Entre ellos Suivre l’histoire

eliasrei Elías Rei

De acuerdo cucarachas de coladera, ésta no es una de esas historias de aventura adolescente. Bueno, aventura sí, mucha, más de la que ustedes han vivido nunca, así que pueden pudrirse de la envidia. De acuerdo, aún somos adolescentes también. ¿Saben qué? Eso en realidad no importa. Han llegado hasta aquí para descubrir la verdad sobre ellos y se las diré, pero vamos a hacer un trato primero. Ellos seguirán con su vida normal en ésta que también es su tierra bajo su total cuidado, y yo a cambio les daré el secreto que tanto anhelan saber. Y no se molesten a menos que firmemos un acuerdo de paz que incuya a todos y cada uno de ellos y los mejores abogados del mundo. Claro, ellos no pueden saber mis términos. Entonces, ¿Qué va a ser? LOS ELEMENTOS DE LA PORTADA FUERON UTILIZADOS CON FINES RECREATIVOS. NO ME PERTENECEN.


Fiction adolescente Déconseillé aux moins de 13 ans.

#triángulo #colegio #preparatoria #escuela #misterio #romance #aventura #nueva #descendientes #ancestros #poderes #joven #adolescente #ficción
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Capítulo Uno

Estúpido Roger Hermann.


Estúpidas historias de fantasmas.


Estúpida oscuridad.


Estúpido el momento en el que acepté salir con mi hermano y con sus dos mejores amigos para ir al bosque de San Bernardo.


Yo estaba en medio de una clase de intento de película barata en donde si no me encontraba un asesino con máscara y cuchillo en mano, bajaría una nave ovni y saldrían varios marcianos de ella. ¡Emocionante!

Pero era el sueño de mi hermano formar parte del equipo de americano; el capitán del equipo, Roger, era una clase de especie perdida entre el homo sapiens y un macaco pompis rojas que desde séptimo me hacía la vida imposible. Para rematarla, le pidió a mi hermano como su pase de entrada al equipo, que tenía que llevar a otros dos chicos novatos y a mí a un ritual de iniciación.

Ya había escuchado lo que hacían. Simplemente se trataba de asustarnos y lograr que no llegáramos al lugar indicado, a la X en el estúpido mapa que les habían dado. Todos mecos llegando a la estúpida marca del estúpido mapa en un tonto juego de niños, como si nos hiciera falta extender nuestras increíbles aventuras del preescolar.

Si, simple de lograr sin contar lo peligroso que era si los guardabosques nos encontraban o que nos perdiéramos sin lograr salir de ahí.

¿Por qué acepté? Porque mi hermano haría lo mismo por mí. Después de rogarme y amenazarlo, claro. Y porque Roger se potenciaría de un grano a una úlcera en mi culo si no lo hacía y lo sacaban de las pruebas. Los pubertos tenían mucho peso en las decisiones del equipo.

¿Ya mencioné que Roger era un estúpido?

Bueno, para que no quede duda, Roger Hermann era un estúpido.

Y allí estaba, la buenas-calificaciones-que-nunca-se-mete-en-problemas Susana, en medio de la nada (eh, pero en Callista), sin una linterna, sin celular (sí, a causa de las estúpidas reglas del macaco), y sin visión nocturna (lo siento, no tengo superpoderes). Al principio me aferré del brazo de Kellan, aunque luego imaginé que se burlarían de eso en la escuela y lo solté. Los otros dos chicos caminaban con cautela, hablando de asuntos sin importancia.

—Esperen…

El más alto y con apellido de trabalenguas se detuvo de forma estrepitosa; un escalofrío bajó desde mi cuello hasta mis hombros y terminó por levantar los vellitos de mis brazos. Nos detuvimos junto a él, volteando hacia todos lados sin alcanzar a ver más allá de los árboles frente a nosotros.

—Me lleva el carajo… —espetó el otro, no lograba recordar su nombre—. Si nos detenemos cada vez que una ardilla hace del dos, llegaremos el próximo fin de semana.

—Shhhh… —Llevó un dedo a su boca, escuchamos con atención.

Había cantos de grillos a cualquier punto en que enfocáramos, tres segundos después escuchamos golpes secos, como si alguien estuviera cortando la madera.

—¿Eso fue un hacha? —Kellan caminó en dirección a donde todos mirábamos.

—Kellan, vuelve aquí —Mi instinto salió a la luz, el corazón me comenzó a palpitar más cada vez que él daba un paso al frente.

Los ruidos pararon de repente, vimos a lo lejos una luz blanca-azulada moverse con rapidez en línea recta.

—¡Kellan! —Me desesperé y volteó a verme calmado.

La luz se alejó y desapareció de nuestras vistas.

—Cabrones. Están esperando que gritemos. —El chico sin nombre volteó su cachucha de manera que la víscera no le estorbara.

—Necesitamos seguir avanzando —El tipo alto sacó el mapa de la bolsa de su jersey, lo bajó para que la luz de la luna le permitiera ver. Alzó su reloj y miró al frente—. El norte es hacia allá, vamos.

El crujido de nuestros zapatos contra el césped seco y las hojas no era demasiado fuerte como para no estar alertas ante cualquier persona que se acercara, así que decidimos apretar el paso, casi trotando. Bueno, yo estaba trotando, ellos sólo avanzaban.

Tal vez mi mente me estaba jugando una mala pasada; es típico que cuando estás solo, en la oscuridad y sin saber qué hacer, se te vienen a la mente un montón de imágenes tenebrosas y gritos de mujeres, animales monstruosos y hasta luces que saltan de un lado a otro, como las brujas. Pero estaba por completo segura que hacía unos veinte minutos se escuchaba el cantar de los grillos, y en ese momento ya no se escuchaba nada. Nada más que nuestros pasos.

Me detuve en seco, retiré mi cabello pasándolo detrás de las orejas intentando comprobarlo. Nada.

—¿Suzy?

¿Acaso también era una jugarreta? ¿Estaban usando alguna pista con sonidos de grillos y la quitaron para asustarnos?

—¿Suzy, qué pasa?

Porque podía jurar que los cantos eran reales. Tan reales como que yo no era rubia.

—Ya no hay ruido…

Los demás se detuvieron y me observaron sin inmutarse. Kellan me miró con detenimiento. No mentía, él lo comprendió al instante.

—¿Crees que haya sido planeado?

—¿Te parece a ti mejor si digo que esto no me suena a algún plan de ellos? —respondí asustada, rezando por que ojalá y sí hubiera sido parte de una broma.

—Ven, tenemos que llegar.

Miré en la dirección que se suponía debía seguir avanzando. —Ni lo sueñes —Me crucé de brazos e imaginé que enterraba mis pies bajo la tierra y los cubría con cemento.

—¿Te quieres quedar aquí? Muy bien.

Siguió avanzando, yo me quedé estática. Caminar podría ser la mejor opción, o ésa sería la que todos en mi lugar optarían por tomar. Sin embargo, mis pies se quedaron pegados al suelo y no podía moverme. Había miedo en mi pulso desenfrenado. Ellos se alejaban más y más, esperé a que voltearan hacia mí. No lo hicieron incluso cuando los perdí de vista.

Si te quedas aquí parada, yo misma me encargaré de matarte. Mi mente habló por mí y corrí en la misma dirección.

¿Habían dado vuelta? ¿Caminaron recto y luego qué? No lo supe, sin embargo los escalofríos volvieron cuando me di cuenta de algo que temía desde el momento en que pisé el bosque.


Estaba perdida.

8 Octobre 2019 02:45:20 1 Rapport Incorporer 4
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NB Naiara Boyce
sigue así <3
16 Octobre 2019 13:47:43
~

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