therzig T Herzig

Una niña despierta en una casa desconocida.


Suspense/Mistério Para maiores de 21 anos apenas (adultos).

#oscuro #suspenso #terror #thriller
Conto
0
3.0mil VISUALIZAÇÕES
Completa
tempo de leitura
AA Compartilhar

Al pie de las escaleras

Inés es despertada por el ruido de pasos, muchos pasos, rápidos. Al principio no puede abrir los ojos, sus lágrimas se han secado en sus pestañas, se han pegado las de arriba con las de abajo y siente dolor al tratar de abrirlos. Se limpia con las manos y la costra se despega como arena, al moverse se da cuenta de que está adolorida. No solo los brazos, también le duele la espalda hasta el cuello, el trasero, la parte interior de los muslos; el dolor la hace consciente de todo su cuerpo. Se da cuenta de que está sobre algo duro, por fin abre los ojos, está en el descanso de las escaleras. También tiene frío. Se incorpora un poco, acercándose a la pared, quiere quitarse del medio y dejar el paso libre.

Mira hacia arriba. Los pasos que oía, son gatos, algunos blancos, otros negros, también los hay jaspeados, bajan rápidamente las escaleras, se empujan entre ellos, son violentos. Son del tamaño de perros medianos y están bien alimentados, se ven fuertes. Inés siente un poco de temor al verlos pasar, ellos por su parte la ignoran por completo. Al igual que ignoran al bebe desnudo, sucio y silencioso que gatea hacia abajo detrás de ellos. Inés se queda indiferente ante el bebé, los gatos la asustan y eso acapara toda su atención. Las escaleras son magníficas pero viejas, por eso crujen con el movimiento de los animales, la madera es de color caoba, el pasamanos esta decorado con intrincados diseños Rococó, se ve sólida, firme pero esta un poco pegajosa como si nu hubieran sido limpiadas en mucho tiempo.

Ahora mira hacia abajo, está el salón, y el recibidor de la casa, pero los gatos doblan hacia la izquierda al llegar abajo y ahí se quedan amontonados, casi al pie de las escaleras. Con dificultad, Inés se pone de pie, está muy débil, siente náuseas y hambre al mismo tiempo. Una sensación con la que se ha acostumbrado a despertarse, lo mismo que la desorientación, pero ya sabe que encontrará platos con sobros de comida de la noche anterior sobre las mesitas del el salón o tal vez en la cocina; también sabe que despertar dentro de esta casa, solamente no sabe en cual habitación.

Sabe que los gatos no buscan la misma comida que ella. El ambiente está cargado con olor dulzón a hierro, eso no ayuda con las náuseas y al terminar de incorporarse se dobla por la mitad en arcadas vacías, su estómago está vacío, no comió nada el día anterior. Se sostiene apoyando la mano derecha contra la pared y baja con mucha dificultad, sus piernas son lo que más le duele. El piso abajo está sucio, restos de comida, restos líquidos y vidrios y cerámica rota lo cubren prácticamente como una alfombra, camina con cuidado. La sensación pegajosa aquí es peor que en las escaleras, lo mismo que el olor al que ya ha empezado a acostumbrarse, al pasar por enfrente de la puerta la abre, piensa que eso ayudará a airear el ambiente y a iluminar el piso. Afuera hace sol y el jardín se extiende glorioso como un bosque, pero ni se fija en ellos. Inmediatamente mira a su izquierda.

Al lado de la base de las escaleras hay una mesa de buffet, está cubierta con un mantel grueso y brillante que llega hasta el piso y se extiende en él, es de un color arena dorado, brilla aún más con la luz del sol. Está cubierto con manchas y costras negras dispersas por toda su superficie. Sobre la mesa hay enormes bandejas y fuentes de estaño llenas de manzanas de un rojo profundo, casi del mismo color que las manchas del mantel pero son brillantes, se ven deliciosas. Inés toma una con cada mano y empieza a comer. Los gatos también se han subido a la mesa pero no les interesan las manzanas.

Están como sentadas sobre la mesa, en la parte más al fondo con la espalda apoyada contra la pared que es más bien una extensión de las escaleras, de la misma madera y con las mismas decoraciones, las cabezas caen de medio lado y se apoyan una contra la otra. Las piernas las tienen estiradas entre las manzanas y las bandejas, pero solo se les ven los pies. Están completamente inmóviles, inertes. Están desnudas de la cintura para arriba y ambas llevan máscaras de animales, una lleva una de zorro, la otra, de lobo. Llevan faldas iguales, largas y acampanadas con mucha tela. La tela es parecida a la del mantel pero más oscura, más rosa; ambos combinan perfectamente. Inés sabe que el olor proviene de ellas, sabe que son niñas porque tienen el pecho casi formado. Los gatos comen de sus brazos y de sus pies, pero ya no sangran, debieron haber muerto hace horas. Son un poco mayores que Inés. Mientras come su manzana Inés las admira y se pregunta si alguna vez tendrá tetas como esas, le gustaría pero a veces piensa que no sobrevivirá para verlo.

1 de Agosto de 2022 às 15:34 2 Denunciar Insira Seguir história
0
Fim

Conheça o autor

Comente algo

Publique!
Nenhum comentário ainda. Seja o primeiro a dizer alguma coisa!
~