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german335 German Martinez Lobo

En el rastro de ruina y miseria dejado por una antigua entidad oscura, un grupo de jóvenes que solo deseaban pasar unos días de paz y tranquilidad se verán envueltos. Es en ese momento cuando Henry, un heraldo (Guerrero sagrado con capacidades mágicas) y su compañera de armas, Amelia, deberán luchar para que este antiguo mal no amenace las almas de ese grupo de amigos que se encuentran para su mala suerte, en uno de los muchos frentes de batalla de una guerra mágica y espiritual que ha tenido lugar a lo largo de la historia de la humanidad. ¿Podrán Henry y Amelia ayudar a este grupo de jóvenes y salvarlos de su lúgubre destino? Descubrelo en la primera historia de "Polvo de Diamante" para el universo Heraldo.


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Prologo

Eran las siete de la noche de un frío viernes en Rose Blanche, una pequeña localidad urbana al oeste de Francia. En el sexto piso del balcón de un edificio en los suburbios estaba Richard, un pequeño de siete años que el lunes tendría su primer examen de matemáticas.


Siendo tanto su padre como su madre dos profesionales universitarios en las áreas de ingeniería y contaduría respectivamente, la formación de los hijos de aquel matrimonio se había caracterizado por ser muy estricta.


Por lo que en lugar de dejarle descansar el viernes, habían optado por hacer que el pequeño niño empezara de una vez a estudiar el contenido del parcial por venir.


Así que en esos instantes, Richard se encontraba en una mesa con un cuaderno de practica y un libro de texto donde se podían ver las tablas de multiplicar.


Pero aquel niño no estaba estudiando, la atención del joven se encontraba enfocada en lo alto de la montaña Sainte Espéranze, al oeste de la ciudad. Todo lo que hacia era mirar una diminuta luz que eventualmente parpadeaba en lo alto de aquel cerro.


—¿Hijo? —preguntó Adolphe, un hombre blanco de cabello castaño y ojos verdes con quien su hijo tenía un gran parecido. Al llegar al balcón, Adolphe vio que su hijo había olvidado totalmente sus deberes y mantenía sus ojos fijos en la montaña.


—¿Richard? —volvió a preguntar Adolphe, logrando esta vez captar la atención del infante.


—¿Que es eso, papá? —cuestionó Richard señalando con su dedo al diminuto punto luminoso que había aparecido nuevamente en lo alto de la montaña.


Adolphe se acercó con incredulidad al balcón, aquel hombre ya estaba versado en las tácticas que su hijo menor empleaba para justificar sus intentos de procrastinar en sus deberes. No obstante, la aparición del casi imperceptible punto brillante en el área superior del cerro llamó su atención.


—Eso es algo... bastante curioso —afirmó Adolphe acariciando la cabeza de su hijo cuando aquel diminuto resplandor apareció dos veces más—. Pero lo que me parece ahora mas interesante es saber cómo vas con tus ejercicios de matemática. ¿Ya dominas las tablas de multiplicar?


—Pues... —empezó a decir el chico apartando la vista del cerro, al tiempo que metía sus manos en los bolsillos de su pijama.


Adolphe meneó la cabeza y tomó el libro de la mesa, luego con un gentil movimiento, animó a su hijo a que lo siguiera a su alcoba.


—Vamos, tu mamá te quiere preguntar las tablas del siete y del ocho.


—Pero son las mas difíciles, papá, además, aun tenemos todo el fin de semana —alegó Richard mientras caminaba con pesadumbre rumbo a la habitación de sus padres.


—Pues en eso tienes razón, pero es mejor que domines el tema de una vez a que estés el domingo a ultima hora luchando por aprenderte las tablas. Mientras mas pronto te las aprendas, antes podrás descansar y divertirte.


—Quiero que mi hermano me explique.


—Sabes que tu hermano no está aquí, vendrá el martes. Así que te recomiendo que apruebes el examen para que cuando él te vea se ponga feliz y se sienta muy orgulloso.


—Esta bien, papá —susurró Richard quien no se sentía del todo conforme con seguir estudiando.

14 de Julho de 2020 às 04:53 0 Denunciar Insira Seguir história
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