aime-azul-pascual1541686303 Aime Azul Pascual

Mujeres. Mujeres privadas de su libertad –presas: por lesiones graves a un hombre que abusó sexualmente de su hija, mientras él vivía en libertad; por no ser madre, esposa, ama de casa, devota, fiel, obediente, servil; por portación de cara; porque es de la villa; porque es una negra; porque es mujer. Mujeres con la pelota prohibida. Privadas de libertad.


Histoire courte Tout public.

#mujeres #feminismo #libertad #carcel #futbol
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Como espejos


Una reja, y luego otra. Con cerraduras. Y más allá otra. Y en el horizonte algunas más.

Azul, borceguíes, pistolas y cachiporras.

Narea sintió nauseas. Tenía un olfato hipersensible y no toleraba los olores fuerte, y aquello olía mal. Miró a su alrededor buscando de dónde venía, intentando identificar de qué era. Jamás había estado en un lugar así: nocivo, sucio, abandonado, oscuro, encerrado, triste, violento, doloroso. ¿Cómo se hace para vivir así?, pensó- mientras contenía la respiración para no vomitar y dispersaba su mente conversando con Liz.

La oficial Carrasco, una mujer de unos 40 años - de tez morena, alta y robusta, con los ojos grandes y una expresión que acojonaba- les indicó que la siguieran. Narea observó su arma, nunca había visto una de tan cerca. Se le pusieron los pelos de punta. Las llevó por un pasillo a un cuarto, de no más de cinco metros cuadrados, con una mesa en el centro que entorpecía el paso y unas cuantas sillas desordenadas. No tenía siquiera una ventana, y ese olor -a todo aquello- se impregnaba aún más.

Las invitó a sentarse y con mucho ímpetu comenzó a impartir “órdenes de seguridad”:

- Dejen la ropa, los celulares, los anillos, relojes, pulseras. Todo.

-Si estas negras les piden cosas díganles que no pueden dárselas, que son de sus familiares, que se los regaló su abuela, y si les pueden decir que es de algun familiar muerto, mejor. Es la única forma que no se pongan pesadas. Les van a pedir todo.

- Hay presas en el patio que no van a jugar. Las dejamos salir por buen comportamiento para que miren. Van a estar sentadas alrededor de la cancha, si la pelota se les va por donde están ellas, no vayan a buscarla. Hay oficiales custodiando el patio y se las van a alcanzar.

-Baños hay afuera, pero no pueden ir solas. Pidan custodia. Si no, pueden usar los de acá dentro, ya autorizamos que les abran las rejas cuando quieran.

La oficial se retiró y les dió diéz minútos para cambiarse.

Narea decidió llevar el buzo, hacia frio.

Mujeres, cárcel y fútbol. Como un triángulo de lados iguales.

A los seis años ya jugaba al fútbol con los vecinos del barrio. A los doce lo dejó- sus padres se lo prohibieron. A los veinte años, cuando se fue del pueblo a la ciudad se encontró que había más: más mujeres con pelotas. En torneos amateur y pagos, donde los árbitros- todos hombres- les cobraban cualquier cosa, no podían correr ni una cuadra y eran más las veces que les miraban las tetas que la pelota. Pero podían jugar al fútbol contra otros equipos de mujeres, al menos.

No les cobraban inscripción normalmente (como en los boliches bailables donde las mujeres entran gratis durante toda la noche). Lo que pretendían era que hubiese mujeres en el predio, donde paralelamente se jugaba la copa ciudad masculina. “Es una atracción para los hombres”- dijo el organizador de los torneos, la primera vez que se anotaron.

Habían pasado casi diéz años desde que Narea dejó el fútbol y dos desde que había vuelto a jugar; pero aún, que una mujer tocara una pelota con los pies era inadmisible para la sociedad. Para ellos. Si tenían un espacio era ese. Una pasarela del patriarcado.

Dos vueltas de llave, una reja, dos vueltas de llave.

Dos vueltas de llave, otra reja, dos vueltas de llave.

Nerea alzó la vista y vió muros por todos lados, con guardias y armas - más grandes y más largas. Sobre las paredes los alambres de púa electrificados. Una parte del piso era de cemento y otra de arena, donde estaban los arcos. Había algo de cincuenta personas en total. Algunas se notaba eran profesoras o personal del penal. La mayoría eran presas, Nerea lo diferenció por los pelos cortos, la ropa sucia y deteriorada, los tatuajes en sus cuerpos, los gestos, el andar masculino y el rostro de las presas. Las caras del encierro.

Caminaron hacia la cancha, un rectángulo de arena con dos arcos oponiéndose. Las presas también. Narea se asustó. Sentía miedo, no sabía muy bien porqué. Estaban nerviosas, todo el equipo. Las presas casi formadas en hilera las recibieron saludando a una por una con un beso en el cachete. Ni las presas ni ellas querían hacerlo, pero ambas partes se vieron sin alternativas.

Miró hacia atrás y se abrió otra postal: ventanas, rejas, ropa colgada. Gritos, insultos, silbidos. Narea se acercó a Lis y comentó: -Si alguna vez cometo un delito me mato antes de entrar a una cárcel.

Eran algo de 30 jugadoras en total. Camila- la profesora de educación fisica del penal- les explicó las reglas del torneo, realizó el sorteo de los partidos a disputarse y les recordó el espíritu recreativo de la jornada. Aunque resultaba difícil que así fuese para las partes.

Presas y libres. Mujeres jugando al futbol.

Eran cuatro equipos. El equipo de Narea jugaría el primer partido ante uno de los equipos de las presas. El ganador jugaría la final con el vencedor del otro encuentro.

Los equipos se dispusieron en la cancha y sonó el primer silbatazo.

Si las presas pegaban, ellas callaban. Si insultaban, callaban. Cuando Liz metió el gol que empato el partido, no festejaron. Cuando le pegaron una pata a Liz para roja directa, Nerea apretó sus puños y calló.

- Jime, no estas marcando a esa, la del código de barras en la nuca- dijo Nerea.

- Es que me da impresión- le respondió

- ¿eh? ¿Qué tiene? Marcala, está entrando sola como quiere- continúo Nerea

- Pero mirale las piernas, tiene unos pelos terribles- se quejó su compañera

- ¿Me estas cargando? Si te escuchan nos cagan a trompadas.

Terminaron dos a dos y fueron a penales. El equipo de libres pasó a la final.

Mientras se jugaba el otro encuentro, Narea y Lis fueron al baño. Pensaron en ir a los de adentro, pero eso de cerrar y abrir rejas les daba impaciencia. A medio camino volvieron a dudarlo, escucharon gritos, insultos, silbidos, propuestas sexuales. A la oficial que las acompañaba parecía no inmutarla, pero ellas a cada paso bajaban más la mirada. Sin puerta, sin cortina, sin papel, sucio. Insalubre. Imposible. Nerea supo que si entraba allí, terminaría vomitando. Optaron por aguantar, en media hora se iban.

Volvieron a la cancha y el partido había terminado. La final sería nuevamente entre presas y libres.

A las siete de la tarde finalizó el primer tiempo, empataban dos a dos. Nerea y Liz debían irse. Saludaron y atravesaron el patio corriendo.

Dos vueltas de llave, una reja, dos vueltas de llave

Dos vueltas de llave, otra reja, dos vueltas de llave.

Entraron al cuarto donde habían dejado sus cosas, las agarraron y salieron en menos de un minuto sin cambiarse- ya que se iban a jugar otro partido.

Dos vueltas de llave, una reja, dos vueltas de llave.

Dos vueltas de llave, otra reja, dos vueltas de llave.

Narea llegó a su casa a las diez de la noche, agotada. Cuando miró su celular vió que tenía diéz llamadas perdidas de Magui, una compañera del equipo.

Asustada, marcó su número:

- Magui, hola. Recién llego a casa- le comentó

- No sabes lo que paso- se apresuró Magui

- ¿Qué? Dale, contá

- Tengo tu buzo. Te lo olvidaste. Una presa se lo quería quedar, me dijo que era de ella. No sabes cómo se puso. Me insistía que era de ella. Casi se lo dejo, pero una oficial la vió y me la saco de encima, me iba a cagar a trompadas.

- ¿Eh? Para, bancame.

Nerea dejó el celular en la mesa, agarró la mochila y entre shores, remeras y botines vió su buzo.

- Magui! Mi buzo lo tengo yo, era de la presa- le dijo.

- Huy. Entones era verdad. Le robé el buzo.

Mujeres.

Mujeres privadas de su libertad –presas: por lesiones graves a un hombre que abusó sexualmente de su hija, mientras él vivía en libertad; por no ser madre, esposa, ama de casa, devota, fiel, obediente, servil; por portación de cara; porque es de la villa; porque es una negra; porque es mujer.

Mujeres con la pelota prohibida. Privadas de libertad.

Como espejos.

16 Décembre 2019 14:24:11 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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