Agente Black, la rata Suivre l'histoire

wereyes Waldo Reyes

En un mundo donde el aire tiene un precio. El agente Black enfrenta su primera misión.


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#humor #ficcion #ciencia #wakizashi #daisho #katama #agente #distópico #black #apocaliptico
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La rata.


El sistema central holográfico de recompensas Intelligent Reward System, IRS, desplegó la misión: diez mil unidades por Joseph Irwin, alias la “rata”, se le buscaba por contrabandear información de empresas de seguridad informática.

Decidió aceptar la misión sin miramientos.

—Agente Jade Black, código N00n31iv3s43v3r. Acepto el encargo.

Agente debe completar su misión en un máximo de tres días para que le sea abonada la recompensa a su cuenta. El objetivo es la eliminación completa, no su captura, no está permitida la cosecha de órganos, la eliminación debe ser total.

Esta sería la primera misión de Jade, la necesitaba con urgencia, tenía que cargar su filtro de aire con calidad nivel dos al menos. Su daisho heredado de su madre, Emerald, era todo lo que tenía, siempre pensaba en ella y cuanto la cuidó. Lágrimas de impotencia salían de sus negros ojos, cuando recordaba a su padre Roger —su muerte fue injusta, como era casi todo en aquel lugar— . El siempre fue duro con ella, pero después entendió que era solo para formar su carácter.


Su íntimo amigo Timothy, que revoleteaba tras de ella como polilla alrededor de la llama de una vela —aunque a veces se chamuscaba—, le inquiría siempre cuando la tenía en frente.

—Jade estoy aquí para cuidarte...

—Jade estoy aquí para cuidarte —remedando en voz baja lo dicho por él

«Ahora viene el resto, demonios», se agarraba la cara y se la estiraba con la mano.

—… recuerda que tu madre me encargo tu seguridad.

—recuerda que tu madre me encargó tu seguridad —siguió imitándolo con la mandíbula abierta.

«Sí, ¿cómo no?, solo me lo has repetido... ¿cuántas veces?, ¿ah sí mil por lo menos... ¡Uf!, ¿Qué sabía este bobalicón de seguridad?», pensó.

Pero tenía que darle crédito. Jade siempre pensó que Tim, o tenía suerte o en realidad era muy capaz. Los dos eran lo únicos que quedaban de su generación. Habían tenido más de cien compañeros en su improvisado colegio y muchas amigas. Siempre recordaba a Rosie, con sus dorados risos y sonrisa juguetona, su gran amiga y su conejito de felpa rosado con botones negros por ojos. Fue una lástima que la peste se la hubiese llevado a los diez años.

«En este puta ciudad tener más de veinte ya te hacía un anciano»

—Muy bien ¿y quién cuidará de ti? —soltó una carcajada, mientras se dejaba caer de ochocientos metros de altura desde el edificio de prueba en las zonas de entrenamiento.

—Ah conque esas tenemos, bien.... ¡Hey no fuerces el traje, tiene que quedar bien ajustado para la misión...!

A sus dieciocho años ya estaba habilitada para ser Agente. La Oficina le proveyó con su primera coraza liviana de combate: SCAR, Special Combat Armor Reinforcement. El precio le sería descontado, en cuotas por cada misión exitosa.

La ciudad de Felicity contaba con cien millones de habitantes. El grupo de la Casta era el más privilegiado. Eran un grupo de cien mil individuos que representaba el cero coma un por ciento de la población. Ellos manejaban todo, desde el aire que se respiraba, el agua, los alimentos, el escaso trabajo decente y en que momento cesarían tus funciones como de forma eufemística decían. Tenían todo lo que podían desear, manejado por un sistema “perfecto” el Universal Personal System, UPS.

—¡Hey!,¡hey! Cuidado, no pienso estar arreglando otro de tus problemas... —Le recriminó molesto, por el intercomunicador, su amigo, su único amigo vivo.

Jade clavó sus espadas en el concreto del edifico para desacelerar, las espadas cortaban como mantequilla el cemento, que se rasgaba de forma paulatina, hasta que se detuvo. El tratamiento en la forja de nano-máquinas les confirió un filo y dureza imposible a sus hojas. Las espadas de su madre eran las mejores y singulares en toda la ciudad o fuera de ella...

—¡No seas tan llorón no pasó nada!

Dio una voltereta en el aire y atravesó la ventana del piso cien.

—¡Los cristales pueden rasgar el traje, porfiada!

—¡No es un simple traje como el tuyo, es una armadura de una aleación ultra resistente, cabezota!

—Pero no por esos debes arriesgarte tanto... algún día entenderás que debieras ser más prudente, me largo de aquí, si te quieres matar, ¡no estaré aquí para verlo!

—¡Largate donde quieras, no te necesito, no necesito a nadie...! —dijo mientras gesticulaba levantando un brazo y chasqueando sus dedos.

«Bah, ese idiota se enojó conmigo de nuevo... ¿y si le pasa algo al volver al refugio?, no creo... ya está grande y sabrá cuidarse solo. Se hizo cargo de diez carroñeros de órganos. Yo sólo llegué para salvarlo del jefe cibernético que tenían. Seguiré con lo mio»

Siempre se decían idioteces desde los quince años. Antes se cuidaban mutuamente, como presintiendo que serían los únicos supervivientes de su “camada”. Cuando se les revolucionaron las hormonas todo cambió. En el fondo seguían preocupados el uno por el otro, pero ella se empeñaba en no demostrarlo como aún lo hacía él.


Las coordenadas de su Global Universal Linear Position System, GULPS, le indicaban que la rata haciéndole honor a su nombre se encontraba en el gigantesco y monstruoso sistema de alcantarillas de la ciudad.

La humanidad o lo que quedaba de ella, de lo humano, que se podía tal vez pensar que fuese humano, se revolvía por esas infectas calles de miseria. Tenían que reproducirse y rápido, cuánto más rápido mejor. Era normal tener, para una pareja, diez o más hijos. Al primer año de vida sobrevivía el cuarenta por ciento, a los diez años el veinte por ciento, y los que pasaban los veinte eran en promedio el dos por ciento.


Siguió caminando por la planta, del edificio de entrenamiento, y entró en la primera oficina, se agachó de forma instantánea al ser recibida por una descarga de balazos. Se acercó sigilosamente arrastrándose por el piso, llegó a la torreta de las armas automáticas y las deshizo con certeros golpes de sus afiladas armas. Debía solo haberlas desactivado, pero estaba furiosa, «y si se encuentra con androides desertores...», y siguió al área siguiente donde fue atacada por tres robots dummy de combate. El primero la intentó golpear con un tubo de hierro en la cabeza, dio una voltereta al lado se subió sobre el cuello y se lo dislocó con su piernas dejándole la cabeza vuelta hacia atrás, el sintético trataba de caminar, pero estaba confundido en su orientación, y al avanzar retrocedía. Brincó de él y cuando iba cayendo le cercenó la cabeza con la katana.

«...Y si al tontorrón se le olvidaron los campos minados. ya termino, ya termino».

El segundo muñeco trató de apuñalarla con un cuchillo de combate. Mientras el tercero trataba de hacer puntería para balearla con la metralleta que portaba. Le cortó la mano al robot que tenía el cuchillo y se lo arrebató procediendo a enterrarlo bajo la mandíbula del mismo, que atravesó su cabeza hasta que salió, la punta, por su mollera.

«maldito idiota porque siempre tiene que ser todo a su manera».

Luego cortó sus piernas y se lo puso de escudo al frente, justo cuando el tercero empezaba a ametrallarla. Se acercó lo suficiente, y cuando aquel procedía a recargar, lo golpeó, con el muñeco que llevaba por escudo, haciéndole soltar el arma. Aprovechó el momento y lo partió en vertical con su katana y lo cortó a la mitad por la cintura con su wakizashi.

«Burro, porfiado, bobalicón, cabezota...».

Entró a la última habitación minada. Con suavidad, de dedos de ángel, fue desactivando cada una de ellas, con sus ganzúas. «Ya voy, ya voy... ni que fuera su madre para estar cuidando a este pollo...». Y sintió un clic. Se petrificó en el acto. «¡Demonios! ¿eran tres o cuatro? ¡Demonios! ¡Demonios! ¡Mierda son cuatro!»

Frenéticamente se puso a buscar un “tapa minas” un artilugio que no era más que resina epoxi que se ultra endurecía. Por seguridad se clavaban dos tornillos de cabeza explosiva auto penetrantes, que venían en el kit.

El kit, de tapa minas, se había quedado en su traje regular, en el refugio.

«Mierda, mierda, mierda, como tan idiota, como lo fui a olvidar en el último día de entrenamiento».

—Tim, Tim, Timmy, Timicito ¿me escuchas? —dijo con voz suplicante.

No escuchó respuesta.

Tomó sus espadas y las amarró con su alambre de estrangulamiento, formando una especie de garfio. Delicadamente enganchó, con el artilugio, uno de los muñecos y lo trajo. Fue trayendo de a poco otras partes de los otros como también el arma de fuego y el cargador que había dejado botado su último enemigo. Tomó la metralleta, una antigua AK-47 modificada y modernizada y la cargó. No le gustaban las armas de fuego, pero esta era una excepción. Se la puso a la espalda. Calculó el peso de los robots y sus partes. Procedió hacer palanca con un trozo de metal y fue agregando peso a la plataforma improvisada, se las amaño para que completar un peso suficiente. Y dejar el detonador de la mina presionado. Sintió un leve crujido en la ventana tras de ella «¿qué?» giró su cabeza pero no vio nada. «Debe ser el viento»

—Miau.

«¿Miau, dijo el gato?» Vio como un gato azul se paseaba, cerca de un vidrio roto, en la ventana por donde escaparía ella. «Solo esto me faltaba, diablos».

Con una voltereta hacía atrás atravesó la ventana, agarró al gato y estando en el aire aprovechó de tirarle a un trozo de los muñecos que ejercía presión y quedó por caer.

Cayó de nuevo al vacío y se frenó de nuevo como antes. tuvo que hacerlo con una mano ya que en la otra llevaba al asustado felino. Al llegar al suelo, observó como volaba casi la mitad del piso cien.

«Ahora a cuidar al bebé Tim...»


Sí, la vida era dura en Felicity. Las zonas estaban divididas por la calidad del aire. La zona roja era la más miserable, en la que con suerte los individuos, hijos de los pobres, pasaban de los cinco años y era la más populosa. Ahí eran arrojados lo que no podían pagar los impuestos de aire, agua o energía. En ese lugar había nacido Jade. De sus diez hermanos solo ella había pasado los quince.

Las zonas estaban divididas por cúpulas transparentes. La zona roja presentaba un rango de quinientos: pésima calidad del aire, después venia las otras cuatro zonas: naranja con baja calidad, luego la amarilla regular, después la azul buena y al final la verde óptima que era donde vivía la aristocracia.

Jade, sin detenerse a pensar más de lo necesario se dirigió al sector oeste y frunciendo su nariz, junto con usar su filtro nuevo en la máscara, descendió a las alcantarillas.

El sistema la guiaba con precisión por los recovecos propios de las tuberías. Hacia la izquierda quinientos metros, luego en el primer desvío a la derecha, después al norte un kilómetro, doblar a la izquierda y luego al al sur cuatro kilómetros... Jade estaba cansada después de ocho horas de búsqueda. «es una verdadera rata para esconderse tanto... pero esta es la única forma para no alertarlo».

Hasta que su navegador le dio avisó de la proximidad del objetivo. Unos cuantos metros a la derecha de su posición, luego cuatrocientos metros al norte, encontraría la guarida del hacker. Ahora debía apagar su sistema de ayuda, porque el tipo contaría de seguro con medidas de detección remota. Irwin se encontaba escondido detrás de un sistema holográfico que simulaba la existencia de una pared. Black se dio cuenta cuando llegó a las coordenadas y atravesó una pared inexistente. Detrás se encontraba una puerta con cuádruple seguridad de acceso: con huella digital, detección de iris, muestra de ADN y password de sesenta y cuatro palabras.

—Hey Tim, ¿puedes hacer algo? Esto se ve complicado —comunicó Jade a través de un antiguo sistema de pulsos, en clave Morse, disimulado y cifrado como interferencia estática.

—Sí, se ve complicado, pero creo que la Oficina te entregó todos los elementos: una copia de la huella, una replica orgánica del ojo y una muestra de ADN de este sujeto… creo que voy a tardar descifrando la clave, con las mediadas anti-hacking que tengo que tomar para que esta rata no me detecte, unas tres horas —informó en el visor privado, de retina, de ella.

—¿Tres horas, dices? ¿Ciento ochenta minutos? ¡Diez mil ochocientos segundos! ¿Qué quieres que haga mientras que juguemos ajedrez…? Tim, tu sabes que no soy una persona paciente —dijo tomándose la cara haciendo el gesto de estirarla con la mano.

—¡Vas a tener que aprender a serlo! La misión no puede comprometerse… Jade, ambos, necesitamos esas diez mil unidades… sé que cada día que pasa es uno menos, lo tengo claro. Mi vida también está en juego y lo sabes.

—¡Vale esperaré! —Se sentó a la entrada. «Ya me engatusó con su lógica este cabezota. Bah a mi nunca se me han dado bien esto de los sistemas… Claro, para él es fácil siempre ha sido un genio con la mecánica, la informática y los bichos electrónicos»


Jade tenía un sensual caminar cuando iba saliendo con el gato en la mano. Su traje SCAR le quedaba muy bien ajustado, y el vaivén de sus caderas era muy sensual… Se escuchó un silbido a manera de piropo. Tomó la metralleta de su espalda y disparó, vació el cargador, en dirección a la esquina nor-poniente del edificio de entrenamiento de donde ella percibió que venía el sonido.

—¡Hey!, ¡hey!, soy yo —exclamó su amigo, mientras sacaba un pañuelo blanco y lo ondeaba para que pudiera verlo. Ella se acercó a él.

—¡A una dama no se le chifla de esa manera. Ten más respeto! —Entre divertido y sorprendido se la quedó mirando fijo a los ojos. Abrió la boca esbozando una mueca de sonrisa.

Ella puso el dedo índice sobre los labios del joven.

—Ni se te ocurra, decirme una frase tan estúpida como: ¿cuál dama? Mira que te conozco mosco —dijo con gesto de enojo contenido.

—Ni se me pasó por la mente. ¡En serio! —mintió. «¿Tan predecible soy…?» —Se le enrojeció la cara.

—Ah pero veo que tienes un gato. Creo que tendrás que deshacerte de él, es de uno de esos gatos de ricos.

―¿Por el sistema de respiración que tiene adosado a la nariz?

―¡Exacto! Este animal ha vivido mucho más que sus congéneres en esa zona, y ese mini- filtro, el mantenerlo, nos costará varios cientos Jade. Entiende.

―Pero míralo sus ojitos son tan tiernos y además creo que le caes bien. Lo salvé de una mina explosiva ―Lo tomó con las dos manos y se lo acercó a a la cara moviéndolo de manera suave de lado a lado, y luego le tomó las comisuras de los labios al gato para forzarle una sonrisa.

―¡Huy!, sí que lindo ―dijo no muy convencido y lo apartó con delicadeza.

―Por cierto ya no podré repara nada de allá arriba lo destruiste todo. Te ensañaste con los androides los hiciste añicos con tus espadas.

―¿A ver? ¿Un momento, como sabes?

El amigo reprodujo una pista de audio.

«Tim, Tim, Timmy, Timicito ¿me escuchas?»

―No pongas eso de nuevo por favor ―dijo y se puso roja, mientras se agarraba la frente.

―Nunca te he dejado sola ¿Por qué crees que estoy aquí?

―Estaba por salvarte de la mina, cuando se te ocurrió esa genial acción que hiciste arriba. Que fue cuando miraste hacia la ventana.

―Como sabes mi traje tiene la capacidad de adherencia integrada, por eso estaba ahí arriba, pero cuando decidiste volar todo, tuve que escapar usando mis cables de apoyo.

―Es que tenía que salvarlo, y esa mina era un peligro ―dijo haciendo un pequeño berrinche con sus labios. Y si le diéramos una oportunidad, se acercó a Tim y lo miró de forma tierna y con un brillo especial en sus grandes ojos negros.

―No, no, no otra vez tu truco de la mirada con pena, siempre haces lo mismo, me haces sentir mal para salirte con la tuya ¿verdad? ¿cómo pagaremos esto mi amo…? ¡Amiga! Je je je, ¡Iba a decir amiga! ―se puso como tomate maduro, mientras se tomaba la nuca con el brazo derecho.

―Vamos a adoptarlo. ¿Te parece? Sí podemos, mañana tenemos nuestra primera misión, recuerdas somos un equipo: tú, el cerebro, y yo, las espadas. ¿Vamos di qué si?, ¿ya di qué sí? ―y le dio un tierno beso en la mejilla.

Transpiraba y hervía de vergüenza, de repente parecía que el traje le quedaba chico, y se jalaba el cuello de la chamarra.

―¡Vale, vale, tú ganas! De alguna manera nos arreglaremos.

―Sí, ya le tengo un nombre: Lucifer ―dijo con la mirada llena de malicia.

―A ver, espera. ―Tomó al gato y le abrió las piernas. Lo examinó bien―. ¡Tal como me lo temía! De Lucifer nada, creo que será Lucy… es gata.

―Y la tomaste así para ver su sexo. ¡Es una dama, aprende a respetar! Y le pegó una patada en el trasero.

Tim comenzó a correr con dirección al refugio. “Ya me va recriminar toda la noche esta mujer, ¡demonios!”

―¡Es una dama! ―le seguía repitiendo, mientras lo perseguía, y le arrojaba guijarros con la gata en brazos.

Y Tim reproducía el audio en altavoz.

«Tim, Tim, Timmy, Timicito ¿me escuchas?»

—¡Deja de reproducir eso bobalicón, papanatas, aprende a respetar! —Le arrojó un guijarro un poco mas grande que dio justo en la cabeza.

«Tim, Tim, Timmy, Timicito ¿me escuchas?»

—¡Ya para! —gritaba histérica.


―Jade descifré la clave, intenta ahora. Acercó el ojo, y se prendió una luz verde, puso el duplicado de la huella y se encendió otra más, luego la muestra de ADN, se encendió la tercera luz positiva. Estaba ingresando la clave que le dio Tim…

―Para, para, es un trampa el maldito agregó una clave de confirmación. ¡No sigas! Debo descifrar esa también.

―¿Cuánto tiempo?

―Para seguir en sigilo, necesito unas dos a tres horas mas.

―¡A la mierda la cautela! ―exclamó. Hundió lo que más pudo sus espadas en el concreto alrededor de la puerta y lo cortó como papel.

La sólida puerta de acero de un metro de espesor, cayó hacia adelante, con gran estruendo.

―¡Guau, qué furtiva tu entrada! Te felicito ―El sonido de un aplauso se escuchaba por el intercomunicador.

―Me da lo mismo si me detecta, voy a encender mis sistemas.

El agente Black, dio un par de volteretas en la entrada y vio a unos cien metros más allá un gordo rubio medio pelado. Justo estaba corriendo detrás de una terminal, que tenía alrededor de veinte pantallas.

Jade se escondió, tras un mesón, por si hubiesen contra medidas de seguridad. Al no haberlas se acercó cauta al objetivo.

―¡Jade Stone Black! Ciudadana 90.089.193. Agente primeriza, con traje SCAR serie N1. Un placer conocerla ―gritó por los parlantes el obeso.

―...Oh, pero mira a ¿quién tenemos aquí?, tu técnico de apoyo, Timothy Alexander Wallace, saluda a la cámara Timmy. Mostró la imagen del joven en una de sus pantallas.

―Tim, Tim, ¿qué es esto?

―No creo que tu socio pueda hacer mucho al respecto, no te ofendas es bueno, nivel de infiltación de sistemas A++ ... nada mal aunque no me impresiona, yo soy demasiado grandioso para él.

La joven observó un par de trajes SCAR, tirados por el lugar. Desactivó el sistema normal de comunicaciones del traje y activó el antiguo sistema privado, que usó antes, el Morse Encrypted Static System, MESS.

―Tim hay un par de trajes SCAR tirados. ¿Qué está pasando?

―Tengo un mal presentimiento Jade, la misión no es tan fácil como la pintaban. Elimina luego a este engreído, pero no te confíes.

La rata había comenzado a perder la paciencia, la estática que se sentía por momentos le hacía sospechar, pero no podía descifrar nada.

―Parece que tienen un truco bajo la manga que desconozco. Hay un ruido de fondo que no puedo identificar o leer. Agente, esta “rata” como me calificó el IRS tiene un par de sorpresas.

―A ver, a ver ―repetía el informático ratonil, mientras tecleaba en una terminal―. Traje SCAR serie N1, FW Rw-0909, boot system IO OS rev 1.01, código de entrada rt-0034Eghi@-890… Sí, sí. Ajá ya entré.

―¡Jade!, ¡Jade!, ¡rápido sácate el traje!.

―¡No!, no, ya estoy a punto de atravesarlo estoy a un par de metros.

―Más insoportable ruido estático. Ja, ja, ja. Está hecho, adiós señorita Black.

La katana de la agente quedo paralizada a diez centímetros del cráneo del objetivo.

―Después que no se pueda mover, el traje la triturará hasta reventarla. Lo mismo que les pasó a los dueños de estas otras dos armaduras. Por confiados y por idiotas.

La joven sentía como su cuerpo era presionado, estaba punto de explotar, cuando un seguro rojo saltó y el traje cayó de forma instantánea.

―Bien, bien jugado Tim, pusiste un seguro, por si pasaba esto. No eres tan tonto como pensaba después de todo. ―Se había dado cuenta de su error al subestimarlo, el no poder descifrar la estática lo había puesto muy nervioso.

―Creo que es game over para la agente. Ejecutó un código y tomó control remoto de los tres trajes que procedieron a atacar a Jade.

Ella se quedó con su malla negra, la capucha negra, que dejaba descubierto su ojos, y sus armas. El primer traje con la etiqueta grey en el pecho le arrojó un extintor, lo esquivó con sus rápidos reflejos; el traje white, trató de asirla por la espalda. Logró escaparse, del agarre, con una voltereta lateral.

―Está extendiendo su agonía, los trajes son indestructibles.

―¿Ah sí? ―Saltó sobre el traje grey cortándolo por la mitad a la altura de la cintura usando su daisho en movimiento de tijera. El traje white logró tomarla por la mano derecha. Le cortó la manga con su wakizashi, cortándolo luego en diagonal con la katana.

―¡Qué!, ¡qué!, ¡qué!, no puede ser, ¡qué clase de espadas son esas! La miedosa rata trató de huir, por algún laberinto.

―Tim, que no salga.

―Hecho, todas las puertas y recovecos quedaron cerrados, la rata está atrapada.

El traje black la atacó usando un par de computadores en cada manga a manera de mazas. Jade dio un salto hacia atrás y se elevó sobre el traje. Usando su espadas lo partió en dos diagonales. Una con movimiento descendente de su katana y la otra con el movimiento ascendente de su wakizashi.

No hay peor rata que una atrapada dicen. Joseph extrajo una escopeta lanza granadas y arrojó un proyectil contra ella. Logró esquivarlo y con celeridad se acercó al hacker. El brazo de Irwin cayó, cercenado, junto con su escopeta, cuando se aprestaba a disparar de nuevo.

La agente, le aplicó un torniquete con una banda elástica de su botiquín de bolsillo y le inyectó morfina.

―Ahora me vas a contar todo lo que has hecho y como hiciste para controlar los SCARs. Tim graba todo.

―De acuerdo ―dijo su amigo.

El tipo comenzó a cantar como ruiseñor.

―Hay algo más, Jade. Accedí a las bases de datos de este imbécil. Este sujeto no solo cometió delitos informáticos, cometió asesinatos por encargo, robó aire y vendía filtros falsificados. Fue responsable de la muerte de quinientas personas, que incluyó docientos niños. Incluso distribuyó la peste de manera intencional en tres colegios. Usó los dos trajes que tenía como sicarios, ofreciendo sus servicios en la Oscure Web. Borró todas sus acciones de la red de gobierno, menos la de ser el mejor hacker por simple vanidad.

―Cruza los datos con Rosie Armstrong, por favor Tim.

―Ah sí la recuerdo. Veamos. Murió de peste en el colegio GreenHope. Según los registros, ese fue uno de los lugares atacados por las marionetas de Joseph.

La agente estaba de espaldas a la rata escuchando la información, cuando escuchó lo de Rosie, giró en una fracción de segundo y volvió a su posición.

―Viviste más de cuarenta años, se acabó.

La cabeza ensangrentada de la rata cayó al piso, haciendo el sonido de una pelota de cuero mojada.

―Agente Jade Black, se ha cargado la recompensa de diez mil unidades a su cuenta. Recibirá un bono especial de quinientas mil unidades, por la información entregada que nos permitirá mejorar nuestros trajes, y un traje SCAR nuevo sin costo. Excelente trabajo agente. La Oficina se lo agradece.


―Sí, sí, nos alcanza, ya deja de tirar de mi brazo. Ya, ya.

―¿Qué van a querer muchachos? ―dijo la señorita Chung, de la pescadería O' Fishy.

―Dos pescados de buena calidad por favor ―respondió Tim.

―Lucy estará feliz ahora, no más ratas ―Lo tomó de un brazo y lo acercó a su cuerpo.

Se sintió flotar entre las nubes.

«¿Se dará cuenta algún día…?»



19 Avril 2019 05:42:31 2 Rapport Incorporer 1
La fin

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Ereth Khial Ereth Khial
Qué bueno! Me alegro de que hayas ampliado horizonte con este personaje, se ve muy interesante. Espero próximas aventuras futuristas! Un saludo.

  • Waldo Reyes Waldo Reyes
    Gracias Ereth, lo intentaré algún día "mi frase favorita" :D Saludos 3 weeks ago
~

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