N
Nicola Marchese


La historia narra las aventuras de Cristina, quien se enfrentará a temibles enemigos que intentarán arruinarle el día.


Aventure Tout public.

#historiasdecuarentena #quedateencasa
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Un villano temible

Desde la ventana de su apartamento lo único que se veía era verde. Un inmenso prado de hierba y flores cubría el paisaje. Los árboles crecían donde les dictaba el arroyo que pasaba entre las colinas marcando lo que parecía una música para los ojos. Al abrir la ventana el viento le acariciaba la melena color castaño, mientras escuchaba el cántico de los pájaros, que le daban color a esa visión tan hermosa. Las mariposas flotaban por encima del follaje, mientras un pequeño cachorro intentaba alcanzarla.

A veces, a Cristina le hubiera gustado poder describir ese paisaje a la vez que lo observaba. Pero había sido desafortunada, sólo era un sueño. Se acababa de despertar por el molesto ruido de la alarma. Quién la había mandado montar ese escándalo. Al fin y al cabo, no iba a salir de casa de todas maneras. También porqué durante esos días se trataba básicamente de un crimen. Una enfermedad, ajena a todo lo que conocía Cristina de toda la vida, se había presentado de repente a arruinarle el verano. Por lo visto la gente lo estaba pasando mal, y era su trabajo quedarse en casa para proteger a aquellos que pudieran acabar contagiados por su culpa. Pero no podía evitar pensar en lo aburrida que estaba. Al fin y al cabo, probablemente ni siquiera se acabaría acercando a alguien con ese virus o lo que fuera. Acabaría saliendo de casa cómo si no hubiera pasado nada y seguiría con su vida como siempre, con una sonrisa en la cara.

La chica se desperezó dándole la bienvenida a la mañana con un gran bostezo, a muchos le hubiera recordado al rugido de una leona en la sabana. Jajaj. Fue a mirar por la ventana. Ya había empezado a girar la cabeza, pues quería comprobar si ese ruido que venía desde fuera se correspondía con sus sospechas de lluvia. Pero se detuvo antes de arruinarse el día de esa manera. No permitiría que la lluvia le arruinara las vistas. Cerró las cortinas. Ya no había nada de qué preocuparse. Con satisfacción por haber vencido al mal tiempo se colocó delante de esa tela de colores que tanto le gustaba, manos en la cintura y apoyándose en su cadera, mirando a la ventana con aire de superioridad. No permitiría que tal villano se enfrentase a ella, pues no debía siquiera dirigirle la palabra a alguien tan poderoso. El mal tiempo no era rival para ella.

Pero la lluvia seguía incesante. ¡Ah! Un trueno retumbó en la habitación. Probablemente lo hubiera visto venir si hubiera visto el rayo. Las cortinas se lo habían ocultado. Traidoras. Para cuando se dio cuenta estaba encima de su cama abrazadita a su cojín. Se había llevado un buen susto. Pero no dejaría que algo así la detuviera. Tenía un plan, pero no podría hacerlo sola. Sería complicado, a lo mejor perderían a varios soldados en batalla, pero no se rendiría.

El primer recluta apareció al otro lado de la puerta de la habitación. Un gato color blanco y una mancha negra en el ojo derecho estaba sentado en el suelo del pasillo. Esparrow. Le llamó así porqué con ese parche hubiera podido interpretar a un pirata. Parecía curioso de saber qué se traía entre manos. Se miraron un rato. Y una sonrisa traviesa se dibujó en la cara de Cristina. El gato debió de entender las intenciones de su ama, pues huyó despavorido en dirección a la cocina. Pero no podría huir por mucho. ¿Quién se creía que era? ¿Acaso estaba subestimando a su ama? Ella saltó detrás del animal al grito de ¡No te librarás de mí, aha! El animal resultó ser un rival digno de ser recordado. Habían tirado algunos cubiertos al suelo durante la persecución. Pero no pasaba nada. Cristina abrazó a esa bola de pelo con una sonrisa de oreja a oreja, acariciándolo con la mejilla. El plan podía avanzar.

Una vez de vuelta en la habitación se colocó rápidamente su sombrero de bruja y apuntando a la ventana con un lápiz en la mano. Había vuelto más fuerte que antes y, además, con un nuevo acompañante. Esta vez no perdería. Determinada, avanzó hacia la ventana siempre con su camarada entre los brazos. Con un rápido gesto, consiguió apartar la cortina, mostrando así a su enemigo de nuevo. Ambos se prepararon para atacar. Pero ¡Ah! Otro rayo. Seguía sin ser suficiente. Entonces se miró. Volvía a estar acurrucada en la cama esta vez con Esparrow acurrucado entre sus piernas, puede que incluso más asustado que ella. Pero no se rendiría, aún quedaba algo que usar. O más bien alguien.

Se paró frente a la puerta del baño. Iba a llamar a un fuerte aliado, pero no sabía cómo hacerlo. O al menos cómo hacerlo de una manera divertida. Sabía que él solía pasarse horas enteras en esa habitación. Probablemente jugaba con sus técnicas de magia oscura, pues siempre después de que saliera se sentía una presencia desagradable en ese lugar. Cristina tenía miedo de acercarse a veces. Aunque ésta vez era cuestión de vida o muerte. La batalla final se acercaba y necesitaba ampliar el plantel de su equipo si no quería perder. Decidida, abrió la puerta de golpe, mientras cargaba con su fiel mascota hacia dentro. Pero se detuvo. El chico se encontraba sentado con un extraño rectángulo en la mano. Parecía no estar muy molesto por esa repentina entrada. Pero descubrió porque cierta magia debía permanecer oculta a los simples mortales, pues incluso a ella le costó aguantar un ambiente tan abrumador. Volvió a cerrar la puerta rápidamente, con la nariz tapada pues los espíritus solían entrar por ahí para acceder a tu alma. Cristina respiró aliviada. Pero al gato le estaban dando arcadas.

La puerta se abrió, y Mateo salió riéndose a carcajadas. Se trataba de un genio del mal, pero era justo lo que Cristina necesitaba. Soltó al gato para atacar al hombre, rodeándolo con los brazos y mordiéndole la oreja. Al parecer eso sólo le hizo cosquillas ya que la risa no hizo más que aumentar. Diabólico.

Toda la brigada se encontraba otra vez en la habitación. El plan era simple. Ocultarían a esos nubarrones tras una hermosa imagen de el prado de su sueño. Au que necesitaban esa imagen. Los tres se pusieron a trabajar duramente (algunos más que otros). Pasaron un par de horas antes de tener un resultado. Que para ser sinceros era más bien… aceptable, digámoslo así. Cubrieron la ventana con sus garabatos, venciendo así a ese enemigo. Los tres se abrazaron fuertemente. El gato un poco menos. Pero habían vencido a un fuerte enemigo, y mucho tiempo pasaría antes de que un nuevo enemigo apareciera… O eso creían…

25 Mars 2020 15:44:38 2 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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Proséf Chetai Proséf Chetai
Hola Nicola. Muy agradable tu narración. Esperaré a saber cómo vencieron a tan invencible enemigo.
April 07, 2020, 13:37
Proséf Chetai Proséf Chetai
Hola Nicola. Muy agradable tu narración. Esperaré a saber cómo vencieron a tan invencible enemigo.
April 07, 2020, 13:36
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