baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Despiertas en una extraña instalación de paredes blancas y eres atendido por personal médico, resguardado por lo que parecen ser agentes militares; pasas tu tiempo tratando de descifrar la verdad tras tu pérdida de memoria y, sobre todo, descubrir la identidad de la chica que ves todos los días, la chica cuyo rostro no eres capaz de describir, la chica del rostro distorsionado...


Horreur Tout public.

#horror #paranormal #sobrenatural #misterio
Histoire courte
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Un Rostro Distorsionado

Al abrir los ojos, la luz te deslumbra, debes cerrar los párpados con fuerza, e incluso, hacer uso de tus manos, la claridad es dolorosa. Poco a poco, vuelves a ver hacia el exterior, de forma pausada, quieres acostumbrarte, salir de la placentera oscuridad siempre es molesto. Luego de unos minutos, alzas la mirada para descubrir el peor de los escenarios que llegaste a imaginar instantes atrás. No reconoces el lugar donde te encuentras, de hecho, no eres capaz de recordar nada.

Te levantas de la cama fría y dura donde despertaste, no sin trastabillar un par de veces. Las piernas entumecidas y el suelo resbaladizo no te ayudan a mantenerte en pie como es debido. Vistes una bata de color blanco sin más, el brazalete de tu mano solo tiene escrito a lápiz la palabra viernes. La habitación donde te encuentras está vacía, no hay nada que pueda darte una pista de lo que sucede, pero, al mismo tiempo, esa falta de elementos te da una idea de lo que pasa aunque no te das el tiempo a pensar. Un dolor de cabeza te sacude de una forma violenta, haciendo que caigas al suelo. Mientras intentabas racionalizar todo, al acercarte al cajón de tus recuerdos, una jaqueca repentina te impidió avanzar.

—Supongo que no tengo acceso a mis memorias —dices con sarcasmo—, debo mantenerme en el presente por lo que veo.

A manera de distracción, empiezas a revisar tu cuerpo, tus extremidades, seguidas de tu abdomen, no encuentras mayores detalles, lo que resulta ser un alivio mayor al que hubieras imaginado. Suspiras, el saber que tienes el cuerpo entero, te reconforta de gran manera. Luego de unos minutos, el dolor de cabeza desaparece. Te levantas y, ahora con calma, decides salir de esa habitación antes que la blancura de todo ese espacio termine arrebatándote la cordura.

Solo unos pasos te separan de la puerta, pero el recorrido te parece eterno. Forzándote a continuar, llegas hasta la manija, sosteniéndola con firmeza, respiras de forma profunda un par de veces, es una manera eficaz de controlar tus nervios. En un solo movimiento, giras la muñeca y empujas la puerta, dando de frente con docenas de personas que van de un lado a otro en un corredor blanco y larguísimo. Ni siquiera te ponen atención, parecen ocupados con algo que es más importante que fijar su mirada en ti.

Con más dudas que certezas, caminas entre ellos y, pese a que te ignoran aun cuando intentas entablar conversación, no te rindes. De pronto, sientes que alguien te toma del brazo y te saca de ese tumulto de gente, llevándote hasta otra habitación, esta vez, ligeramente amueblada.

—Debes disculpar —dice una voz masculina a tus espaldas—, los chicos de la instalación suelen sumergirse en serio en sus labores, de ahí su falta de cuidado al tratar contigo.

—No entiendo nada —dices, tu voz suena entrecortada—, ¿dónde estoy?, ¿quién soy?

La última pregunta causa especial interés en tu interlocutor, no notas gracias a sus gestos. Al hablar con él, diste la vuelta, logrando ver su rostro. Es un hombre vestido con una bata, de complexión robusta y cabello canoso.

—Puedo responder a la primera interrogante; estás en un hospital militar de investigación, solemos llamarlo El Búnker, debido a que es eso de forma literal. Con respecto a lo siguiente, sobre tu identidad... —el tono la voz del hombre de bata tiene un cambio sutil, apenas si lograste percibirlo, pero, pese a ello, impacta en ti con una extraña intensidad—, Creo que deberías ser tú quien nos ayude con el tema; te encontramos en los alrededores de la instalación, inconsciente, no sabemos nada de ti, de hecho, solemos llamarte Viernes, por ser el día que apareciste.

En un descuido, de manera inconsciente, intentas recordar lo que habría pasado con anterioridad, recibiendo como castigo, un piquetazo tremendo en la cabeza. El dolor es pulsante y profundo, te obliga a sostener tus sienes con ambas manos, mientras el hombre de bata debe ayudarte para que no caigas de bruces. Todo los músculos de tu cuerpo reaccionan con sacudidas violentas, respondiendo al estímulo doloroso de tu cerebro.

«Si esto sigue así, moriré», piensas entre el barullo en tu mente.

Al comprender que de continuar así, no podrás resistirlo, llevas tus pensamientos a otra parte, lejos de ese viernes, lejos de cualquier cosa que te haga recordar. Tomando control de tus ideas, logras calmarte, enfocarte en cualquier otra cosa que no sea un recuerdo y, pasados un par de minutos, el dolor vuelve a desaparecer.

Aunque el costo de aquello fue grande, caes inconsciente debido al esfuerzo.


→──✦──←


Tus ojos se abren de golpe y la luz vuelve a cegarte. La claridad es dolorosa y lo sabes, así que esperas, dejas que la oscuridad te reconforte.

Luego de unos minutos, descubres que te encuentras en la misma habitación vacía de antes.

«Voy a enloquecer en cualquier momento», piensas después de suspirar.

—Despertaste, pensé que debería pasar aquí una noche más.

Una voz, ahora femenina te habla desde un lado de la cama, al voltear, debes cubrir tu boca para no gritar.

—¿Tan mal me veo? Parece que acabas de ver a una bruja.

La mujer que habla contigo no tiene rostro, o si, no puedes asegurarlo. Desde el cuello hasta arriba de su cabeza parece estar difuminada, borrosa, como si algo te impidiera descubrir su identidad. Una extraña sensación te invade, verle de esa manera causa en ti vértigo, a tal punto que empiezas a sentir unas náuseas tremendas.

—Perdóname, despertar de repente me mareó, no me siento nada bien —respondes apartando la mirada.

—Descuida, no es que no quisiera acompañarte, pensé que una broma podría romper el hielo... Fui desconsiderada.

Imaginas que el rostro de la chica debe tener un gesto amable, sin embargo, te rehúsas a mirar, la forma en como su cabeza parece distorsionada te repugna. Con los ojos viendo directamente hacia su esternón, entre ambos senos, intentas manejar la situación.

—¿En realidad no saben nada sobre mí?

Lamento decirte que no. Aunque las autoridades están al tanto de todo, supongo que vendrán pronto a verte. No me he presentado, lo siento. Mi nombre es Claudette, soy asistente del doctor Luther, hablaste con él antes.

—Es un placer, Claudette —por causa de un reflejo, al estrechar la mano que la muchacha te ofreció con suma amabilidad, levantas la mirada, buscando responder a su interés en ti con una sonrisa, encontrando una vez más aquella imagen difuminada y borrosa, tan inquietante que no eres capaz de ocultar el pánico que sientes reflejándose en tu rostro, volviendo a giras tu cabeza de forma brusca.

—¿En serio no tengo nada en la cara? Pareces evitarme.

—No es nada, o tal vez sí. No me siento bien...

—Entiendo... Sabes, creo que este ambiente no debe ser propicio para tu recuperación, te llevaré a otra habitación, el doctor preparó una de forma especial para ti. Traeré una silla de ruedas.

La cabeza te da vueltas, intentas comprender porqué la cabeza de esa muchacha tiene ese aspecto, sin embargo, por mucho que aquello te inquiete, sabes que si intentas indagar en los escombros de tu mente el dolor aquel volverá. Claudette regresa con la silla y te lleva en ella hacia tu nueva estancia.

—Así que eres la asistente del doctor —dices para comenzar tu interrogatorio improvisado.

—Desde que fue trasladado aquí hace siete años —responde con sinceridad.

—Siete años es mucho tiempo, ¿qué habré estado haciendo por esas fechas? No tengo ni idea.

—Tu amnesia es severa, ¿has intentado verte en un espejo?

Sus palabras te hacen reaccionar, te preguntas como debería ser tu rostro, aunque, no le das muchas vueltas, sabes que recordar duele demasiado.

—No sé como es mi cara, no puedo recordarlo.

La silla se detiene de golpe, Claudette, doblando las rodillas, se acerca a ti. Desvías un poco la mirada, lo suficiente para no ver de frente aquella inquietante imagen distorsionada. Ella nota tu incomodidad.

—Debe ser difícil no saber quién eres, tendrás que lidiar con ello y ser fuerte...

Su mano acaricia tu cabeza, te reconforta y logras sonreír un poco.

—Gracias, haré lo necesario para mejorar —respondes, haciendo un esfuerzo extra para voltear y verle de frente. Cosa de la cual te arrepientes de inmediato.

El rostro ya desfigurado per se, ahora parece retorcerse sobre sí mismo en inquietante convulsión, narices, ojos y labios, girando sin control, chocando entre ellos, moviéndose de un lado a otro, simplemente te revuelven el estómago hasta ya no soportarlo.

—¿Estás bien?

—Perdón, terminé con náuseas de forma repentina —respondes y cubres tu cara con ambas manos.

La silla vuelve a moverse y llegas a tu nueva habitación, esta vez mejor decorada y más cálida.

—Llamaré a una enfermera para que venga a verte, si es necesario notificarán al doctor. Intenta descansar.

—Gracias, creo que me sentiré mejor en breve.

No volteas a verla, te limitas a extender la mano para despedirte. No soportarías ver aquella escena grotesca de nuevo. La enfermera no encuentra nada raro, por suerte, su rostro era normal. Cuando se retira, vas al baño, la curiosidad es mayor que el miedo, deseas saber como es tu apariencia, yendo directo al espejo, la desilusión es inmediata: una imagen borrosa en el reflejo te impide ver la verdad. Regresas a la cama y duermes, tu sueño es inundado de angustia.


→──✦──←


El cuerpo te pesa, alzas la mirada, es medianoche, te dormiste en el sofá de la sala mientras leías un libro que Claudette te dejó temprano. Sudas en exceso y tomas una toalla para secarte el rostro e ir a la cama. Sientes la piel pegajosa y al ver la toalla descubres que está cubierta con un líquido negro y viscoso. Gritas, no sabes lo que está pasando y vas de inmediato al lavabo. Luego de tomar jabón, lavas tu rostro hasta que dejas de sentir esa sensación extraña en los dedos. El corazón te late con fuerza, respiras profundo, todavía permaneces con el torso inclinado cuando te calmas lo suficiente, levantas la cabeza y lo ves, tu rostro, sin distorsión, claro y en orden.

Sin embargo, ese no es tu rostro, lo sabes, aunque no eres capaz de explicarlo, sabes que aquello que ves reflejado no te pertenece. Antes de poder analizar lo que sucede ante tus ojos, poco a poco la imagen empieza a desfigurarse, regresando a ser una cara ininteligible. A diferencia de antes, ahora tienes el valor de mantener la mirada.

—¿Quién carajos soy? —dices con resignación, luego te lanzas a la cama y caes en un sueño profundo.

Algo te vuelve a despertar, esta vez son las sacudidas violentas de alguien a quien no puedes reconocer, está muy oscuro. Despabilas y te tiras de la cama, corres a encender la luz y descubres que es Claudette quien había irrumpido en su habitación, aun con la mente aturdida no te das cuenta que acabas de reconocerla, viste su rostro tal cual era, sin distorsiones, sin que se te retuerzan las entrañas.

El rostro de Claudette se te hace tan familiar que empiezas a llorar.

—Yo te conozco, ¿verdad?

—Así es Viernes, nos conocemos, sin embargo, no tenemos tiempo para hablar, debemos salir de este lugar de inmediato.

La joven que tantos sentimientos causa en tu interior extiendo su mano, su pequeña y pálida mano, con lo que respondes estrechándola de inmediato, su tacto te enternece.

Corren por las instalaciones, es madrugada, no encuentran a nadie por los pasillos que parecen interminables, no obstante, te da igual, sostienes la mano de Claudette con fuerza y sientes que es lo único importante. Tienes preguntas, dudas y cientos de cosas que deseas saber, pero guardas silencio quieres aferrarte a esa muchacha hasta que amanezca.

Cosa que ocurre poco después.

El sol despunta en el horizonte, puedes ver la claridad del alba por primera vez en quien sabe cuanto tiempo. El Búnker estuvo todo este tiempo dentro de una montaña.

—Ahora, debes irte.

—¿Qué? —dices, no entiendes lo eso significa.

—No debes regresar, esto me supera y lo sabes. Lo que hacemos aquí es lo que salvará al mundo. Vete —Claudette saca una arma y la apunta directo hacia ti.

—Si así son las cosas, ¡mátame de una vez! ¡no quiero seguir viviendo de esta manera!

Tus palabras resuenan entre los árboles y las laderas, un eco que se repite con fuerza por doquier.

—Lo haría si pudiera, pero para los de tu clase morir no es posible...

Un disparo corta de golpe con el eco de antes, ahora es el estruendo del revolver el que rebota en todo el bosque, una mancha de sangre empieza a expandirse en tu pecho. Caes al suelo y sostienes tus manos contra la herida, sientes tu sangre cálida derramarse sin control, sin embargo, no sientes dolor y la hemorragia se detiene de golpe. Sin creer lo que acaba de pasar, te levantas la camiseta y ves la realidad: el impacto de la bala ha desaparecido.

—¡¿Qué es lo que soy?!

—Ve abajo, luego sigue la corriente del río que encontrarás en el valle. Verás lo que ustedes hicieron al mundo, verás lo poco que queda de él.

Las lágrimas de Claudette caen por sus mejillas mientras dice esas palabras. No sabes que hacer, pero su rostro se ve demasiado triste como para no acatar su petición. Parecía suplicarte.

—Claudette... ¿cuál es mi nombre?

Ella sonrió.

—Tuviste un hermoso nombre cuando eras un ser humano, incluso yo llevé tu apellido. Ahora, en cambio, Viernes es más que suficiente para ti.

Aquello te hirió de una forma profunda. Sin decir más, diste media vuelta y comenzaste a caminar. Poco después, otro disparo se escuchó a tus espaldas.

Tardaste medio día en llegar al lugar hacia donde el río te llevaba, fue ahí cuando lo comprendiste. Miles seres caminaban por la ciudad sin prestarte atención, no solo sus rostros estaban distorsionados, sino sus cuerpos enteros. Apenas si podías adivinar que eran personas. El mundo estaba partido a la mitad, supusiste de inmediato que algo salió mal en la tierra.

Pero ya es tarde, lo entiendes cuando monstruos salen de noche a devorar a quienes deambulaban por las calles, para luego ser regurgitados más distorsionados que antes.

Empiezas a reír, la locura había cubierto al planeta entero...

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La fin

A propos de l’auteur

Baltazar Ruiz ¡Hola! Soy Baltazar y este es mi espacio, acá encontrarán desde terror hasta ciencia ficción. Trato de dar lo mejor de mí en mis historia y me gusta ayudar a los demás, si puedo servirte en algo lo haré gustoso.

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Ignacio Medina Ignacio Medina
Desesperación y desesperanza, tus escritos tienen una variedad que da gusto, sigo leyendo tus historias!
July 30, 2020, 15:52
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