___talos___ Ismael Fernández

Uno año después de la trágica muerte de Ethan en el pueblo de Greentown, donde yo vivía, parecía presagiarse un misterioso mal que mantenía a sus habitantes alejados del contacto entre ellos, pero lo que a mí me atemorizaba eran otros males. Hacía tiempo que tenía las mismas pesadillas cada noche, y parecían decirme algo que no lograba comprender, algo relacionado con Ethan... Lo que desconocía era el precio que tendría que pagar para llegar hasta lo más profundo de mis pesadillas y entender su significado, pues aquello marcaría mi destino para siempre.


Horreur Horreur Adolescente Déconseillé aux moins de 13 ans.

#terror #misterio #pesadilla #295 #256 #245 #288 #maldición
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"Tiempos extraños"


Hacía tiempo que no salía el sol en Greentown, donde antaño florecían los girasoles en el verde prado junto a las amapolas que traían el color que teñía al pueblo de felicidad; hoy solo quedaban campos desiertos de tonalidad oscura debajo de un sol que desde hacía semanas se ocultaba detrás de las densas nubes de un cielo en depresión. Algo extraño pasaba en las calles de la villa, era como si los habitantes supersticiosos se encerraran en sus casas todo el día para evitar tener contacto con el exterior, como si supieran que algún acontecimiento maligno fuese a maldecir a todo el pueblo, y muchos preparaban sus maletas para hacer una temporada fuera de aquel insólito lugar… Pero para mí eran cuentos de hadas.

Esa tarde escuché a mis padres hablar sobre la posibilidad de mudarnos durante un tiempo a casa de mis tíos, no tanto por el hecho de cambiar de aires debido a los maléficos chismes que se contaban por los callejones, si no por abandonar la casa, aquella casa que me acompañó toda la vida, que me cobijó durante años junto a mi familia de malos tiempos y, que haría ya un año, presenció la desgracia que marcó a mi familia por su consiguiente existencia, el fallecimiento de Ethan…

No exagero en decir que cada día pienso en él por un momento, en que hubiera pasado si aquel aciago día las cosas hubiesen sido diferentes, y sé que mis padres también lo piensan. Mi madre siempre tejía una sudadera cada año con nuestros nombres en la parte delantera de la prenda, no obstante este año no hubo prenda alguna para nadie, acto que comprendía y que me dolía por dentro. Ahora la nueva costumbre cada año sería la de esparcir las pasionales amapolas de Greentown dentro de aquel fúnebre, oscuro y profundo pozo, pues ahí fue donde las aspiraciones y sueños de Ethan murieron junto a él, ahogándose en lo más profundo del reducido y angosto cilindro, ¿Pero a quién se le puede culpar del acontecimiento?, ¿A aquel niño de 8 años que jugaba feliz con su hermano en el patio?, ¿A mí que, impotente ante los hechos, no pude hacer nada para rescatarle o, tal vez, a mis padres por no cuidar bien de él?...

Nadie merece la culpa por el desenlace de un suceso fortuito, y menos cuando los involucrados meramente jugaban para pasárselo bien, sin embargo en el fondo me sentía culpable, por más veces que me autoconvenciera de lo contrario, y esa sensación nunca cesaba.

Me sigue doliendo recordar todo lo sucedido durante aquel día, y lo peor es que siento como si fuese ayer mismo, y entonces mis emociones solo me permiten llorar de impotencia en la desolada sabana de mi cama con aroma a llanto, porque no pude hacer nada para que se llevara un mejor recuerdo de mí a donde sea que se marchase aquella tarde…

~ Nos encontrábamos en el patio de mi casa, mi hermano y yo, con la ocurrencia de jugar al escondite aprovechando todo el espacio que este ofrecía. No era la primera vez que se proponía tal actividad, pues mi hermano y yo ya acostumbrábamos a recorrer todo el patio en persecuciones fruto de las “escondidas”, juego muy común para nosotros. Yo solía esconderme por las fuertes ramas de los árboles del jardín, resistentes a mi peso de crío de 11 años, y el propósito de Ethan era el de encontrarme y tocarme para que nos intercambiáramos los roles. A él le encantaba esconderse por la caseta, debajo de la mesa exterior, detrás del pozo, entre los arbustos de auge invernal y escasez veraniega y, en resumen, en todos los espacios que la imaginación brinda como oportunidades de escondrijos temporales a dos chicos de 11 y 8 años, pero lo que no sabíamos era algo que aquel día marcaría la diferencia entre lo que fue y lo que pudo ser.

Papá había estado reparando aquel ruinoso pozo durante días, ya que quería renovar la polea y la cuerda, fortalecer la pared de esta y decorarla acorde al resto del jardín, una obra digna de admiración para todos los padres de familia. Entonces empezó primero con la polea para acto seguido cambiar la cuerda desgastada por una más robusta y firme que aguantara la fricción constante con el primer objeto, y lo consiguió. Después se dispuso a reforzar la pared interior del pozo para que fuese resistente a los temporales y vendavales, y el día previo al fatídico accidente la tapa que servía como protección a la abertura del pozo se rompió debido a que cayó fortuitamente contra el pavimento, probablemente por la constante manipulación de esta, y entonces papá decidió proteger la apertura del pozo con un antiguo tablón de madera de la caseta, y así lo hizo.

Volviendo al día principal, papá se encontraba con mamá dentro de casa, y antes de que el primero fuese a hacer la obra pertinente que le correspondía aquel día, mi hermano y yo teníamos tiempo para jugar una última vez al escondite, y esta vez pillaba él. Fui un poco más allá y me subí a las ramas del árbol que siempre frecuentaba, accediendo al ramaje de arriba el cual no escalé hasta entonces, pues la tentación me pudo y no me resultó una tarea muy complicada, desde allí arriba el ramaje se extendía por casi todo el patio. Él paró de contar y se aventuró en mi búsqueda, y yo desde arriba le hice señas burlonas desde mi posición para incitarle a subir, y él, al verme, exclamó con indignación:

- ¡No es justo!-.

Yo le seguía incitando a subir y, para mi sorpresa, Ethan logró la hazaña de subir al ramaje en el cual me hallaba, casi cayéndose en cierto momento, no obstante consiguió equilibrarse a tiempo, y entonces empezó la persecución por aquel panorama selvático entre risas y pisadas de milimétricas medidas, dando vueltas enteras entre aquel laberinto de ramas a una notable altura del suelo, pero nos despreocupaba ese hecho a mi hermano y a mí por lo que continuamos nuestras persecuciones, sin saber que nuestra diversión sería nuestra perdición, puesto que entre tantas carreras llegó el fatídico desenlace final.

Yo corría de rama en rama impulsado por el fervor que una persecución excitante da, y llegué hasta el final de una de las extensiones del ramaje que conducía a un espacio sin salida segura, en ese entonces decidí que para que prevaleciera el juego y la diversión, saltaría a la rama de al lado para zafarme de mi hermano, y lo conseguí con bastante facilidad, ya que no era tanta la distancia como el vértigo que se sentía por calcular un mal salto, y entonces llegó mi perseguidor, el cual se mostró inseguro y con una postura resignada a ejecutar tal desplazamiento por miedo a las consecuencias, sin embargo una sola palabra desencadenó la catástrofe.

-¡Gallina!-.

-¡No soy ningún gallina!-.

Entonces Ethan, cual jugador de casino, asignándole la jugada maestra de la partida a la suerte, flexionó sus piernas lo más que pudo para conseguir una fuerza de impulso que le permitiese llegar a la rama en la que yo me hallaba, la verdad es que era un mero mecanismo de defensa de sus piernas ante el miedo de no llegar, porque con menos impulsión habría llegado perfectamente a mi posición, sin embargo él no sabía que estaba tomando una mala decisión… Pues al saltar la rama no aguantó la fuerza aplicada por él y cedió.

Él extendió la mano hacia mí mientras yo me encontraba paralizado por el miedo, viéndole caer con su mirada clavada en la mía hasta que su cuerpo contactó con la tapa del pozo, que en una situación normal hubiera detenido su caída causándole daños graves pero curables, sin embargo, aquella maltrecha y podrida tabla de madera no aguantó el impacto y se derrumbó, haciendo que mi hermano, tras golpearse continuamente en las paredes del pozo, cayese al agua.

Mientras tanto yo seguía paralizado, viendo el cuerpo de Ethan flotando boca abajo, hasta que un sonido me despertó de mi estado de parálisis, el grito de mis padres al acudir al escenario del crimen, un grito que siempre recordaré.~

18 Avril 2020 19:49:15 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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