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navilantesos Valentina Muguerza

El poder de la magia siempre ha estado en las manos de aquellos que nacen con la voluntad de dominarla, en el mundo de hoy, esas personas son mejor conocidas como magos. Por mucho tiempo, los magos y los humanos han intentado coexistir en armonía incluso cuando entre ellos, nacen individuos con hostiles intenciones de sembrar oscuridad. No obstante, la magia, en su mayor puro elemento, siempre buscará aquellos de nobles corazones para recordarnos que antes de oscuridad, fuimos luz. Trade Dogan un solitario mago capaz de utilizar una de las siete magias naturales del mundo, vaga sin rumbo, con la esperanza de cumplir cierta promesa hecha hace mucho tiempo. Su viaje lo llevará a conocer un gremio de magos con los que, después de ciertos acontecimientos, será forzado a convivir con ellos.


Fantaisie Épique Déconseillé aux moins de 13 ans.

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Prólogo


El escenario bajo mis pies ya era una imagen común en mi cabeza; escombros, humo, sangre e incluso el olor de los huesos carbonizados de las personas, ya era algo que me traía sin cuidado.

Recuerdo las fechas en las que dichas imágenes alguna vez me causaron pesadillas. Los sofocantes gritos de las personas; mientras escuchaba sus últimos suspiros escapándose de sus voces, y al mismo tiempo iba sintiendo el palpitar de sus corazones detenerse. Noches continuas sin soñar nada más que desesperación y sufrimiento. Pero lo que más me aterrorizaba era ese profundo silencio inerte que quedaba al final.

No obstante, esos días habían quedado atrás, tan lejos que, cuando me esfuerzo en recordar solo veo muerte y destrucción… Pareciera que siempre he estado rodeado de ella.

Mientras caminaba sumergido en mis pensamientos, oí un leve gemido a mi derecha. Alcé la vista del suelo cubierto de brasas y al dirigir la mirada, observé como una figura grande y regordeta se agitaba levemente sin control alguno. El hombre se arrastraba de entre una pila de escombros en un intento desesperado por buscar aire. Débiles sollozos se escapaban de sus labios, al igual que unas delgadas lágrimas que caían y se deslizaban por sus pálidas y sucias mejillas. Una delgada barra de metal se le había incrustado en el dorso; sus pies se encontraban negros, completamente carbonizados por el fuego. En medio de su infierno, el hombre soltaba alaridos de dolor mientras temblaba y se retorcía con cada empujón que su cuerpo daba hacia el exterior.

No llegó muy lejos.

—Por favor, alguien… —susurró débilmente aquellas que fueron sus últimas palabras antes de quedarse inmóvil en el suelo.

No tenía que confirmarlo, lo sabía, había muerto como todos los demás después de un trabajo bien hecho.

Desvié el rostro de su inerte cadáver y continué mi camino hacia adelante.

No importaba, no era la primera vez que veía a alguien morir y tampoco sería la última.

El fuego implacable continuó arrasando sin piedad todo a su paso: ardiendo, desbastando y acabando con aquello que se le interpusiera en su camino, a todos menos a mí.

Los llantos y gritos lentamente fueron cesando hasta que solo permanecieron unos pocos, aunque eran tan débiles y sutiles que apenas y podías contarlos. Alcé la vista al frente y observé con desgano el paisaje a mi alrededor: un cascarón vacío de lo que alguna vez fue un pueblo.

Una vez más lo confirmaba, no había nada que el fuego no destruyera.

Bien… Fue suficiente.

Al escuchar mi orden las flamas esparcidas que ardían por todo el pueblo se vieron obligadas a acudir a mi silencioso llamado. Caminaron hacia mí y a medida que se acercaban entre ellas, estas comenzaron a juntarse, rodeando mi cuerpo y formando hileras de fuego que se extendían hasta los límites del pueblo. Contemplé las llamas por breves segundo, dejando que estas me transmitieran los últimos momentos de aquellas personas a las que les habían arrebatado sus vidas; después, exclamando un leve suspiro, las obligué a entrar de regreso al mismo lugar de donde salieron, sí, a mi interior.

El silencio reinó en el ambiente y ahora una extensa oscuridad cubría los restos del pueblo. El aire se impregnó de un olor a madera quemada y una gigantesca capa de humo se había alzado impidiendo que el reflejo de la luna y las estrellas iluminaran el lugar.

Me llevé las manos a los bolsillos de la chaqueta y soltando un suspiro entre dientes comencé a caminar. No necesitaba luz para ver, ya que podía sentir el débil calor que irradiaban los edificios que no habían sido completamente calcinados por mi fuego. Esos leves remanentes de civilización eran los que me guiaban hacia la salida.

Después de dar unos cuantos pasos, sentí una presencia familiar que se aproximaba torpemente hacia mí.

—¡Por un demonio, Trade! ¡Al menos deja algo de luz para los que no podemos ver nada! —su voz, fría y susurrante, se escuchó de entre las sombras, pero yo sabía perfectamente desde donde me hablaba—. ¡Vamos!, ¿qué esperas? —soltó con impaciencia—. ¡Haz algo de fuego antes de que te rompa en pedazos tu maldita cara!

Que ser más fastidioso e intolerable. Aquí, rodeado de cuerpos y sin ningún testigo, sería una muy buena oportunidad para finalmente deshacerme de él.

Pese a que la idea me fascinaba, desgraciadamente, todavía no podía llevarla a cabo.

Algún día...

—No te quiero cerca de mí, así que dame algo que pueda quemar —le ordené encendiendo una pequeña llama en la palma de mi mano.

Mi petición pareció molestarle ya que soltó un quejido entre dientes. Lo sentí mover y agitar rocas hacia los lados, probablemente en busca de algún objeto que sirviera como antorcha.

—Oh, esto debe de servir... —exclamó con un júbilo escalofriante y seguido, lo escuché arrancar algo del suelo—. Bien, ahora dame algo de luz para así poder salir de esta mierda de lugar.

Acerqué mi mano hacía donde sentía el calor de su brazo y con la luz del fuego observé la forma del objeto que había tomado. Estaba ligeramente oscuro y desgarrado por el fuego, pero aún podía reconocer un brazo humano cuando lo veía. Alumbré su rostro y lo observé con una expresión de desagrado.

—¿Qué?, tú no especificaste —replicó él con una siniestra sonrisa.

Me aparté de su lado e ignoré su infantil intento de provocarme. Alcé una mano y a sus espaldas creé un delgado camino de fuego, el cual se extendió hasta las afueras de lo que alguna vez fue el pueblo de Miznar. Sin decir nada, caminé a un lado del sendero, impaciente por salir de ese lugar.

—¡Ja!, no disfrutas del trabajo… —replicó él liberándose del objeto de las manos y siguiéndome a mis espaldas.

—Y tú lo disfrutas demasiado —respondí.

—¿Acaso quemar ciudades ya no te divierte? —preguntó, sin embargo, responder a sus tonterías era una increíble perdida de energía, por lo que al notar mi silencio continuó hablando—. Al menos esta vez logramos terminar nuestro trabajo antes del tiempo asignado, el Maestro estará complacido —de pronto, empezó a reírse desenfrenadamente, como si esas palabras hubieran desencadenado algún gozo en él—. Vamos, Trade, ¿vas a decirme que no te emociona ver la reacción del Consejo Mágico cuando se enteren de lo que hicimos? ¡Lloverán ofertas por nuestras cabezas hasta el final del año! Apuesto a que cuando volvamos seremos la envidia de todos en el gremio.

No me sorprende tal comentario viniendo de alguien que solo sentía éxtasis después de una masacre.

Ignoré sus palabras y continué mi camino en silencio. Repentinamente sentí una leve señal de vida cerca de nosotros. Me detuve y miré sin asombro alguno a quién nos espiaba de entre las sombras. Una figura pequeña y delgada dio un paso hacia mí, se tambaleaba torpemente hacia los lados, pero se reacia a caer al suelo. Se trataba de un niño; su cabello y el resto del cuerpo estaban completamente cubiertos con cenizas, su ropa estaba desgarrada hasta tal punto que casi parecía estar desnudo. El niño se detuvo frente a nosotros y me contempló con unos enormes ojos brillantes.

—Vaya, ¿qué tenemos aquí?, un sobreviviente... —soltó mi compañero dando un paso hacia el niño.

La pequeña criatura no retrocedió, pero sí observé como sus manos empezaban a temblar levemente. Mis sentidos reaccionaron y percibí como el calor de su cuerpo empezaba a agitarse y como las palpitaciones de su corazón aumentaban.

Así que este niño todavía puede...

—¿Por qué? —soltó débilmente el niño pese a estar presa del pánico—. Ustedes... ustedes hicieron esto. ¿Por qué?

—¿Por qué lo hicimos? Que pregunta tan estúpida —respondió el hombre frente a él y sentí como un hilo peligroso se asomaba en sus ojos—. Los niños siempre son una maldita molestia. Haré esto rápido... —enmarcó una sonrisa que exigía sangre, al mismo tiempo percibía como su pulso se aceleraba—. ¿Me pregunto cuanto será el valor por mi cabeza cuando el Consejo encuentre el cadáver destrozado de un niño junto a nuestro mensaje?

—No, no hagas nada innecesario —intervine antes de que se precipitara—. Nuestras ordenes ya fueron cumplidas.

—Como si eso me importará —replicó. Alzó sus manos y mientras las elevaba, estas comenzaron a tomar una forma bestial: los huesos de los dedos se fueron haciendo ligeramente más grandes, de los nudillos empezó a brotar un oscuro vello marrón, las uñas se alargaron hasta el punto de ser tan afiladas que sabía que podían llegar a atravesar el metal—. No temas, Trade, me aseguraré de que sepan que fui yo —se lamió los labios y dio otro paso hacia su siguiente víctima—. Al final, todo el mundo reconoce un trabajo del Chacal.

La pequeña e indefensa criatura vio a través de sus intenciones, pero le fue imposible retroceder, había quedado completamente paralizado por el miedo. Cualquier cosa que intentara decir para detenerlo sería en vano. La sed de sangre ya se había apoderado de su cuerpo y no iba a desistir de sus planes hasta tener sus manos cubiertas con la carne de su presa.

Suspiré de mala gana e hice arder su ropa antes de que pudiera dar otro paso hacia el niño.

—¡Qué mierda haces! —soltó sorpresivo. Retrocedió de donde se encontraba y se pasó las manos por el cuerpo en un intento por apagar las llamas.

Aproveché el momento.

—Vete de aquí —le dije al niño, este me miró temeroso, pero no hizo caso alguno a mis órdenes—. No te daré otra oportunidad.

Esas palabras parecieron sacar al niño de su trance, ya que parpadeó fuertemente.

—Us-ustedes hicieron esto... —tartamudeó entre dientes—. Mi padre, mi madre... ¿Por qué?

Que molestia.

—Si no te vas ahora te incineraré al lado de sus cuerpos para que así puedas estar con ellos —fue mi última advertencia y levantando mi mano, de entre mis dedos, lancé una pequeña braza de fuego que golpeó uno de sus hombros desnudos. El niño cayó al piso y soltó un grito ahogado de dolor—. Bajo mis manos tu muerte será menos agonizante; eso puedo prometértelo.

El niño se retorció en el suelo y sus ojos me fulminaron con ira.

—¡Los odio! —me gritó eufóricamente y delgadas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

—Lárgate, no volveré a repetirlo.

Me contempló una última vez y levantándose con dificultad, se alejó corriendo por entre la oscuridad.

Me quedé en silencio por un breve instante. No entiendo porque hice lo que hice. Tener piedad por las personas era algo que dejé de hacer hace mucho tiempo. Da igual, si tiene suerte nuestros caminos no volverán a cruzarse de nuevo.

—¡Trade! —gritó el idiota a mis espaldas—, ¡desgraciado!, ¡quítame tus malditas llamas de encima!

Chacal continuaba ardiendo por todas partes. Intenté matarlo, pero su extraña magia lo protegía y no dejaba que mi fuego traspasase su piel, pero sabía que era capaz de sentir el dolor y el calor de las flamas. Chasqueé mis dedos ordenando a las llamas que desaparecieran de su cuerpo. Chacal soltó un gruñido y de un saltó se puso de pie, arrojó al suelo la chaqueta roja que cargaba puesta y que ahora se encontraba toda chamuscada, luego me contempló con severidad.

Dirigí mi mano hacia uno de los bolsillos de mi abrigo y saqué una pequeña bolsa con monedas adentro.

—Ten, para que no te quejes —le dije arrojándola a sus manos.

—Maldito, esa era mi presa... —se quejó él mientras se guindaba la bolsa del cinturón.

—Lamento si no comparto tu deseo ferviente por abrir y destripar cuerpos.

—Claro, tú disfrutas más del olor a carne y hueso calcinado, ¿no es así?

No respondí, ¿para qué hacerlo?, cualquiera que hubiera sido mi respuesta no importaba.

Nos pusimos de nuevo en marcha y mientras nos alejábamos, su incansable voz sonó de nuevo.

—No entiendo por qué el Maestro nos ordenó quemar un pueblo tan insignificantemente como este —comenzó a decir—. Fiore tiene lugares mucho más importantes que esta mierda de lugar. Hubiera preferido ir a Fressia, Clover o incluso Magnolia..., aunque sea allí, habría tenido gente con la que me hubiera podido divertir. Aquí solo había patéticos humanos, ni siquiera un solo mago con el que pudiera jugar. ¡Qué desperdicio de mi presencia! Ninguna de estas basuras me sirvió de calentamiento y luego tú...

—¿Cuándo llegará el informante? —pregunté impaciente por dejar de escuchar sus quejas.

—Yo que sé... El Maestro dijo que nos encontraríamos con él a las afueras del pueblo, eso justo después de completar nuestra misión.

Fue tal y como dijo, en cuanto pisamos los restos de la empalizada que rodeaba la aldea sentí la presencia de alguien que nos esperaba cerca del bosque. Nos detuvimos y a los pocos segundos una figura encapuchada de la cabeza hasta los pies se nos acercó sigilosamente. Tenía una respiración peculiar y su ritmo cardíaco era más lento de lo que estaba acostumbrado a escuchar.

—Excelente trabajo —nos dijo con voz suave y pausada—. No esperaba menos de ustedes.

—Silent Farce siempre cumple con lo que promete —soltó mi compañero orgulloso de sus acciones.

Señaló a sus espaldas y ambos miraron con gran placer y gozo los restos del extinto pueblo de los que aún continuaba saliendo humo.

—¡Espléndido! —susurró el hombre y deslizando una mano bajo su traje, sacó una pequeña y abultada bolsa—. Consideren su trabajo terminado.

Chacal contuvo una risa eufórica entre dientes.

—Esto va a hacer muy feliz al Maestro —soltó él tomando la bolsa e inspeccionando su contenido—. ¿Crees que llegue a notar si faltan una o dos monedas?... Sí, lo sé, probablemente me mataría si se llegase a enterar.

Ignoré sus tonterías y continué mirando fijamente al hombre, el cual ahora estaba intranquilo.

—Caballeros, nada de esto ha ocurrido —dijo para luego empezar a retirarse lentamente.

El hombre dio dos pasos y al momento de dar el tercero; envié mis llamas a que le cortaran el camino.

—No estoy de humor para juegos, anciano —intervine molesto de que me hicieran esperar.

—Tal y como esperaba del afamado Hacedor de Cenizas. Tus sentidos son verdaderamente agudos —soltó con una risa nerviosa.

El viejo empezó a reír y metiendo su mano por entre una manga, sacó un diminuto pergamino que se encontraba enrollado.

—Esto es para ti —me dijo.

Tomé el rollo y lo guardé rápidamente en un bolsillo de la chaqueta. Deshice la pantalla de fuego, y cuando volví la vista hacía el frente, ya la figura del viejo había desaparecido.

No importa… Ya tenía lo que quería.

Sentí la mirada curiosa de Chacal sobre mi hombro.

—Oh..., así que fue por eso que aceptaste el trabajo —soltó él.

Le di la espalda, ignorando su comentario y me puse a andar. Nos alejamos sin que nadie notara que estuvimos allí y muy pronto, dejamos atrás las cenizas de un pueblo sucumbido por las llamas, mis llamas.

Escuché el sonido de un rayo a lo lejos y a los pocos minutos una débil agua comenzó a caer sobre nosotros.

—Vaya hora para que empiece a llover —se quejó Chacal—. Suerte que terminamos a tiempo. Hubiera sido humillante el tener que retirarnos solamente porque tu magia no funciona bajo la lluvia. ¡Ah, mierda! ¡El agua lavará todo mi hermoso esfuerzo!, ahora le será más difícil al Consejo Mágico averiguar quién lo hizo. ¡Demonios!, y yo que quería presumirle al resto en cuanto saliera en los periódicos. La siguiente vez debería de...

Ya no ponía atención a sus palabras.

Cerré los ojos y escuché el sonido de la lluvia que se evaporaba al contacto con mi piel.

Es una pena, con este cuerpo no puedo sentir el frío de las delgadas gotas que caen sobre mi rostro.







¡Bienvenidos!

Gracias por acompañarme en esta nueva obra.


Creada desde el corazón para ustedes.


Si has llegado hasta aquí y te gustó lo que has leído, te invito a que le des una mirada, eso te lo agradecería de todo corazón.


┏─━─━─━─∞◆∞━─━─━─┓


Muchísimas Gracias a todos por leer.


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9 Décembre 2019 23:31:57 4 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Franklin Cosme Franklin Cosme
Tía!!! xD ¿Qué haces acá??!!! (por fis, no digas que es por lo mismo que yo)
December 13, 2019, 18:17

  • Valentina Muguerza Valentina Muguerza
    ¡Hey! Es que aquí hay un publico diferente. Simplemente quería tener opiniones diferentes y siento que está comunidad es mas "formal" No sé, es diferente :3 December 15, 2019, 19:42
Lina Hookings Lina Hookings
Me encanto!!
December 13, 2019, 05:26

  • Valentina Muguerza Valentina Muguerza
    ¡Muchas Gracias! Me alegra que lo hayas disfrutado :3 December 15, 2019, 19:43
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