Unusual Vampires Suivre l’histoire

baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Adrián Nefarius es un vampiro que recurre a la Oficina Municipal de Magia y Hechicería a reportar el robo de un artículo muy valioso mientras unos bandidos andan por ahí haciendo de la suyas con él. El vampiro, una hechicera y un aliado angelical se enfrentarán a un poder descomunal para que el inmortal exculpe sus pecados del pasado...


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La piedra negra

Un hombre observaba de forma apasionada la roca negra en sus manos, esta empezó a retorcerse hasta cambiar de forma. Una llamarada negra envolvió el lugar. Al apagarse, la roca se había transformado en un corazón negro, el cual palpitaba. El sonido de sus latidos resonaba en el pecho de todo aquel que lo veía. Después, el silencio.


I


Un días antes.


Un hombre vestido enteramente de negro espera sentado afuera de la oficina de la investigadora Mónica Margoth. Estaba sentado con la espalda muy derecha, parecía anticuado y sofisticado a la vez, si eso puede ser posible. Apoyaba en ambas manos un bastón negro que se erguía justo frente a él. Margoth observaba la escena desde una ventana, no deseaba ver al hombre de negro, conocido como Adrián Nefarius.


—¿Le dijiste que no estoy?

—Créeme, él sabe que estás.

—Mierda, no quiero involucrarme en sus cosas, es un dolor de cabeza innecesario.

—Eso dicen, de manera personal, no puedo emitir una opinión, nunca lo he tratado.

—¡Ricardo! ¡Sal y dile que Ricardo lo atenderá!

—Ricardo alías "No hago nada que el jefe no me ordene de manera directa", si claro...

—Sabes, en el fondo me pica la curiosidad, pero temo meterme en algo que no sea capaz de soportar.

—Nefarius solo trae desgracias consigo; ya está aquí y lo quieras o no te arrastrará hacia sus desventuras.

—Mientras más rápido lo afronte, más rápido se irá, ¿no?

—¡Esa es la actitud! ¿Lo hago pasar?

—Si...

—No es necesario —interrumpió el hombre de negro—, ya entré.


Margoth y su asistente quedaron atónitas. Adrián había entrado en la oficina y sentado en el escritorio sin pasar por la puerta.


—¿Cómo te atreves a entrar sin permiso de esa forma?

—¿Te molesta que entrara sin permiso o la forma en como lo hice?

—Ambas —respondió.

—Bueno, yo sobro, si necesitan algo me llaman —dijo Clarisa antes de huir del lugar.

—Adrián Nefarius, ¿todos los vampiros son iguales? Es un fastidio lidiar con ustedes.

—No socializo con los míos, así que lamento no ser apto para responder tu pregunta.

—Eres un incordio. Habla, entraste con prisa así que no tienes tiempo que perder, ¿no?

—Vaya que eres observadora, y si, no tengo tiempo. Necesito de tus servicios. He perdido algo... No, déjame corregir, fui despojado de algo muy valioso y deseo que me acompañes a recuperarlo.

—¿Quieres que acompañe? Eso no tiene sentido, si lo buscas de forma personal, ¿para que quieres que te acompañe?

—Dadas las propiedades del objeto no puedo tocarlo, así que deberás hacerlo tú una vez lo encuentre.

—No puedes tocarlo, ¿que sucederá si lo haces?

—La aniquilación total de la vida sobre la faz de la tierra.


Un largo silencio se instaló entre los dos, los ojos oscuros de Nefarius se clavaron en los ojos azules de Margoth. Luego de un rato las risas de ambos cambiaron la pesada atmósfera del lugar.


—No sabía que podrías ser tan gracioso.

—Es un don que no suelo mostrar a muchos. El objeto es de plata, podría salir lastimado si entro en contacto con él y además que si la persona que lo posee lo utiliza para atacarme me veré en aprietos.

—Entiendo, ¿cuanto me pagaras?

—La cuota habitual, pero al doble, más gastos de alimentación y transporte.

—¿El doble? Vaya que debe ser genial ser un inmortal adinerado. Espera, si tienes tantos recursos, ¿por qué no contratas mercenarios? ¿por qué acudes a la Oficina Municipal de Magia y Hechicería? Somos eficientes, pero no la mejor opción del mercado.

—Pues por eso, estás atada a la Oficina por un Juramento Mágico, eres leal y no intentarías quedarte con el objeto en cuestión, cosa que un mercenario encontraría tentador. Te he investigado, te conozco.

—¿Investigado?

—Sé muchas cosas —susurró al oído de la hechicera.


Se había desplazado hasta colocarse al lado de Margoth. Ella se mantuvo firme, era inmune a cualquier movimiento que intentara el vampiro que vestía de negro, aunque no pudo evitar retroceder unos pasos.


—Eres un mentiroso, no sabes nada —aseveró con seriedad.

Esta vez fue Adrián quien se echó para atrás.

—Eres justo como imaginé —dijo luego de una carcajada nerviosa—. Te espero al atardecer en la plaza central.


Adrián fue envuelto por una oscura nube la cual desapareció con él de inmediato. Margoth se sentó donde antes estuvo sentado el vampiro y suspiró cruzándose de brazos. Luego tocó la cruz que colgaba de una cadena en su cuello, era la marca del Jumento Mágico, lo único que la mantenía atada a una oficina subterránea al servicio de la ciudadanía, incluyendo a los seres sobrenaturales que vivían en la ciudad. Aún le faltaban cinco años a su condena.


I.I


Un sujeto caminaba tambaleante en el oscuro callejón tras la tienda de artículos esotéricos Madame Agniel, podrían observarse en él algunas quemaduras. Unos pasas adelante cayó al suelo, sin vida. De su mano cayó un objeto negro y lustroso, era un corona. Un hombre con ropas oscuras se acercó al cadáver y tomó con un pañuelo limpio la corona que yacía en el asfalto de la calle. La corona se retorció sobre sí misma y cambió de forma convirtiéndose en una piedra translúcida, negra como la noche. El hombre guardó la piedra en su gabardina y se marchó del lugar.


—Madame, parecer ser que el caballero no fue capaz de usar la piedra como se debe.

—¿En serio? Tenía mucha fe en ese inútil, ¿dónde está él?

—Atrás, murió antes de llegar —dijo, y tomando la piedra la colocó sobre un estante.

—Marcus, debemos encontrar a alguien que la utilice, no podemos tenerla mucho tiempo. Nefarius debe estarla buscando.

—¿Y eso qué? No entiendo porque le temen.

—Lo entenderás cuando descubra que nosotros le robamos, pero será demasiado tarde para entonces.


Madame Agniel era una mujer de edad, vestía de forma extravagante. Su rostro estaba muy bien maquillado y las joyas que usaba hacían juego con su apariencia, «debió ser hermosa en sus años» pensaba Marcus de vez en cuando. Estaba sentada en una silla victoriana donde le gustaba pasar su tiempo libre, pensando en silencio.


—Señora, ¿sucede algo?

—Solo estaba meditando. La piedra es poderosa, si tú o yo la usamos, acabaremos como Jules allá afuera. Sin embargo, codicio su poder más que cualquier cosa.

—Podemos intentar algo —masculló Marcus, quien había clavado sus ojos marrones sobre la piedra.

—Habla fuerte, ¿qué tienes pensado?

—Habrá un mercado nocturno hoy, en la calle Jaume, cerca del distrito industrial —expresó, apartando la mirada de la piedra.

—¿Piensas venderla?

—No de forma directa. La venderé como una pieza de alquimia cualquiera, pero marcaré a quien la compre para seguirle los pasos.

—Las personas que acuden a esos mercados nocturnos suelen ser magos o iniciados. Es una buena idea.

—Iré preparándome. Con su permiso.

—Marcus, ¿no la deseas para ti? Ganarías una fortuna, países enteros fueron destruidos buscándola y ahora la posees, ¿acaso temes morir?

—Morir, ¿he? —Marcus cruzó sus brazos y pensó un momento— No le temo a la muerte ya que ya he muerto más de una vez, pero usted me revivió en cada una de esas veces. Soy un inútil que no puede vivir solo, lo único que sé hacer bien es obedecerla, no perderé eso. Además confió en que algún día descubra la forma de volver a ser joven y entonces hacerla mía.

—Oh, una declaración interesante. Encuentra a quien pueda usar la Piedra Filosofal y todos nuestros deseos se harán realidad.

—Si, mi señora —respondió haciendo una reverencia, después se marchó.


Atrás de la tienda, las quemaduras en el cuerpo de Jules se habían extendido por todo su cuerpo, reduciéndolo a algo parecido a carbón en brasas. Antes de retirarse, Marcus pasó por ahí una vez más y lo observó, agradeciendo que así no tendría que preocuparse por el cuerpo. Al dar media vuelta, un golpe lo lanzó varios metros hacia un lado.


—¿¡Qué!? —Marcus apenas pudo quejarse, el golpe había sacado todo el aire de sus pulmones.

—Sabía que te encontraríamos por aquí y sabemos que le entregaste algo a mi hermano, este que está crepitando en el suelo —dijo, acercándose al cuerpo calcinado de Jules— ¿Qué fue lo que le diste?

—Vaya, al menos pudo mantener la boca callada, no era tan inútil como creía Madame.

—Eres todo un hijo de perra, ¿no es así? Ya veremos si sigues hablando así cuando te arranque las piernas.


De un solo salto avanzó los cinco metros que lo separaban de Marcus. De nuevo, intentó darle una patada para desbalancearlo. Marcus no lo perdió de vista ni un solo instante y adivinó sus intenciones; dio un pequeño salto hacia atrás, lo suficiente para escapar del alcance de su enemigo y lo golpeó, un puño seco justo en el costado derecho. Ahora fue él quien se quedó sin aliento. Aun así pudo retroceder y ponerse en guardia.


—¡Ah! ¡Tienes buenos reflejos! —exclamó para retomar el aliento.

—Lo mismo digo, me tomaste por sorpresa la primera vez, eso no lo hace cualquiera. ¿Como te llamas?

—Giacomo, hermano mayor de Jules Lombardo.

—Soy Marcus Strauss. Mira, te seré sincero. Jules aceptó ser el poseedor de un objeto a cambio de una remuneración económica, nunca sospechamos que este sería el resultado. Lamento lo sucedido, pero no puedo hacer nada, ¿entiendes eso?

—¡Ni un carajo! ¿Pretendes que me vaya así como así?

—Mierda, quería arreglar las cosas por las buena, ¿seguro que quieres hacer esto?

—Ayer mi hermano empezó a comportarse de manera extraña, repetía "con esto puedo conquistar el mundo, ser el rey" una y otra vez. Ustedes hicieron eso y ahora está muerto.

—"Seré el rey", eso explica la corona. Así que logró darle forma a su deseo, pensaba que la corona había sido casualidad—susurró Marcus para sí.

—¿Ahora hablas solo?

—Escucha, no tengo tiempo para esto.


Marcus se quitó la gabardina que llevaba, en la cual se encontraba la piedra, colocándola a un lado. Al hacerlo se pudo observar los cuchillos que colgaban a cada lado de sus costados, eran cuchillo largos, con un mango de hueso tallado. Al verlos Giacomo notó que estaban rodeados de runas mágicas. «Esos cuchillos son peligrosos», pensó.

Por su parte, Giacomo no se despojó del exceso de ropa, era mejor idea estar cubierto para evitar ser alcanzado por el filo de las armas blancas en manos de su adversario. En cambio se colocó unos guantes negros con runas escritos en lenguaje wicca sobre ellos. Ambos se colocaron en guardia.


—Somos luchadores cuerpo a cuerpo, ¿a quienes has servido como especialista?

—A nadie —respondió Marcus—, he sido mercenario desde que nací.

—¿Un especialista por voluntad propia? Desconocía que eso era posible.

—Hay tantas cosas que no sabes...

El filo del cuchillo cortó la piel a su paso como si fuera papel.

—Lo sabía, estás demente.

—Te lo acabo de decir, hay muchas cosas que ignoras —espetó Marcus, se había hecho a sí mismo una herida en su brazo izquierdo, empapó los cuchillos con la hemorragia, que era abundante, sin embargo esta se detuvo después de un hechizo de sanación.

—Déjame adivinar, ¿tu sangre es venenosa?

—Puede ser, no tengo porque explicarte mis técnicas, ¿o si?

—Lo harás, cuando te derrote, hablarás.


Giacomo dio el primer golpe. Al abalanzarse contra Marcus, juntó sus dedos entrelazándolos, al separarlos segundos después, una descarga eléctrica se liberó, iluminando las manos del joven con un resplandor celeste. «¿Atacará a distancia o cuerpo a cuerpo?», se preguntó Marcus. Giacomo se desplazó en un instante hasta llegar al alcance de enemigo y liberó una carga eléctrica potente. Marcus recibió el golpe, pero pudo desviar la electricidad lejos de su cuerpo, clavando uno de sus cuchillos en el suelo.


—Utilizaste el cuchillo como polo para no sufrir la descarga, eres muy hábil.

—No creas que eres el primer mago que usa ese tipo de ataques contra mí. Dime, ¿estás bien?

—¿De qué hablas? ¿eh?


Giacomo no lo había notado, pero el otro cuchillo de Marcus le había herido profundamente en el costado derecho del abdomen.

—¿En qué momento?

—Cuando entrelazaste los dedos, caminé hasta ti y te apuñalé, ¿acaso no me viste hacerlo?

—¡Maldito! Nunca te acercaste, fui yo quien atacó... —Giacomo empezó a toser sangre.

—Pensaste que mi sangre era venenosa, pero la verdad es esta: Ni siquiera estoy herido.

Marcus mostró el área donde momentos antes se había cortado con el cuchillo, pero la herida ya no estaba.

—¿Es algún tipo de hechizo alucinógeno?

—Los cuchillos son la clave. Sus runas mágicas causan un potente hechizo visual. Perdiste la batalla desde que intentaste leer sus runas.

—Eso no es justo.

—¿Justo? No es un hechizo infalible, hay magos que no son susceptibles a hechizos visuales, así que uso los cuchillos esperando que funcione, de no surtir efecto, entonces uso mi verdadera magia.

—¿Fui vencido sin hacer que utilizaras tu especialidad? Mierda, soy un fracaso.


Giacomo cayó al suelo, al lado de las cenizas de su hermano. Muriendo un instante después. Marcus se dirigió de nuevo a la tienda, encontrando a Madame Agniel junto a un cadáver, parecía haber sido despedazado por una bestia.


—Marcus, llegas tarde.

—Discúlpeme, mi señora.

—Y bien, ¿quienes eran?

—El hermano de Jules y este de acá supongo que era algún amigo o familiar, ni idea.

—Es un fastidio... ¿Piensas seguir adelante con lo del mercado nocturno?

—Si, esto solo fue un pequeño inconveniente. ¿Estará bien sola?

—No te preocupes, me encargaré de esto.

—Entiendo, si me disculpa otra vez, me retiro.


Marcus salió de la tienda, otra vez. Mientras tanto, Agniel lo observaba desde la distancia.


—Dijo que me hará suya, pretencioso —dijo mientras empezaba a limpiar.

1 Juillet 2019 22:35:32 0 Rapport Incorporer 2
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