Sarangbi Suivre l’histoire

s_h_e_e_l_a_g Shee Lag

Una historia que contiene mi alma, arrepentimiento y perdón. Una carta al viento que espero que llegue a las manos apropiadas. El desgarro de mis venas para poder escribir mi dolor de lo que no pudo ser.


Histoire courte Déconseillé aux moins de 13 ans.

#primer-amor #dolor #despedida #desamor #amor #Lluvia-de-amor #Sarangbi
Histoire courte
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Capítulo I - Sarangbi

«Yo sabía que te quería y te traje dentro de mí. Pero te dejé marchar…»
Te Dejé Marchar, Luz Casal

Nos conocimos en una tarde lluviosa. Me habría quedado más tiempo, pero no tenía excusas. No soy buena en las cosas del amor. Nunca lo fui. Menos en el comenzar, peor aún para terminar.

Traía una mochila pesada a mis espaldas, un bolso de mano y diez maletas de pasado, que sin darme cuenta, vertí sobre ti.

Creí que tu pasado se desangraba contigo, así, como el mío.

Pero, no.

Dejé que los demonios mentales que comenzaron a atacarme en aquel momento cayeran en manos equivocadas, y no puedo culparme como todos lo hicieron, como yo misma lo hice durante tanto tiempo. Es cierto confié en extraños porque mi mundo se derrumbaba no es soledad, sino en desolación.

Di confianza porque necesitaba de alguien tan solo para hablar.

Necesitaba contar hasta lo más corrompido que tenía.

Tú no me lo ofreciste ni los más allegados, y en ese mar a la deriva en el cual me dejaron flotando en una balsa al borde de destrozarse, caí al agua y peleé por salir a flote.

Sin saberlo escogí el mal camino.

Como una persona torpe, gobernada por la ansiedad, sus miedos, el dolor, me dejé manipular a un nivel que casi arrasa con mi vida. Pero aunque no lo puedas creer, no lo notaba.

Cuando el huracán pasó y pude soltar la mano de quien con mentiras y sentimientos falsos me usurpaba cada día más la vida bajo máscaras de amistad, pasé el duelo culpando a todos, atacando a los que creía sospechosos, queriéndolos hundir.

El cometido de los manipuladores fue siempre el mismo. Sabían que me había enamorado, que te amaba, y pasaste de ser mi galaxia inexplorada a un asesino en serie.

Buscaron que te viera como el único responsable, y lo mismo tú a mí. Que pensáramos lo peor uno del otro.

No me preguntes cómo sabía qué me enamoré, cómo sabía que te amaba, si solo el silencio y la indiferencia reinaron entre nosotros.

Quizá esa sea la respuesta: solo supe sentirlo, no explicarlo, y por eso, es que al menos para mí fue así.

Como una persona que está acorralada, invalidada en todo aspecto actué con lo único que tenía a mi alcance: mi prosa.

La prosa puede ser venenosa, filosa, lo más letal que he conocido, quizá tan horrenda como el silencio que decidiste guardar. Y curiosamente lo conocí a través de mí.

Cuando pasa un tiempo y enfrías tu mente es similar a cuando Lady Macbeth no soporta la culpa y ve sangre en sus manos, sangre que no está allí.

No fue la culpa el camino que me condujo hacia donde hoy estoy de pie. Sino el ver que tenía en mis manos la misma sangre de asesina que aquellos, que en conjunto, decidieron tomar todo aquello que me vulneraba y me reducía a cenizas.

Me ensucié el alma con la suciedad ajena.

Comencé a notar que todo eran hipótesis y una eterna búsqueda de cuál realmente habría sido la verdad, y en esa búsqueda presentí que aquellos ojos de miel tan cálidos que conocí ese día de octubre podrían haber sido opacados a la misma negrura que yo.

Hay gente que brilla con luz propia y el resto irá toda la vida detrás de ti para apagarte.

Por un momento me cuestioné si la manipulación no nos habrá dejado estúpidos a ambos, al punto de formar tú un ejército en mi contra, y yo batallar sola porque no me enteré en qué momento se pactó la guerra.

Nos confrontamos como dos enemigos horribles sin principios, sin escrúpulos… y por años, nadie recordó que el día que nos conocimos era lluvia de amor lo que cayó sobre nosotros.

Así es. La lluvia de amor es la que cae lento al compás de los sonidos del corazón, mientras las miradas nerviosas van y vienen. La lluvia de amor te hace asociar algo tan maravilloso de la naturaleza con un simple humano que a tus ojos tiene la misma majestuosidad de las maravillas de este mundo.

Nos olvidamos de nuestras miradas, de nuestros silencios, de nuestras pausas, de nuestra falta de maldad.

¿Culpa? Es difícil ponerse a eso.

¿Soluciona encontrarla? Nada.

En la batalla de estrategia vikinga me derrotaste sin más, no importa si fuiste o no, lo que importa es que pudiste detener muchas cosas a tiempo y decidiste no hacerlo.

Yo caí. Quedé sin escudo, sin armadura, porque era invisible, nunca la tuve. No me enteré que no era hacia la felicidad que me dirigía, sino hacia un pozo cubierto de hojas en el camino.

Chillé como un pequeño pajarito cuya madre abandonó el nido. Rabié de miedo. Ya no puedo contarte la de cicatrices que llevo sumadas a las que ya tenía.

Cuando pasó un buen tiempo, utilicé toda la historia para lastimarte. Para difamarte, para que el mundo supiera la verdad que yo suponía real.

Hasta que volvió la lluvia de amor.

Sarangbi es su romanización del coreano. Me gusta como suena. Porque así como existen vientos del sur, del norte, existen distintos tipos de lluvia también… Sobre nosotros siempre era Sarangbi.

La lluvia de amor me hizo verme al espejo. Juraría que mis ojos que se rodeaban siempre de aquel color aceituna con miel en el medio, ahora estaban casi negros, sin pupilas.

Recosté la cabeza al vidrio y así como llovió fuera, la lluvia también comenzó en mí.

Un escritor suele ser muy egocéntrico. Muchos tratan a sus obras como algo intocable. Pero yo extrañaba mi voz, esa que escribía sobre lo que duele y no para herir. Extrañaba la inocencia arrebatada, extrañaba mi falta de maldad… y en esa lluvia dibujé tu silueta.

No quiero ser una persona que lastima así la gente lo haya ganado.

Y tu silueta se volvía nítida, como si también del otro lado del cristal tus ojos decían lo mismo que los míos.

Quizá el período que hubo en medio de estas batallas te llevó a la reflexión como a mí.

Ya no es tiempo de disculpas, aunque siempre es mejor opción.

Pero más que hablar, lo realmente bueno es hacer que las cosas se transformen.

Por lo tanto, retiré el arsenal de armas que ahora poseo, me quité la armadura y todo lo que traigo conmigo para protegerme a fin de nunca más ser engañada y masacrada.

Me quedo así al desnudo y te brindo la espada para que la tomes del mango. Yo no quiero usar más su filo.

Envié todos mis escritos lejos. Aquellos que creé para destrozarte a ti y a unos cuantos.

Lo he hecho por mí. Lo he hecho por los que amo, y porque cuando escribo me desangro historias de la vida que merecen ser contadas.

La nuestra, la antigua, merece ser olvidada.

Dos personas, adultas, inteligentes, pensantes, a un paso una de la otra, dañándose a la distancia a través de terceros.

Eso ya no tiene solución.

Tú sabrás las decisiones que tomaste, tus acciones, tus razones, y no las quiero cuestionar. Yo me hago cargo de las mías, aprendí a no tirar mi equipaje para el costado, y me levanté de una caída que a cualquier otro quizá le habría costado casi como a mí, la vida.

Esta es una carta al viento que envío, y si llega a tus manos debes saber unas pequeñas cosas:

Ya no mato el tiempo, ahora estoy viviendo.

Ya no buscaré herirte ni venganzas que ensucian mis manos.

Respetaré a los que hace mucho se han marchado e incluso ellos estuvieron en el medio; esos, desde siempre merecieron la paz.

No solo se trata de ti sino de todos los que decidieron romper a mi niña interna en pedazos a los que libero como lámparas de luz hacia el cielo. Esa niña jamás se ha ido, es mi musa, mi empatía, mi risa, mi llanto, es todo lo que me vuelve sensible y humana, que no quiere ir por la vida devolviendo tanto como le dan.

Aprendí que el daño es tan igual de profundo a como quieras tú que lo sea, así que de a poco me quité la espada que tenía atravesada en el estómago.

Nunca me gustaron las aves presas en jaulas, y eso era el rencor en mí. Los libero a todos para que encuentren el cielo.

Lo último que no debes olvidar es que la Sarangbi existe, es tu lluvia y la mía, pues eso nos unió y unirá siempre.

No me eches de menos cuando llueva, pues para mí la lluvia… eres tú.

Cada vez que Sarangbi venga no la ignores, siéntela desde un cómodo sofá caliente si es invierno, empápate con ella en el bosque si es verano…

Cuando roce tus labios, imagina que son todos los besos que por no saber hablar a tiempo y tomar las decisiones erradas no te he dado, los abrazos consumidos en nada cuando empiece a caer sobre tus hombros, y cuando al fin haya empapado tu cuerpo, será la fuerza pura con la que te habría hecho el amor y hubiera dejado que me lo hicieras.

Recuérdame como a la lluvia de amor de aquel día que te conocí.

No pretendo nada de ti, pues así como la lluvia, nos vamos esfumando.

De torrencial y eléctrica a diluvio, de muy copiosa a llovizna y luego solo quedarán las gotas que se secan o evaporan.

Existiré siempre de ese modo, igual que tú para mí, como algo que no se puede tener, solo verlo pasar.


Dedicado a A.F. Alguien que he lastimado mucho mientras aunque lo intentaba, no lo dejaba de querer. Ese alguien es puro como el viento, con ojos llenos de galaxias gigantes que esplenden en el universo. Dedicado a la primera, única y última lluvia de amor que conocí.
Hasta siempre, mi Sarangbi
10 Septembre 2019 01:41:00 0 Rapport Incorporer 1
La fin

A propos de l’auteur

Shee Lag Como lo proponía Hemingway: Escribo duro y claro sobre lo que duele, pero sin perder la ternura. Mi lema es drenarse las emociones a través de las letras. Me gusta escribir, incluso podría decir que es una necesidad, ya que no encuentro otro modo de dejar en el mundo todo lo que siento, observo, creo y soy, excepto mediante este lenguaje extraordinario que fluye a través de los dedos.

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