El Camino de Gigantes Suivre l’histoire

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Atrapados entre una roca y la pared, un grupo de aventureros hace una última y desesperada carrera para salir vivos con su tesoro.


Fantaisie Épique Tout public.

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Histoire courte
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El Camino de Gigantes.

Sobre las ruinas de una gran torre, rodeado por un extenso bosque, nadaba una criatura de gran tamaño. Una colosal ballena, de piedra y metal, flotaba sin problemas por entre las nubes. Como un pez en el agua, la bestia se movía de lado a lado, de arriba abajo en cielo oscuro de la noche, llenando toda la zona de su intenso canto.


En otro lado, dentro de los límites del bosque, un Ladrón le hablaba al resto de su compañía.


- No hagan ningún ruido.


Todos estaban quietos, asustados de que el sonido de su aliento atrajera la atención. Eran las últimas horas de la noche, con el alba a solo unos cuantos minutos de aparecer. La oscuridad era un útil escondite pero pronto desaparecería con el amanecer. No quedaba mucho tiempo.


El gran estruendo de la bestia se propago por el cielo. Ni trueno ni lluvia sino un gran llanto, un aullido largo que hacía eco en todas parte. Este se repetía una y otra vez. Cada miembro de los cinco escuchó asustados y ansiosos. La Maga se acercó al Ladrón y le dijo.


- Es nuestra oportunidad para correr, deberíamos…


- Ya estamos cerca pero no es tiempo de apurarnos – Cortó el Ladrón - Nadie se mueva hasta que yo diga.


Una voz se interpuso entre ellos. Era el Mercader, sosteniendo con fuerza una bolsa entre sus manos. Su mirada mostraba el pánico que sentía.


- Esa cosa esta justo detrás… ¡Tenemos que salir!


Con una señal, el Ladrón lo mando a callar.


- Si tanto te preocupa, deja esa cosa y vamos caminando a esas montañas. A mí no me importa, igual nos tienes que pagarnos al regresar de la ciudad.


- ¿estás loco? No voy a dejarlo atrás, no puedo…


- Entonces cállate y escucha. Esas montañas – dijo apuntando a la cordilleras delante de ellos – llegamos ahí y estaremos bien.


La cuestión era llegar. Una gran pradera, larga y abierta y sin lugar alguno donde esconderse, los separaba de la cordillera. El Ladrón volteo a ver a su compañía. Un Caballero, una Maga, un Arquero y un Mercader lo miraban en espera de la siguiente orden. Cada uno sentía la tensión al ver lo que faltaba y ansias de comenzar la carrera.


Otro gran aullido lleno el ambiente, moviéndose entre los cielos. El Ladrón miro su reloj y luego el cielo, la distintiva línea del amanecer empezó a surgir. En silencio, levanto la mano. La línea de luz llegó a la pradera y luego al bosque. El mercader, al no esperar la luz, quedo ciego al verla. En ese instante la bestia soltó un aullido de dolor.


El Ladrón dio la señal.


- ¡Corran!


El Ladrón, la Maga y el Arquero salieron disparados de entre los árboles y las ruinas. Les siguió el Caballero quien cargaba con al mercader, aun ciego, en el hombro y ahora corría detrás de sus compañeros. El grupo, algo disperso, corrieron por la pradera abierta, tan rápido como podían, durante el creciente amanecer. A sus espaldas, la oscuridad de la noche poco a poco desaparecida por el alba de la mañana.


Otro aullido enorme resonó por la zona, y de entre las nubes la bestia salió. Como un pez, se revoloteo violentamente por el cielo abierto. Circuló la zona de manera errática, golpeando las ruinas de la antigua torre y llevando escombros por toda el área cerca. Solo el Arquero volteo a ver aquella escena.


- ¿Qué le pasa a esa cosa?


- ¡No se detengan! - Gritó el Ladrón - ¡No miren atrás y no se detengan! ¡Casi llegamos!


Ya el tope de las montañas se hacía cada vez más grande y más cercana. Solo una pequeña distancia los separaba ya. Con ansias y terror, mantenían la carrera. Ninguno miraba hacia atrás, temiendo la cercanía de la bestia. Lo única que hacía falta era llegar, si hacían eso las montañas le haría imposible aquella bestia perseguirlos en su interior.


El canto de la ballena resonó con fuerza en la pradera una vez más, haciendo que cada uno de ellos se cubriera los oídos, y aun así el ruido era ensordecedor. Fue el Ladrón que se detuvo a ver. La bestia ya no revoloteaba por el espacio de la torre, ahora solo se mantenía sobre la gran torre, mirando la pradera con detalle. Su gran cuerpo cayó del cielo y entró en el bosque, aplastando y haciendo volar gran cantidad de arboles, tierra y escombros. Nadó en dirección recta por el conjunto de árboles, dejando atrás un terreno destruido, dirigiéndose directo a ellos. No tardaría en llegar a la pradera, a lo cual el Ladrón solo pudo decir.


- Mierda… ¡No se detengan!


Antes de continuar corriendo, ahora más rápido que antes.


Los cantos de la bestia se acercaban cada vez más cerca, el simple movimiento de su cuerpo, el sonido fuerte de metal y piedra, hizo un sonido que cubría todo. En la compañía, ninguno detuvo su carrera, ya las montañas estaban enfrente, dándoles la bienvenida con un camino ascendente de piedra. El primero en llegar fue el Arquero, quien atravesó la entrada de las montañas sin detenerse. Le siguió la Maga y ambos se adentraron a los caminos de piedra sin esperar a los demás. El Ladrón llego solo un momento después. Casado se detuvo en el umbral para retomar su aliento pero lo que vio lo dejo sin palabra solo le hizo ahogarse.


La Ballena ya estaba en la pradera, atravesándola a gran velocidad y dejando un campo verde totalmente destruido en su camino. Justo en frente, estaban el Caballero y el mercader, corriendo por sus vidas por el último tramo de la pradera. Un estruendo ensordecedor recorrió el valle mientras la bestia se aprontaba para chocar contra las montañas y con los aventureros. Su boca abrió, dejando ver antiguos mecanismo de metal y piedra, todos cubiertos por una espesa nube de vapor. Ahora, solo unos metros separaban a los dos aventureros de la gran bestia y solo unos metros más de las enromes montañas. En el último tramo, el Caballero dio un gran salto hacia la puerta.


En el último momento, antes de chocar contra la cordillera, la ballena ascendió a los cielos, dejando salir un gran canto de frustración y violencia. Polvo y viento se elevó con ella, empujando una ráfaga de viento, fuerte y violento, hacia la entrada de las cordilleras. El Ladrón, el Caballero y el Mercader la recibieron de frente, siendo lanzados hacia el interior con violencia contra el suelo de piedra. El tiempo pasó mientras cada uno, poco a poco, recobraban la conciencia y el aliento. El Ladrón dio un gran suspiro de alivio.



El grupo, dividido, se reunió dentro de los caminos de la cordillera. Excepto por algunos raspones y torceduras, ninguno salió seriamente herido. Nadie pudo creer su suerte, dejando una clase de tensión nerviosa pero ligera sobre el grupo. El Caballero fue el primero en hablar.


- Eso fue innecesariamente peligroso. Prefiero no volverlo hacer si a ustedes no les importa.


- ¿acaso no te divertiste corriendo de uno de los Gigantes? – pregunto el Arquero en un tono jovial y emocionado – Yo, por mi parte, lo haría de nuevo ¡que vengan más aventuras!


- Tú no tuviste que cargar con el empleado y el cargamento…


- Eso me recuerda ¿Dónde está nuestro patrón?


- Vomitando por allá.


El Caballero apunto al interior del camino, en el lugar donde el Mercader se apoyaba contra uno de los muros. Los sonidos que provenían de él hacían muy claro su estado de su salud, por lo que el Arquero no pudo evitar reírse y decir.

- Te hace falta más acción, amigo


- ¡No soy tu amigo! – grito el Mercader una vez terminara su “descanso” - ¡Ustedes están locos!


- Vamos, señor – intervino el Caballero con una expresión preocupada, como la de un niño en problemas – Todo salió bien.


- ¡Nunca debí contratarlos!


- Entonces, es bueno que lo hayas hecho.


La voz del Ladrón provino de atrás de aquellos tres. Apoyado de la Maga, ambos fueron por el camino en dirección al grupo que discutía. Al verlo el Mercader enrojeció de ira.


- Por tu culpa casi muero ¿Qué tienes que decir al respeto?


- De nada.


- ¿Qué diablos estas diciendo?


- Muchas gentes regresa sin cargamento o no regresa como tal. Siéntete feliz que tú tendrás ambas.


La respuesta dejo estupefacto al mercader, y aunque intentara decir algo más no hubo otra respuesta. Sin detenerse él y la maga continuaron, dejando atrás a ellos tres en sus problemas. Pronto se volvió a escuchar las riñas de aquel grupo. Unos pasos más adelante, ya alejados de los otros, la Maga dio un suspiro de irritación. El Ladrón lo noto.


- ¿todo bien?


- Algo… - dijo la Maga sin detenerse – Dime, ¿sabías que el sol dejaría ciego al Gigante o solo tuviste mucha suerte?


- ¿De verdad importa eso? Ya estamos aquí.


- Solo quiero saber, así sabré si moriré por una mala apuesta o solo por mala suerte.


- Tú sabes que no dejare que nada así les pase a ustedes.


- ¿sabes? Si no fueras tú quien lo dice, no lo creería.


- Es la verdad


- Confió más en tu reputación. Si el Ladrón de Gigantes lo dice, entonces es la verdad. Pero también admito que esto dio más miedo de lo que pensé.


- Bueno, lo importante es que salimos de todo, y solo me lastime el tobillo. Cuando regresemos a la ciudad te invito un trago para que mejores.


- Prefiero que me des un bono además de la paga.


- ¿Acaso solo piensas en el dinero? ¿Lo magos no deberían ser más… yo que sé, académicos?


- Esta Maga tiene cuentas que pagar, además una Maga experimentada no debería estar cargando con Ladrones flojos.


- Este Ladrón flojo lo aprecia.


La compañía continúo su camino por la cordillera. A cada paso, la ballena sobrevolaba por el tope de las montañas y así continuo por horas, con el eco de su llanto fluyendo por los diversos caminos. Pero con las horas estas pararon. La ballena se había rendido, retronando entre las nubes y perdiéndose por un océano blanco en lo alto del cielo.


El silencio trajo consigo el alivio de la compañía como también la salida de las cordilleras. Un viento cálido los azoto al entrar en la nueva zona. La compañía vio una extensa pradera, de un fuerte verde, expandirse ante ellos y una muralla en el horizonte que conformaba los límites de la ciudad. Pero no era lo único que veían. Por toda la zona, en lo que conformaba la pradera, enormes bestias de roca y metal merodeaban por los campos. Estas, mas terrestres que la anterior, eran enormes bestias de cuatro patas, sin cola, de cara plana y de ojos luismos y mecánicos. Al verlos el Mercader retrocedió asustado, solo para ser detenido por el Ladrón.


- ¿A dónde crees que vas?


- ¡Suéltame! – gritó el Mercader – Volveré a las montañas, ahí esas cosas no podrán tocarme.


- No iras a ningún lado. Tienes que pagarnos y para eso tenemos que ir allá – dijo acercando al Mercader y apuntando a la ciudad.


- Entonces ¿Qué piensas hacer?


- Caminar hacia la ciudad ¿no es obvio?


- ¡¿Estás loco?! Hay cinco de esas cosas por toda la pradera. Nunca llegaríamos.


- Dime algo ¿acaso tu matarías una hormiga en el camino?


La pregunta dejo callado al Mercader. Con el silencio el Ladrón siguió hablando.


- Somos como hormigas para ellos. A menos que estemos en su camino, para ellos nosotros no existimos.


- Pero… ¿qué hay de…? – pregunto el Mercader mirando la bolsa entre sus manos.


- Los Gigantes de esta pradera no son los mismos como esa ballena. No nos molestaran por eso. A menos que les demos una razón de hacerlo.


El Ladrón no dijo ninguna otra palabra, solo le dio un par de golpes de alivio a la espalda del Mercader y continuó su camino por la pradera, en dirección hacia la bestia y la ciudad. Detrás de ellos dos apareció el Arquero, cortando su conversación.


- Sería divertido si lo haces – dijo el arquero bromeando – Nunca tenemos suficientes aventuras,


Su pequeño chiste trajo la frustración de cada uno de los presentes, quienes pronto siguieron al Ladrón y al Arquero por los caminos de la pradera verde. La compañía se adelantó, dejando solo al Mercader incrédulo en la entrada de la cordillera y mirando con incredibilidad al grupo de aventureros que hacia su camino hacia los gigantes de la pradera.

3 Septembre 2019 15:42:56 0 Rapport Incorporer 3
La fin

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