Atrapados en tierras inhóspitas Suivre l’histoire

lihuen Paola Stessens

Por seguir el consejo de un terapeuta una familia termina atrapada en una pesadilla que podría ser mas cruel que la que están viviendo del otro lado.


Science fiction Tout public.

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Tierras heladas

La nieve caía lenta pero constante sobre la cabaña solitaria que se hallaba sobre una ladera en compañía de lejanos bosques. Parecía un lugar de ensueño, pero para la familia que la habitaba, la realidad era muy diferente. La incesante tormenta de nieve traía consigo el hambre y el desaliento pues en esas penosas circunstancias no se podían completar los desafíos requeridos para ganar un pago completo, por otro lado, los pocos créditos que habían ganado se esfumaron entre las refacciones del hogar y la compra de un trineo motorizado.

−Como se supone que vamos a sumar más puntos sino podemos realizar ni una de las pruebas que nos dan−las interminables quejas del pequeño Daniel se dejaban oír cada cinco minutos.

−Voy al galpón− anunció y sus hermanos quedaron boquiabiertos cuando lo vieron encaminarse hacia la puerta

María, su madre, al verlo tan decidido se le adelantó para alcanzarle una campera térmica, un poco grande para un niño de diez, pero era la única que había.

−Dudo que pueda moverme en esa cosa−observó Astor al sostener la prenda.

−Úsala hasta llegar al galpón, luego puedes quitártela − sugirió su madre.

Astor hizo el cambio de chaquetas de mala gana y cuando abrió la puerta el viento gélido les arrebató en unos pocos segundos la poca calidez que les había llevado horas obtener.

Desde la ventana, sus madre y hermanos, observaban con admiración como Astor avanzaba con ímpetu contra las inclemencias del tiempo, hasta que a fuerza de empuje, logró finalmente llegar al galpón que se hallaba a tan solo unos veinte metros de la casa; Cuando Astor miro hacia atrás, se sorprendió de lo mucho que le había costado transitar aquel espacio corto, pero con aquel fiero demonio alado en contra, cada paso se había convertido en una batalla a ganar.

Daniel, no queriendo ser menos que su hermano, se aventuró a suplicarle a su madre que le dejara salir.

−Sabes que no puedes−le respondió ella en un tono determinante

−Es una injusticia que a él se lo permitas y a nosotros no−se lamentó el pequeño−y solo porque es tres años más grande − su pequeña boca se torció en una mueca de disgusto.

−Sabes que no es así. Acabas de ver lo que sucedió allí afuera, imagínate tú que eres la mitad de su tamaño. − Esta vez el pequeño no respondió; si bien detestaba que lo compararan con su hermano más grande, en este caso su madre tenía razón.

Al cabo de dos horas, la paga del desafió se hizo visible en la pantalla, de modo que Yasina y Daniel, no pudiendo ya aguantar la espera del regreso de Astor, comenzaron a recorrer con la vista las inmensas góndolas digitales tratando de decidir que alimento podrían adquirir con las monedas acreditadas.

Con un vistazo a la pantalla, María calculó fácilmente lo que los niños iban a elegir, pues no se trataba tanto del gusto, sino de costos; era sencillo adivinar que sus hijos preferirían las papas y las salchichas a la polenta, el arroz o las legumbres, de modo que a hacer cuentas para ver si lograban ahorrar un poco para la cena.

Para cuando Astor llegó, ver los rostros felices sus hermanos los llenó de satisfacción. La ausencia de su padre durante aquellas horas aun lo tenia preocupado, pero por el momento, aquella deliciosa comida le daba una inyección de calidez familiar.

Los niños saborearon hasta el último bocado, limpiando con la lengua cada recoveco de los platos y de los restos de la olla. En la civilización, aquello podría verse inapropiado, pero en medio de aquellas montañas congeladas donde imperaba la supervivencia, era sabido que las costumbres civilizadas eran tan solo un recuerdo de algo inútil que solo se llevaba acabo cuando había abundancia.

Después de saciar las necesidades prioritarias, y siendo aun ametrallados por la incansable nevada, las horas restantes de luz se hicieron demasiado lentas cuando estaba claro que su padre no llegaría; los niños, se inquietaron cuando las ventanas oscuras ya no le servían para inspeccionar el horizonte, ni cuando los juegos electrónicos o los de mesa eran suficientes para mantenerlos ocupados.

María y Astor, no sabiendo ya que hacer para elevar los ánimos de los pequeños, respiraron aliviados cuando éstos, ya sufriendo por demás el frío y el cansancio, se marcharon al dormitorio para sumergirse en el mundo de los sueños.

Astor, aprovechado la ausencia de sus hermanos, largó la pregunta que le quemaba por dentro.

– ¿Qué crees que le ha ocurrido a papá? – la expresión de gravedad de su madre fue respuesta suficiente.

–Puede haberle pasado cualquier cosa – al ver que su hijo no le quitaba la vista la obligó a darle otra respuesta. – Sabes que tu padre es un maestro de la supervivencia y logrará regresar− mintió, pues con la fiereza del viento y el frío extremo era casi una imposibilidad.

No obstante, decirlo en voz alta, requería de un valor que no poseía, al menos mientras hubiera un minio de esperanza.

– Que vamos a hacer mientras tanto –insistió el niño arrugando la frente–. Si el clima continua así no podremos realizar los desafíos y seguiremos con hambre. Fíjate lo que le paso a papa por animarse a salir.

– Tu padre volverá, no lo dudes – afirmó ella tratando de sonar segura−además llevo ropas térmicas que lo protegerán del frío.

– ¿Crees que somos los únicos aquí?

Aquellas inesperadas ocurrencias la tomaban siempre por sorpresa pues eran del tipo que ella o no podría responder, o que en algunos casos, como ese, ni siquiera se lo había cruzado por la cabeza; sin embargo una posibilidad.

– Pues a que te refieres, a animales o personas ... – el tono dubitativo y la pausa demasiado prolongada hizo que el muchacho decidiera cambiar de tema.

–Debió llevarse a Luna Azul– dijo de pronto dirigiendo su mirada hacia la ginoide que les había sido enviada como regalo de bienvenida.

Pero allí estaba, aun sin ser programada. Hubieron algunas oportunidades en las que él había querido hacerlo pero su padre no se lo había permitido. Incluso se lo había prohibido a la pequeña Yasmina, a quien rara vez le negaba algo.

– Pero papi, me da pena verla allí tan silenciosa, quizá quiera jugar con nosotros – le había insistido la niña ante el primer no.

No obstante, él se había mantenido firme en su posición, alegando que debían aprovechar aquel espacio para estar fortalecer el vínculo familiar, sin extraños que pudieran entorpecer sus relaciones.

Y fue por esa misma razón que también había rechazado la compañía de la humanoide cuando se fue de cacería.

–Ya sabes lo terco que es tu padre, cuando se trata de robots. No se si es porque se nos parecen a nosotros lo que le da miedo, pero siempre tiene la misma reacción. − Vertió un poco más de la infusión caliente en los pocillos para y luego calentarse las dos manos apretando la taza.

–¿Qué ocurre? –Astor podia percibir sus nervios cuando el ojo izquierdo le comenzaba a latir.

– Sabes que si mañana no regresa tu padre deberé ir a buscarlo.

Los ojos del niño se agrandaron al escuchar aquella noticia inesperada.

–No puedes abandonarnos, madre. – Su rostro se contrajo por la terrible ansiedad que aquellas palabras le produjeron en el estomago –. Piensa en Daniel y Yasmi son demasiado pequeños para que los dejes aquí conmigo.

–No es mi intención abandonarlos ya lo sabes.– Se acercó al niño y le cruzó el brazo por hombro atrayéndolo hacia su pecho pero el pequeño se deshizo del abrazo y se puso de pie confrontándola con un tono acusativo:

–Y qué debo hacer si tú no regresas, ¿eh?, dime, se suponía que vinimos aquí para estar juntos, no para que ustedes nos abandonen en el medio de estas montañas, aislados del mundo...

–¿Crees que es esto lo que tu padre y yo queríamos?, – se lamentó ella al borde la histeria. – Esto se ha salido de control hijo, pero podemos hacer como si no pasara nada, ¿entiendes? debo averiguar que le pasó a tu padre. – Al ver que el niño no aflojaba, trató de tranquilizarlo:

– Mira, nos mantendremos comunicados por el transmisor todo el tiempo.

–Lo miso dijo que haría papá.−Sus ojos la miraron con el descreimiento de alguien que ha sido defraudado.

–Debes confiar en mí, Astor, debes tener confianza, es todo lo que nos queda.

–Me pides tener una esperanza ciega. No sirvo para eso mamá. –Volvió a la mesa y bebió más sorbos de té para acallar su desesperación y enojo.

<<Ella le estaba pidiendo demasiado, pensó irritado, ¿acaso se olvidaba que tenia solo diez años? Pero nadie parecía verlo, siempre esperaban que él se hiciera cargo de todo, solo por ser el mayor>>.

A María la hería cargar a su hijo con toda la responsabilidad, pero en ese momento era el único que podía ayudarla. Quedarse allí con ellos sería terminar de asesinar a Tomas, y llevarlos con ella era muy peligroso pues podían terminar congelados. ¿Qué otra solución tenía? Quizá debería dejarles a Luna Azul para que los cuidara, pero a la vez, aquel androide era la mejor opción que tenía para encontrar a su esposo.

Los pensamientos iban y venían al compás del eterno golpeteo del viento. Por unos instantes se odio por haberle hecho caso al terapeuta que le había sugerido ir allí. Todavía le resonaban las palabras del muy maldito: –Es una oportunidad única la que le estamos dando, unirla a su familia para vivir una experiencia de supervivencia es algo que los hará olvidar el trauma que están viviendo y los unirá como familia; fíjese en estos lugares paradisíacos – le había comentado mostrandole algunos páramos naturales; al verla indecisa le volvió a señalar a los niños que yacían inmóviles, tan fuera de su alcance que la partía el corazón. Entonces tomó el bolígrafo electrónico provocando en el hombre una mueca de satisfacción:– Firmar la petición es el mejor regalo que les hará, piense lo muy amados y protegidos que los hará sentirse cuando la vean aparecer.

A ella le había emocionado la idea con solo imaginar poder abrazarlos una vez más; y cuando el hombre le volvió a mostrar las promociones, la enamoró la imagen de aquella acogedora cabaña de techo nevado que prometía regalarles una estadía placentera. ¡Pero como se había equivocado! Todo lo experimentado hasta ese momento era un tormento eterno de incertidumbre, estrés y sufrimiento. Si tuviera al terapeuta allí enfrente le abofetearía la cara y luego lo demandaría por embaucador. Pero a quien podía engañar, ella era la única culpable, la que había aceptado una propuesta de un desconocido, la que había accedido a un experimento sin leer la letra chica. Pero ahora no podía resignarse. Debían llegar al final de aquel programa como fuera.

El ultimó pensamiento le dio una buena dosis adrenalina que la mantuvo alerta por unas cuantas horas hasta que recordó que su deber era descansar si deseaba levantarse con energía. Cerró los ojos y se dejo caer en la cama. Se ordenó a si misma dormir. Pero realizar ese acto seria muy difícil. Casi imposible.

El amanecer tardó en llegar lo que ella logró dormir: menos de una hora. Los primeros rayos de sol le dieron el abrazo cálido que necesitaba y su corazón saltó de placer cuando contempló el titileo de los diminutos cristales.

Atrás quedaban las negruras desmoralizantes en las que su mente se había recreado durante la noche, y mas atrás, la gran tormenta que se había abierto dandoles una pequeña tregua de calma y sol.

Lo primero que se le cruzó hacer fue completar un desafió que le permitiera preparar de un buen desayuno. En la pantalla, las opciones eran variadas: crear una escultura de nieve, rescatar un reno, o armar un iglu. La tercera era definitivamente la mas sencilla, aunque en tan solo un par de horas le restaría a la prolijidad y eso disminuiría la paga, pero que otra opción tenia, los niños dormían tan plácidamente que no deseaba despertarlos, al menos después de lo que habían vivido el día de ayer y lo que les esperaba ese día, era mejor que descansaran.

Dos horas después, María sonreía complacida. La carita feliz de logrado y las moneditas doradas eran más que suficientes para comprar uno media docena de huevos, un pack de tostadas y una rica chocolatada. Un gran tesoro después de estar días a galleta barata y te si azúcar.

Los niños despertaron al sentir el aroma a huevo revuelto; no obstante, en vez de saltos de alegría, como ella lo había imaginado, recibió caras largas. Maria hizo un u intentó por consolarlos pero era inútil, ¿que podría decirles? ¿Que su padre estaba bien?, ni ella lo creía, ¿que ella volvería?, no le creerían. Así que optó por servirles la comida en silencio.

Daniel, inquieto como siempre, no tardó en expresarse.

–Sabemos que te vas y tenemos miedo.

–Lo se hijo, pero es lo mejor para todos, ¿acaso no desean que regrese papá?

Yasmina se bajó de la silla y se le acercó para abrazarla.

–Podrías llevarnos contigo−su voz adquirió un tono de suplica.

–No, eso sería muy peligroso, ahora está lindo el clima pero podría cambiar de un momento a otro.

–Entonces debes llevarte a Luna Azul−sugirió Astor. − Ella cuidará de ti. Nosotros juntaremos más puntos para comprar otro, ¿no es así Dani?−su hermano meneó la cabeza con una gran sonrisa.

– De acuerdo, la llevaré. –Dirigió su mirada hacia la belleza de acero que la observaba en silencio. Su estructura fuerte y flexible prometía ser de mucha ayuda.

A media mañana, María comenzó a armar el equipaje. Primero cargó sobre el trineo la escopeta, ropas abrigadas para su esposo y una carpa y luego encendió el trineo. A su lado los pequeños chillaron de alegría cuando el aparato cobró vida iluminado una pantalla frontal que no tardó en darles la bienvenida.

Daniel acarició las barandas metálicas del costado del trineo con suma suavidad como si se tratara de una mascota mientras paseaba sus pequeños ojos verdes cargados de admiración por cada recoveco hasta que se volvieron de pronto hacia su madre con un tinte suplicante.

−Déjanos dar una vuelta madre, una muy pequeña.

−Si por favor−se le unió su hermana tirando de su manga con insistencia a la vez que entornaba sus grandes ojos oscuros.

María no pudo negarse a un pedido tan emotivo y quitando la escopeta del vehículo le pidió a Astor que se pusiera al volante. Al instante, el niño obedeció y con maestría toco la pantalla dando comienzo a la programación del paseo.

−Bien, de cuánto será la duración−les preguntó a sus hermanos que se le aproximaron por detrás para darle un vistazo al programador electrónico.

−No más de media hora− se interpuso María antes que ellos respondieran.

−¿Y a cual recorrido desean ir? −Astor pasaba rápidamente con el dedo los recorridos predeterminados.

Los hermanos observaron los mapas con expresión indecisa pues no comprendían la diferencia entre uno y otro. Astor, que podía interpretar mejor los mapas, se detuvo en el que consideró más interesante pues se dirigía hacia los picos más elevados de las montañas.

−Ni se te ocurra presionar ese, hijo− dijo María con el entrecejo fruncido− elije uno de los primeros y recuerda que no estamos para contratiempos−lo amonestó obligándolo a retroceder hasta las primeras opciones.

Cuando el trineo acabó de perderse en el horizonte, María entro en la casa sintiéndose un poco culpable por dejarse llevar por sus emociones; haberles permitido a sus hijos alejarse de la cabaña sin su compañía era de algún modo una negligencia; por las condiciones climáticas, no habían podido explorar aquellas tierras por lo que aquel paraje les era absolutamente desconocido. Al conectarse al transmisor se tranquilizó un poco al escuchar la voz de Astor asegurándole que todo estaba bien.

− De acuerdo me alegro, solo avísame si vez algo que salga de lo común, ¿sí?

− De acuerdo. Hasta ahora solo hay nieve, pero nos acercamos al bosque.

− Me alegro, hijo; envíame vídeos cuando puedas.

<<Deja de pensar –se recriminó cuando cortó la comunicación>>. Pero algo en su interior la boicoteaba invadiéndola con oscuros presentimientos.

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13 Mai 2019 16:51:10 8 Rapport Incorporer 6
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LO Loreto Orihuela
esta muy bien narrada... me agrada la manera en la que nos sumerges a la historia sin dar muchos detalles, sigue asi, solo espero que sepas manejar los dramas de manera correcta.. seguire leyendo.
23 Juin 2019 09:31:23
Flavia M. Flavia M.
¡Me gustó este comienzo! la narración es muy fluida, lo único que te sugiero es que tengas cuidado con algunas palabras que llevan tilde. ¡Sigue así!
8 Juin 2019 12:53:20
Daniel Bedoya Daniel Bedoya
Interesante, hay un error o bien en la base de datos o bien en el controlador (si usan modelo mvc por supuesto) de esta página web que no me permite seguir ni dar like a esta historia. Me pregunto si a alguien más le pasará.
24 Mai 2019 18:54:33

  • Paola Stessens Paola Stessens
    Hola si aveces pasa. Gracias por leer y comentar 😊 30 Mai 2019 09:21:16
Raül Gay Pau Raül Gay Pau
Aplausos.
20 Mai 2019 04:27:34
Daniel Arce Daniel Arce
Buen comienzo 👀
15 Mai 2019 11:41:27
Rodrigo Hernandez Rodrigo Hernandez
Me he enganchado con tu historia , me gustaria seguir leyendo mas 😀👍
13 Mai 2019 22:47:27

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