El invierno del Ángel © [ Libro 2 / COMPLETO] Trilogía "Ángeles Rebeldes" Suivre l’histoire

mlaurazarraga Laura Zárraga

El Ángel deberá ahora afrontar las consecuencias de sus acciones. Llegará un momento en que las circunstancias de la vida serán insoportables, y sentirá que le será imposible continuar. Una fría y solitaria madrugada, conocerá a Sarah, una hermosa mujer que despertará extraños sentimientos debido a un misterio que él ignora. Durante el invierno el Ángel deberá luchar por conquistar su corazón, al tiempo que batalla con terribles circunstancias de la vida y toma la decisión más importante, vivir o morir. ------------------- Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por cualquier medio electrónico o mecánico, sin autorización por escrito del autor. Esta obra está registrada en Safe Creative Código: 1906201226623 ----------------------------- INICIO DE PUBLICACIÓN EN INKSPIRED: 15-11-2019 TERMINO DE PUBLICACIÓN EN INKSPIRED: 15-11-2019


Romance Suspense romantique Tout public.

#paranormal #fantasía #ángelcaído #ángel #drama #suspenso #misterio #romance #amor
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Introducción

ATENCIÓN

Este es el libro 2 de la trilogía “Ángeles Rebeldes”

Todos los libros están en mi perfil y deben leerse en orden.

El Ángel de su alma gemela © [Libro 1 / COMPLETO]

El invierno del Ángel © [Libro 2 / COMPLETO]

La rebelión del Ángel © [Libro 3 / EN PROCESO]


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*




Anna había decidido terminar su relación con Anthony, ella se encontraba en Tokio y él esperaba impaciente el día en que ella regresara para pedirle una segunda oportunidad. Así que cuando llegó el día en que ella regresaba de Tokio, llamó al trabajo para avisar que no asistiría.

Después de un rápido desayuno, salió de su pequeño apartamento. Caminaba con velocidad, como si pudiera llegar tarde, estaba ansioso por verla, sentía que no podía esperar más tiempo.

Pasó frente a una floristería y casi sin darse cuenta se detuvo a contemplar las hermosas plantas. Mientras las observaba, se lamentaba por estar corto de dinero, deseaba poder comprarle a Anna muchas margaritas y claveles, sabía que le encantaban. Dispuesto a marcharse, bajó la mirada y para su buena suerte descubrió una margarita que había caído, al parecer hace solo unos pocos segundos. Con discreción la tomó antes de que alguien pudiera pisarla y una sonrisa asomó en sus labios, no era precisamente la más bella, se notaba que había sido descartada de algún ramo, pero era mejor que llegar con las manos vacías.

Reanudó la marcha, esta vez con más calma, llevaba la flor sujeta por el tallo con cuidado, y caminaba con el brazo doblado frente a él, de esta manera evitaba que alguien de la multitud que transitaba por las calles pudiera estropearla.

Una vez que llegó al edificio donde vivía su enamorada, se detuvo de nuevo y esperó con paciencia hasta que uno de los inquilinos saliera. No quería correr el riesgo de llamar al interruptor y que ella no quisiera abrirle, necesitaba estar al menos a una puerta de distancia, en caso de que Anna no quisiera hablarle, podría decir en voz alta su discurso y tal vez sus palabras hicieran efecto, pero gritar todo lo que tenía planeado desde la calle sería una tarea difícil, además, eraprobable que algún vecino irritable terminara por llamar a la policía y tendría que salir corriendo de allí.

Transcurrió un tiempo considerable, más de lo que había pensado, al parecer los habitantes de aquella residencia preferían quedarse en casa los viernes por la mañana. Su paciencia quería agotarse, necesitaba verla, por momentos su inquietud crecía, entonces recordaba que estuvo años esperando por estar con ella, un par de horas más no iban a matarlo.

A cada momento examinaba su viejo teléfono, definitivamente el tiempo parecía detenerse a veces, en más de una ocasión al volver a revisar, no había transcurrido ni un minuto. En lugar de tanto ver la hora, hubiera sido una excelente idea repasar su discurso, pero Anthony estaba tan nervioso, que no podía quedarse quieto mucho rato, subía y bajaba las escaleras de la entrada una y otra vez, daba ligeras patadas a los montones de hojas secas acumuladas en casi todo el terreno y observaba con cuidado a los vehículos que transitaban, prestaba suma atención a los taxis, era posible que Anna no hubiera llegado todavía.

Dos horas y quince minutos de espera, al fin una mujer joven y de aspecto elegante salió del edificio, mal momento para Anthony que se había alejado bastante de la entrada. Apresurado, se dirigió hasta el lugar y la pobre flor a punto estuvo de perder una cantidad considerable de pétalos.

—¡Espera! ¡por favor, déjala abierta! —suplicó al tiempo que se acercaba.

La mujer lo observó de arriba a abajo con un aire de desconfianza.

—¡Voy a visitar a una amiga!, ¡es Anna, de seguro la conoces! —explicó agitado.

La joven, pareció dudarlo, pero dejó la puerta abierta y se alejó con prisa.

Después de dar las gracias, Anthony comenzó a subir las escaleras, estaba muy emocionado, ascendió con prisa y no se detuvo ni un escalón hasta llegar al pasillo en donde se encontraba la puerta amarilla. Se quedó observándola mientras sentía como su corazón latía con rapidez, notó como de pronto comenzó a sudar e hizo un esfuerzo para regular su respiración, no solo eran los nervios, subir cinco pisos de un tirón y a esa velocidad era para deportistas, y él no era uno.

Después de volver casi a su estado normal, tocó la puerta con suavidad, pero no hubo respuesta. «Tal vez se está bañando» pensó. Esperó unos minutos y tocó de nuevo, esta vez con más insistencia. El resultado fue el mismo, era de suponer que no había llegado del viaje. Decidió esperarla allí mismo en el pasillo.

—¿Puedo ayudarte en algo? —le preguntó una vecina después de cerrar con doble llave la cerradura de su puerta, cargaba sobre el hombro izquierdo un bolso de tamaño peligroso para su edad.

—Estoy esperando a Anna, es amiga mía —le respondió Anthony.

—¡Oh!, creo que ella está de viaje —explicó con voz amable.

—Lo sé, llega hoy.

—Oh, bueno, dale mis saludos.

—Lo haré —agregó asintiendo con la cabeza a la agradable mujer.

Este episodio se repitió con dos vecinos, uno de ellos un anciano cascarrabias que se le quedó observando con mucho desagrado, el otro fue un niño que privado de la supervisión de un adulto, insistía en preguntar «¿por qué?» a fuese cual fuese la respuesta que recibía de parte de Anthony quien terminó por sentarse en las escaleras.

Llegó la hora del almuerzo y comenzó a sentir hambre, pero no quería irse, quería esperar hasta que ella llegara.

Con el tiempo, optó por marcharse, comería algo y volvería tan pronto como pudiera.

Bajó las escaleras desilusionado y salió del edificio.

Comenzó a caminar, pero no quería obedecer a su estómago, y no pasó mucho para que cambiara de opinión.

—No puedo irme, debe estar por llegar —murmuró convencido.

Por suerte no se equivocaba, de regreso distinguió a pocos pasos como un taxi se estacionaba casi en frente de la entrada. Entonces se escondió detrás de uno de los troncos de árboles de hojas naranja.

Anna había llegado, y el viaje parecía haberle sentado muy bien, la notaba más hermosa, estaba radiante. Observó como con una amplia sonrisa ella veía la ventaba de su apartamento y le indicaba al taxista algo que no podía alcanzar a escuchar.

Se quedó mirándola a lo lejos, no tuvo valor de acercarse para hablarle de una vez, así que esperó a que ella entrara.

Anthony podría ir a comer y volver luego, pero movido por las fuertes emociones de verla de nuevo, el hambre y el cansancio pasaron a un segundo plano. Se quedó esperando al lado de la puerta y justo cuando el taxista salió después de cargar con las pesadas maletas, Anthony aprovechó, haciéndose pasar por uno de los inquilinos, entró como si nada.

Emocionado, subió las escaleras, esta vez sin tanta prisa y cuando llegó al quinto piso, hizo para tocar de nuevo, pero su mano se frenó con las dudas. Puso su discurso a un lado, consideró que no era lo suficientemente bueno, lo mejor sería contarle todo, decirle que había dejado de ser un ángel para estar a su lado, demostrarle que la amaba, sería fácil conseguir que le creyera, sabía casi todo sobre ella y tenía los recuerdos de los sueños que manipuló, pero a pesar de esto, era posible que, al confesarle la verdad, ella no reaccionaría de la mejor manera y lo echaría de allí, de seguro entraría en pánico.

De pronto, sintió que no tenía idea de cómo convencerla, analizó todo con rapidez, y las palabras que había preparado ya no le parecía tan convincentes, y decirle la verdad no era una opción viable, no sabía cómo podría afectarle a ella todo esto, no podía hacerle eso. Tratando de buscar una excusa, se dijo que lo más seguro es que ella estuviera agotada por el viaje y no era un buen momento para hablarle.

—Vendré en unos días, espero podamos hablar entonces —dijo en voz baja con su frente pegada a la puerta.

Anthony bajó las escaleras hasta la entrada y se quedó esperando a que alguien saliera.

Una vez afuera, caminó hasta llegar cerca del edificio donde vivía, entonces fue hasta un pequeño restaurante. Estuvo a punto de ordenar, se detuvo justo a tiempo al recordar que no había llevado dinero. Salió de allí y se dirigió a su apartamento.

No estuvo dentro ni dos minutos, apenas le dio tiempo de tomar agua.

«No puedo quedarme aquí sabiendo que ella llegó» se dijo. Se colocó su chaqueta de nuevo, tomó en su mano la descuidada flor y salió.

Estaba agotado, había pasado parte del día caminando, pero nada de eso le importaba, solo si arreglaba las cosas con Anna su vida volvería a tener sentido. Se apresuró en llegar al lugar, estaba sudando a pesar del frío y sentía las manos heladas. Esta vez no esperaría a que alguien llegara, tocó el interruptor, pero no pudo responder al escuchar la voz de ella.

Por segunda vez hizo el intento, pero igual se quedó sin palabras.

Unos instantes después, corrió a esconderse cuando escuchó pasos y el sonido de unas llaves acercarse. Era Anna que había bajado seguramente para ver que ocurría.

Anthony calculó el tiempo que le debió haber tomado subir de nuevo, después de eso, tomó aire y empezó a caminar otra vez hacia la entrada. Justo alguien iba de salida, sostuvo la puerta en el momento en que se cerraba y se quedó allí con su corazón agitado, mentalmente estaba haciéndose una promesa que no podría romper, una vez que subiera no se permitiría bajar hasta hablar con ella.

Dio un paso hacia adelante, iba a soltar la puerta cuando una voz familiar llegó a sus oídos.

—¡Déjala abierta!

En ese momento se le heló la sangre y temió lo peor.

—Gracias amigo —escuchó.

15 Novembre 2019 20:37:23 0 Rapport Incorporer 0
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