milimilimon Milagros Palacio

Desde hace algunos años que viajo y vivo en diferentes países, conociendo gente y lugares hermosos. A lo largo de este tiempo fui escribiendo pequeños relatos de algunos lugares que me gustaría compartir con ustedes. Soy una chica común nacida en Pergamino que un día se dio cuenta que el mundo era demasiado grande para estar siempre en un mismo lugar.


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Me tiro o no me tiro?

Estábamos con mi amiga Carmela en un hostel de Pula, una ciudad al norte de Croacia, realmente hermosa y muy romana, tomado cervezas con una pareja argentina que habíamos conocido esa misma tarde. El hostel estaba apartado de la ciudad y funcionaba como un albergue para jóvenes. Esto significaba que tenía muchas habitaciones a muy bajo precio donde era mayormente concurrido por delegaciones con un número alto de participantes. Había un comedor enorme, 20 habitaciones para 6 personas, un bar que funcionaba desde las 8:00 am hasta la 1:30 am, un espacio amplio para poner carpas, una cocina y a solo unos pasos el mar. Al ser un lugar alejado los residentes del hostel tenían el privilegio de tener esa playa para ellos solos.

Tuvimos la suerte de que unos croatas cansados de tanto tomar nos regalaran varias birras. Éramos 4 argentinos y alrededor de 9 botellas de 660ml. Estábamos tomando, cantando y tocando en el ukelele canciones bien argentas ya que hacía varios meses que extrañábamos nuestras costumbres.

Alrededor de las 23:00 tres chicos jóvenes pasaban por ahí y los invite con cervezas. Teníamos demasiadas y estábamos un poco aburridos. Estos chicos eran Federico, Michelangelo y Alessio que vivían en Roma y estaban de vacaciones en auto. En cuanto supe estas dos cosas importantísimas para mí, porque eran romanos y ese era mi próximo destino y porque tenían auto, sin pensarlo demasiado les pregunte si tenían lugar en el auto. Cuando uno empieza a viajar empieza a perder la vergüenza, te acostumbras a que te digan que no y tenés siempre en cuenta que las personas son pasajeras porque nunca estás mucho tiempo en un lugar. No tenía nada que perder y su respuesta fue sí. La noche se extendió conversando sobre nuestros países y compartiendo muchas palabras con el italiano.

Intercambiamos Facebook para estar en contacto y al día siguiente mi amiga se fue a Francia y yo me fui a un pueblo cercano, Fazana. Mi destino después de Croacia era en realidad Marina di Cerveteri (a 20 minutos de Roma) donde vive un primo de mi mamá al cual iba a visitar en esos días, no sabía con exactitud cuándo iba a ir ni cuántos días me iba a quedar ni cómo iba a llegar, pero todo siempre se va resolviendo.

Era la primera vez que estaba totalmente sola desde que había comenzado a viajar. Por una razón u otra siempre estaba acompañada. Mi amiga se despidió de mi a las 6 am, entre bostezos nos abrazamos y despedimos. Había sido un viaje increíble que habíamos deseado y soñado desde hacía varios años. Me desperté para desayunar a las 11 am, hice el check out, agarré mis mochilas, (una grande de 50 lt y una chiquita adelante) me puse mi sombrero y emprendí mi nuevo mini viaje.

Me acuerdo tanto lo que sentí cuando caminaba sola a la parada de bus. Llena de miedo y ansiedad, pensando que era lo que iba a pasar después, cómo iba a ser el nuevo hostel, si sería complicado llegar, si el lugar iba a estar bueno, si iba a poder comunicarme con mi familia. De repente, algo perturba todos mis pensamientos, piso mi propio cordón de la zapatilla y me caigo en cámara lenta al piso con todo el peso de mi mochila. Logro poner las manos y un hombre corre a mi auxilio. Me paro rápidamente comprobando que no me había hecho daño y le digo que estoy bien. Me ato de nuevo los cordones y me quedo inmóvil mirándome mi mano que empezaba a sangrar. Antes de dar de nuevo otro paso una carcajada imparable se apodera de mí. Me río muy fuerte y prolongado, una alegría y nerviosismo comienza a aparecer y por alguna razón sentí que mis primeros pasos sola no iban a influenciar todo lo que venía después. Todo iba a estar bien.

Fazana era un pueblito muy chiquito con una costa enorme. Quedaba a solo 20 minutos de la ciudad y era el lugar preferido de los turistas para caminar por la playa, pasear por la gran feria donde vendían muchas artesanías y recuerdos del lugar o para ir a comer algo cerca del mar.

En el hostel conocí dos hermanos mellizos belgas, Emile y Louis. De alguna forma estos chicos me hicieron recordar a mi primo de tres años menor con el que tengo una muy buena relación, a lo mejor era porque tenían la misma edad o porque mi primo también tiene dos hermanas. Sí, tengo primos trillizos!! El caso es que estos chicos me invitaron a ir a una piedra enorme, bastante alejada la cual debíamos ir en bicicletas rentadas, a tirarnos al mar desde 13 metros de altura.

A la mañana siguiente desayunamos, alquilamos las bicis, pasamos por un supermercado y fuimos. El camino, que para ellos duraba 20 minutos, conmigo duro casi 40. Era mucho más lejos de lo que me imaginaba y yo tenía que volver al hostel antes de que el ultimo bus (20:30) parta a Pula para luego tomarme un bus a Venecia (5:30am) y encontrarme con los romanos.

Cuando llegamos al lugar, a la gran enorme piedra, me di cuenta que era mucho más alta de lo que me imaginaba. De solo acercarme al borde me temblaban las piernas. Louis se tiró de inmediato, el día anterior los dos habían ido y Emile no se había animado. En ese lugar había bastante gente, varias familias y muchos jóvenes que se notaba que eran turistas como yo. No tenía fácil acceso ni tampoco estaba preparado para que cualquiera pudiera caminar entre las piedras, mis ojotas no ayudaban demasiado tampoco. Mientras todos mirábamos al valiente que se animaba a tirarse, charlaba con algunas personas que estaban ahí. En todas las conversaciones surge la pregunta sobre tu nacionalidad, cada vez que decía que era argentina la gente se quedaba con la boca abierta y decía :-“wow so far away, why are you in Croatia?. - Why not?-” Era siempre mi respuesta. De a poco me fui animando a, por lo menos, quedarme un ratito mirando el mar desde el borde de ese precipicio, de a poco me empezaba a acostumbrar a la altura. Era un lugar precioso, sacado de uno de esos documentales de National Geografic, se podía ver una gran costa de piedras de distintos tamaños y entre ellas algunas pequeñas playas, también de piedras. El mar era muy tranquilo y sin olas.

Louis me decía que salte sin pensar demasiado, cuanto más lo pensás más difícil es. Emile estaba igual que yo, tomando coraje mientras su hermano se burlaba de nosotros. Mi corazón latía tan fuerte que creía que todos podían escucharlo, sentía que se me iba a salir por la boca, mis manos me temblaban y mi mente decía dale salta, es ahora o nunca. Cada vez que estaba por hacerlo, me daba tanto tanto miedo que no lo hacía. Mientras que estoy decidiendo si tirarme o no, veo un nene de unos 7 años que se tira. Inmediatamente mi orgullo le ganó a mi miedo y lo hice. Me tiré. AAAAAAAA!!! Todavía siento la adrenalina y desesperación por encontrar rápidamente el agua, no sé cuantos segundos tardé en caer pero fueron realmente eternos. Al sumergirme en esa agua cristalina, bastante fría y con mucha densidad de sodio sentí una felicidad inmensa, una libertad difícil de explicar. Pude hacerlo.

7 Avril 2020 13:39:10 2 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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PO Pablo Ontivero
Aveces las oraciones son demasiado largas y con mucha información de golpe, un poco de ritmo le hace falta. A mi se me hace muy atropellado todo, como muy junto, nose. Primero Croacia, Roma, los mellizos, la playa. Todo no entra en un solo relato!
April 09, 2020, 06:56
Liliana Matteucci Liliana Matteucci
Hermoso relato.
April 07, 2020, 14:41
~

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