Sueños y Premoniciones Suivre l’histoire

E
Ella Manrod


Mi nombre es Rachel y esta es mi historia: De día soy una simple camarera comprometida con el amor de su vida, de noche una chica que sigue amando a su novio pero que sueña con su jefe. Ah, y además, soy bruja. No de las malas ni de las buenas. En realidad, soy nueva, recién descubierta por mi maestra que resulta ser mi mejor amiga y, además, la novia del intruso de mis sueños. Me gusta pensar que mi historia es bastante común.


Romance Romance jeune adulte Interdit aux moins de 18 ans.

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Una mañana como casi otra cualquiera

"¿Qué ha sido eso?" no me puedo creer lo que acabo de soñar... Ha sido como uno de esos sueños premonitorios, pero no puede ser. Tom y Marta están juntos y súper enamorados. Más que enamorados. Están conjurados para permanecer unidos por el resto de sus cientos de años que les queda por vivir e, incluso, después de que la muerte los separe.

Ese sueño me va a atormentar toda la mañana, lo sé. Espero que Marta no lo pueda leer en mi taza del desayuno o sino me hará quitarle las espinas a todos sus rosales sin alicates y sin guantes, otra vez. La última vez ya ni me acuerdo de porqué fue...

¡Ah, sí! su padre vino a la ciudad, se pasó por la cafetería de su hija y se pasó toda la mañana flirteando conmigo. Y ¿Qué podía hacer yo? ¿Menospreciarle? ¿Ignorarle? ¿Servirle un café descafeinado en vez de uno doble? de haber sido borde el hombre no me habría regalado los cristales que me protegen de la mayoría de los hechizos que a su hija le gusta practicar conmigo, utilizándome como rata de laboratorio. Sé lo que parece... ¡Marta es una bruja! Y lo es de verdad, de las que pueden hacer mucho daño si quisiera, pero siempre ha estado ahí cuando la he necesitado y sé que me quiere, a su manera.


Son las 06:15 am, Mike sigue dormido, tengo tiempo para darme una ducha rápida y fría, "ya desayunaré en la cafetería" pienso sentada al borde de la cama. Hoy tendrá que ser extra fría para bajarme la temperatura con la que me he despertado y a lo mejor tendré que calmarme yo sola en la ducha, sino Marta sentirá la vibración de mi excitación y me hará preguntas sobre Mike; verá que no le puedo mentir e inventarme que anoche tuvimos otra noche de pasión como las de antes gracias al nuevo juguete que nos regalamos en nuestro último aniversario como novios. Descubrirá que no se trata sobre él y querrá indagar hasta sonsacármelo. O peor, podría utilizar su suero de la verdad en cualquier momento y le terminaría contando todo con pelos y señales, posturas y voces incluidas. A no ser que ya lo sepa... ¡Dios, espero que no!

Pensar en ello, hace que se me baje sólo el calentón pero bueno, ya que estoy...


06:55 am, salgo del portal cinco minutos más tarde de lo habitual, un poco estresada porque no me gusta salirme para nada (ni un poco) de mi rutina pero... admito que estoy más relajada.



Mmmmmm, me encanta el olor que desprenden los arboles por la mañana en otoño. Gracias pajaritos por vuestra música, una pena que ya no os oiga con mis nuevos auriculares inalámbricos que tanto anuncian por todas partes y que Mike me regaló.

Como siempre toda la calle es para mí y me encanta. Parece que no hay nadie más en la ciudad cuando aún no ha amanecido. Alguna vez, cuando me ha sobrado energía, incluso he bajado haciendo piruetas por el césped del parque de mi barrio. Aunque dejé de hacerlo desde aquel día en el que apoyé la mano en algo que parecía barro y que resultó no serlo. Menos mal que fue con la mano y no con el pie; porque mientras que la mayoría piensan que da buena suerte pisarla con el pie, en realidad, la buena suerte llega cuando la pisamos con la mano. ¿Por qué? Por que nosotros como personas bípedas no pisamos con las manos. Así de sencillo. Recuerdo que tuve un día delipendo (delicioso y estupendo).


No hay mañana que no admire el mar cuando llego hasta el puerto y veo las luces de las farolas encendidas, el sol perezoso por salir de debajo del manto azul del mar en calma y las persianas de las casas como párpados, una a una y en desorden, comienzan a abrirse...

Siempre me tomo unos minutos para observar como se despierta el mundo sin saber qué le depara; me tomo justo el tiempo que tardo en fumarme uno de los cigarrillos especiales de Marta. No llevan ni tabaco ni hierbas que se consideren drogas, pero sí frutos que nos da nuestra madre naturaleza que, al parecer, son secreto. A las dos nos gusta llamarlos Martirettes, porque los hace ella y porque son mágicos. Para encenderlos no hace falta fuego y lo más gracioso es que nunca puedes consumirte un Martirette entero; desaparece de entre tus dedos antes de que le des la última calada. Una mañana, nada más encenderme uno desapareció.



07:13 am, me levanto para dirigirme a la cafetería que, está en primera fila frente al mar con la zona más romántica del paseo marítimo a sus pies. Con las palmeras bailoteando al son del viento, la acera perfectamente alisada de color arena y la barandilla blanca que recorre todo el paseo con su diseño de principios del siglo XIX, parece el escenario perfecto para una película de amor de verano.


Estoy buscando las llaves en mi bolso cuando no he avanzado más de dos metros y de repente... ¡paf! me choco de morros con alguien...

- ¿Tom? -- se me escapa una sonrisa bobalicona. Al ver su rostro vuelvo a vivir el sueño de anoche a cámara rápida en mi mente y me quedo petrificada.

- Hola, Rachel. ¿Estás bien? pareces desor...

- ¡Dormida! -- le interrumpo y acelero el paso para llegar a la puerta de la cafetería, ya voy con retraso de más de 7 minutos -- ¿Dónde esta Marta? -- no me puedo creer que justo la noche que sueño con este tío aparezca de la nada. Si no viene casi nunca a ver cómo llevamos su local, ¡por qué ha tenido que venir hoy!

- No se encontraba bien y me ha pedido que le sustituya, hoy vais a tener mucho trabajo por el congreso de brujos... ¿te acuerdas? -- me lo dice en un tono totalmente pasota y despreocupado y, tal vez, dudando un poco sobre si me acordaba o no del gran evento. Y la verdad es que, se me había olvidado por completo...

- Sí, sí. Claro que me acuerdo... ¿Cómo? ¡Genial! Tenía las llaves en mi mano hace un segundo ¿dónde habrán ido a...

- ¿Parar? -- Tom las zarandea en su mano con una sonrisa fingiendo sorpresa y abre la puerta. No sé cuándo me las habrá quitado, juraría que las tenía en la mano cuando justo nos hemos chocado y... me ha agarrado la mano para que no me cayera hacia atrás y yo ni me he dado cuenta porque lo estaba viendo desnudo en mi mente otra vez. Me las habrá quitado entonces, está claro. -- ¿Entras o qué? -- Y ahí está otra vez, desnudo... ¡Pero qué me pasa!

- ¿Seguro que estás bien? No os habréis vuelto a sincronizar en vuestro ciclo mensual, ¿verdad? Porque, sinceramente, no sé como se lo tomaría Marth (así la llama él cariñoso)… Se ha quedado en casa convencida de que las nauseas que sentía eran síntoma de que puede estar embarazada.

- No, no, este mes no estamos.... ¿Perdona qué? -- Estaba prestando atención a lo que me decía mientras dejaba mis cosas en mi taquilla y me anudaba el delantal pero no conseguía interiorizar que Marta estuviera… esperando un bebé. ¡Un bebé de Tom! Cuando comprendo e imagino lo que está pasando, siento como mi sangre se congela y un vacío empieza a absorberme desde mi interior. Me quedo paralizada frente a la cafetera. -- ¡Es una noticia estupenda! Pero, me surge una duda, ¿No se supone que al ser mi maestra, estamos ligadas en salud y energía y que si las dos hicimos el mismo día... yo también podría estar...?

- Sí, podría ser. ¿A que es genial? -- me ha parecido percibir una vibración diferente proveniente de su cuerpo a lo que estaba queriendo decir con sus palabras y, sobre todo, con esa sonrisa que parecía más bien una mueca.

- Pues la verdad es que no. -- Estoy intentando contener la rabia que está creciendo dentro de mí y no pagarla con él, pero me supera. -- Aún estoy con los preparativos de la boda, ya había escogido vestido y ahora se supone que tendré que cambiarlo por otro porque PUEDE que tenga un bebé en camino, porque mi maestra y mejor amiga no me contó que estuviera intentando quedarse preñada. Y además, no estoy segura de... -- me freno en seco. No me puedo creer lo que he estado a punto de decir. Si yo estoy segura de que Mike es el amor de mi vida y que desde el principio de nuestra relación he soñado con tener hijos con él, ¿por qué esta noticia no me puede hacer más ilusión? -- Es igual...


Finjo distraerme cogiendo tazas de la estantería para dejarlos al lado de la cafetera de última generación que el padre de Marta les regaló, a ella y a Tom, cuando renovaron el local el año pasado; tiene a diferencia de otras cafeteras normales y ordinarias, pequeños retoques para poder añadir ingredientes mágicos a los pedidos, siempre respetando la legalidad de la normativa de los brujos.

Sólo podemos utilizar la magia con brujos si:

- Lo necesitan por urgencia grave (de vida o muerte).

- Creemos que el cliente viene inconscientemente hechizado y perjudicado.

- Traen un prospecto de las Hermanas Ling de la botica de al lado.


Tenemos prohibido utilizar estos ingredientes con las personas corrientes, nunca se sabe cuáles podrían ser las consecuencias de que consuman una sola pizquita de cualquier especia de nuestra cosecha.

Así es cómo me descubrieron a mí.

Salí a correr una tarde por el paseo marítimo después de pasar toda la mañana trabajando en la tienda en la que solía pasar largas horas atendiendo y doblando muchísima ropa. El sol estaba poniéndose y el cielo tenía ese color naranja y violeta que tanto me hipnotiza. Y de pronto, ¡zas! me tropecé y caí sobre un desconocido que llevaba un vaso de café que olía tan bien que cerré los ojos y fue como viajar al mismísimo cielo de los cafés (me gusta pensar que hay un cielo para todos y para todo, aunque sé que no es así). Hasta que me di cuenta de que éramos nosotros los que olíamos porque estábamos cubiertos de su bebida caliente. Segundos más tarde empezamos a sentir como quemaba; nunca sabré decir si era la ropa la que ardía o si éramos nosotros. Me levanté sobresaltada y me disculpé ofreciendo mi mano para que el chico se levantara con mi ayuda, aunque la rechazó con amabilidad y se levanto tranquilamente. Me quedé perpleja al ver que el vaso seguía en su mano y que seguía lleno hasta arriba. -- Ven, te llevaré a esa cafetería para que te resguardes de la lluvia y te veamos esa rodilla.

-Pero si no llue… - en ese momento se puso a jarrear. Jarrear de verdad, como si no hubiera un mañana. -- Oh. Bueno pero estoy bi… -- mi rodilla cedió. Me empezó a entrar un poco de miedo porque parecía un chico normal, bastante mono por cierto. Tenía el pelo castaño con mechas doradas con un brillo espectacular, los ojos tan oscuros que me vi reflejada cuando aún seguía encima suyo empapada con su café, unos dientes perfectos y de un blanco natural, también era alto y con espalda fuerte, parecía un surfista o skater más del barrio. Pero desde el principio supe que no era así.

Cuando entramos al lugar, una chica de pelo rojizo, rizado y alocado se acercó corriendo para ayudarnos.

- ¡¿Qué ha pasado?!

- Nos hemos chocado y se ha derramado el café... -- me pareció ver que él le hizo un gesto con la cabeza, como señalándome a mí pero mirándole a ella con una expresión de alerta.

- Ven, vamos a cambiarte de ropa, aquí siempre tenemos de repuesto para los empleados pero hoy haremos un acto de buena fe y te la daremos a ti. Dime, ¿Cómo te llamas?

- Muchas gracias, no tenéis porqué ser tan amables, si no ha sido nada de verdad que...

- ¿Cómo has dicho que te llamas?

- Vale... Me llamo Rachel y ¿vosotros?

- Yo soy Marta y este es mi marido Tom.



Estoy comprobando si las especias están bien surtidas para ir más tarde a la botica de las Hermanas Ling y comprar las que nos puedan hacer falta, cuando siento un agradable calor detrás de mí.

- Hey, Rach (así es como me llama Tom cuando me quiere pedir un favor), sabes que puedes contarme lo que sea. Desde el primer día en que nos conocimos...

- Nos tropezamos. -- Interrumpo porque podía sentir su aliento en mi nuca y se me estaba empezando a erizar la piel con una vibración.... ¡brrrrr! Me aparto y sigo preparando los platos y los cubiertos. -- Ahora que lo pienso, ya han sido dos veces. Creo que te gusta hacer de roca pesada en mitad de los trayectos de los demás, ¿verdad? -- Me río nerviosa. -- ¡Estoy bromeando! -- pero en realidad estoy encantada, en esta conversación se esconden mensajes misteriosos, secretos, tal vez confesiones, y me causa un hormigueo en el estómago que me gusta. Y eso que aún sigo sin desayunar...


- ¿Quieres un café? o ¿Mejor un té? puedes seguir hablando, te he interrumpido...

- Decía que, desde el día en que te descubrimos Marth y yo supe que no nos chocamos por pura coincidencia. Como recordarás, una de tus primeras lecciones como bruja fue aceptar que nada ocurre porque sí, todo cumple con un propósito. Y creo que nuestro propósito... -- de pronto baja el tono hasta que se queda mudo, mientras juega con una cucharilla en la barra, mirándola fijamente, y ahora parece estar muerto de vergüenza. Nunca lo había visto así. Desde el día en que lo conocí y las pocas veces que se había dejado ver por su local parecía estar siempre lleno de confianza y buena energía, siempre con una sonrisa, siempre con algo divertido que decir.

- ¿Nuestro? ¿La de nuestra comunidad? ¿Nuestro aquelarre? ¿A que te refieres, Tom?

- Me refiero al nuestro. Al tuyo y el mío... -- ¡¿Díos mío, que esta pasando?! No me da tiempo a dejarle su taza frente a él, agarra mis manos que están sujetando su café italiano caliente con cero azúcar pero con doble aroma de vainilla (para mantener una mente despejada y feliz, atraer la buena suerte y... el amor), con leche sin lactosa, mucha espuma y polvos de cayena (para agudizar los sentidos) espolvoreados por encima. No sé en qué momento me lo aprendí, creo que es el café que menos he servido y sin embargo el que mejor preparo. Empiezo a sentir que me abraso pero por algún motivo no me inmuto. Me tiene de frente, mirándome a los ojos con una expresión tan seria que su rostro se me hace hasta desconocido.

- Esta noche he soñado algo, algo maravilloso. No sabía que era maravilloso hasta que lo he vivido en sueños, ¿me entiendes? -- Asiento con la cabeza sin poder decir nada, confundida. -- Cuando me he despertado he pensado que sólo era eso, un sueño. Pero la verdad, Rachel, es que no creo que eso sea así. Porque no dejo de rememorarlo y visualizarlo cuando cierro los ojos. Y esa sensación, ese fuego, esa magia, vuelve a surgir dentro de mí... Sé que no llevamos muchas horas despiertos, ni siquiera ha empezado realmente el día, pero verás... Como buena aprendiz de bruja, habrás percibido que hoy estoy algo inquieto e impaciente, ¿a que sí? ¡Es porque el tiempo se me está haciendo eterno! Porque solo puedo pensar en que ojalá vuelen las agujas del reloj y de pronto llegue la noche para poder dormirme y soñar contigo una vez más.


8 Novembre 2019 01:59:26 0 Rapport Incorporer 0
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