Capas y Colmillos Suivre l’histoire

lihuen Paola Stessens

El circulo de luz es la única fortaleza que queda en un mundo plagado de bestias y demonios, o al menos es lo que un grupo de hechiceras refugiadas cree. Los hijos de las noche, por otro lado, con toda su ferocidad y poder saben que no pueden traspasar el velo aniquilador; no obstante, los hechizos pueden salir mal, en especial aquellos que son de amor y paz, bajo una luna de apariencia benigna cuya luz amarillenta podría presagiar el final de aquella guerra épica.


Fantaisie Épique Tout public.

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Las sobrevivientes

A Mara no le bastaba aquel circulo protector para resguardar a sus hijas de los peligros exteriores, ni sus oídos agudos para detectar su posición en el campo de batalla, o su vista de águila para mantenerlas en la mira; aquel pequeño refugio de vida era solo eso, una muralla que envolvía su espíritu de madre, negándole aquello que más deseaba: defender a sus hijas de los peligros que la noche traía al abrigo de las sombras.

Al observar como la neblina se iba adueñando del bosque, supo que quedaba poco tiempo para que las bestias nocturnas marcaran su territorio, y entonces ya no habría más esperar a que alguna de las jóvenes escapara de su sangriento destino, y encontrara el camino hacia la luz.

Incapaz de estar quieta, caminó nerviosa de un lado a otro. A sus espaldas, se fueron aproximando un grupo de mujeres y de niñas. Ninguna profirió palabras. Ninguno osó siquiera cruzar la mirada con la de ella. Y no por temor. Sino para mantener el silencio.

Mientras hubiera silencio, habría esperanza. Y mientras hubiera esperanza, se mantendría el oído abierto hacia los sonidos exteriores.

De pronto, un aullido destrozó al silencio en mil pedazos, como ocurre cuando se hace estallar un cristal; esta señal sumió a las mujeres en una intensa agonía, pero más en Mara, cuyo oído entrenado supo de inmediato lo aquel aullido agudo significaba; habían detectado la parecencia de las jóvenes y se estaban preparando para cazarlas.

Ese pensamiento final la dejó inmóvil con la vista clavada en el bosque. Un torbellino de oscuros pensamientos le revolucionaba su mente. Había toda clase de posibilidades. Desde cruentos finales a posibles escapes.

En ese momento, su confianza estaba puesta en Pía y Catalina. Confiaba plenamente en estas aprendices valientes; Catalina se destacaba por su fuerza, velocidad y determinación; Pía, en cambio, brillaba por sus logros en la magia y su mente versátil. Un par de líderes prometedoras, las únicas que aun resistían, mientras las más pequeñas se iban fortaleciendo.

El resquebrajo de hojas y la liviandad de las pisadas le anunciaron la llegada de las niñas. Mara agudizó el entrenado oído, trató de medir las distancias y se emocionó cuando supo que se hallaban muy cerca. Entonces, volvió a concentrarse en las pisadas, cada una diferente, con su propio sonido, su propia fuerza, su propia caída. Las fue contando mentalmente. Los nombres fueron brotando de sus labios, hasta que se detuvo. Faltaba Dulce y Pía, aunque Catalina venia sobrecargada.

Al ver las figuras avanzar hacia el círculo, Mara siguió con la mirada a cada uno de los cuerpos y solo cuando atravesaron la luz, entonces, pudo respirar. Una vez a salvo, se les pegó a sus talones,

—¿Donde esta Pía?—inquirió con ansiedad.

Mía, quien llevaba en ancas a la pequeña Dulce, pasó derecho a la sala de operaciones.

—Dulce se ha caído en un pozo y tiene la pierna fracturada—le comentó entrecortadamente sin responder a su pregunta.

—Recuéstenla en la camilla para que pueda revisarla—ordenó Mara mientras que a su vez repartía más instrucciones a sus otras hijas para que preparan agua caliente, vedas y los ungüentos.

Mientras las muchachas corrían de aquí para allá, su hija mayor Catalina, comenzó a explicarle.

Pía no vendrá, madre —dijo con gravedad—, se ha quedado en el bosque.

—¿Q-qué ha ocurrido? —quiso saber al borde la histeria.

—Pasamos por un pozo encubierto y desafortunadamente Dulce cayó fracturándose una pierna. Eso nos detuvo y cuando escuchamos los aullidos, Pía se desvió para desorientar al enemigo, cosa que logró esparciendo a su paso la pócima concentrada de aroma humano.

Mara apretó la boca haciendo un esfuerzo sobre humano por recuperar la compostura.

—Ve a dejar la capa Catalina que tenemos que vendar a tu hermana.

Poco después, echó una rápida mirada hacia su alrededor para inspeccionar la sala; todo estaba bien dispuesto: había una pila de vendas cortadas, hilo, agua caliente, y ungüentos de plantas medicinales, más el libro de las pócimas y hechizos sanadores como último recurso.

La magia, de ser mal administrada, podía tornarse en una verdadera maldición; lo que su poder otorgaba, en ocasiones, podía ser quitado, y lo que resolvía, a primera vista, podría revertirse; por eso era mejor manejar su hilos con manos de cautela y sabiduría, en contraposición al tiempo predecesor, cuando la arrogancia y la ambición de poder enceguecieron a un grupo de hechiceros oscuros, llevándolos a darle vida a quienes nunca debieron nacer.

La operación dio comienzo después que Dulce bebiera la anestesia. Las sanadoras experimentadas formaron un círculo, mientras sus voces se unían en un recitado antiguo que invocaba la presencia de los espíritus benevolentes de sanación, y los de sabiduría, para que guiaran sus manos durante las curaciones.

Luego, Mara analizó con delicadeza la fractura y los cortes de la piel. Eligió uno de los ungüentos para que Camila y Ayelén desinfectaran las heridas, mientras ella y Nadima entablillaban la pierna.

El tiempo fue pasando entre aquellas mujeres golpeadas por la vida. Sus manos callosas estaban habituadas a aliviar los sufrimientos impuestos por el enemigo, a unir los pedazos que les arrojaban a su puerta y a enterrar lo que no podía salvarse. Más de una había perdido un dedo, una mano o una pierna y así, en mayor gravedad. Bastaba con inspeccionar a cada sobreviviente para ver en su rostro magulladuras, moretones y viejas cicatrices que relataban historias que era mejor no oír, ni rememorar, aunque tampoco se podían olvidar.

Horas después, el fuego del hogar reunió a las mujeres para cenar. Mara apenas comía. En ese momento, Pía era todo lo que ocupaba su mente. Al cruzar la mirada con Catalina, la única pregunta que deseaba hacer, brotó de sus labios.

—Dime que Pía tenía la prenda intacta.

—Sin un rasguño—le respondió Catalina.

Mara se sumergió en el silencio. Sabía que hacer más preguntas sería someter a sus hijas a una tortura sin sentido. Mientras la guerra durara, era común para ellas hacer grandes sacrificios para que sus hermanas pudieran seguir viviendo. En este caso le había tocado a la valiente Pía. Mañana seria alguna de las otras. Y así había sido desde que los humanos comenzaron a caer en las garras de las bestias sedientas de sangre.

Afortunadamente su abuela, líder de un grupo de hechiceras hasta ese momento desconocidas, había descubierto la forma de hacer unas capas mágicas que harían invisibles a sus dueñas siempre y cuando la prenda no sufrieran rasguño alguno.

Luego, vino la creación de círculo de luz, cuyo poder aniquilaba a los moradores de las tinieblas. Su abuela fue la primera portadora de su luz, luego lo fue su madre y finalmente le tocó a ella.

Las portadoras del circulo siempre debían ser cinco hechiceras, cuyos cuerpos se transformaban en piezas que, encerradas en el tiempo indicado, debían permanecer unidas dentro de la luz, pues ellas eran la luz, tanto su corporación como su fuerza. Y si bien en la unión de aquel pentagrama humano se hallaba la salvación, también estaba alojada su propia condena; con solo una que fallara, una que dejara de operar como las demás, y entonces sería el fin.

. ………………..

Pía se cubrió lo que más pudo bajo la amplia capa protectora; a lo lejos, aquí y allá, se oían los gruñidos feroces de sus cazadores. Rápidamente, repasó mentalmente las pocas alternativas. Era consiente que su invisibilidad no detendría los pasos de la muerte, ni el perfume de hiervas encubridoras prevalecería por más tiempo.

La noche era muy joven aun, y todavía le quedaban varias horas antes de que su verdugo la estrangulara con sus brazos de oro. Y eso ponía la ventaja del lado de los hombres lobos; cerró los ojos y trató de alejar los ojos amarillentos de mirada endemoniada y perversa. No eran humanos, ni bestias, tampoco eran una mezcla de ambos como se había creído, eran algo peor, eran engendros de la ciencia y la magia negra, y en algún momento hasta se había hablado que eran producto algunos cuerpos alojaban demonios.

Sin importar lo que fuera verdad o no, lo que si sabía era que había hombres lobos en los bosques, demonios alados en los desiertos y hasta criaturas infernales en el agua. No había lugar que no estuviera invadido por ellos, ni huecos en la tierra del que no brotara garras o colmillos.

Ramas aplastadas y gruñidos bestiales sacudieron los cimientos de su fortaleza. Era la hora de la prueba y su cabeza no era más una bola de tensión a punto de explotar.

Pasó el viento trayendo advertencias.

«Si la magia tiene un mal uso, las consecuencias harán maldito al obrador»

Pasó la luna esparciendo sabiduría y consejos.

‹‹Silencia, las voces del afuera, y busca el murmullo calmo que brota desde en tu interior››

Pía respiró calmadamente. Los gruñidos se asemejaron a estruendosas cascadas y las pisadas se confundieron con un salpicado de lluvia copiosa, y cuando llegaron las olisqueadas, también llegó el soplido del viento.

Estaban tan cerca que casi podía sentir su pelaje rozarle la cara y su aliento podrido atravesarle la nariz. Retuvo la respiración e inmovilizo cada porción de su cuerpo. Fueron segundos de tensión, que la acorralaron en el umbral de la muerte. Su vida entera se le cruzó por delante: sus primeros pasos, su primera palabra, su primer hechizo, su primera herida y su primer adiós. Un nudo angustioso en la garganta y tuvo que exhalar.

Bastó esa bocanada de aire para traerlos de vuelta entre alaridos hirientes de hienas salvajes.

Pía supo que su tiempo se había acabado. A tientas destapó el pote del polvo cegador y lo arrojó al aire. El ácido les carcomió los ojos de demonios dejándolos completamente ciegos. Era una batalla ganada. No obstante, Pía sabía que vendrían más. Tenía cuanto, ¿veinte segundos? Recitó el poema mágico de los sueños perdidos; este hechizo era muy sencillo de hacer, en circunstancias más calmas, pero en ese momento, las vocales le salieron mal articuladas y la melodía perdió su musicalidad. Volvió a intentar, una y otra vez, terminando en fracaso, hasta que corrientes mágicas reclamaron su atención:

«La corrupción fue inocencia una vez, como la vejez juventud y el final fue un principio»

«Convierte la guerra en paz, une la adversidad con el amor y suaviza lo aterrador con colores de nobleza»

«¡Que fluya el instinto que calle la razón!

Cuando los ojos no ven. Se intuye

Cuando los oídos no oyen. Se huele

Cuando los sentidos se confunden, se gana»

Otra vez arremetió el silencio, las tinieblas, el peligro. Pero antes de ser presa, su dulce voz se convirtió en el cazador.

Esta canción que canto hoy,

traerá paz a tu tormento y llenará tu vacío.

Siente mi calor abrazar tu gélido cuerpo,

Siente mis besos poseer tus labios

Y mi aliento ahondarse en tu boca.

Somos uno, ahora,

Y lo seremos por este tiempo,

Y en el tiempo que perdure

Tu aroma será el mío.

La invocación al amor se colgó de la briza y se entremezcló en aire, para tornarse en esa clase de armas que no avisa cuando traspasa a su enemigo, sino hasta que éste caiga en las redes de su trampa. Entonces la realidad momentánea se transformó en sueño, y el sueño en delirios, y los delirios en acciones.

Y ya no hay escapatoria para sus oyentes.

Ni la hay para su invocador.

Solo hay aroma a rosas y jazmines, abrazos y besos, paz y armonía.

La luna espió a los danzantes que flotaban como fantasmas al desnudo, sin atavíos ni disfraces; eran lo que fueron algún día, como los niños que no han perdido su inocencia; sus semblantes estaban en paz y en sus corazones latían sentimientos de amor y benevolencia.

Pía caminó extasiada por entre los rosales. La primavera la poseía por dentro y por fuera y fue más feliz cuando sus ojos descubrieron en el horizonte a la figura materna que parecía indicarle que la siguiera. Corrió tras ella para alcanzarla pero sus vestidos blancos desparecían demasiado rápido en los matorrales. Pronto se detuvo y al volverse, su rostro de mujer se transformó en un joven apuesto de ojos llameantes.

—Ven conmigo—le dijo y le extendió la mano. Ella se arrojó a sus brazos y ambos rodaron por la suave hierba que les hizo cosquillas al rozar sus cuerpos desnudos.

Se quedaron allí entrelazados protegiéndose de la briza helada que se escabullía en medio como queriendo separarlos. El joven tarareó la canción de los vientos que traía de antaño, historias y leyendas, de amores imposibles cuyos lazos aún perduran en eternas promesas.

«Hace frío», pensó Pía entre dormida. Quiso acurrucarse más en la tibieza del cuerpo que la envolvía, cuando una respiración profunda le anunció que no estaba sola. La sorpresa de hallarse junto a otro ser le quitó el aliento, y aunque era todavía de noche, el rayo lunar le ayudó a visualizar la silueta de un hombre dormido que yacía desnudo al igual que ella.

«Fue el hechizo», conjeturó horrorizada mientras trataba de escabullirse con extrema lentitud para no despertarlo. Una vez libre, buscó su capa pero al no hallarla se fue alejando, casi de puntillas, hasta que fue ganado la distancia suficiente como para echarse a correr.

Después de aquel incidente, han pasado cuatro meses y ha llegado el invierno. Pero no es el paisaje blanco, ni el escasa comida lo que más preocupa a las habitantes de la luz, tampoco sus eternos adversarios; es algo que por su naturaleza, es mucho más macabro y más amenazador, pues esta vez, la criatura del mal había despertado en el interior una de ellas; en una de las más queridas.

.......................

Cuando el final de la doceava semana llega, Pía se mira el vientre abultado y piensa, como lo hace cada semana, cada día, cada minuto, en que mientras la tortuosa espera se acorta, el dilema es cada vez mayor.

A su paso percibe las miradas que las atraviesan lacerantes, y que de algún modo la culpan por haber traído al círculo lo que podría ocasionar su final.

Pía no las culpa y piensa que quizá muy pronto deba tomar una decisión.

3 Juillet 2019 02:38:03 9 Rapport Incorporer 13
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SM Sofía Muniz
Es genial!! Nada como un final de capítulo suspensivo
2 Août 2019 16:24:51
Ng Nazahret gonzalez
me gusta hacia donde se dirige la trama
15 Juillet 2019 13:23:28
Baltasar Montenegro Baltasar Montenegro
Grandioso comienzo. Esperaré los siguientes capitulos!
14 Juillet 2019 11:21:27

  • Paola Stessens Paola Stessens
    Graciassss!!! me alegro mucho que te guste 14 Juillet 2019 18:38:05
Miguel Angel Miguel Angel
muy bueno :)
9 Juillet 2019 06:35:03

  • Paola Stessens Paola Stessens
    Muchas gracias! ojala te siga gustando 9 Juillet 2019 10:03:03
  • Miguel Angel Miguel Angel
    Me encanta el nombre de Mara. Estaré atento para la continuación! 9 Juillet 2019 10:06:52
Miguel Trespalacios Miguel Trespalacios
Un Buen comienzo,te deja con ganas de mas,muy bueno
6 Juillet 2019 15:37:56

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