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khbaker K.H Baker

Después de un duro golpe el cual no será capaz de aceptar con facilidad, Nina decide viajar a París con Riley, su mejor amiga. Sin embargo, ni sus intenciones son tan puras como quieren hacer creer, ni París las espera con los brazos abiertos como ellas piensan. Con la ayuda incondicional que tan solo una buena amiga podría brindar, Nina se embarcará en una peligrosa misión que podría costarle la vida, mientras intenta sobrevivir en mitad de un triángulo amoroso que amenazará con frustrar sus planes.


Drama Impróprio para crianças menores de 13 anos. © https://www.safecreative.org/?wicket:interface=:15::::

#romance #violencia #robo
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Prólogo

‹‹Todo ha ocurrido demasiado rápido, ayer celebraba que estaba a punto de terminar mis estudios y hoy vuelo hacia un país en el que no he estado en mi vida, donde hablan un idioma que apenas controlo y a punto de embarcarme en algo que me viene demasiado grande. Esto es un claro ejemplo de que la vida cambia demasiado rápido, de que hoy lo puedes tener todo y mañana no tener nada, o peor aún, de que mañana puedes estar muerto.

La vida es efímera y los riesgos son demasiados pero, ¿qué puedo hacer? No tengo otra opción, debo hacer esto por…››

—¿Qué escribes? —preguntó Riley mientras le quitaba el auricular.

Nina, sobresaltada, cerró su cuaderno y se quitó el otro auricular justo en el momento en el que su grupo preferido iba a volcar todo su talento y su fuerza en el estribillo.

—¡Joder! ¿Qué pasa? —preguntó mientras se encogía de hombros y guardaba su cuaderno en el bolsillo interior de su bolso.

—¿Escribías un relato guarro?

—¿Tengo pinta de escribir relatos guarros?

—De verdad, Nina, hoy estás insoportable…

Nina respiró profundamente y desvió la mirada en dirección a la ventanilla donde, a lo lejos, podían verse las luces del aeropuerto de París. Se sentía mal, tenía un nudo en el estómago y, para colmo, no le había contado a su mejor amiga lo que iban a hacer en Francia. Todo había pasado demasiado rápido, nunca se había encontrado en una situación como aquella y no tenía ni la más mínima idea de cómo abordar el asunto. Cada vez que hablaba con Riley lo hacía sin mirarla a los ojos, se sentía avergonzada, culpable, ellas nunca se ocultaban nada y allí estaba ella, con la cabeza apoyada en la ventanilla rogando que el frío del cristal le refrescase las ideas.

El piloto dio las últimas indicaciones acerca del tiempo y la hora antes de que se encendiesen las luces que advertían de que debían ponerse los cinturones, Nina sintió nauseas cuando el avión comenzó a descender y volvió a respirar profundamente, le encantaba viajar pero odiaba los aviones, tenía un miedo terrible a volar. Se aferró con fuerza a los reposabrazos de su asiento y buscó el consuelo del asiento con su cuerpo, como si desease fundirse con la tela hasta que no quedase nada de ella.

Cerró los ojos cuando comenzaron las turbulencias, Riley le había advertido sobre ello antes de embarcar, pero ahora que las sentía se daba cuenta de que eran peores a como su amiga se las había descrito.

Las ruedas se deslizaron sin delicadeza sobre el duro asfalto de la pista de aterrizaje, las luces se encendieron y, por un instante, Nina temió que el avión perdiese el control. El gigantesco vehículo metálico quiso frenar en seco, unos pequeños alerones, que a ella se le antojaron endebles para la fuerza con la que soplaba el viento en aquellos momentos, se desplegaron para facilitar el frenado del avión. Otro frenazo en seco provocó que Nina contuviese la respiración durante un segundo deseando estar fuera de aquel lugar. Fue entonces cuando llegó lo que ella llevaba esperando durante todo el viaje, las náuseas volvían a hacer acto de presencia, acompañadas por una bilis amarga y dolorosamente cálida que sustituía a la comida que debería de haber tomado antes de subir al avión.

Con unos reflejos increíblemente rápidos, Riley desplegó una bolsita de papel justo un segundo antes de que Nina vertiese en su interior todo aquel miedo transformado en vómito.

Los demás pasajeros la miraban, Nina lo sabía pero no era capaz de levantar la mirada, ahora clavada en sus propios pies mientras doblaba las solapas de la bolsa para no derramar el hediondo líquido. Le importaba bien poco lo que la gente pensara de ella, llevaba acostumbrada a las miradas despectivas y a los susurros a su costa desde que iba al instituto, y hacía tiempo que se había construido una coraza alrededor de sí misma que la protegía de tales cosas, sin embargo, se preocupaba por Riley, no quería que ella fuese el centro de las miradas por su culpa, sabía que no le gustaba llamar la atención y lo último que quería era que se sintiese incómoda.

—¿Estás mejor? —preguntó Riley en un susurro.

Nina asintió y la miró de reojo, observando como los demás pasajeros comenzaban a levantarse de sus respectivos asientos. Ya habían llegado a Paris, todo iba tomando forma poco a poco y, al mismo tiempo, todo iba perdiendo sentido. Nina miró el reloj de pulsera que sus padres le habían regalado en su décimo sexto cumpleaños y observó como las manecillas avanzaban lentamente mientras luchaba por normalizar su respiración.

—¿Cómo lo has sabido?

—Nos conocemos desde hace casi cuatro años, Nina, ¿no crees que ya me sé de sobra tus caras y tus expresiones? Estabas pálida, parecías un dibujo animado cogido por los huevos…

—Solo tú eres capaz de pensar en los huevos de un dibujo animado… —reprochó Nina antes de curvar una tenue sonrisa que se transformó a duras penas en una risa sin fuerza.

—¿Quieres que salgamos ya o prefieres esperar a que salga todo el mundo? —preguntó Riley mientras le pasaba el brazo por encima de los hombros y la atraía hacia ella para darle uno de los cálidos abrazos que Nina tanto agradecía. No importaba lo mal que estuviese, no había nada que le hiciese sentir mejor que un buen abrazo de su mejor amiga.

—Prefiero esperar, si no te importa, pero sé que no te gusta tener que esperar, si te agobia estar aquí…

—Nos quedaremos —sentenció Riley—, por ti haría lo que fuese, no me importa esperar un poco.

—Riley… —Nina respiró profundamente, estaba decidida a contárselo todo a su mejor amiga, sin embargo, cuando Riley la miró a los ojos y ella pudo ver su profundidad y su honestidad, tragó saliva y esbozó una pequeña sonrisa mientras negaba con la cabeza—, ¿qué es lo primero que quieres ver?

—Un baño, me estoy meando desde que despegó el avión —susurró Riley antes de estallar en una sonora carcajada.

12 de Maio de 2020 às 20:26 1 Denunciar Insira Seguir história
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Rafael Ortiz Gimenez Rafael Ortiz Gimenez
Oh Riley, tengo décadas conociendo gente, pero entre más me conozco y más conozco, más sé que no se nada. Excelente abreboca, señorita Baker
May 13, 2020, 12:11
~

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