francisco-javier-fg Francisco Javier FG

Continuación de "Alex Raider. El primer bio-soldado", Alex Raider descubre que Sonorc, la multinacional para la que trabaja, está siendo controlada por un poderoso grupo de archidemonios, que se hacen llamar "Los Siete", y quién creía que era su mayor enemigo, resultará ser su mayor aliado durante esta novela. Una poderosa droga creada por la archidemonio de la lujuria, el bandalismo de un peligroso grupo de licántropos o la aparición de unos peligrosos vampiros ancestrales, son solo algunos de los acontecimientos a los que Alex Raider y sus amigos deberán de hacer frente, mientras vigila su espalda ante la inminente amenaza de Xenazu, el hermano perdido y que fue criado desde pequeño por el archidemonio Eligor.


Ação Para maiores de 18 apenas.

#drama #fantasy #381
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Capítulo 01: De la mano del tiempo

El atlético Alex Raider se encontraba sobre la azotea privada de Alwyn, la cual estaba ubicada justo encima de su despacho y que era, evidentemente, el punto más elevado del edificio central de Sonorc, y también de la ciudad. El moreno iba vestido con su cuero negro y luciendo músculo, gracias al chaleco sin cremallera ni mangas que llevaba.

Frente a Alex se encontraba el presidente de Sonorc, Alwyn Sonorc, quien en esos instantes tan solo llevaba unos humildes pantalones blancos de estilo sport.

—¿Empezamos? —preguntó el joven presidente, esbozando una sonrisa.

—Ni lo dudes. Llegó la hora de darte tu escarmiento, Cronos.

Esas últimas palabras provocaron que la sonrisa de Alwyn se hiciera más grande.

Alex se impulsó contra Alwyn pegando un gran salto con el que se tiró sobre él cargando un buen puñetazo. El presidente interpuso su antebrazo dejando que el puño de Alex golpeara en él y, al hacerlo, se produjo una buena onda expansiva de choque que destrozó los ventanales del despacho, con la sacudida provocada por aquella onda.

—¡Bien concentrado! —Exclamó Cronos sin dejar de sonreír —. Pero espero que hayas mejorado algo más.

Alwyn agarró la muñeca de Alex con su otra mano y lo lanzó con violencia contra uno de los edificios cercanos. El joven, hijo de la fuerza universal, traspasó los ventanales de una de las plantas saliendo por el otro lado del edificio, atravesando el ventanal del siguiente edificio incluso y cayendo en una de las oficinas donde se vio enterrado entre escombros.

El presidente desapareció de su posición, envuelto en simple humo brillante que se disipó, reapareciendo junto al cuerpo enterrado de Alex.

—No puede ser que no hayas mejorado casi nada en estos meses —decía Alwyn, con tono de decepción, mientras se ponía de cuclillas mirando hacia los escombros.

—No deberías subestimarme.

La voz de Alex le llegó a Alwyn a su espalda y, cuando se fue a girar, notó como algo apresaba sus piernas. Alex se había fundido en el suelo y había asomado medio cuerpo a través de él, apresando así las piernas de Alwyn con sus manos. Al instante, Alwyn se vio impulsado hacia abajo, comiéndose la superficie de unas cuantas plantas, hasta que al final Alex le asestó un violento puñetazo en el rostro con el que Alwyn fue disparado hacia el exterior, traspasando un nuevo ventanal y estrellándose contra el tejado de otro edificio. Alex, que se encontraba con su cuerpo materializado en el mismo material con el que estaban construidas los suelos de aquel edificio, hizo que su cuerpo retomara un aspecto normal.

Tras quitarse el harapiento chaleco que estaba lleno de agujeros, el muchacho concentró energía de su alrededor, provocando apagones por todo el edificio, para así poder encerrarse en una esfera de energía con la que comenzó a levitar a gran velocidad y en dirección hacia donde había lanzado a Alwyn.

—Sin duda, tu poder ha crecido.

Una tétrica, grave y oscura voz se comenzaba a escuchar por casi toda la ciudad.

Dos portales interdimensionales se abrieron a los costados del muchacho y, de esos portales, emergieron dos enormes brazos, recubiertos de algún tipo de metal negro, tratando de aplastar la esfera de Alex. El chico hizo todo lo posible para que la esfera aguantase, reuniendo más y más energía.

—Pero aún tienes mucho que aprender.

Los enormes dedos de aquellos brazos comenzaron a absorber la energía de la esfera a una velocidad mayor que la que Alex usaba para alimentar su esfera, logrando que rápidamente fuera quedando desprotegido.

—¡Mierda!

—Esto es el final.

Al final, aquellas manos, cuando terminaron de concentrar la energía de la esfera, la liberaron contra el propio muchacho provocando que su cuerpo reventase en una destellante y cegadora explosión de luz.

Lo próximo que vio Alex fue así mismo en el despacho de Alwyn, en perfecto estado y con el presidente frente a él, vestido con ropa normal.

—Bueno. Reconozco que has mejorado bastante —admitió Alwyn mientras se acercaba a su minibar para servirse una copa —, pero debo de apretarte más si quieres poder vencer a tu hermano.

—Siendo un ser tan poderoso, esperaba que el tan temido Cronos —comentó en tono burlesco —, me metiera más caña en estos entrenamientos.

—No sirve de nada meterte demasiada caña si tu cuerpo no es capaz de soportar mis clases y, como señor del tiempo, te puedo asegurar que tu destino en cuanto a tu enfrentamiento con tu hermano aún no está escrito, por lo que aún tienes opciones de lograr vencer a tu hermano.

Tras terminar de servirse, Alwyn echó bebida a otra copa y luego se la pasó a Alex.

—¡Gracias!

Alex aceptó la copa y luego ambos brindaron haciendo chocarlas. Mientras eso pasaba, un sonriente Alex comenzaba a recordar algo que ocurrió hace seis meses, justo después de darse cuenta de que Sonorc era un anagrama de Cronos…




Un alterado Alex salía de su despacho en dirección al ascensor, golpeando sin querer en el hombro de algún compañero.

—¡Eh! ¿Qué te ocurre? —preguntaba un científico.

Cuando Alex llegó al despacho del presidente, entró sin pedir permiso y pillando a Alwyn hablando por teléfono.

—¡¿Alex?! ¿Qué ocurre? —le preguntaba el presidente mientras que el enfurecido muchacho se dirigía aceleradamente hacia él.

—Ya sé quién eres, maldito miserable.

Alex agarró a su jefe por la camiseta y le golpeó con fuerza contra la tabla de la mesa, rompiéndola del golpe y viendo como parecía que a Alwyn ni siquiera le había dolido.

—Por fin te has dado cuenta amigo mío —sonrió Alwyn —. ¿Ya sabes mi verdadero nombre, no?

—Cronos —exclamó Alex manteniendo su tono alterado —. Acabaré contigo, maldito gusano.

Alex lo fue a lanzar contra los ventanales, pero entonces el cuerpo de Alwyn se disolvió en una especie de nube de gas negro que envolvió al propio Alex. Alex se vio de pronto en lo que parecía ser el espacio exterior. Un lugar oscuro que, aunque debía de ser frío, él no lo estaba sintiendo.

—Esperaba que descubrieras la verdad en breves —susurró la grave voz de Cronos, que llegaba por todas partes.

—Maldito cabrón. Todo este tiempo has estado manipulándome, has adulterado el suero que me metieron para hacerme más débil y haciéndome creer que trabajaba para alguien digno y de fiar. Pero no. Resulta que todo este tiempo estaba trabajando para ti y depositando mi confianza en el mismo ser que exilio a mi padre.

—¿Manipularte? ¿Adulterar el suero? —preguntaba aquella voz —. Todo lo que he hecho durante este tiempo ha sido para protegerte. ¿Crees que hubieras logrado llegar hasta Eligor si no hubiera adulterado de esa forma tu cuerpo? Eligor hubiera podido rastrearte y estaba claro que estabas teniendo problemas de autocontrol. Tan solo intentaba matar dos pájaros de un tiro, además de ayudarte a desencadenar todo tu potencial.

—¿Me quieres hacer creer que querías ayudarme contra Eligor? Tú trajiste a los archidemonios a este mundo. Seguro que también están por aquí los otros cinco archidemonios.

—Es cierto que yo traje a Eligor y a sus hermanos. Sin embargo, no fue voluntad mía traerlos hasta aquí.

—¡¿Cómo dices?! —preguntó el muchacho incrédulo.

—Todo comenzó hace muchos años, cuando los Elm de Orus decidieron crearme para que fuera tras tu padre.

De pronto, todo alrededor de Alex comenzó a desaparecer y, en su lugar, se vio sobrevolando un extenso territorio desértico, bañado de oscuras nubes y terrenos de tonos oscuros.

—¿Estamos en Necrolm? ¿El continente maldito de Orus? —preguntó Alex mientras se daba cuenta de que se encontraba en el planeta de su hermano.

Cuatro enormes gigantes elementales yacían reunidos ante Alex.

—¿No pueden vernos?

—Solo te estoy mostrando algunos vestigios del propio tiempo. Lo que ves, en realidad, está pasando en tu mente —susurró la voz de Cronos.

Los cuatro Elm parecían estar conjurando y una especie de luz negra se formó entre los cuatro, una luz que fue tomando forma de silueta aunque no corpórea.

—Los Elm crearon un ser con la capacidad especial de controlar el tiempo y el espacio. Poderes que pensaron que servirían para parar los pies a la Fuerza Universal. Sin embargo, no pensaron en el alma propia que estaban creando. Mi naturaleza solo me obligaba a velar por la seguridad de la propia existencia, a ser un guardián del propio espacio y del propio tiempo. No tenía motivos para convertirme en el siervo de ninguno de los dos bandos.

—¿Entonces porque viniste finalmente siguiendo a mi padre?

—Como ya sabrás, los Elm estaban influenciados por el elemento omega, que por aquel entonces mantenía medio Orus influenciado. Ellos, conscientes de que no iban a poder doblegar mi voluntad con facilidad, acudieron al ser más poderoso e inteligente que tenían más a mano, el temible Nubaoz.

—¡¿Nubaoz?! Si no recuerdo mal era un temible alto hechicero que reclutaba niños criándolos en el mal, e incluso creo que se dedicaba a manipular algunas mentes humanas.

—La magia de Nubaoz era muy poderosa, una magia que ni yo pude superar. Nubaoz logró doblegar mi voluntad a los deseos de los Elm.

Las imágenes que Alex comenzó a ver a continuación, fueron las de una extraña silueta viajando por el universo hasta llegar al planeta de Titan.

—Cuando llegué a Titán, el hechizo me obligó a buscar a la Fuerza Universal, pero su poder estaba tan debilitado que no lograba encontrar nada. Por ello y al ver que el ziraneo me estaba afectando, comprendí que a la Fuerza Universal le estaría pasando lo mismo. Mi misión fracasaba y eso no podía permitirlo, por ello abrí un portal al mundo oscuro, el hogar de los demonios, y de allí logré traer a los siete archidemonios.

—Entiendo.

—Los archidemonios comenzaron a trabajar para mí y su presencia hizo que la Fuerza Universal reaccionara, permitiéndome encontrarlo y enviarlo a aquella galaxia.

—¿Y por qué debo creer que Nubaoz ya no te controla?

—Nubaoz fue destruido el año pasado por los amigos de tu hermano y, al morir él, su hechizo sobre mí desapareció.

Alex sabía por Lucrecia que Zeon, su hermano, había logrado liberar su planeta de su mal, por lo que la teoría de Cronos tenía mucho sentido.

—Cuando recuperé mi conciencia, me encontré con que tenía el control de Sonorc y a seis de los archidemonios formando el consejo de la empresa. Quise deshacerme de los archidemonios enviándolos de vuelta a su mundo, pero ya era demasiado tarde. El ziraneo había tenido ya demasiado efecto sobre mí y apenas puedo usar una parte de mí poder.

—¿Y por qué no te fuiste?

—Tras haber cometido mi crimen con tu padre, sentía que no podía irme de aquí sin antes remediar mi error y sabía que, si me quedaba, podía ayudarte a salvar este mundo. Además, la aparición de los archidemonios fue un error mío y no puedo dejar que este mundo pague por lo que hice.

—Ahora entiendo porque apenas te opusiste a firmar la orden contra mí. ¿No solo era por Eligor, no?

—No. Los archidemonios saben que ahora mismo podrían acabar conmigo. El ziraneo ha hecho que todo mi ser quede apresado en el cuerpo físico que me creé. Si lo destruyen, no moriré eternamente, pero desapareceré durante mucho tiempo y mi temporal destrucción podría provocar una terrible catástrofe para el universo. Debía de seguirles la corriente, por mucho que me doliera tener que ponerte a ti y a tu familia en esa situación.

—Vaya, y eso que eres un ser neutral.

—Soy neutral porque no estoy a favor de ningún bando en particular. Mi única misión de existencia es la de proteger el universo y evitar cualquier posible gran catástrofe. Mi poder es demasiado enorme como para dejarlo a merced del bien o del mal, pero no puedo permitir que gente inocente sufra por mis propios errores o porque otros me hayan manipulado. Eso es algo que nunca toleraré a ninguno de los dos bandos.

Todo ese espacio comenzó a desaparecer y Alex empezó a verse de nuevo dentro de aquella nube de gas. La nube de gas desapareció y, en su lugar, reapareció Cronos con la forma de Alwyn.

—¿Lo entiendes? —le preguntó Alwyn mirando a Alex fijamente a sus ojos.

—Creo que sí. Deduzco entonces que los cinco archidemonios que faltan son los que ocupan ahora mismo el consejo de Sonorc.

—Así es —Cronos se acercó al muchacho colocando las manos sobre sus hombros —. Y necesito tu ayuda, Alex Raider. El destino del universo está en tus manos.




Alex recordaba aquel momento en el que Cronos le pidió ayuda mientras que se terminaba de tomar la copa que le acababa de ofrecer.

—¿Y cuándo vamos a ir a por esos cinco archidemonios que llevo seis meses toreando a mi pesar?

—Paciencia, Alex. Debemos de tener cuidado. Si no fuera por Xenazu, te hubiera dicho hace seis meses de ir ya a por ellos, pero ahora mismo es muy arriesgado.

—¿Crees que Xenazu sabe todo esto?

—Fue criado por Eligor, uno de los archidemonios que traje. Estoy convencido de que no solo lo sabe sino que, además, es de esperar que lo tenga en cuenta —Alwyn bebió un poco de su copa —. Si nos aceleramos, podríamos provocar a tu hermano y eso es peligroso.

—Tal vez no haga falta que acabemos con ellos nosotros mismos. Puede ser una operación desde fuera, sin que parezca que sea cosa nuestra.

—¿Así? ¿Qué has pensado? —le pregunto Alwyn, después de quedarse intrigado ante las palabras del hijo de la fuerza universal.

—Pues verás, resulta que…

Alex comenzó a recordar cuando, hace cinco meses, cumplió con la promesa que le había realizado a cierto sereiph que se encontró en aquellas ruinas, cuando iban a acabar con Lord Lyrion, el traficante de armas.




Era un día soleado sobre el bello paisaje de Sylker, un concejo con abundante vegetación, rios y unas cuantas montañas, además de un extenso y frondoso bosque.

El joven Alex, vestido con pantalones cortos y una camiseta sin mangas, y con una mochila a su espalda, recorría un camino lleno de piedras. Un camino que se desplazaba junto al río y que llevaba hacia aquel bosque que se encontraba atrapado en medio de aquel sistema montañoso. Era un bosque al que solo se podía llegar por ese camino.

Cuando el moreno terminó de recorrer aquel camino, llegó a la entrada de aquel bosque, que desde fuera parecía un bosque normal. Sin embargo, cuando atravesó el umbral, fue como si acabase de traspasar algún tipo de escudo de energía o portal y ya no se encontraba en un simple bosque normal.

Se encontraba en un espectacular valle, con un gran lago en el centro y, alrededor del lago, todo un pueblo formado a base de casas y templos, de arquitectura similar a la de nuestra arquitectura romana.

—¡Quieto ahí! —ordenó una voz joven, justo antes de que varios y pequeños destellos de luz aparecieran de pronto a su alrededor. Destellos que, tras su paso, dejaron plantados cuatro figuras humanoides armadas con unas espadas formadas por simple luz solidificada.

Dos de aquellos chicos iban con unos simples pantalones y unos tirantes mientras que las chicas llevaban unos pantalones cortos y una especie de sostenes.

—¿Sois los sereiph, verdad? —preguntó Alex justo antes de fijarse en el rostro de uno de esos sereiph —. ¡¿Engel?! ¡Engel! Soy yo, Alex Raider, hace un mes te prometí que vendría a veros.

—Oh, cierto, es él —Engel hizo desaparecer la luz solidificada de su mano, para luego llevarse las manos a la cabeza —. Por favor, perdona nuestra reacción.

—¿Es él? —preguntó una de las chicas a Engel.

—Sí, sí, es el hijo de la fuerza universal.

Todos hicieron desaparecer las armas y abandonaron su posición defensiva.

—¿Vosotros no veis mucho la televisión, no? —les preguntó el moreno al ver que ninguno sabía quién era.

—¿Acaso hay algo que ver? —le preguntó una de las chicas en tono irónico.

—También es verdad.

—Ven, te llevaremos ante nuestro líder.

Los cuatro sereiph le llevaron al interior de la villa, haciéndole recorrer parte de la única calle que había hasta que llegaron frente a un templo.

Subiendo unas escaleras, pasaron entre las columnas y llegaron frente al portón que protegían dos sereiph, que parecían hacer las veces de guardias a juzgar por los petos plateados que llevaban.

—Es Alex Raider, el hijo de la Fuerza Universal. El capitán querrá conocerlo —les dijo Engel a los guardias.

Los guardias se apartaron del portón y dejaron a los sereiph seguir escoltando a Alex al interior del templo. Dentro del templo, se encontraron con una amplia sala con un sillón dorado al fondo tras un escritorio. La sala estaba llena de estanterías con libros y diversos artilugios. Había una especie de maniquí con una curiosa armadura de tonos blancos y dorados, y una especie de pilar justo al lado derecho de la sala. Sobre el sillón, se encontraba un joven vestido con unos pantalones vaqueros y una túnica sin mangas que dejaba a la vista tanto sus evidentes abdominales como sus bíceps.

—¡Alex Raider! —susurró el chico de pelo castaño, que yacía sentado en aquel sillón —. Te he visto venir por el camino hace un momento.

Aquel sereiph se levantó de su asiento, bordeó el escritorio y comenzó a caminar hacia Alex.

—Llevo mucho tiempo esperando este momento. Parece que hice bien en seguir los consejos de tu padre —El castaño, de corto pelo puntiagudo, extendió su mano hacia Alex —. Soy Ryomaru, Ryomaru Baransu, séptimo capitán de los sereiph.

—¡Un placer, Ryomaru!

—El placer es mío —afirmó Baransu esbozando una amplia sonrisa.

—Una pregunta, ¿Cómo es posible que tú sepas quien soy a simple vista y…?

—Es gracias a esto —Ryomaru se acercó a aquel pilar, invitando a Alex a acercarse también.

—Con esto puedo ver lo que está ocurriendo en el planeta. Me enseña lo que ocurre allá donde quiero o, por defecto, muestra aquello más importante que ocurre en el momento.

—Un artefacto que los demás no tenemos en nuestras casas —afirmó una de las chicas sereiph, una chica morena y con coleta.

—Solo yo puedo usarlo. Un artefacto que me costó mucho tiempo construir pero que me ha servido de gran ayuda —Ryomaru se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia su escritorio —. Por favor, dejadnos al señor Raider y a mí a solas.

Alex observó cómo aquellos sereiph abandonaban la sala y le dejaban a solas con el tal Ryomaru.

—¿Te gusta el té? —le preguntó Ryomaru mientras se acercaba a una bandeja de su escritorio y se servía en una taza de cristal —. Este té es especial. Elaborado por nosotros mismos con algunas hierbas que solo crecen en este valle.

—Sí, venga, me gusta probar cosas nuevas.

El moreno se acercó mientras que Ryomaru servía en una segunda taza que tenía ahí.

—Sé lo que has vivido recientemente. Sé tu historia y la de Xenazu. ¿La cosa se ha complicado, eh?

—No lo sabes bien —le dijo Alex.

—Bueno, lo primero es darte las gracias por ayudar a este mundo contra los demonios. Vi como ayudabas a formar a los cazadores de demonios. Para mi ha sido un gustazo ver como unos humanos continuaban con lo que nosotros habíamos empezado.

—No sabía que estabais vosotros y algo teníamos que hacer.

—No, no quiero que te disculpes. Hiciste muy bien, y como te digo, me pareció genial. Pocos sereiph se sintieron mal por el gesto. Lo cierto es que, más que sentirse mal, lo que fue es que hubo algo de lamentación por tener que ocultarse.

—Los demonios habían ganado mucho poder y con Cronos con ellos… La decisión de mi padre era complicada pero correcta, y sabiendo lo que sé…

—¿Qué sabes? —le preguntó Ryomaru al verse incapaz de seguir a su visitante.

Alex le contó la verdad acerca de Alwyn y Cronos, y sobre la influencia que tenían ahora mismo los cinco archidemonios sobre él.

—La cosa es grave, sin duda —dijo Ryomaru asintiendo con la cabeza.

—¿Cómo están tus sereiph? ¿Serían capaces de luchar conmigo contra los demonios?

—¿Luchar? No he podido dejarles entrenar. Aunque nos proteja esa barrera, entrenar les llevaría a usar sus poderes y podrían ser fácilmente rastreados por los demonios. De ninguna manera podríamos entrenar estando los cinco archidemonios por aquí.

—Tal vez, pero puede que Cronos pueda ayudaros en eso —le dijo Alex esbozando una sonrisa, antes de beber un poco de ese té —. Umm, está delicioso.




—¿Crees que en estos cinco meses habrán logrado ya entrenar lo suficiente? —le preguntó Alwyn.

—Son guerreros concienzudos y tampoco digo de enviarles ya, tan solo comentárselo.

—Bueno. Si ellos están de acuerdo, no me parece mal plan —afirmó el presidente —. Pero el consejo estará hoy por aquí. Te recomiendo esperar a mañana para ir a verles.

—Sí, además así voy a comer a casa de mi madre —terminó de decir quedándose pensando unos instantes hasta que al final reaccionó —. Bueno, te dejo, hay cosas que hacer antes de ir a comer.

—Cierto, ¿te toca instrucción, no?

—Sí. Les he citado en la sala de las pasarelas. Voy a endurecer su equilibrio en combate —comentó Alex mientras iba hacia la puerta —. Te tendré informado, Alwyn.

—Dales duro. Más de lo que te doy yo a ti —le dijo Cronos esbozando una sonrisa.

Alex usó el ascensor para llegar a la planta de su despacho, donde tenía su cuarto privado escondido tras un armario que se abrió al intentar sacar un libro.

En la pequeña y humilde habitación, Alex tenía su uniforme de trabajo preparado. Se puso su mono de licra carmesí y luego el peto plateado de capitán de las fuerzas especiales.



—Venga, quiero ver lo bien que peleáis en una situación así —les decía Alex a sus agentes, quienes se encontraban en ropa interior peleando con espadas de goma y ubicados sobre barras que iban de un lado a otro de las paredes, a diferentes alturas y sobre una enorme piscina.

El capitán de las fuerzas especiales se encontraba sobre una pasarela, algo más ancha que aquellas barras y que cruzaba la sala.

—Venga, a los dos que más aguantéis en caer os dejaré enfrentaros a mí en esta pasarela.

Los chicos y chicas que peleaban sobre las barras, poco a poco, iban cayendo al interior de aquella piscina.

—Tenéis que aguantar más, chicos —les decía Alex a los primeros en caer mientras les ayudaba a salir del agua —. Os quiero entrenar equilibrio a diario durante una hora.

—¡¿Capitán?! —preguntó un chico sorprendido.

—¡¿Cómo?! Está bien, Edgar. Tú entrenarás dos horas —le dijo Alex sonrientemente.

Desde que Alex se había convertido en el capitán de las fuerzas especiales, había decidido incluir en el programa de sus agentes unas sesiones de entrenamiento, que él mismo se encargó de meter de forma fija. El muchacho, al ver que los agentes de Sonorc no tenían sesiones de entrenamiento, pensó que eso era un punto flaco que debía de corregir. Los entrenamientos de Alex eran realmente duros y el chico resultaba de lo más exigente. Su miedo a lo que se venía encima, a Xenazu y a ese video del futuro que anunciaba una catástrofe, provocó que Alex exigiera a sus hombres más de lo que le gustaría.




Hacía cinco meses, tras venir de ver a los sereiph, Alex se encontraba en su nuevo despacho, sirviéndose un café con leche en su minibar.

—¿Ya has llegado de ver a los sereiph? —le preguntó Alwyn a Alex, tras entrar en el despacho de esté y verle terminar de acomodarse en el sillón de su escritorio, poniendo el café con leche ante él.

—Sí, se han emocionado mucho al verme —le empezó a explicar mientras que el presidente se sentaba en uno de los dos sillones que había frente al escritorio —, y he conocido a su líder. Un tal Ryomaru. Parece ser un tipo muy inteligente y poderoso.

—Tu padre sabía bien en quién confiar —afirmó Alwyn —. He estado analizando ese video de tu hermano.

—¿Y bien?

—Sin duda, se trata de un mensaje del futuro. Tal vez mi yo del futuro le ayudará a enviar ese mensaje, no se.

—Pero Zeon no parecía ser consciente de eso. Hablaba como si esperase que yo contestara en su propio tiempo.

—Lo sé, pero quien sabe lo que pasó. Tal vez vi el mensaje y te lo mandé, pero desde luego, no augura nada bueno y lo que veo en el tiempo tampoco…

—¿Qué quieres decir?

—El futuro no está escrito, pero varias de las líneas posibles nos conducen a una auténtica catástrofe. No logro ver cómo llegamos a eso, pero hay demasiadas posibilidades de que, el próximo año, esta ciudad sea destruida.

—Bueno, aún tenemos tiempo. Seguro que logramos resolverlo —dijo Alex con tono dudoso, pues ni él mismo estaba seguro de lo que estaba diciendo.

—Sí, y lo que nos toca a todos, y no solo a los sereiph, es entrenar duramente.

—¡¿Qué?!

—¿Necesitas entrenamiento, no? Yo mismo puedo entrenarte. Te convertiré en la lanza que atravesará el pecho de Xenazu cuando te lo encuentres.




—Bien, habéis logrado aguantar hasta el final —les decía el moreno a una pareja, de chico y chica, que eran los únicos que seguían sobre las barras —. Ahora, los dos juntos intentareis arrojarme a mí al agua.

Ambos muchachos saltaron a la pasarela, dejando al moreno atrapado.

—No os preocupéis. No necesito ningún arma.

Aquellos dos muchachos intentaron arrojar a Alex, pero este iba usando su elasticidad y destreza para esquivar los ataques. Alguno lo bloqueó con sus antebrazos.

—Eres demasiado fuerte para nosotros, capitán —le decía el muchacho.

—Eso no os exime de tener que esforzaros —Alex le agarró de la hoja de goma de su espada y tiró de él golpeando con su pierna el pie del muchacho, logrando desequilibrarlo a la vez que tiraba de la hoja y haciendo que el chico cayera de cabeza a la piscina.

—¡¡Ahhh!!

La otra chica entonces comenzó a aumentar la fuerza de los golpes, logrando llegar a golpear el pecho de Alex y pudiendo empujar su cuerpo hasta el borde.

—¿Lo ves? Todos tenemos fuerza en nuestro interior —dijo Alex antes de terminar de mirar hacia el chico que acababa de arrojar, y que en ese momento sacaba su cabeza del agua —. No os debéis de encoger ante un enemigo que veáis superior. Eso es un error. Tal vez yo sea especial, pero cualquier humano normal de Titan puede desarrollar una fuerza increíble. Recordar lo que os enseñé de la influencia que tiene el ziraneo en vuestros cuerpos.

Al final, Alex dio una patada a la chica en su estómago arrojándola al interior de la piscina.

—Venga, a los vestuarios. En una hora os quiero a todos en el puente.



Tras aquel entrenamiento, Alex regresó a su despacho y lo atravesó hasta llegar a su pequeño y recogido gimnasio, rodeado por una pared de espejos. Alex se quedó quieto frente a uno de esos espejos.

—Cuando quieras ir al cuartel de la hermandad, tan solo tendrás que tocar y atravesar el espejo. Solo funcionará como portal cuando tú lo toques. Nadie más podrá activarlo —le decía Alwyn a Alex en el recuerdo que estaba teniendo en su cabeza.

Alex tocó el espejo y, al hacerlo, el espejo desapareció para en su lugar aparecer un portal rodeado de energía violeta. Al otro lado podía verse su habitación de la guarida de los guardianes de las sombras. El chico traspasó el umbral y nada más hacerlo, el espejo retomó la normalidad a ambos lados del portal.

El moreno, vestido con su uniforme de Sonorc, salió de su despacho y comenzó a caminar, recorriendo los pasillos del cuartel y saludando a los hermanos que se iba encontrando. Mientras caminaba, Alex recordó la reunión que tuvo con sus superiores justo después de que Cronos le diera los resultados del análisis del video.




—¿Y seguro que te fías de él? —le preguntaba uno de los encapuchados que rodeaban aquella sala de reuniones, además del propio Alex.

—Sí. Ya os dije hace unas semanas que su historia concuerda totalmente con lo que sabemos y sinceramente, si no fuera lo que dice, me habría matado ya. Conocemos ya la identidad de los cinco archidemonios y está ayudando a los sereiph para que puedan entrenar. Creo que está demostrando que es de fiar — defendió Alex mirando de vez en cuando a todos y cada uno de los encapuchados.

—Yo no creo en Cronos, pero si confió en ti —respondió Rufus, cuyo rostro estaba tapado por su capucha —. Si tú confías en él, eso es lo que me basta.

—Creo que hablo en nombre de todo el consejo cuando te digo que estamos contigo. Y si crees que debemos fiarnos de él, lo haremos —comentó otro encapuchado mientras veía al resto de los suyos asentir —. En cuanto a ese video del futuro, si Cronos cree que es tan probable que suceda, debemos de tomar ciertas medidas y tener los ojos bien abiertos.

—¿Qué sugerís?

—Eres el capitán de las fuerzas especiales. Asegúrate de que toda la ciudad está bien vigilada. Debemos de saber todo lo que pasa en todo momento. Si alguien quiere destruir la ciudad, es cuestión de tiempo que veamos algo de lo que poder tirar.

—¡Bien!




En una enorme sala llena de ordenadores táctiles y grandes pantallas holográficas, se encontraba Alex en lo alto de una céntrica torre y rodeado por sus propias y pequeñas pantallas.

—¿Sabemos algo del equipo de investigación que enviamos a aquella zona? —preguntaba Alex a un teniente que tenía, como quien dice, bajo sus pies, liderando a un pequeño grupo de informáticos.

—Sí. Nos han enviado lo que han encontrado, pero parece que no hay nada raro.

—Bien. ¿Y tráfico? ¿Algún arma extraña, elemento volátil o de características particulares ha entrado en la ciudad?

—Nada aún —respondió otro de los tenientes.

—¡Alerta! —alzó la voz una chica después de que los sensores de su ordenador se encendieran —. Se está produciendo un robo en una sucursal de Sonorc.

Alex tecleó algo en sus ordenadores y activo comunicación con uno de los equipos de agentes.

—¡Equipo sigma! Tienen una misión —les comunicó Alex por megafonía.

Y así era la vida de Alex como capitán de las fuerzas especiales. Desde la sala de operaciones, vigilaba todo y dirigía a todos los equipos, priorizando la seguridad y vigilancia de la ciudad para asegurarse de que esa catástrofe nunca llegara a suceder.

—¡Señor! El equipo sigma parece que tiene problemas. Parece que usan armas muy avanzadas y hay androides con ellos.

—¡¿Androides?! Evelyn, ocupa mi puesto. Iré con mi equipo.

Alex activó una palanca haciendo que, bajo sus pies, se abriera el suelo mostrando una plataforma luminosa que envolvió al moreno en una cegadora luz que lo hizo desaparecer de allí.

El chico reapareció en la céntrica plataforma de su escondite. En una pequeña sala de control con paredes negras y finas grietas luminosas que daban luz al lugar. Alex se encontraba en el centro de una plataforma circular rodeada de ordenadores. Aquella plataforma, que yacía elevada varios metros sobre el suelo, tenía una barandilla a su alrededor, salvo a la altura de los escalones que llevaban a la zona inferior, donde había, entre otras cosas, estanterías y armarios con armas y ropa.

El chico se acercó a la armería, sacando de un cajón su particular arma. Una espada de fina hoja alargada de único filo, tan grande como una katana y en la que en el centro de su empuñadura, había una extraña esfera brillante que parecía estar bien cargada de algún tipo de energía. Luego, el chico se quitó su uniforme, cogió el peto de uno de los maniquís que había en la sala y al ponérselo sobre el pecho, se abrió convirtiéndose en su violácea y ceñida armadura, incluyendo su casco especial con el que su vista quedaba conectada con el visor en forma de “V”.

—¡Alex! —Josue, Sergio y Patri llegaron en ese momento por la plataforma —. Nos acaba de avisar Alwyn pillándonos en nuestra habitación.

—Sí, pensáis bien, será mejor que os equipéis. El equipo sigma corre peligro. Ya sabéis todos a lo que se enfrentan.

Tras coger varias armas, todos bajaron al garaje y se subieron sobe varias motos voladoras que pusieron en marcha y con las que comenzaron a recorrer la ciudad a gran velocidad.

—No sabía que quedaban androides —dijo el de mechas carmesíes.

—Es posible que el proyecto se vendiera y ahora haya quien lo esté reproduciendo, Josue.

Aquel banco estaba rodeado por vehículos de Sonorc que trataban de alejar a la población de lo que ocurría dentro del banco, de cuyo interior se podían escuchar ruidos de combate.

De entre la población, se pudo ver salir unos garfios que se incrustaron en un tejado. A continuación, Alex salió de entre el público junto a sus compañeros, balanceándose sobre la gente y soltando el garfio en el momento preciso para salir impulsados contra unos ventanales y así traspasarlos.

—¡Él ha llegado! Acabemos con él.

Los androides, hasta ese momento, estaban acosando al equipo sigma, quienes estaban sudando y malheridos, ocultos tras lo que quedaban de algunas mesas del banco.

Al ver a Alex con su más que conocida armadura, los androides salieron contra él y su equipo.

—Ayudad al equipo sigma, yo me ocupo de ellos.

Los androides, que físicamente parecían simples hombres y mujeres de buen aspecto, comenzaron a disparar rayos de energía por sus manos pero Alex detuvo los rayos, interponiendo la hoja de su espada. El chico concentró toda la energía en la hoja haciendo que la energía la envolviera.

—Os arrepentiréis de esto.

Alex se abalanzó contra el primero de los androides logrando cortarle una mano gracias al poder destructivo que le proporcionaba toda esa energía concentrada.

—¡¡Arghh!! —gritaba el androide de dolor justo antes de que la hoja de Alex traspasara su cuello haciendo que la cabeza cayera al suelo.

Una androide se impulsó lanzándole una potente patada pero Alex se apartó con una voltereta hacia atrás, haciendo que la androide golpeara el estómago de un compañero que salió lanzado, traspasando un ventanal y estampándolo contra un panel publicitario, provocando una explosión que se llevó medio cuerpo del androide.

—Con compañeras como tú, uno no necesita enemigos.

El comentario de Alex alteró a la androide haciendo que se abalanzara sobre él, pero este dio un pisotón al suelo haciendo que, de este, emergiera una enorme estaca formada por el propio suelo y con la que la ensartó por el estómago.

—¡Maldito mocoso!

La androide abrió la boca y comenzó a concentrar energía.

—Nunca te enseñaron que no se debe echar el aliento a los demás, ¿no?

Haciendo gala de su agilidad, Alex ensartó al androide con la espada recargada de energía por la boca, haciendo que toda la energía que ella estaba concentrando comenzara a extenderse por su cuerpo, provocando que se comenzase a hinchar.

—¡Oh oh! Lo siento chicos pero no se me ocurre otra cosa —decía Alex refiriéndose a los dos androides que se acercaban con ganas de juerga y que eran los últimos que quedaban.

Cuando la androide aquella reventó en una explosión de energía, Alex la redirigió contra los dos androides desintegrando sus cuerpos.

—Hace unos meses no me era tan fácil acabar con estos androides —susurró Alex antes de ver cómo el equipo sigma y sus amigos terminaban de sacar a toda la gente de allí.

Alex salió del edificio por la puerta principal y sintió entonces el flash de un montón de cámaras digitales, además de lograr empezar a escuchar el sonido de los aplausos por la actuación del héroe de la ciudad.




—Y una vez más, el pueblo ha podido ser testigo de la última actuación del héroe conocido como Shadowman —mencionaba la periodista del telediario —. Hace un rato, se producía un impresionante atraco en una sucursal de Sonorc. Los androides estaban a punto de llevarse el dinero cuando un equipo de agentes apareció. La fuerza de los androides era tal que hizo falta la aparición de Shadowman para que todo se resolviera bien. Multitud de periodistas y personas le dedicaron toda una ovación después de que él acabara con esos androides.

—Desde luego hermanito. No paras ¿eh? —le decía a Alex su hermano Adri, cuando estaban sentados en la mesa del comedor de su madre, y mientras él le pasaba una revista de ropa interior donde el moreno salía en portada, luciendo unos provocativos boxer.

—Me llamaron para una campaña de rompa interior y me dijeron que las ganancias serian para donar para los afectados por el atentado de la zona industrial —afirmó Alex sonrojado mientras que Lara y Leticia, madre y abuela, llegaban de la cocina con bandejas llenas de comida.

—Ay, qué gusto poder comer todos juntos —decía la madre con una sonrisa —. Porque tú al final vienes algo más que los domingos, pero Adri...

—Lo siento, madre, pero es que tras mi ascenso en la hermandad, no paro. Ser comandante y mandar por encima del consejo no es tarea fácil.

—No, pero sin duda es un puesto excepcional para ti, hermano —le dijo Alex haciendo que Adri le acariciara un poco la cabeza

—¿De qué son las croquetas? —preguntó Sonia, la hermana pequeña y a la que se le notaba un pequeño estirón.

—De bacalao, verás cómo te gustan.

—¡Aggghh! Que asco.

—Oye, no le digas ascos a nada de comer —la riñó la abuela —. Las hemos hecho con mucho cariño y ya veras lo buenas que están. ¿Y bueno? ¿Esta noche cantáis, no?

—Sí, así es. Es uno de los conciertos programados por la gira para recaudar fondos también para ayudar a las víctimas del atentado. Lo daremos en el pabellón del norte.



Esa noche, sobre el escenario de un enorme pabellón, los focos se encendían dejando que un montón de gente, ubicada tanto en el largo espacio como en las gradas, vieran a Alex junto a Fany, su morena amiga y compañera de la hermandad, y detrás de ellos, a Tidus y Dani a los instrumentos, además de a sus bailarines colocados en posición. Alex y la morena Fany abrieron el concierto interpretando la canción “Yo x ti, tu x mi”.

Mientras cantaban la canción con ayuda del público, Alex pudo ver a su familia bailar desde las gradas, incluyendo a la abuela, quien se lo estaba pasando bomba.

—Ahora, mis amigos y hermanos de guerra, Tidus y Dani, interpretan juntos “Vivir mi vida” —presentó Alex sustituyendo así a Tidus en la batería, a la que Tidus le había estado enseñando a tocar durante este tiempo.

Alex, estrenando puesto en batería, pudo demostrar buena soltura al instrumento, haciendo que el mundo disfrutara de la música que tocaba junto a Fany y permitiendo así a sus amigos lucirse con esa canción que logró levantar de sus asientos a todo el mundo.

—Con todos ustedes, la increíble Fany —presentó Dani, después de terminar su actuación junto a Tidus.

La atlética y sensual Fany interpretó una canción en solitario que habían compuesto y que tenía “Fuego” como título. Aquí, Dani y Tidus se unieron al grupo de bailarines, protagonizando junto a Fany una espectacular y acalorada coreografía mientras que, algunos de los que estaban de bailarines hasta ahora, cogían instrumentos y se unían a Alex, quién seguía en la batería.

—¿Estáis cansados? ¿Sudando? Bueno, os dejo con una canción algo más tranquila. Mi querido amigo Tidus, con su guitarra, nos toca su canción “Sola”.

Dejando a Tidus solo en el escenario mientras que el público aplaudía, el chico comenzó a tocar su guitarra y a cantar los primeros acordes de su canción autocompuesta. Gran parte del público se puso a cantar junto a él, sobretodo en la parte de los estribillos.

—¿Habéis recuperado el aliento, chicos y chicas? —preguntó Tidus tras terminar de cantar —. Espero que tengáis buena carga de energía porque ahora… —Alex y Dani salían de nuevo al escenario, con camisas sin mangas y desabrochadas —, mis queridos Alex y Dani cantan juntos una canción que todos conoceis muy bien.

Una enorme ovación se extendió por todo el pabellón, pues el público se imaginó la canción que iban a interpretar.

—Chicos y chicas. Alex y Dani interpretan “Everybody” —Tidus se apartó, retomando su posición inicial en la batería mientras que Fany tomaba su guitarra y los bailarines se preparaban rápidamente.

Mientras empezaban a cantar, unas pasarelas empezaron a emerger del pabellón y se extendieron hasta el suelo. Cuando llegó la primera pausa tras el estribillo de arranque, los chicos aprovecharon para bailar hacia las pasarelas, cada uno por una de las dos que se abrieron a los dos extremos del escenario y sobre ellas, empezaron a cantar la primera parte de la canción. Para el primer estribillo, ambos estaban bajo el escenario y cantando directamente entre el público y bailando entre ellos junto a los bailarines, en el pequeño espacio que el propio público se encargó de dejarles. La segunda parte de la canción les llevó de vuelta al escenario y allí mismo fue donde la terminaron.

—Bueno, esto ya se acaba, pero no quiero despedirme sin antes cantar esta otra canción que también conocéis. Con mis amigos a los instrumentos, os canto “Se te nota” —afirmó Alex a la espera de que comenzara a sonar su canción.

Tras la canción de Alex, que mantuvo a todo el público atento a él, llegaba la hora de despedirse pero…

—¡Otra! ¡Otra! ¡Otra!

Los chicos comenzaron a mirarse y se asintieron unos a otros.

—Bueno, os cantaremos una más. Os cantaremos una canción que… —Mientras empezaba a explicar, todos se colocaban un micrófono junto a sus instrumentos, pues todos iban a cantarla —, hemos estado preparando para interpretar los cuatro juntos. El grupo “Las cuatro estaciones” os interpreta “Cuando lloras”, una canción compuesta en homenaje a las víctimas de los acontecimientos ocurridos hace unos meses.



Esa noche, tras el concierto, Alex se metía con su moto por la amplia entrada del garaje del edificio donde vivía y dejó la moto en su plaza, una ubicada en la segunda planta de las dos que había. El chico usó su llave magnética para abrir a distancia la puerta del ascensor y luego puso su dedo sobre el lector.

—¡Identificación correcta! ¡Cerrando puertas!

El luminoso y espaciado ascensor recubierto de espejos, subió a buena velocidad. Alex llegó a un pasillo con el suelo recubierto por alfombrilla y abrió la puerta de su piso colocando su dedo sobre el lector.

—Enciende luces —ordenó Alex en voz alta haciendo que las luces del piso se encendieran, iluminando un amplio salón con un gran ventanal que llevaba a una pequeña terraza.

El salón era acogedor, de piso de soltero. Había un par de sofás, uno grande y otro pequeño, rodeando entre ambos una pequeña mesa. Luego, en el mismo salón, tenía la cocina con una larga barra que hacía esquina. Los tonos del piso eran negros y blancos.

El muchacho sacó una pizza del congelador y se la metió en el horno. Mientras la pizza se hacía, el chico sacó un botellín de cerveza y se la abrió con la propia mano. Luego se acercó a los ventanales y comenzó a observar la ciudad mientras bebía de la cerveza. Pensativo y en silencio, se tomó la cerveza y se zampó la pizza de jamón y queso que le había quedado fantástica.



—Hace cinco meses, yo y Cronos os ayudamos para que pudiérais entrenar en su plano privado, para que los archidemonios no pudieran localizaros mientras usabais vuestros poderes —le decía Alex a Ryomaru en su salón, después de ir al valle a la mañana siguiente.

—Sí, así es. Y los sereiph ya estamos listos para luchar contigo.

—Vengo precisamente a hablaros de eso. Aún no estoy listo para provocar a mi hermano, pero es posible que si luchais sin mi, podamos ir cortando las cadenas que nos tienen a mi y a Cronos inmovilizados. Tengo que pedirte Ryomaru, que seas tu quien lidere la operación antidemonios. Ya sabes que Lucrecia, la líder de los cazadores de demonios, esta dispuesta a unirse a ti.

—¿Y tú no vas a luchar con nosotros?

—Os ayudaré, pero yo no puedo ser quién que mate a esos archidemonios. No puedo dejar que vean que yo estoy detrás de todo esto. Debo fingir que todavía no sé la verdad sobre Cronos.

—Entiendo. Cuenta conmigo para liderar la operación —dijo finalmente Ryomaru, aceptando el encargo de Alex.

Alex asintió con una sonrisa, se dio la mano con Ryomaru y luego se fue del valle.

19 de Janeiro de 2021 às 10:52 0 Denunciar Insira Seguir história
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