LA CONSPIRACIÓN DEL ESPIRAL - Libro 4 de la Saga del Círculo - VOL. 1 Suivre l’histoire

adriana-wiegand1544364809

¿Quién está detrás del terrible suceso de Cryma? ¿Qué intenciones secretas tiene? Tiempos desfasados, recuerdos alterados, y una red de engaños y traiciones harán casi imposible la resolución de este misterio. ¿Podrá Lug desentrañar esta maraña de mentiras y llegar a la verdad? O más importante, ¿querrá efectivamente descubrir quién es el responsable de la conspiración? LA CONSPIRACIÓN DEL ESPIRAL es el cuarto libro de la Saga del Círculo. Se recomienda leer el Libro I: LA PROFECÍA DE LA LLEGADA, el Libro II: LA PROFECÍA DEL REGRESO, y el Libro III: LA PROFECÍA ROTA, antes de leer este, para poder comprender la historia. HISTORIA REGISTRADA. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. PROHIBIDA SU COPIA.


Fantaisie Médiévale Tout public.

#misterio #héroes #acción #mundos-paralelos #poderes #aventura
6
2.7k VUES
Terminé
temps de lecture
AA Partager

PRIMERA PARTE: DESAPARECIDOS - CAPÍTULO 1



Frido codeó a Akir.

—¿Qué? —inquirió Akir.

Frido señaló hacia la puerta de la atiborrada posada con la cabeza. Akir la vio y abrió los ojos asombrado.

—¿Ana? —sonrió de oreja a oreja, limpiándose las manos en el delantal.

Ella sonrió también, aun parada junto a la puerta.

—¡Ana! —gritó Akir, corriendo hacia ella y envolviéndola en un cálido abrazo.

—Gusto en verte, hermano —dijo ella.

—¡Y a ti!

—Sé que es inesperado, pero decidí al fin aceptar tus reiteradas invitaciones a conocer Polaros.

—Eso es excelente.

—Aunque tal vez no elegí la mejor época —comentó ella, mirando en derredor.

La sala de la posada La Rosa estaba llena de viajeros murmurantes, comiendo y bebiendo entusiasmados, contando historias, riendo. Frido revoloteaba de aquí para allá, recogiendo pedidos, dando órdenes por un hueco en la pared que daba a la cocina, y en general, vigilando que el ambiente se mantuviera cordial.

—El negocio ha vuelto a florecer —asintió Akir—. Y Frido disfruta mucho ser una celebridad local.

—Ya veo.

—La primavera trae muchos viajeros. Pero no te preocupes, puedes quedarte en mi habitación, si no te molesta compartirla con mis cosas.

—Será un honor —dijo ella.

—¿Viniste sola? —preguntó Akir, mirando hacia la calle por la ventana.

—Sí.

—Ven, te conseguiré una mesa —dijo Akir, guiándola por la enorme sala.

Akir despejó una mesa en un rincón alejado, bajo la escalera que llevaba a la planta de arriba, y acercó dos sillas. Luego tomó la capa de Ana y la colgó en un perchero en la pared, cerca de la chimenea.

—¿Qué pasó? —le preguntó, sentándose frente a ella.

—¿Qué quieres decir?

—¿Randall no está contigo?

—Tenía importante trabajo en Aros, no podía venir.

—¿Y te dejó venir sola?

—Nada ni nadie puede prohibirme venir a visitar a mi hermano —respondió ella.

—Oh, Ana, no me digas que te escapaste sin su consentimiento... No lo hiciste, ¿o sí?

—No exactamente.

—¿Qué significa eso?

—Tuve que explicarle lo importante que era para mí este viaje y no fue fácil. Tuvimos una discusión.

—¿Pero todo quedó bien entre ustedes? —preguntó Akir, preocupado.

—Después de que lo sané, sí.

—¿Qué?

—Randall me sobreprotege demasiado. Necesitaba demostrarle que todo el entrenamiento al que me había sometido no era en vano, que podía defenderme sola. Así que la única forma de obtener su permiso fue retarlo a un duelo. Lo dejé escoger las armas y eligió espadas. Mala elección, soy muy buena con espadas, dagas, y en general cualquier tipo de arma blanca.

—¿Lo venciste? —preguntó Akir, asombrado.

—Sí. Aunque debo admitir que solo lo logré jugando sucio. Mientras él seguía concentrado en la pelea con espadas, tratando de no lastimarme en el proceso, saqué una de mis dagas y se la clavé en el muslo derecho.

—¿En serio?

—Debiste ver su cara, estaba tan asombrada como la tuya. Estuvo rengueando y bufando el resto de la tarde, furioso consigo mismo por haberme subestimado. Pero en el fondo se sentía orgulloso de que lo hubiera vencido.

—Lo imagino —sonrió Akir—. Es un hombre singular ese Randall, y te ama mucho.

—Lo sé —asintió ella—. Por la noche, cuando vino a dormir a nuestra recámara, me dijo que me había ganado el permiso de venir a Polaros por mi cuenta. Estuve a punto de retrucarle que era una mujer libre y que no necesitaba el permiso de nadie para hacer lo que quisiera, pero en cambio me ofrecí a curarlo. Podía ver que le dolía mucho la herida. Él dijo que se merecía el dolor por haberme tratado como a una niña y por haberme subestimado en el duelo, pero luego cedió y dejó que lo sanara. A la mañana siguiente partí hacia aquí.

—Mmm. Me suena como que tu esposo se dio por vencido muy fácilmente —comentó Akir.

—Yo también lo pensé. Resultó ser que el muy zorro envió soldados a seguirme discretamente. Bueno, no muy discretamente, descubrí a dos de ellos hacia el mediodía, en las montañas. Los reconocí a tiempo antes de cercenarles las gargantas mientras almorzaban. Cuando los presioné, llamaron a sus compañeros. En total, Randall había mandado a veinte soldados para protegerme. Dejé que se quedaran cinco conmigo y envié a los demás de regreso. Enviar a todos solo hubiera logrado que Randall mandara más o que viniera él mismo tras de mí.

—Hermana mía, recuérdame nunca contrariarte —dijo Akir—. ¿Dónde están esos cinco? ¿Los dejaste afuera en la calle, de guardia?

—No, los dejé llegar hasta las afueras de Polaros y los envié de vuelta con un mensaje para Randall, diciendo que había llegado sana y salva.

Frido se acercó a la mesa.

—Ana, querida —dijo, abrazándola y besándola—. Es un gran placer tenerte con nosotros. Te pido disculpas por no haber venido a saludarte enseguida. Como verás, es una época de locura en La Rosa. Espero que Akir te haya atendido bien.

—Lamento importunarlos en una época tan ocupada...

—No, no, no, no, querida. No nos importunas para nada. Estamos muy felices con tu visita —aseguró Frido.

—Gracias, tío Frido —respondió ella.

—Dime qué quieres tomar y comer, y te lo traeré —dijo Akir, poniéndose de pie.

—Nada de eso —le dijo Frido, apoyando su mano en el hombro de su sobrino y haciéndolo sentar otra vez—. Quédate a charlar con tu hermana, yo me encargaré de todo. ¿Qué quieres comer, querida?

—Lo que tengas estará bien —respondió ella.

—Tengo una sopa de calabaza que está teniendo mucho éxito hoy, y luego un pato asado con especias, acompañado con papas y batatas.

—Suena grandioso —asintió Ana.

—Buena niña, te lo traeré en un momento. ¿Viniste sola?

—Sí. Bueno, vine con Luar.

—¡Oh, Kelor va a estar feliz de verla! —exclamó Frido—. La llevaré al establo y me encargaré de que esté cómoda. Tú no te preocupes por nada.

—Gracias —sonrió Ana.

20 Septembre 2019 17:47:00 0 Rapport Incorporer 4
Lire le chapitre suivant PRIMERA PARTE: DESAPARECIDOS - CAPÍTULO 2

Commentez quelque chose

Publier!
Il n’y a aucun commentaire pour le moment. Soyez le premier à donner votre avis!
~

Comment se passe votre lecture?

Il reste encore 89 chapitres restants de cette histoire.
Pour continuer votre lecture, veuillez vous connecter ou créer un compte. Gratuit!