adeescritora Adelaida M.F.

¿Qué habría pasado si Peeta no hubiese estado tan mal cuando lo rescataron del Capitolio? ¿Si la labor del capitolio no se hubiese cumplido? ¿Y qué habría pasado con Katniss? Para todos los que nos imaginamos otro rescate diferente.


Fanfiction Livros Impróprio para crianças menores de 13 anos.

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1.

*Lo primero que vais a leer, y que está entre comillas, es un pequeño resumen de la parte del libro de Suzanne Collins que corresponde con el fic para poder contextualizar mi historia. "

—Han vuelto —me dice Haymitch.

—Peeta está al final del pasillo —nos indica Boggs, a Haymitch y a mí. —Deberíais estar allí cuando despierte.

Haymitch y yo nos encaminamos hacía la última puerta del largo pasillo.

Casi floto de felicidad. ¿Qué le diré? Oh, ¿Qué más da? Peeta estará encantado le diga lo que le diga. Seguramente me besará de todos modos. Me pregunto si será como aquellos últimos esos en la playa, los que ni siquiera me había atrevido a analizar hasta ahora.

Está despierto, sentado en el borde de la cama. Los médicos están midiéndole el pulso.

Sus ojos se encuentran con los míos cuando gira la cabeza y me ve.

No parece él. Está demacrado, y sus ojos azules carecen de todo ese brillo que antes transmitían. Luce unas ojeras enormes, golpes por toda la cara, y sus brazos desnudos tienen pinta de no poder sujetar ni un ladrillo.

—Katniss... —susurra. Ni su voz suena igual. Suena...fría. No lo pienso y me lanzo a sus brazos con las lágrimas resbalando por mis mejillas. Suelta un pequeño quejido y Haymitch intenta separarme de él. Escucho como a mi alrededor los sanadores mascullan, ordenan, pero yo solo quiero no volver a separarme de él. Lo noto un poco tenso ante mi contacto, ni si quiera me responde al abrazo. Pero ahora no me importa, sólo necesitaba volver a sentirlo cerca.

Cuando al fin Haymitch logra separarme, veo que Peeta mira hacia otro lado, ausente. Me esperaba un poco más de emoción por su parte, pero con todo lo que ha tenido que pasar por mi culpa, no estoy en condiciones ni tengo derecho a decirle nada al respecto. Mi corazón empieza a latir fuerte mientras veo como evita mirarme. ¿He hecho algo mal?.

Haymitch me saca de la sala para que me calme un poco, mientras él vuelve dónde Peeta para saber cómo está. Yo me quedo esperándole. Los gritos de Johanna resuenan en el pasillo.

—¿Peeta está bien? ¿Has visto su cara? ¡Maldita sea! ¿Qué le han hecho? —exclamo al ver a Haymitch salir por la puerta.

—Tranquila preciosa. Vamos a un sitio más tranquilo y te cuento.

—No —le digo rápida. —Quiero estar aquí por si quiere verme.

—Van a darle un calmante para que duerma hasta mañana Katniss -me informa.

—Aun así... —empiezo a decir, pero me corta.

—Mañana por la mañana lo verás, necesita descansar. —Bajo un poco la cabeza y asiento. No quiero volver a dejarle. —No se va a mover de aquí. —Pone una mano en mi hombro y me señala la sala contigua a la de Peeta, que está llena de uniformes y material médico.

Cuando entramos cierra la puerta, y nos sentamos en una pequeña mesa que hay en una esquina con tres sillas mal colocadas.

—Han intentado manipularle la memoria y los recuerdos a Peeta.

—¿Qué? —mi voz resuena en toda la sala.

—No lo han conseguido, bueno, al menos no del todo —añade Haymitch. —Pero ahora mismo la mente de Peeta está hecha un lío. Es una jodida bomba de relojería. No sabe lo que es real y lo que no lo es. Van a ponerle una terapia para que poco a poco vaya reaccionando y recordando.

—¿Pero no se acuerda de todo lo que hemos pasado? ¿de mí?

—Tengo un nudo en el estomago y una presión en el pecho.

—Claro que se acuerda de ti, Katniss. Ha pronunciado tu nombre cuando te ha visto.—Mi corazón se calma un poco, pero el malestar que hay dentro de mí no me abandona.

—Sólo que...quizá tengas que ayudarle a recordar cosas. Supongo que han intentado ponerlo en tu contra. Querían castigarte con su indiferencia.—Me hundo en la silla y los ojos empiezan a escocerme. —Se ha llevado unas buenas palizas y por lo que vemos no es que lo hayan alimentado mucho. Lo que no entiendo es que ganaba Snow con todo esto. Él descubrió que lo vuestro era todo un teatro, que esto sólo habría funcionado si en realidad tú estuvieras verdaderamente enamorada de él...

Mi corazón se sacude tan fuerte, que yo misma me sorprendo.

Haymitch abre un poco la boca sorprendido, y las lágrimas vuelven a resbalar por mis mejillas. Intento no mirar a mi mentor a los ojos. ¿Enamorada? No, yo nunca he estado enamorada. Snow me dijo que no se había creído lo del teatro. ¿Cómo podría pensar que yo...? ¿Qué yo qué?, me pregunto a mi misma.

—Así que es cierto.... —susurra Haymitch. —Estás enamorada de él.

Bajo la cabeza.

—Mírame Katniss —me pide con suavidad. Vuelvo a fijar mi vista en algún punto de la sala sin hacerle caso. —Katniss —insiste. Esta vez su voz suena más severa. —Katniss, mírame de una vez —espeta subiendo la voz.

Y lo hago.

—No sé qué es lo que siento ¿vale? Sé que me importa...mucho. Pero ¿enamorada? ¿Cómo iba a saber eso Snow si ni siquiera yo lo sé? —Lo suelto todo de golpe, sin respirar. —Solo quiero protegerlo.

Me mira con ternura y se acerca más a mí apoyando los codos en la mesa.

—Siempre he sabido que entre vosotros había algo más detrás de todo ese teatro de los trágicos amantes, pero pensé que tus sentimientos eran más fuertes por Gale. —Gale. Se supone que mis sentimientos siempre han sido hacía él. No sé cuando todo eso cambió. O tal vez sí. Siento escalofríos al recordar el beso en la cueva con Peeta. Quizás ese fue el momento decisivo. El que cambió el rumbo de todo. —Snow se debió dar cuenta de cuánto te importaba y ha intentado utilizarlo en tu contra. Por eso todo lo puso tan fácil en el rescate, lo que quiere es que sientas la indiferencia de Peeta, su odio. Quería apartarlo de ti.

Respiro hondo y miro a Haymitch.

—No va a volver a quitármelo. Voy a matar a Snow, aunque sea lo último que haga en esta vida, te lo aseguro —suelto, poniéndome de pie.


A la mañana siguiente me levanto temprano para poder ir a ver a Peeta. Casi no he dormido en toda la noche. Siento una mezcla de ilusión, felicidad, y tristeza. Quiero que vuelva el Peeta de siempre, el de las sonrisas sinceras, el de los halagos. El de los besos...

Haymitch está en el comedor desayunando con Effie.

—¿Te has caído de la cama? —inquiere, serio.

—¿Sabes algo de Peeta? —le pregunto omitiendo la respuesta a lo anterior.

—No, cuando acabe iré a ver como está.

—Vale —le digo sentándome a su lado.

—Katniss cariño, ¿no vas a desayunar? —me pregunta Effie, señalándome su desayuno.

—No —espeto un poco seca. —No tengo hambre.

Ella me mira con ternura, pero vuelve a su desayuno sin decirme nada más.

Cuando Haymitch acaba, nos despedimos de Effie y vamos a ver a Peeta.

Un sanador nos abre la puerta.

—¿Cómo está? —le pregunto nada más cerrar la puerta a nuestras espaldas.

—Ha pasado la noche tranquilo.

Miro detrás de él, la cortina está echada tapando su cama.

—¿Puedo verle?

—No creo que sea conveniente, podrías ponerlo nervioso y no es bueno que se altere.

—Tengo que verlo —le digo subiendo un poco mi tono de voz.

—Yo que usted la dejaría verlo, aunque fuera solo unos minutos... —Haymitch se acerca al hombre y le susurra. —No le gustará nada verla cabreada, créame.

Al final el sanador cede y me deja, no sin antes advertirme que tiene que estar tranquilo y que con la más mínima alteración me sacará de allí.

Cuando me acerco a su cama veo que tiene los ojos cerrados. Nunca había parado a fijarme en sus rasgos. Su cara tiene mejor color que ayer, pero los golpes en la cara resaltan aún más. Mis ojos empiezan a escocer de nuevo, pero intento aguantar las lágrimas. Me dejo caer en la silla que hay junto a su cama y le acaricio suavemente la mano. Abre los ojos de golpe y me tenso un poco.

—Perdona —me disculpo. —No quería despertarte...

Me mira con esos ojos azules apagados. Desvío la vista hacia sus pestañas, parecen tan transparentes...

—Katniss...

—Pronuncia mi nombre con suavidad.

—No pasa nada...

—Sí que pasa Peeta.—Las lágrimas empiezan a deslizarse libremente por mis mejillas. Me da igual sentirme débil, pero necesito que lo sepa, que sepa lo arrepentida que estoy de todo.

—Lo siento, lo siento por todo.

Me agarra suavemente la mano, casi con miedo.

—No... —responde serio. —Mírame. —Levanto mi cara, que hasta ese momento estaba concentrada en mis pies. Sus ojos están fijos en los míos. Empiezo a notar un pequeño calor subiendo por mi cuerpo. —Han intentado borrarme tus recuerdos —dice con un gesto de dolor sin dejar de mirarme. —Querían hacerme creer que eras la culpable de todo mi sufrimiento, de la rebelión, de todas las muertes...

—Peeta... —me acerco más a él para que no siga hablando, no quiero que se altere.

—Y casi lo consiguen Katniss. Por un momento sentí que te odiaba... —Mi corazón late desmesurado, y me llevo la mano al pecho pensando que se me va a salir. —Pero cuando te vi ayer, cuando noté tu contacto al abrazarme, supe que no podría llegar a hacerlo.

—Ha sido todo por mi culpa —sollozo. —Lo siento tanto...

—Eso no es cierto, todo esto tenía que pasar. Teníamos que luchar de una buena vez. Tu sólo has sido la inspiración para eso, la fuerza para poder hacerlo.

—Pero no quería que tú te llevaras la peor parte, sólo quería salvarte de los juegos...

—Katniss, todo esto ha valido la pena si te ha mantenido a salvo. Es en lo único que pensaba cuando estaba en el Capitolio. Siento haber desconfiado de ti... —se disculpa con tristeza. —No quiero ni pensar qué habría pasado si me hubiese dado por atacarte...Todavía se me vienen a la cabeza recuerdos extraños sobre ti. El sanador me ha dicho que son recuerdos modificados que han intentado incrustar en mi mente para confundirme.

—No eras tú, Peeta. No te sientas culpable por nada.

Veo a Haymitch acercándose a la cama, y rápidamente suelto su mano.

—Te veo mucho mejor Peeta —le dice, intentado sonar alegre.

—Anda ya, si ahora mismo mi cara parece uno de esos cuadros que pintaba... —responde triste, pero forzando una minúscula sonrisa.

—Tenemos que irnos, Katniss —me informa. —He intentado que el sanador te dejara un poco más, pero es duro de convencer. Te espero fuera. Cuídate, Peeta.

Vuelvo mis vista hacia el chico del pan, y lo veo mirando al frente. Parece que vuelve a ser el Peeta tenso del principio.

—Bueno, espero que me dejen entrar a verte más tarde.

—Vale —contesta en un susurro que apenas roza sus labios agrietados.

Me quedo mirándolo antes de levantarme. Se me pasa por la cabeza la idea de acercarme y darle un beso, solo un pequeño beso en los labios, pero no creo que sea el momento. Así que me levanto sin más y con un simple "adiós" me despido de él. Haymitch me espera en el pasillo, pero lo ignoro al salir. Lo escucho llamarme, pero ahora mismo no quiero ver a nadie. Necesito estar sola.

14 de Outubro de 2020 às 17:35 2 Denunciar Insira Seguir história
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