Mi Mente En La Superficie Seguir história

stanger23 Martín B.

¿Será el día más feliz de la vida de nuestro protagonista, el peor a la vez ? ¿Es demasiado perfecto para ser verdad ?


Drama Todo o público. © Baychev

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Mi Mente En La Superficie

Llevo mucho tiempo esperando este día, mi hijo finalmente saldrá a la luz,  por fin tendré la felicidad de ver y sentir a esta pequeña criatura enviada por Dios. Ahora mismo estoy muy nervioso en la sala de espera del hospital, estoy dando vueltas por todo el pasillo, mientras que las demás personas seguramente piensan de que soy algún paciente o algo. Mi querida mujer está dentro de una de estas habitaciones de parto, dando vida a nuestro pequeño ángel, desde aquí puedo escuchar sus gritos o es lo que creo. Al lado tengo a mi madre, la cuál no está menos nerviosa que yo, es la única que me está acompañado, debido a que para mi padre ya no existo. Mi madre me está intentando tranquilizar, diciéndome de que todo va bien, pero yo no soy capaz de escuchar ni darme cuenta de lo que está pasando a mi alrededor, sólo quiero que todo esto acabe ya. Se abre la puerta de la habitación, dónde está mi mujer y sale el doctor con una sonrisa haciendo gestos con la mano de que venga. Al verlo, ya sé  que todo ha ido bien y de que es hora de encontrarme con mi hijo. Empiezo a ir hacía ahí acompañado de mi madre, cuando de repente me doy cuenta de que me está faltando oxigeno, me está costando respirar maldita sea, son los nervios. Mientras estoy acercándome noto que mis piernas y brazos se duermen un poco, me cuesta moverlos, pero esto no me impide llegar hasta ahí. Cuando llego, veo a mi mujer sujetando al pequeño, mi corazón se acaba de derretir, sigo sin poder respirar normalmente, lo cojo en mis brazos sin poder quitarle la mirada. Mi mujer a pesar de estar cansada y sin fuerzas, me sonríe y me da un beso, es nuestro primer beso presenciado por nuestro niño. Me siento como el hombre más feliz y afortunado del mundo y más teniendo a una mujer tan fuerte y bella a mi lado. Por un momento me distraigo, veo que del techo empieza a caer arena o algún otro fragmento irritante, el techo empieza a temblar un poco. Nadie más se da cuenta, todos actúan como si fuera no está pasando nada y está pasando algo. Mis brazos se debilitan cada vez más, estoy viendo aparecer heridas sin ninguna explicación, empiezo a toser fuertemente, mi falta de oxigeno se hace cada vez más fuerte, mientras que del techo cae cada vez más arena. En este momento se me cae el bebé al suelo, me quedo paralizado, no puedo moverme, mi mujer sigue sonriéndome como si no pasará nada, me estoy asfixiando, todo se vuelve oscuro...
Maldita sea, sigo aquí, mi mente se vuelve loca, empiezo a soñar con este momento precioso, que seguramente no veré nunca. La arena había penetrado la madera y había entrado en mi boca, la respiración se vuelve cada vez más difícil,  mis brazos y piernas no aguantan más la estrechez de la madera, seguramente debido a mis 1.90 cm de estatura. Las heridas que tengo me provocan un dolor insoportable, posiblemente, porque, los gusanos se lo están gozando, sin que yo pueda hacer nada. Sé que estos malditos bichos están aquí para quedarse, noto como me comen la carne de los muslos y brazos, las zonas más afectadas que tenía debido al asalto por los enemigos. Ahora mismo, estoy dispuesto a amputarme estas parte solo para quitármelos de encima, porque la tortura a la que me están sometiendo me está matando poco a poco, no puedo hacer nada, debido a que no llego ni a rascarme la cara con mi propia mano. Daría todo para tener una bombona de oxígeno al lado y poder respirar un aire fresco, supongo que en estos momentos empiezas a valorar la vida de verdad. Mi cara tampoco se queda muy atrás, tengo los ojos llorosos, por culpa del calor que hace, la boca seca, por la falta de este liquido vital llamado agua, la nariz completamente tapada, así que tengo que respirar por la boca. Lo único sano que me queda y no por mucho es la mente, la cuál esta centrada en pensar en mi hermosa mujer y en mi hijo aún no nacido, aquel, quien no verá a su padre jamás. A mis 26 años de edad estoy condenado a morir en una guerra que no es mía, una guerra de aquellos poderosos ocultos , una guerra que me alejó de mis seres queridos, una guerra que finalmente acabará conmigo.
Mientras estoy haciendo mis reflexiones, veo que cada vez cae más arena, que está rompiendo la madera y tiene enterrada  gran parte de mi cuerpo. Me está entrando la rabia y la sed de venganza, que nunca podré cumplir hacía los que me metieron aquí, pero sé que esto me traerá más dolor innecesario.  De mis ojos empiezan a salir lágrimas, pero esta vez no del calor, sino de dolor físico y sobre todo emocional, los soldados estamos entrenados para aguantar el dolor físico, pero muchas veces el emocional nos domina. En esto últimos minutos de mi vida estoy intentando recrear el futuro de mi hijo, me estoy imaginando como será, si su madre le contará de su padre y si ella se acordará para siempre de mi y del amor que sentía por ella. La muerte esta vez viene representada con forma de pequeñas rocas, que ya me tienen enterrado dejando sólo descubiertos mis ojos, estos ojos azules, que observaban los últimos momentos de su vida. Decido cerrar los ojos y no ver la muerte de cerca, prefiero quedarme con la imagen de mi familia para despedirme por una última vez. "Adiós mi reina, acuérdate de que nadie te va a querer como te quise yo, cuida de nuestro hijo, siempre estaré mirándote desde arriba, seré tu pequeño ángel".
"Adiós mamá, gracias por todo, por cuidar de mi, siempre estar apoyándome en todo momento, aún me acuerdo de cuando me regalaste el gato para mi mi décimo cumpleaños, por lo menos ahora moriré joven, así me recordarás, te quiero" ...

13 de Dezembro de 2017 às 00:52 0 Denunciar Insira 0
Fim

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Martín B. Si el ser humano se considera un animal... ¿Por qué está mal visto comérselo?

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