirtieron en pesadillas. Elena, estaba aún en la cama durmiendo, sin saber de que su marido ya estaba casi preparado para marcharse. Alfred tenía prisa por irse, había algo que lo incomodaba mucho de Japón, de esta maldita ciudad y más concreto del parque de al lado. Después de ver lo que vio esta noche no quiso quedarse ni un minuto más, el horror se hacía cada vez más fuerte e intentaba cogerlo como prisionero. Al acabar de hacerse la maleta, despertó a Elena y se fue a por un vaso de agua, debido a que tenía la boca más seca que las hojas otoñales. Su mujer parecía tranquila y descansada, no tenía esas ojeras dominando su cara como su marido, ni le costaba respirar de forma frecuente, seguramente porque no vio lo que Alfred si. Cuando Elena se estaba vistiendo con la ropa que le había sacado su marido después de preparar la maleta, él ya estaba esperándola fuera al lado del coche intentando no mirar hacía el parque. Después de vestirse, salió de la casa, girando por última vez la cabeza hacía tras para despedirse, era una casa preciosa con vistas impresionantes menos la vista del parque cerrado que Alfred tanto temía. Salieron "disparados" con el Toyota alquilado de camino al aeropuerto para coger el primer vuelo hacía Washington y de ahí partir hasta Colorado. Mientras estaban en el avión, Alfred por fin tuvo acceso a Internet (se pasó toda la semana sin ordenador), dado a que le pidió al pasajero de al lado si podía buscar información sobre una cosa. Su ordenador personal fue perdido en el aeropuerto a la ida, cosa que lo enfureció hasta tal punto que le gritó a su mujer por primera vez, acompañando el grito con insultos. Cuando encontró la información que estaba buscando se volvió pálido, sus pupilas se dilataron, su pulso se aceleró  y le entró un fuerte ataque de ansiedad hasta el punto que tiró el ordenador de su compañero de asiento. Su mujer se levantó llamando a la azafata y preguntándole que le pasaba y que había visto en el ordenador, a lo que el le contestaba: "el parque", los pobres, están muertos." "De que está hablando?", "¿Que le pasaba a este maldito parque?", "¿Que vio?" , se preguntaba su mujer.


- Cariño, te gusta la casa? - preguntó entusiasmada Elena a su marido.
- Me encanta, es una casa diferente a la nuestra, aquí no hay monstruos. - bromeó Alfred refiriéndose a su suegra.
- Que malo eres! Estúpido! - dijo su mujer riendo y abrazándolo. Llevaban ya tres días, pero su mujer le seguía preguntando lo mismo, debido a que fue ella la que eligió la casa en la que pasarían sus vacaciones.
- Voy a dar una vuelta por aquí. - dijo Alfred a Elena. Por fin podría salir a ver este parque extraño del que le pareció escuchar sonidos raros la noche anterior.
- Vale cariño. Yo me quedaré para hacer la cena, será sorpresa. - dijo Elena con una gran sonrisa en su cara.
Alfred salió fuera y de inmediato se dirigió hacía el parque. Era un parque pequeño, se veían unas atracciones viejas y oxidadas, flores muertas acompañadas de unas hierbas muy altas, árboles ya fallecidos, pero lo extraño era que no se veía ni un síntoma de vida, ni una mosca volaba por ahí. Aquello estaba completamente muerto. Además del paisaje asqueroso, se sentía un fuerte olor que era peor incluso que el de la mierda, olor que le dio asco a Alfred.
- "Esto huele a un animal atropellado y muerto con todos sus intestinos fuera y sus heces también" - pensó Alfred poniendo una cara de asco.
Alfred estaba asomándose subido a un árbol al lado, porque el parque estaba completamente cerrado con cadenas, había incluso rejas, nadie había entrado en años. Por un momento se quedo pensativo mirando una de las atracciones, esto le recordaba a un niño, el cual nunca podría tener de forma natural, debido a que era estéril. De repente escuchó un fuerte grito que juraría que provenía del parque, grito que  de grave pasaba a agudo, se cayó del árbol del susto quedándose en el suelo por unos minutos. Después de levantarse y a punto de partir para casa para curar la herida que se hizo, vio algo que le hizo helar la sangre de todo el cuerpo. A través de las rejas vio a una mujer muy alta, de unos dos metros de altura diría Alfred, con la cara muy blanca, un pelo negro y largo, con unos ojos muy salidos que parecían que se le iban a caer y la ropa completamente arrancada. La mujer andaba de forma lenta hacía una de las atracciones hasta que se paró, señaló el cielo y empezó a emitir ese mismo sonido que escuchó Alfred. Finalmente, según lo que veía el espectador a través de las rejas, se le cayeron los dos ojos al suelo y acto seguido miro hacía Alfred dedicándole una sonrisa que parecía de payaso. Alfred salió corriendo del sitio y al llegar a casa, no le contó nada a su mujer, debido a que pensaba de que todo esto era culpa del porro que se hizo antes y además no quería asustar a su esposa. Pasó la noche dando vueltas en la cama, no tuvo ganas ni de hacer el amor, el susto de antes mató a sus hormonas de forma temporal, su mujer estaba dormida mientras que el seguía pensando en lo que vio. Al día siguiente, se levantó a las once y media, a causa de su insomnio de noche, se quedó durmiendo casi hasta la hora de comer, su mujer ya había desayunado y estaba preparando la comida.
-Buenos días mi príncipe! - saludó Elena a su marido.

- Buenos días mi princesa! - le contestó Alfred, dándole un beso en la boca.

- Nunca te habías levantado tan tarde cariño. - le dijo su esposa, debido a que el siempre era de los que madrugaban.

- Ya, pero estamos de vacaciones una semana, puedo permitírmelo. ¿No? - dijo con una sonrisa forzada Alfred. Aún estaba pensando en lo que vio ayer.

- Tú te puedes permitir cualquier cosa mi amor. Te quiero! - contestó ella, dándole otro beso.
- Yo también te quiero Elena. - dijo Alfred. El sabía de que su mujer iba a notar de que algo raro estaba pasando con el, pero aún así intento disimular.
Pasó el resto del día yendo por la ciudad y visitando tiendas y museos históricos para luego poder contarles su experiencia a sus alumnos y que así aprendan algo nuevo. Volvió a casa con su mujer, en este momento estaba muy feliz, ya se había olvidado de lo que pasó ayer, puesto que daba por hecho de que era la culpa de la Marihuana. "Debo dejar de fumar esta mierda, me va a volver loco", pensó Alfred. Se fue al baño para mear, no se podía sostener porque había bebido mucha agua durante el paseo. Mientras estaba mirando el chorro amarillo que caía, se percató por una cosa, se veían como un montón de pelos saliendo de abajo del váter, los pelos aumentaban cada vez más hasta que  Alfred parpadeó y vio una cabeza asomándose poco a poco. La cabeza abrió los ojos, los cuales tenían las escleróticas completamente rojas, parecía la cabeza de un niño diría Alfred antes de salir de inmediato fuera del baño dejando caer el chorro por todo hasta parar. Cerró fuertemente la puerta y salió fuera de la casa, su mujer ni se enteró, porque estaba escuchando música en el salón. No volvió a entrar en el baño en todo lo que quedaba de noche, ni le comentó nada a su esposa. Se despertó a las dos y media de la noche, al escuchar un sonido de una sirena, aquellas que se usaban en la Segunda Guerra Mundial para avisar a toda la ciudad de que venía un bombardeo. El sonido de la sirena era muy fuerte, pero lo extraño era que su mujer ni siquiera se percató, el se levantó rápidamente y se acercó a la ventana, ahí vio algo escalofriante. En el parque había un montón de niños corriendo, les iluminaba la luz, eran japoneses y llevaban ropa que no respondía a la moda de hoy en día. Se veían las atracciones, las cuales parecían más nuevas de lo que vio el, el parque parecía recién construido, vio a la mujer, a esta maldita mujer que se le cayeron los ojos, la que le sonrió, en este momento pasó un avión en el cielo. Mientras tanto, el sonido de la sirena iba disminuyendo hasta que finalmente se quedó el sonido de los gritos de aquellos niños, eran unos gritos completamente terroríficos, eran la versión terrorífica de los gritos de niños cuando salen del colegio a última hora.
De pronto, los niños se pararon y miraron hacía la ventana dónde estaba Alfred, acto seguido lo señalaron y empezaron a flotar como globos hacía el. Alfred cerró la ventana y se apartó, fue ahí cuando vio que de las paredes empezaron a salir un montón de manos, con la carne arrancada, algunas carecían de dedos, otras eran de niños, pero todas se dirigían hacía el. Consiguieron cogerle y se lo llevaron a las paredes, fue ahí cuando el se despertó en la cama al  lado de su mujer. Eran las siete y media, se había meado encima, sintió vergüenza, pero no sabía como hacer que su mujer no lo note, se acordaba de todo lo que pasó anoche. Se levantó y se fue de inmediato al baño, aunque tenía miedo, se lavó y se cambió por completo, las sábanas estaban impecables, así que su mujer ya no lo podía notar. Llegó la hora del desayuno y los dos se sentaron en la cocina permaneciendo callados hasta que Alfred habló.
- Cariño, mañana cogemos el primer vuelo a Washington y nos vamos de aquí. - dijo Alfred con una voz nerviosa.
- ¿Que dices Alfred? - preguntó sorprendida su mujer.
- Lo que escuchas, no quiero estar más tiempo aquí, anoche vi algo horroroso. - dijo el hombre.
- ¿Que viste? - preguntó Elena, fijando sus ojos azules en los suyos.
- Vi... no puedo decírtelo ahora, no soy capaz, tengo mucho miedo. - dijo Alfred con dolor en los ojos.
- Me iría ahora mismo, pero no hay ningún vuelo disponible según me dijeron por teléfono. - expresó Freddy, así le llamaba muchas veces su mujer.
- Vale, vale, lo que digas cariño, así veo si mi madre está bien. - dijo su mujer.
- Gracias cariño, te quiero mucho! - exclamó Alfred, sin hacer ningún chiste sobre su suegra, no era el momento.

- Yo también te quiero! - respondió su mujer dándole un abrazo mientras permanecían sentados.

Pasó el día encerrado en el salón con su mujer conversando de todo menos de la experiencia de anoche, no se atrevió ni a mirar a través de la ventana que daba al parque. Llegó la "querida" noche y era tiempo de acostarse, Alfred decidió tomar las pastillas de sueño que usaba su mujer y así dormirse por completo sin despertarse y que pase esta última noche. Las pastillas no funcionaron y se volvió a despertar, pero esta vez eran las 3:33, lo que le hizo despertar esta vez fue un olor muy fuerte, el mismo que le vino cuando estaba subido al árbol. El reloj ponía "3:33" y abajo "6 de Agosto", una fecha que le sonaba mucho, pero no se acordó hasta más tarde del mismo día, se quedó quieto en la cama. De pronto, se escuchó el sonido del motor de un avión,  el sonido hacía mucho ruido, tanto que hizo temblar el vaso de agua que tenía al lado suyo encima de la mesa de noche. No pudo resistirse, se levantó y se dirigió hacía la ventana, pero sin abrirla. Vio lo mismo, pero esta vez el avión volaba más bajo y los niños gritaban con voces graves, que parecían de una persona mayor. De repente, la parte inferior del avión se abrió como si fuera para tirar alguna bomba, pero lo que cayó le provocó un susto tan fuerte que se cayó al suelo con el corazón yendo a más de 130 pulsaciones. En vez de una bomba, era una cabeza gigante que lo estaba mirando fijamente con la boca abierta, era la cabeza de alguien muy conocido para él. La cabeza cayó y provocó una fuerte explosión que sólo Alfred la escuchó, a través de la ventana se podía presenciar el mismísimo infierno, vino un humo que trajo consigo nada más que oscuridad. Alfred estaba tirado en el suelo en estado de "shock", la oscuridad desapareció y acto seguido Aflred miró hacía su mujer, ella se estaba descomponiendo, emitía un sonido de sufrimiento, pero el estaba en el suelo paralizado. Finalmente se quedó completamente inconsciente hasta despertarse en el suelo a las seis y media de la mañana, vio que todo seguía normal, su mujer estaba durmiendo en la cama y el no se había meado otra vez. Se acordó de que su vuelo era a las ocho, sacó las maletas del armario y empezó a preparar la ropa, en uno de los bolsillos de su chaqueta estaba el paquete "Marlboro", así que lo cogió y vio que sólo había un cigarro.
- Ayuda! - gritaba su mujer en el avión. Alfred se estaba poniendo muy nervioso, le costaba cada vez más respirar.
- Tranquilízate cariño, tranquilízate! - dijo su mujer con los ojos muy abiertos mirándolo. Entonces fue ahí cuando el se tranquilizo un poco.
Su mujer decidió ver lo que había visto en el ordenador y también se quedo asustada y con el pulso acelerado.
Alfred había encontrado información sobre el parque, en este parque había un montón de niños que juntos con su maestra estaban pasando una pequeña excursión. Era el 6 de Agosto de 1945, el día que se tiró la bomba atómica en Hiroshima, la ciudad dónde estaban de vacaciones Alfred y Elena, todos estos niños murieron por culpa del infierno atómico. Al lado del artículo que leyó Alfred, había una foto del grupo de niños con su maestra tomada meses antes, la maestra era la mujer que vio el, la mujer alta. Lo peor de todo fue que debajo del todo salía una foto de un hombre con un uniforme militar estadounidense, era uno de los hombres que tiró la bomba, era el rostro de la cabeza que vio Alfred. Al leer su nombre, Elena se quedo más atemorizada todavía, se apellidaba Denbrough, era familiar de Alfred, era su  maldito abuelo el que mató a todas esas personas. Alfred, después de tranquilizarse, miró por la ventanilla del avión y vio el BOEING B-29, volaba muy cerca de la ventanilla, dentro vio a su abuelo, ya fallecido, saludándole y sonriendole al mismo tiempo, entonces cerró la ventanilla y posteriormente sus ojos.

29 de Dezembro de 2017 às 01:33 3 Denunciar Insira 0
Fim

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Martín B. Si el ser humano se considera un animal... ¿Por qué está mal visto comérselo?

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MG Monica Gomez
Un capitulo q me ha encantado, es una verdadera maravilla de texto. me ha enganchado y a la vez me ha asustado.
29 de Dezembro de 2017 às 08:59

  • Martín B. Martín B.
    29 de Dezembro de 2017 às 10:30
  • Martín B. Martín B.
    Muchas gracias de verdad ! Me alegro de que te ha gustado, cuando puedas lee mis otras hisotiras. Un saludo ! 29 de Dezembro de 2017 às 10:30
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