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Lo que pasó en la casa verde, en la casa verde se quedó

Aquella noche cobraría vida uno de mis más grandes deseos. Esa noche, era la noche en la que volvería a nacer como persona. Me vestí de acuerdo a la ocasión, me tardé más de lo normal en la regadera, me lavé dos, tres veces el cuerpo y el cabello, queriendo lavar la sangre y a su vez, los remanentes de la mujer que hasta ese entonces había estado muerta en vida por más de diez años. Me enfoqué en arrancar cada uno de los pequeños vellos púbicos que yacían en mi pelvis y en todo mi cuerpo. Me cepillé los dientes y vi unos cuantos tutoriales de Yuya para darme una idea del maquillaje y el outfit que iba a usar aquella noche que iba a ser tan importante. Aquella noche en la que le devolvía el favor a aquel que encerró y torturo a una de mis más grandes pesadillas, hasta hacerla no ser más que un montón de huesos y pellejos en una bolsa de basura.

Llegamos a su casa, ignorando lo pasado. Cual si hubiéramos ido a tomar un café, cruzamos por la puerta de la entrada, agarró mi mano y me dirigió a su cuarto. Fumó un poco de marihuana y sacó su pene de su pantalón, invitándome a comenzar el pago de aquella atrocidad. Empezamos a tener sexo, sentía su respiración detrás de mi nuca y sus manos apretar mis pechos. Despechada. Aterrada. Siendo cogida para pagar aquel acto atroz que había acabado con la vida de aquel que dispuso de mi cuerpo hace diez años. -ábreme bien las piernas y la cola, no maté a ese hijo de la chingada en vano- gritaba el verdulero, mientras me penetraba fuerte contra aquella cama vieja. Mi mente estaba en blanco. Si estaba lubricada era por la previa penetración de sus dedos en mi vagina. Sólo podía pensar en aquel hombre desmembrado que yacía muerto en la cajuela y en el hombre que amo, quien creía que me encontraba en la biblioteca en esos momentos

Me levanté de la cama despues de tal acto consensuado, aquel hombre que aceptó mi vagina como un pago ante aquel asesinato yacía dormido en una esquina de la cama. Un hilo de semen corría por mi pierna, la cabeza me daba vueltas, no sabía si era por el acto sexual del que acababa de ser partícipe o por haber presenciado el asesinato de Hugo. Colorada y apenada, con la mirada lastimosa en mi mente de aquel que me dio su corazón sin pensarlo dos veces, aquella mirada que nunca existirá, ya que este negocio a puertas cerradas fue pactado con el cuerpo, y así como dentro de un cuarto fue pactado, adentro de un cuarto fue cerrado, cogido y olvidado.

Las ideas me bombardeaban. ¿Cómo es que había llegado hasta ahí?;¿Por qué había pedido la ayuda de aquel que me cogió en un motel teniendo 16?; ¿De aquel acusado de pertenecer a una clase inferior a la mía?; El típico cliché diría que lo hice porque él no me veía con lástima. Otros dirán que lo hice porque mi relación estable actual no superaría una solicitud como tal, algunos inferirán que lo hice porque no confío en las autoridades, lo cual no hago. Pero la verdad es otra.

Si recurrí a aquel verdulero despiadado fue porque él era lo que él era. Un maldito, un desgraciado, alguien que estaba a la altura de aquel hijo de la chingada que dispuso de la vagina de una niña de 10 años. Un cerdo de esa magnitud sólo merece ser arrastrado al infierno por un hijo de la chingada de la misma estirpe. 

12 de Dezembro de 2017 às 20:20 0 Denunciar Insira 0
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