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Los perdono




—¡¿Cómo fueron capaces de hacerme esto?! —gritó, mientras se derrumbaba en el suelo. Las lágrimas empezaron a rodar por su rostro, llevó su mano derecha al pecho tratando de menguar el dolor que sentía.

—Alander, no es lo que piensas —Martín, intentó acercarse a ella con sus brazos extendidos en su dirección—. Puedo explicarte todo, solo tranquilízate.

—¿Cómo me pides que me tranquilice? —preguntó, sintiendo que el mundo se derrumbaba.Todo aquello que había construído se desplomaba, esa burbuja en la que había estado por tanto tiempo se deshizo.

—Mi amor, por favor. —Sus manos fueron a parar a su rostro, pero ella de un manotazo hizo que las retirara.

—¡No me toques! No te atrevas —dijo levantándose del suelo, alzó la vista hacia su hermana y con todo el dolor que aquella situación le producía, le habló.

»Crees que haberte acostado con mi marido te hace mejor que yo. Quieres demostrarme a mi, que puedes tener a quién tú quieras y eso ¿te hace mejor que yo? Estas muy equivocada, sólo me ha hecho ver lo vacía que estás por dentro, que solo dañando a los demás puedes tener un poco de satisfacción. Creí que en verdad habías cambiado, pero veo que sigues siendo la misma víbora de siempre —dicho aquello se dio media vuelta para salir de aquel lugar que tantos recuerdos le habían dado. Al abrir la puerta la voz de su hermana la detuvo.

—Hermana, por f…. —escuchar aquel llamado hizo que su furia aumentara por lo que se volvió hacia ella.

—No me llames hermana. No soy tu hermana. —Salió de esa casa, subió a su auto y se puso en marcha. No sabía a donde ir y no le importaba, sólo quería dejar de sentir ese dolor que le martillaba el pecho una y otra vez, sólo quería devolver el tiempo y no ver aquello. Mientras conducía por las calles desiertas y oscuras de Zumbador, permitió reprocharse lo estúpida que había sido, ¿desde cuándo le estaban viendo la cara? Se preguntaba.

Sus manos apretaban con fuerza el volante mientras las lágrimas caían como cascada por sus mejillas. Jamás imaginó que llegaría a presenciar esa escena, nunca pasó por su mente ser víctima de tal traición y se lo reprochó, se reprochó no haber hecho caso a sus instintos, pero ¿cómo dudaría? Ellos eran lo más importante que tenía, no pensó que le jugarían de esa manera. Su pecho se oprimió al reproducir nuevamente esas imágenes, su pie se apoyó contra el acelerador del auto y piso hasta el fondo sin detenerse a pensar en las consecuencias. Sólo quería olvidar, quería borrar esa imagen de su hermana y su esposo manteniendo intimidad, quiso borrar el tormento de su mente. Sólo quería escapar de la realidad que estaba viviendo y lo hizo.

Una camioneta a toda velocidad venía en su dirección, intentó esquivarla, pero fue imposible. Abandonándose a su cruel destino, sonrió y sus última palabra salieron como un suave susurro de sus labios.

"Los perdono"

Y todo se volvió oscuridad.

5 Mai 2020 12:28:33 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Eva Maria Jamás renuncie a tus sueños.

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