vampiredramaqueen Kenia De La Torre

Luego de haber sobrevivido a un secuestro con las terribles secuelas que este dejó, Gonzalo intenta continuar con su vida, sin sospechar que el mal aún acecha de cerca.


Drame Interdit aux moins de 18 ans.

#quédateencasa #historiasdecuarentena #258 #violencia #crimen
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Capítulo 1

La vida cambia en un segundo llevándose tu tranquilidad, tu estabilidad y hasta el amor que pensabas, nunca terminaría.

Eso pensaba Gonzalo, mientras nostálgico, abrazaba la almohada con un brazo y pensaba en Jessica, su adorada prometida desde hacía cinco años.

Sus pronunciadas curvas se dejaban ver debajo de la sábana amarilla pálido y casi transparente, a punta de tantas lavadas.

Recordó cuando fueron juntos a comprar el juego y no lograban ponerse de acuerdo en el color, pues él prefería los tonos oscuros, mientras ella se decantaba por los colores claros o llamativos. Después de lanzar una moneda al aire, la suerte la favoreció y terminaron comprando ese que ahora estaba puesto.

Recordar aquellas cosas lo hacía sonreír, regalándole un breve instante de aquella felicidad pasada.

El presente era distinto, dejando lejos la felicidad de aquellos días.

Sentía deseo de abrazarla, pero se contuvo pues no deseaba hacerla enojar ni incomodarla. Además, ya le había dicho muchas veces que no le gustaban los abrazos mientras dormía. Aunque no estaba seguro de si se trataba de los abrazos en general...o solo los suyos.

Intentó apartar esos pensamientos de su mente y conciliar el sueño para aprovechar ese par de horas que aún le quedaban antes de tener que levantarse para ir a trabajar.

Pero a veces, como en ese momento, le resultaba imposible que el generoso derriere de su novia no le despertara sus más básicos y masculinos instintos. Sin embargo, sabía que si osaba despertarla para eso o cualquier otra cosa, Jessica lo premiaría con una extensa retahíla de insultos a grito pelado y los vecinos se enfurecerían.

No. Se levantó y entró al baño para autosatisfacérse, tratando de hacer el menor ruido posible.

Lejos, muy lejos, habían quedado los días en los que Jessy —como Gonzalo le llamaba de cariño— sintió aquella fuerte atracción por él. Pero le parecía muy cruel abandonarlo. Sobre todo, después de lo sucedido.

Muchas veces pensó en dejarlo, pero aunque ya no lo amaba como antes, sentía un especial cariño y sabía que eso lo devastaría.

Fue así como, a pesar de no soportarlo cerca de ella, decidió quedarse a su lado un poco más, aunque no fuera por su voluntad.

En verdad, nada le habría gustado más que seguirlo amando de la misma forma en la que él la amaba todavía , pero habían varias razones por las que no se visualizaba como la esposa de ese pobre maestrito de primaria.

Era muy guapo, no lo negaba; también un buen hombre, pero eso no era suficiente para una mujer tan ambiciosa como ella.

Ya había sido pobre toda su vida y no pretendía continuar siéndolo . Merecía más, mucho más y estaba claro que él no podía darle la vida a la que ella aspiraba.


Mewitzin Wadalupe, la gatita bicolor de Titi, maullaba ansiosa por recibir su desayuno.

Sus maullidos eran estridentes y despertaban a todos en el edificio de departamentos, pero siendo casi todos gente trabajadora o estudiantes, la mayoría ya estaban despiertos a las siete.

—¡Ya voy!

Respondió Titi a sus enloquecidos y dramáticos chillidos, al tiempo que vertía la comida en el plato del animalito.

Gonzalo sonrió al escucharla. Le causaba gracia el diálogo que su vecina entablaba con su mascota todos los días a la misma hora.

—Ya se despertó la gata.

—Esa maldita gata roñosa —balbuceó Jessica con rencor, revolviéndose en la cama—. A ver quien me hace el favor y la envenena de una buena vez.

Gonzalo frunció el entrecejo ante el comentario, ya que era muy amante de los animales y de la naturaleza en general. Sí, era un poco molesta a veces, sobre todo los fines de semana cuando quería quedarse dormido hasta más tarde, pero de ahí a pensar en lastimarla, había un abismo. Tal vez no lo había dicho en serio, pero no le gustó escucharla decir eso.

—Ya hice el desayuno —le informó cantarino y de buen ánimo.

—Es muy temprano.

—No, ya van a ser las ocho. Por cierto, ya se me hizo tarde. Te lo dejo en un plato en el micro.

—¡Si, ya vete y deja de hacer ruido!

Gonzalo se agachó para darle un beso en la mejilla mismo que ella esquivó dándose la vuelta sobre su eje y provocando con eso que él perdiera el equilibrio. Casi le cayó encima, pero logró apoyarse antes de siquiera rozarla.

Herido, se alejó de ahí y fue al comedor para tomar sus cosas. En silencio, cruzó la correa de su maletín sobre el hombro y salió del departamento, tratando de que la puerta de lámina no hiciera demasiado ruido al cerrarla.

En ese mismo momento, Titi, su vecina de al lado, hacía lo propio y ambos se encontraron al bajar la escalera, rumbo a la parada del autobús.

Uno mas que el otro, se saludaron y sonrieron cortésmente.

—Buenos días, maestro —mrmuró Titi, con la emoción reflejada en la mirada.

—Buenos días Teresa —respondió él con amabilidad.

Tal vez era su estatura, o la lozanía de su piel la que la hacía parecer más joven, pero tanto ella como Gonzalo estaban llegando a los cuarenta.

La piel morena de ella, atenuaba las pocas arrugas que se dejaban ver cuando sonreía; cosa que hacía poco y casi exclusivamente en presencia de él.

Se preguntaba como un tipo tan lindo, había ido a parar con esa arpía nalgona y holgazana.

Varias veces lo había escuchado decir que debía llegar a limpiar. No a ella, peella porsupuesto, pero como Titi vivía muy pendiente de él, se sabía de oídas vida, obra y milagros de Gonzalo Martínez. Además claro, de lo que ella misma había presenciado desde la primera vez que lo vio subir aquellas cajas con sus pertenencias, el día que se mudó al departamento de al lado.

De aproximadamente un metro ochenta y tres, cabello castaño claro y unos preciosos ojos color turquesa que le recordaban el Mar Caribe, su fisonomía le daba un aire mediterráneo, como de español o italiano. Maestro del tercer año en la primaria "Héroes de la Revolución"; soltero, más no solo, vivía desde hace años con ese bulto inútil y desagradable, llamado "Jessica Montenegro". Y bueno, tal vez no debía burlarse de su "discapacidad", pues estaba segura que su trasero gigante, era lo que le impedía mover un maldito dedo para levantar el tiradero que tenía y que a él siempre le tocaba recoger —según lo que conseguía escuchar a través de la delgada pared de yeso que separaba sus viviendas.

Qué suerte tenían algunas...

La llegada del autobús interrumpió su sesión diaria de obnubilada admiración,siguiéndolo con la mirada hasta subir al vehículo para verlo alejarse. Desafortunadamente, su ruta no era la misma.

Suspiró profundo y esperó el siguiente transporte, el que la llevaría a su destino.

21 Mars 2020 02:33:25 4 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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R. Crespo R. Crespo
Al fin he decidido empezar esta historia y el comienzo me ha atrapado. Titi me cae muy bien. Jessica no. Y el pobre maestro no sé si está ciego o qué, pero ojalá se dé cuenta pronto de las cosas y deje a esa mujer. Me ha cautivado la fluidez de la narrativa, aunque algunas comas las hubiera cambiado de lugar, pero en general se lee bastante bien y sin pausas incómodas. Sin duda seguiré leyendo y comentando. 😉
October 14, 2020, 12:48
Cris Torrez Cris Torrez
interesante quiero saber como sigue
August 15, 2020, 02:39
Jancev Jancev
Muy buena redacción, la trama va con calma y nos introduce a los personajes de manera precisa, en sus pensamientos más controvertidos e importantes para la historia. Seguiré leyendo. ¡Saludos!
May 19, 2020, 01:20
~

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