nhalexander N.H Alexander

Sergei Kozlov, el líder de la Unidad de Rebeldes Sur, planea un ataque combinado contra el Estado de Argún, buscando desestabilizar la monarquía opresiva y cruel que gobierna hasta ese momento. Sin embargo, cuando estos preparativos están por llegar a su fin, ocurren una serie de eventos que pondrán el juego en su contra y que por primera vez, le harán sentir un miedo que jamás pensó que experimentaría. En especial si la persona dueña de sus miedos es una mujer, su mejor amiga... Hatsume Kobayashi. Spin off de la Saga de Argún, basado en la primera generación de la disidencia de Argún. ilustraciones creadas por: @noa_97_ portada creada por: @nebu_edits


Pós-apocalíptico Para maiores de 18 apenas.

#distopia #381 #cienciaficcion #liev #hiro #disidentes
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Prólogo

Unidad de Rebeldes Norte.

1 de octubre del año 2224.

Cuando María Irinova da la media vuelta para mirar que nadie la siga, el sol le llega de lleno en la mitad del rostro. En sus ojos azules, se muestra la angustia que le provoca la soledad que la rodea, además de la sensación de desazón que todavía tiene en el corazón producto del dolor en su cuerpo. Su vientre arde, tanto o más de lo que alguna vez pensó que lo haría y no es de extrañar, si todavía tiene el cuerpo aferrado, muerto y ensangrentado de su pequeña hija mientras corre por el bosque nativo que rodea al imponente Estado de Argún. Las lágrimas que se han acumulado en sus ojos no son nada en comparación con las que ya ha llorado durante los últimos dos días, en los que ha vagado recordando el camino de vuelta a casa, a su verdadera casa.

Incapaz de pensar en otra cosa que no fuera el cuerpo de Daria, todavía contra su pecho, la joven Gobernadora de Mairova y también, Capitana de la Unidad de Rebeldes Norte, permite que sus pies rotos y llenos de heridas por tanto caminar y correr, la lleven de vuelta al único lugar en donde debido al dolor y el shock, cree que su hija estará bien. Su mirada perdida está fija en un norte que cambia constantemente a medida que lo hacen los árboles, dando vueltas sobre sí misma, una y otra vez.

Desorientada, no se da cuenta de que ha pasado ya cuatro veces por la misma zona, pero ni la naturaleza ni los animales son capaces de hacer algo para ayudarla, observándola en silencio, desde diferentes partes de la escena que pasa frente a ellos. El dolor que emana del cuerpo de aquella mujer es tanto, que la inhibe de cualquier pensamiento coherente que pudiera tener en esos momentos, cualquier atisbo de lógica que pudiera hacer que ella entendiera lo perdida que está y que necesita ayuda. Aunque sabe que no podrá obtenerla, a menos que llegue a ese lugar que hasta ese día ha servido como su propio hogar.

—Daria, lo siento tanto... —Incapaz de seguir más tiempo bajo el sol, las rodillas de la capitana más importante que tiene el Estado de Argún, terminan por doblarse mientras ella por primera vez, cerrando los ojos y todavía aferrada a su hija, suelta un grito de dolor. Esa sensación es tan fuerte, que le hace casi doblarse sobre sí misma, sintiendo las arcadas que le vienen otra vez cuando recuerda el momento exacto en el que abrió la puerta de su hogar en Mairova y Daria estaba ahí, con su sonrisa apagada y sus ojos, los mismos de ella, sin ningún signo de vida dentro de su pequeño cuerpo. Aquello había sido solo una advertencia, pero lo suficientemente fuerte como para que su primer instinto fuera solo tomar a su hija y correr lejos, lo más lejos posible, olvidando quien era, lo que debía hacer y cómo debía comportarse. Olvidando a Mairova, a los soldados, al rey, a su familia e incluso a quienes en ese momento, todavía la juzgan por portar un uniforme militar en un espacio dedicado a los hombres.

Pero eso no le importaba, porque Maria Irinova era más que un uniforme. Era una mujer llena de agallas y valentía a la que hora parecía que le habían arrancado el vientre en donde había crecido su hija. Aquel impulso lleno de frustración la había llevado lejos, tan lejos que incluso ahora estaba fuera las murallas de Argún, buscando el camino que la llevaría al único lugar en donde podía ser ella misma y de donde jamás debió haber sacado a Daria. Había sido tan estúpida, tan cegada de amor por esa niña, que pensó que podría protegerla, incluso en un lugar en donde ni ella misma estaba segura el cien por ciento del tiempo. Ese error lo había terminado pagando caro y lo sería así por el resto de su vida, en el que la imagen de su hija muerta le recordaría para siempre su debilidad y la forma en la que el Estado de Argún hacía las cosas.

Todavía con las lágrimas en sus mejillas, la mujer trata de proteger el cuerpo frío de la menor en sus brazos, a sabiendas que es inútil. Siente que se va a volver loca de dolor, con su cabeza dando miles de vueltas en lo que solloza bajo, con el corazón roto y la respiración agitada. Duele saber que su hija no volverá, pero duele aún más saber que aquello pudo haberse evitado si se hubiera apartado, tal como Larissa lo había hecho con ella antes, para protegerla.

¿Por qué no puedo ser tan valiente como tú...?

Su hermana mayor... había llegado al extremo de cortar cualquier tipo de comunicación cuando se unió a la revolución. Y de cierta manera, aquello había resultado, pero María jamás había podido sentirse igual de fuerte que Larissa como para repetir el patrón. Cuando la posibilidad de dejar a Daria ahí se había presentado... ella se había sentido incapaz de dejar atrás a la niña que se había convertido en sus ojos y la razón que tenía para sobrevivir. Y ahora esa debilidad le había jugado en contra.

—Lo siento, lo siento tanto... —las palabras balbuceantes y llorosas que salen de la boca de aquella mujer son lo suficientemente fuertes como para que sea lo único que es capaz de escuchar. Ensimismada en su propio dolor, perdida en sus propios recuerdos y completamente desorientada debido al calor, el hambre y la pérdida, su cuerpo entra en un estado de shock absoluto que la mantiene ahí por los siguientes minutos.

¿Por qué con ella? ¿Por qué no lo hicieron conmigo, bastardos...?

Quizás es por eso, por el ruido de sus propios pensamientos y de lo que está viviendo que, cuando las pisadas se acercan, no las reconoce. Incluso aunque lo hubiera hecho, es probable que se hubiera dejado matar por el animal o la persona que en ese momento hubiera querido acabar con ella, porque no hace nada para evitarlo. ¿Qué sentido tiene seguir luchando si la razón por la cual se mantenía en pie ahora ya no estaría más?

Mi niña... mi hija...

—¿Capitana Irinova? —De pronto, la pequeña y suave voz de un muchacho parece romper el silencio que hasta ese momento solo ha sido interrumpido con sollozos, los mismos que han resonado entre los árboles. Con la cabeza baja, la mujer no se inmuta, todavía ida, pero sí lo hace el niño de diez años que avanza primero, seguido de un segundo compañero y atrás, Fiodor Gumball, el capitán de la Unidad de Rebeldes Norte y que en ese momento, observa la situación con dolor. Lo ocurrido le ha llegado a oídos hace apenas unas horas, pero no pensó que se encontraría con la propia María ahí, aferrada al cuerpo de su hija, cuando salió con sus dos jóvenes aprendices a buscarla.

Aquella escena... es una de las más horribles que hubiera tenido la maldición de presenciar en su larga vida. Y lo peor, es que estaba recién comenzando, si es que la información que había recibido era la correcta.

—Makoto, Kamil... —Llama, para evitar que los dos avancen más y le permitan a él hacerlo. Aquello no deberían verlo los niños, por más que sean unos mocosos que en ese momento sepan perfectamente lo que está ocurriendo y que obedecen sin mayores problemas. —Vuelvan a casa y traigan a la enfermera Fujioka. Rápido.

En silencio, los dos se miran una vez más. Kamil Stanislavski tiene 14 años, un muchacho promedio de cabellos rojizos y ojos extraños, que había perdido a sus padres hace cuatro, luego de que había sido llevado para una misión encubierta en la capital. Su aspecto débil y frágil había sido de ayuda para despistar, hasta que la misión había fallado, terminando todos encarcelados y él siendo condenado a muerte a su corta edad. De ahí en adelante, se la pasaba vagando entre El Hormiguero y la Unidad de Rebeldes Norte, donde Fiodor lo había terminado aceptando como un aprendiz.

Por otro lado, Makoto Yamada, de apenas diez, es un chico que jamás ha tenido que ver la muerte frente a frente. Con la mirada inocente que lo caracteriza y el susto en sus brillantes ojos extraños, Fiodor se da cuenta de lo mucho que le está costando no ponerse a llorar de miedo al ver a quien él admira más que a cualquier otra persona ahí, completamente deshecha en el suelo y aferrada a un cuerpo muerto que también reconoce.

Esos niños... se acababan de encontrar de frente con la crueldad del Estado de Argún. Tal como tarde o temprano, todos lo hacían de una u otra forma, incluso aunque Fiodor no quisiera que así fuera. Si iban a convertirse en guerreros... aquello iba a terminar doliendo mucho más en el futuro.

—Sí, señor —Con la voz suave y débil que lo caracteriza, Kamil toma la mano de Makoto, que solo se deja llevar y tirar por él cuando el más grande intenta sacarlo de ahí, aunque los pequeños ojos del japonés estén fijos en María Irinova, quien no parece moverse de donde está. —Vamos, Mako-chan.

Capitana... ¿Esa es realmente usted?

Fiodor inspira con fuerza, dando un par de pasos que lo acercan hasta donde está la mujer que ahora lo necesita a él. Su mano se apoya en el hombro de su igual, apretando con fuerza hasta que la ve alzar lentamente la mirada, con los ojos azules llenos de lágrimas y las mejillas manchadas con sangre seca que él sabe que pertenece al cuerpo que no parece capaz de soltar. La Gobernadora no parece reconocerlo, pero está bien. No está ahí para juzgarla ni mucho menos, sino que para ayudarla a levantarse. Porque cuando uno caía, entonces el otro debía estar ahí para hacer que se pudiera poner de pie. Esa era la real fuerza de la Humanidad y que sería la clave para enfrentar a quienes deseaban aplastarlos.

El fuerte hombre de aspecto bonachón, pero que en el interior lleva a un revolucionario acérrimo, vuelve a suspirar, colocando sus rodillas en el suelo y entonces colocando un abrazo para rodear a María y a su hija, como lo ha hecho en el pasado en los momentos felices y como lo hace ahora, en los más dolorosos. Sus ojos van hasta el sol de otoño que tienen sobre sus cabezas, presintiendo que incluso aunque el clima se vea así, una tormenta horrible está por llegar.

Después de todo, la carta que le ha llegado en la mañana es clara: El Estado de Argún está moviendo sus fichas, los Nómadas ya se han puesto en marcha y los blancos son dos, dos mujeres que hasta ese día, primero de octubre del año 2224, han revolucionado al Estado mucho más de lo que las armas serían capaces de hacerlo. Dos mujeres que con su fuerza, valentía y sentido de la justicia, estaban poniendo en jaque a toda una dinastía, incluso aunque la relación entre ambas fuera muy ligera y casi protocolar.

La primera de ellas, había sido atacada antes de que ellos pudieran hacer algo y ahora estaba ahí, en sus brazos, con el alma y el corazón partido en dos. Fuera de juego de forma absoluta: María Irinova.

La segunda, quien todavía tiene una esperanza, está en Mairova, lejos, allá donde ellos no pueden llegar, pero que Fiodor espera, logre tener la protección que el Consejo de Resistencia tanto había prometido: la médico más brillante del Estado de Argún: Sofía Pavlova o como algunos solían llamarla aún, Hatsume Kobayashi.

Y aunque Fiodor no la conoce, espera realmente que ella no tenga problemas para salir viva de ahí, porque quedarse en el Estado de Argún no es seguro y eso se acaba de demostrar en en ese momento, cuando María llora en su hombro y él puede ver el rostro durmiente de Daria, a quien vio nacer y crecer los últimos cinco años como si fuera su propia hija. Si eran capaces de atacar niños... ¿qué harían con sus padres?

Con el corazón dolorido, el hombre suspira una vez más. El sol solo es parte del teatro absurdo que está haciendo el destino, porque la tormenta se huele en el aire. La siente en cada parte de su ser. No hay forma de detenerla, pero ¿cuánto tardaría en llenarlos con su angustia y dolor a todos? ¿cuánto tardaría en demostrar una vez más, que estaban peleando contra algo que era casi imposible derrotar? ¿Cuánto tardaría en cambiar el futuro del Estado de Argún, pero esta vez para siempre?

No está seguro, pero hay una cosa que tiene clara: esta vez, todo sería diferente. Esta vez, la tormenta se llevaría consigo más que sueños y esperanzas. Esta vez... la muerte parecía venir con ella, asechando en cada segundo y en cada rincón, obviando las reticencias que todos ellos, los disidentes, ponían para protegerse de su lluvia dolorosa.

Aunque siempre quedará la esperanza. Y esa esperanza está en los chicos que ahora corren con la enfermera jefa, Kanae Fujioka y que viene con su hijo menor tras ella, el pequeño Akira Fujioka. La esperanza está en ellos, en quienes se levantarán de esa tormenta y juntando las fuerzas de quienes no lo lograrán esta vez, se convertirán en los guerreros que abrirán paso a la insurrección.

Las jóvenes promesas.

Las jóvenes esperanzas.

La futura disidencia.

6 de Dezembro de 2020 às 22:47 0 Denunciar Insira Seguir história
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Leia o próximo capítulo Capítulo 1: 7 de octubre.

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Disidentes
Disidentes

La historia dejó de escribirse en el año 2020. Pandemias y guerras acabaron con el mundo como lo conocemos actualmente y el mundo se dividió para protegerse. En Europa, se levantó el Estado de Alpes. En América del Norte, el Estado de Merrimack. En África, el Estado de Orange. En América del Sur, el Estado de Andes. Y en Asia, el Estado de Argún. Estos Estados, protegidos por fuertes muros, encerraron a la población en una utopía fantástica que basa el poderío de los más fuertes sobre los más débiles. Pero eso, en el año 2235, está a punto de cambiar. Diversos jóvenes, casi por un llamado misterioso, han decidido levantarse en armas y luchar, pero ¿será eso suficiente? Leia mais sobre Disidentes.