criandomalvas Tinta Roja

Vida y muerte de un perdedor en 5 actos.


Drama Todo o público.
1
2.9mil VISUALIZAÇÕES
Completa
tempo de leitura
AA Compartilhar

Demasiado viejo para el rock and roll, demasiado joven para morir.

Que hermosos, aunque vagos recuerdos, con sus lagunas mentales causadas por los coma etílicos, un hígado en plena forma y un tupido flequillo. Es curioso, pero siempre hay un motivo por lo que uno olvida lo mejor de la vida. De bebé, por ejemplo, no lo recuerdas por pequeño, pero tu única ocupación era chupar teta, dormir y hacértelo todo encima para que tus progenitores, con una sonrisa en los labios, te limpiaran la mierda.

Que buenos tiempos aquellos, pero luego crecemos, nos pasan por la criba educativa, nos adoctrinan hasta que al fin llega la adolescencia, la rebeldía. Eliges a tu grupo y clamas al cielo que no doblaras más la rodilla. Te salen granos y admiras con orgullo como tu cuerpo se puebla de molestos pelos. Las hormonas se disparan y abrazas el manido lema de “sexo, drogas y rock and roll”. ¡Ah, santa inocencia! No te comes un rosco, no ligas ni por pena. Los “maderos” te confiscan la “costura” y en ese concierto que tanto ansiabas ver, que durante semanas esperaste con impaciencia, cuya entrada reuniste haciendo trabajos domésticos y lamiéndole el culo al viejo, apenas acaba de empezar y una botella que volaba por los aires perdida decide aterrizar en tu cabeza.

Te despiertas en la uvi de mala uva.


Ahora ya eres todo un hombre, ya cumpliste tu deuda con la patria. Después de perder todo un año limpiando letrinas, arrestado por el día y chupando absurdas guardias por la noche (vigilias con las que pretendían doblegar tu espíritu) es el momento de ser útil a la sociedad, es la hora de buscar un trabajo y entrar en el circulo vicioso del consumo.

Una chupa de cuero con tu primer sueldo, unas botas camperas y una buena “piedra”. Acabar la jornada laboral y reunirte con la tribu, pero ya hubieron las primeras deserciones. Llegó el ciclo reproductivo. Tiempo de sentar la cabeza, de cortarse el pelo, de cambiar pañales y pagar hipoteca. Pero tú sigues ahí, indolente, orgulloso de tu síndrome de Peter Pan. Te levantas con resaca, no recuerdas nada, debiste de pasarlo fantástico anoche, de no ser así tampoco importa, debe ser cosa de la memoria selectiva. Por fin abandonas la cama y de nuevo en el bar te refrescan las ideas.

—Eso no es cierto, no pude haber hecho eso.— Pero si, todos lo corroboran, lo hiciste, bendita memoria selectiva. Pero... ¡qué más da! Aun eres joven, aun un “bala perdida” con un sentido del ridículo bajo mínimos. ¿O no?


Mierda, como pasa el tiempo. ¿Cómo llegué a esto? Pasé de los cuarenta, el bar ahora lo regentan unos chinos y por las noches, en los garitos, me encuentro con mis sobrinos. ¿Dónde ha ido a parar mi pelo, mi frondoso flequillo? Me quedé solo, todos mis amigos tienen sus familias, como dice José Carlos Molina, “ellos se van a guateques, al cine y a misa, todo mi tiempo gastado en la misma taberna”.
Un trabajo de mierda, y para colmo te dicen que debes de estar agradecido por mantenerlo. De “ocupa” en casa de unos ancianos, sin mujer, sin familia, sin deudas, sin hipoteca...

Ja jaja, puedo gastar mi tiempo donde quiera, reírme del jefe cuando me pide que haga horas extras, atormentar a los vecinos con música estridente pasada de moda, echar un polvo de vez en cuando, esos que mejor sientan por ser escasos.

Es posible que sea demasiado viejo para el rock and roll, pero está claro que aún me queda mucho para morir.

2 de Outubro de 2020 às 16:05 0 Denunciar Insira Seguir história
1
Leia o próximo capítulo Frío etílico 1.

Comente algo

Publique!
Nenhum comentário ainda. Seja o primeiro a dizer alguma coisa!
~

Você está gostando da leitura?

Ei! Ainda faltam 4 capítulos restantes nesta história.
Para continuar lendo, por favor, faça login ou cadastre-se. É grátis!