daavidr David Ramírez

De vergüenza en vergüenza. Así me la paso corrigiendo aquellos recuerdos que tuve hace 4 años, cuando empecé a hablarle al amor. En una de esas noches, me decido a escribir mis sentimientos, saliendo una reflexión cuando menos, curiosa.


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La pena

Actualmente estoy intentando desplumarme el miedo. Y más que el miedo, la pena; ajena, porque siento que el mismo chico que escribió aquellos relatos de amor no era yo.


Cuando abro ese documento me corre un escalofrío por los brazos, pero no se me erizan los vellos, como quien no quiere levantarse de la cama porque no le gusta ir al colegio o al trabajo. Quisiera por un momento ser como ellos, y poder no hacer frente a aquellas agresiones a mi identidad, para que se encargue otro de eso.


Los relatos de amor son algo que siempre me ha encantado. Ver como una persona "del común" puede pasar a ser un cúmulo tan bonito de cosas por las que merece vivir, es algo que me encanta. Es casi como exprimir a la persona: sacarle la gracia de dentro y ponerla en todo tipo de lugares, para que así se de cuenta de lo mucho que vale en este mundo. Y encima, ver que yo fui aquél arquitecto que pudo extraer de la piel el significado más profundo es algo que me completa.


Una pena que el mundo funcione como funcione. Los fallos técnicos, la mierda que tengo en la cabeza, el despertar hormonal y emocional de aquellos años, el ego y la vergüenza de ser quien soy acabaron corrompiendo esos relatos.


— Es solo un poquito —reflexionaba en mi estupidez inocente.


Ojalá hubieras acertado, chavalín.


Vieras cómo sufro para ver los textos y no acabar muriendo de la pena por hablar endiosando tanto a las personas, o de la vergüenza por acordarme las escenas tan artificialmente ceremoniosas que solo daban rechazo, o el desdén casi como un mecanismo de defensa al acordarme la historia tanto antes como después de esos textos. Así empecé, y no tengo por qué darme tantos palos, pero tampoco puedo hacer como que esta picazón en mi cuerpo no existe.


Y ahí me tienes, intentando corregir sin mirar mucho lo que escribo. Por eso las editoriales tienen editores y correctores de estilo, ahorita me vengo a enterar. Supongo que esta es una de las razones por las que dicen que si tienes dinero te arreglas la vida; no tienes que verte cara a cara con tu sufrimiento.


Pero no tengo dinero ni ganas de que me quiten el sufrimiento de delante. Necesito hacer frente a esto y hacerme cargo de mis decisiones, sin importar que tan erradas estén. Da más miedo que nada. De hecho, puede que mis correcciones sean igual de malas que esos relatos, pero si no lo hago no cometo errores, y si no la embarro no aprendo.


Una ventaja que puedo sacar de esta experiencia tan... particular, es que me hace darme cuenta de cómo voy en los temas del corazón.

10 de Fevereiro de 2021 às 16:35 0 Denunciar Insira Seguir história
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