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samuelliebheart Samuel Liebheart

Dios quiere morir, pero no está triste, solamente tiene curiosidad por saber... que hay después de la muerte.


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#El-conocimiento #la-vida #ciencia-ficción #cuento #fantasía
Histoire courte
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I

La única forma de poder conocer el destino que aguarda la muerte, es experimentándola, aunque como es obvio, es imposible volver después de ella y contar lo que esta oculta…

A esta conclusión, terminó llegando dios, después de tanto pensar acerca del tema, su única pregunta ahora era: ¿Si llegase a morir, su destino sería definitivo o su carácter ultra terrenal lo haría volver de entre los oscuros abismos de lo único que es absoluto?

Quizá parezca extraño, que un ser casi omnipotente como él a la vez que omnisciente, no conociese el destino que le depara a la vida tras la muerte. Pero la realidad es que dios no es diferente al resto de seres del cosmos, el es un ser mortal, como el resto, que a diferencia de las miles de millones de vidas que habitan en la infinidad del espacio, ha sido capaz de existir, casi desde la formación del universo, evolucionando, cambiando con cada modificación en el orden cósmico, eso fue, lo que le dio su título de dios.

Su longeva existencia, a su vez, le ha permitido aprender de millones de seres a lo largo de todo el universo y es la razón por la cual, se lo cree omnisciente, un pensamiento que no es del todo correcto…

La idea de un ser todo poderoso y perfecto, origen de todo lo que se conoce, ha existido en las mentes de millones de vidas desde siempre, un ser que de sentido a toda la incoherencia que significa la misma existencia. Pero tal cosa no existe.

Curiosamente, su interés en la muerte había nacido hace relativamente poco y se dedico durante largos siglos a estudiarla, a provocarla y a tratar… de experimentarla.

Hizo interesantes descubrimientos acerca de la muerte durante ese tiempo.

Había logrado clasificarla y dividirla, argumentando el que la misma, no solo se refiere a la descomposición de la carne, sino de la mente y del espíritu también. Describió a la muerte en una sola palabra… Degeneración.

Probó la degeneración en todas sus formas, con gran cantidad de planetas e individuos…

Esto le hizo ganar un título de misericordioso o calamitoso, según la circunstancia y el lugar…

Empezó pues, por tratar la degeneración física del ser, aunque, tales experimentos no duraron mucho, pues las variaciones de estos eran extremadamente escasas y la información otorgada, no era la más útil. Experimentó acelerando el envejecimiento de gran cantidad de individuos, creando terribles enfermedades o destruyendo planetas. No solo se limitó a provocar la muerte, si no a observarla en los ámbitos anteriormente mencionados, así como tratar de escuchar conversaciones entre las personas, para tratar de obtener un poco más de información, sin embargo, nunca halló la respuesta al destino que la muerte deparaba.

Con la muerte espiritual, no pudo experimentar nunca, pese a ser, una de las que más llamaban su atención…

Pues el concepto del espíritu era un tanto… interesante…

Las razas inferiores, normalmente lo asociaban a la razón de sus emociones y pensamientos, una parte incorpórea del ser, que tras la muerte ascendía a un plano superior o se transfería a otro cuerpo…

El motivo real de su interés, no estaba enfocado a sus creencias de seres superiores o cosas por el estilo, si no a la percepción y “conocimientos” que tenían estas razas acerca de la muerte, pero supo rápidamente que la información que los creyentes tenían, no era del todo convincente…

Aunque parecía existir una solución al desconcierto con la información acerca de los conocimientos oníricos, pues, existía la leyenda, de una raza con capacidades físicas limitadas, pero con un conocimiento infinito, una raza tan vieja como el tiempo, hallada en una gigantesca metrópolis oculta en los confines del universo, una raza que quizá, fuese capaz de responder sus preguntas…

Pero el conseguir esta ciudad, le fue imposible… o al menos por un tiempo…

A diferencia de las anteriores, la degeneración mental, fue la más satisfactoria, pese a tener un resultado idéntico al de las demás, esta le dio mucho en que pensar, debido a las variaciones existentes en este tipo de degeneración.

Observó varios casos, en los que los seres menores, perdían la memoria a causa de una enfermedad, quedaban paralíticos o… enloquecían.

Perteneciendo al último, tuvo la oportunidad, de presenciar un caso bastante interesante…

En un planeta, ubicado en un sistema solar muy distante al nuestro, existía una raza de insectos muy avanzada, aunque no tanto, comparado al nivel tecnológico que normalmente suelen tener estos seres…

Estas criaturas eran bípedas y caminaban encorvadas, su cabeza era similar a la de una hormiga, aunque su cerebro estaba completamente expuesto. Tenían cuatro dedos en cada mano y tres en cada pata. Sus cuerpos eran peludos y escamosos, a través de su pelaje segregaban un líquido espeso que los ayudaba a protegerse de los rayos solares, pues, a pesar de vivir mayormente bajo tierra o en cuevas, estos seres necesitaban cazar animales en la superficie.

Tenían seis extremidades y su esqueleto se hallaba expuesto. Algunos tenían alas y cuernos, otros incluso tenían ocho patas y eran considerados la raza superior de la especie. Suelen tener ojos vidriosos y compuestos, sus mandíbulas ocultan cuatro asquerosas y babosas lenguas atravesadas por un canal a través del cual succionan la sangre y los órganos licuados de sus presas.

A estos repugnantes y bajos seres se los conoce como las hormigas de Narla’mith.

En una de sus colonias más grandes, donde la tecnología a base de otros seres vivos, era mucho mejor, había una hormiga de gran reconocimiento en todo Narla’mith pues gracias a esta se habían hecho grandes avances en la civilización: creador de los oráculos, increíbles artefactos que servían para vigilar los extensos yermos del planeta desde la seguridad de sus fortalezas subterráneas, también era creador de los primeros teletransportadores.

Estos últimos son los inventos que nos interesan, pues estos serían los que posteriormente, provocarían la ruina del insecto. En Narla’mith la gente se trasladaba de colonia en colonia, de vivienda en vivienda, a través de portales pétreos, movidos por un complejo sistema eléctrico. Este invento sirvió para unificar gran cantidad de facciones de la raza y para extender el comercio en todo el planeta. Sin embargo, su creador, ambicionaba a algo más…

El deseaba poder utilizar su invento para viajar a otros planetas, no tenía como tal una intención mayor, pero si imaginó los infinitos beneficios que esto podría traerle a su civilización, entusiasmándose a un nivel enfermizo, obsesionándose por completo con su trabajo, mismo en el cual, dios sería partícipe, pues el trabajo de este ser había captado completamente su atención.

La relación previa que dios había mantenido con las hormigas era mínima; había tratado de experimentar la degeneración física en ellas, utilizando en aquella oportunidad, una terrible enfermedad que anteriormente, había asolado civilizaciones enteras... Sin embargo, las hormigas sobrevivieron a esta...

Las hormigas fueron capaces, por si solas, de desarrollar anticuerpos suficientes como para contrarrestar aquel maleficio de dios...

¡Gran sorpresa la que se había llevado! no concebía posible, el echo de que tales seres pudiesen realmente, sobreponerse a su potestad divina, así que continuó creando nuevas enfermedades, buscando lo que le faltaba para poder acabar con ellas. Su simple experimento, se había vuelto algo personal, se sentía humillado ante la inmunidad que demostraban esas miserables hormigas...

Tras tres largos siglos, descargando su ira contra aquellos seres, finalmente, desistió. Dejo de atacar con enfermedades y planeó entonces volar el planeta, sin embargo, sabía que nada útil podría sacar de la destrucción, pues de nada había servido en tiempos anteriores, ni para su investigación ni para él.

Por primera vez, se tragó su orgullo y concluyó la primera fase de su investigación...

¿Quién hubiese podido saber, que en algún momento dios volvería a aquel planeta para concluir definitivamente su búsqueda?

Después de un largo viaje por el cosmos, habiendo fracasado en su excursión, decidió tomar un breve descanso en el planeta más cercano... Narla'mith.

La idea de pasar una temporada no le agradaba en lo absoluto, pero no encontraba otra opción, estaba exhausto y muy estresado... Así que tomó la forma de una hormiga y vagó por los innumerables canales subterráneos de Narla'mith. Ahí conoció pues, a esta hormiga, y se interesó por su proyecto, participando sin darse cuenta, en todo lo posible, para crear los portales que les permitirían a las hormigas atravesar el espacio.

La idea era simple; no es posible teletransportarse si no existe tanto un emisor como un receptor de los datos a materializar, por tanto, debía contar con que el planeta al que planeaba viajar, disponía de la misma tecnología, así como también debía conocer las coordenadas del dispositivo de aquella civilización.

Afortunadamente, hace muy pocos años, su colonia había hecho contacto con una raza exterior que habitaba en un planeta cercano al suyo y con la cual se estaban haciendo acuerdos de paz. El científico le había contado sobre el proyecto a la reina, argumentando que su teletransportador interplanetario serviría para poder facilitar el comercio entre ambas razas y reforzar la alianza, sin pensarlo mucho, la reina accedió y consiguió una audiencia con el soberano de la raza aliada para poder obtener las coordenadas de uno de sus portales, explicándole las intenciones de su gente con esta petición y este aceptó después de una larga sesión de debate. La reina le concedió total libertad a la hormiga de realizar su proyecto, además que le otorgó a los mejores científicos de la colonia para ayudarlo en la elaboración del portal.

Si bien tenían todos un conocimiento previo con los portales internos, este proyecto era de una magnitud mucho mayor y los recursos a utilizar deberían ser infinitamente mayores, por tanto tendrían que llevarse a cabo numerosas excavaciones en busca de los materiales necesarios para la elaboración, tanto del portal, como de un nuevo generador de energía eléctrica mucho más potente.

Todo el proyecto tardó nueve años en poder completarse, nueve largos años de reestructuración en el diagrama del portal, de excavación, de cálculo, de programación y resumidamente de un trabajo imperturbable y agotador.

Había llegado el momento de la verdad, era hora de atravesar el arco hecho de piedra de Nod’ron y finalmente poder decir orgullosos, que la teletransportación interplanetaria había sido todo un éxito.

Aquellos que atravesarían el portal, serían el grupo de científicos unidos con las tropas militares de la colonia pues, la raza aliada, convivía en su planeta con otras razas que recientemente, habían tenido una disputa que acabó en una guerra y la razón principal de que el soberano de esta raza aceptase la propuesta, fue para pedir refuerzos de parte de las hormigas de Narla’mith.

Lamentablemente, las cosas no ocurrieron como se habían previsto…

Cuando el grupo había sido desmaterializado y enviado al dispositivo receptor, las tropas enemigas por fin habían logrado derribar las murallas de los aliados, destruyendo la capital por completo y también, al mismo portal…

Haciendo que la información de las hormigas, no tuviese un lugar al cual llegar y por tanto, terminó viajando a una velocidad lumínica absorbiendo toda información encontrada en el cosmos, para así, terminar por volver al punto de partida, donde todos serían materializados nuevamente…

Pero al llegar a la colonia, las hormigas no eran las mismas…

Toda la información que obtuvieron en su fugaz viaje, les fue incapaz de procesar, haciendo que cada uno de ellos, perdiese la cordura…

Al principio tartamudearon cosas sin sentido completamente atónitos y paralizados, no pudieron responder ninguna pregunta hecha por las demás hormigas que esperaban su regreso.

Para después de unos minutos, danzar, cantar, silbar y tararear con júbilo y en total descontrol, elaborando oraciones sin sentido alguno y actuando de manera errática.

—Quizá esta sea la verdad tras la muerte –Dijo dios- El caos, un lugar sin sentido, un lugar donde no estás en ninguna parte y a la vez en todos lados, un limbo entre la realidad y las ideas. Estos hombres son la viva imagen de mi conclusión-.

Supuso que ese sería el destino de la materia tras la muerte, ahora, solo le faltaba probar que esto fuese cierto.

¿Pero acaso el sería capaz de volver de entre los muertos? ¿Sería acaso su magia suficiente para atarlo al plano material? Por primera vez, el sintió un terror indescriptible, sin embargo, estaba decidido a completar su trabajo.

Así que estudió todo tipo de magia arcana, observando y conversando con los seres más sabios del espacio para poder crear un conjuro que le permitiese regresar de la muerte…

Lo último que tenía que hacer, era buscaría la forma de morir, sabiendo que, para poder asesinar a dios, sería necesario un poder de una potencia incalculable, quizá… una explosión capaz de acabar con toda la vida en el universo, a día de hoy, dios sigue buscando la forma de poder morir...

17 Décembre 2019 22:52:38 3 Rapport Incorporer 6
La fin

A propos de l’auteur

Samuel Liebheart Mi nombre es Samuel, y soy un joven de 15 años. Desde que tengo memoria me ha gustado crear historias y al no tener recursos para plasmar mis ideas en Videojuegos o Comics, he decidido dedicarme a la escritura y tengo grandes planes a futuro.

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Marymarce  Galindo Marymarce Galindo
Un dios mortal y aterrado frente a la muerte me gusta. Buen relato.
January 12, 2020, 03:56
Federico Pereyra Federico Pereyra
Buen relato, creo que tiene algunos tintes de Lovecraft. Además me gusto esta mirada nueva al concepto de Dios.
December 17, 2019, 23:25
~