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Bebedero del infierno

Agotado y débil, me sumergí en las cavilaciones propias de un ser sin cuerpo, volando tan rápido y lejos que los límites del espacio y el tiempo me fueron indiferentes. No había trabas, no existían barreras, sólo un horizonte desconocido e intrigante. El éter cósmico, en su plena magnitud, me recibía con ansiedad y calidez. ¿Será que cómo en vida en muerte el secreto es recorrer, conquistar los espacios que nos circundan?, ¿Quizás el movimiento es el elixir de la existencia, incluso de aquellas que ya de carne no están compuestas? Tal vez, arriesgo como fallecido hereje, el Primer Motor Inmóvil no es otra cosa que un mecanismo en movimiento, tan ágil que la ilusión de su harta inactividad es un gran espectáculo. Una escena digna de las más altas esferas, un entretenimiento divino.

«Acaso» pensé sin detenerme en mi viaje, «esto es lo que nos espera tras la última puerta, un plano perdurable y listo para ser recorrido a libre y total curiosidad».

A los pocos años de mi travesía, delante e inesperada, una pared blanca e impoluta se iba construyendo con la cercanía, y al rozarla en total presencia fui devuelto en la misma dirección en la que había iniciado mi viaje. No comprendía el porqué del retorno. Después de todo, el ir y venir en lo inacabable no podía ni debía tener dirección. Pero como el fuego arde parejo y enérgico mientras sus llamas sean ellas mismas, de igual forma ardí con el medio circundante, disipándome en donde me escupieron sin solicitarlo. Era yo, pero no era yo. Era en realidad una especie de eso, acercándome y alejándome de cosas que jamás he visto. Tal vez, las estrellas tengan estas formas extrañas, como manchas que se van iluminando poco a poco.

Con ligera angustia el panorama fue tornándose más y más oscuro, hasta el momento que volví a golpear otra pared. Pero esta, a diferencia de aquella primera, era de una tonalidad apagada. Negra en verdad, si es que la oscuridad total puede definirse con palabras. Me asombró hasta mis disueltas articulaciones que ese espacio tan oscurecido hubiese sido el origen de mi viaje. Desde las tinieblas he partido; pero no tengo recuerdos de que haya sido un ser tan terrible mientras mi corazón golpeaba incierto en mi pecho.

Levitaba y veía, y olía y degustaba y sentía sin órganos ni extremidades, mas limitado, pues los estímulos a mi alrededor se me presentaban cordialmente uno a uno sin entrometerse. Señales dignas del horror. Lo que inició como un solemne interminable fue transformándose en gigantesco, imponente y titánico terreno de pura soledad, empero no ya inacabable. No era el infinito…

Estaba inmerso en un mar de aguas etéreas con dirección, aunque sin tener un rumbo. ¿No era acaso el universo basto hasta el jamás?

«Podría ser» dubité temeroso, «que esto no fuese el universo».

9 Juin 2019 20:00:50 0 Rapport Incorporer 1
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