missinhibition Lumina Nix

La verdadera intimidad es la que tienes contigo a solas, a oscuras, mientras lloras agua de tu infierno interno.


Suspense/Mistério Impróprio para crianças menores de 13 anos.

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Algo a cambio de nada

Había caído ya la primera noche… Su voz la trataba como un fenómeno una vez más. Las ruedas contra el pavimento; el sonido de aquellas piedrecillas saltando hacia todos lados, el suave mecer del asiento del copiloto; fuera, una vista negra y fenomenal. Noches de verano.

“Compórtate”, entre otras cosas más, si ella no lo calló con palabras sí lo hizo con largos tragos de bebestibles altos en alcohol. Ambos sabían a lo que iban, cada cual con sus secretos y expectativas; una conversación torpe, hosca, sin emociones, impaciente, animal que espera la hora de salir de su jaula.

No, ella volvió a beber y se enfocó en escuchar su música llenadora del momento, cantó y caminó hacia un aspersor, en aquel infinito jardín junto a un cerro y ese cerro junto a un estero y ese estero junto a un sauce que dejaba caer, mecidos por el viento sus ramajes a un tranque negro, el sonido de las ondas que tocaban la tierra, empujadas por la brisa fresca venida de las alturas, dejando su coro de susurros en los bosques del terreno.

Frío, ella empapó su vestido y paseó por el rededor, entre aquel odio, canción tras canción, intentando lograr que aquella horrible amargura se deslizara por su garganta junto a aquel nudo que indicaba la necesidad de llorar.

Entre tanta naturaleza, había un refrigerador que alguien había olvidado retirar. Con el cabello y el cuerpo humedecidos, entró en él. Necesitaba tanto aquella sensación de frío, una vez adentro se sintió pequeña y esperó hasta los 14º, igual que la bebida que estaba tomando. No pudo estar mucho tiempo adentro antes de que él volviera a quejarse, así que se fue caminar errante por aquel oscuro jardín. Recorrió el borde del bosque junto al estero, pensó en meterse al tranque negro, de aguas calmas, consciente de que no sabía nadar; la contaminación del agua la detuvo.

Se internó entre los árboles y luego de casi caer por una pequeña pendiente, se recostó entre las hojas caídas… ya estaba un poco fría pero no parecía ser suficiente. Ahí yacía a merced de la luna arriba en el firmamento, como un implacable dios cruento, se veía y se sentía como un sol de invierno; una luna grande, plena, llena y brillante, tanto, que no se veían las estrellas. Ella deseó tan fuerte y entre lágrimas, ser congelada por ese resplandor, que si la luna fuese como un sol, ella quisiera haber sido incinerada entre sus llamas de plata. Ojalá la eternidad hubiese venido a salvarla congelando ese instante, aquellos instantes antes del desastre, de una catástrofe al corazón, una bomba de racimo al cerebro corrompido.

La inmovilidad y la brisa, la luna y sus lágrimas de ceniza, momentos que decidió dejar arder hasta hacerlos desaparecer.

Se levantó con dificultad después de recibir un llamado exasperado; le temblaba el cuerpo, le castañeaban los dientes… se acercó, lentamente hasta la camioneta y él sólo miró con desdén; ella apuntó un lugar bajo unas ramas, a la sombra de aquella solemne e inmutable luna. Se tiró sobre unas mantas y él se acomodó sobre ella. Su mente repetía que sería rápido y más rápido lo olvidaría, todo era en orden de surgir, salir del estado de entumecimiento que tenían los sucesos en su vida, haciéndola sentir como una muerta que respira. Parecía ser que él siempre estaba listo sin importar nada, pero al tocarla, en ella explotó el instinto de supervivencia; con tercianas, lloró y pateó, empujó y rasguñó. Él no tuvo más opción que rendirse por esa vez, pero no por siempre, ni siquiera por mucho tiempo más.

Esa noche, ella lloró en su cama y se durmió de madrugada.

La segunda noche llegó en el frenesí nefasto de un ataque de ansiedad mal abordado. El “es ahora o nunca”, lo hacía de antemano, un hecho casi consumado sin aún salir de su hogar. Intentaron detenerla, pues en aquel estado mental, difícilmente podría tomar una buena decisión… así era. Tomó algunas cosas y a su cachorro compañero de vida. Condujo con el corazón en la boca, con aquella tóxica adrenalina corroyendo sus venas con un veneno a punto de infectar sus sentidos. En aquel lugar nuevamente, la naturaleza silenciosa y oscura, esta vez no había luna para arder bajo su luz, aquel era el turno de la máxima oscuridad de la noche; un negro espejo que ella no debió ignorar.

Él se acomodó en el cuarto del lugar, miró películas, jugó en su celular, siempre parecía listo para actuar, sin importar si ocurría algo imprevisto en lo que pensar.

Nuevamente la angustia atacaba, amenazaba con boicotear la idea andrógina de madurar a través de un intercambio de experiencias, aunque terminaran por ser nefastas para ella. Los nervios la empujaron a actuar, salió de allí y en el abrazo frío y acogedor de aquella noche negra con algunas estrellas, lloró.

Subió al altar para la naturaleza, un árbol centenario. Con la torpeza otorgada nuevamente por el alcohol, bebió rápidamente tragos fuertes, mientras sus pies se encontraban casi por suerte con las interminables escalinatas de madera. Subió a ciegas, a tientas, pidiendo perdón a la soledad y dolor que representaba su alma en aquella religiosa procesión. Al llegar al árbol se abrazó a él con fuerza, el tiempo no valió nada en aquel momento y cuando se alejó del tronco, llorando aún, estrelló la cabeza con dureza. Pensó que aquel dolor no era suficiente para enmendar lo que pensaba hacer, repitió los golpes una y otra vez hasta sentir que de seguro el costado de su rostro estaría morado.

Bajó de regreso nuevamente a oscuras, sin encender ninguna luz artificial. Realmente quería resbalar por las escalinatas, quería que aquello la lastimara en serio, que castigara su dolor interno pero llegó al camino de asfalto ilesa y el ardor de su culpa exigía una redención completa. Temblando y con los ojos llorosos se tendió en el suelo y comenzó a rodar sobre sí misma camino abajo; cada giro resultaba doloroso, cada giro era una herida asegurada, rodó sin detenerse hasta llegar al costado, estaba lleno de grava que se clavaba en su piel.

En ese momento aquel tipo llegó a verla, la observó con clara desaprobación por su actuar, no se fijó en si ella estaba herida. De regreso en aquella habitación ella volvió a beber más alcohol, pensando en que así podría aplacar en algo su miedo. Él siempre estaba listo, ella esperó y se quejó del dolor; empujó con ambos brazos pero no funcionó; contuvo la respiración. Él había estado enojado y de mal humor pero al acomodarse a ver su película, sonreía con socarronería.

Ella volvía a temblar, se revisó en el baño, estaba ebria, confundida, adolorida, asqueada, aterrada, nerviosa y vacía… su alma estaba vacía; no así así el blanco papel cubierto de sangre, brillante, roja proveniente de un dolor desconocido y punzante. Sus manos temblaron mientras entre un llanto sinuoso y una mente inconexa, brotaron risas nerviosas, coronando aquella falta que ella pedía al vacío, fuera correcta.

El daño estaba hecho, la joven durmió con su perro como siempre; aquel bulto humano, ignorado por el tipo que roncaba más allá, despertaría a la mañana siguiente con la mente completamente dañada. Había hecho un trato con los demonios de una bestia con nombre impronunciable dado milenios atrás. Había abierto la puerta al instinto devorador de carne; había creído en algo equivocado, había cedido lugar a un animal corrompido y ya le había enseñado los dientes.

Ella al darse cuenta un día, de nuevo rogaría por piedad, a la Muerte.

1 de Novembro de 2021 às 00:06 3 Denunciar Insira Seguir história
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Fim

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Lumina Nix Caminando entre palabras no escritas.

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esperanza Elena Renjifo Silva esperanza Elena Renjifo Silva
muy cierto, todo eso
September 21, 2022, 19:56

Lumina Nix Lumina Nix
Cuidado con lo que se desea, nunca está demás decir. Lumina.
November 01, 2021, 00:09
~